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Ecuador y el Imperio del Japón

6 de junio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 6 de junio de 2025.

En 1894, el Imperio del Japón enfrentaba en una guerra a China, en la que triunfó al año siguiente (obtuvo de China los territorios de Taiwán, Liaodong y las islas Pescadores, además del control sobre la península de Corea). El Ecuador participó apoyando al imperio japonés, pues le facilitó la compra de un crucero chileno, de nombre Esmeralda.

Como el gobierno de Chile se había declarado neutral en la guerra entre Japón y China, no podía hacer una venta directa. Por eso un puñado de especuladores ecuatorianos (entre ellos, un expresidente) compraron el crucero chileno Esmeralda por 220.000 libras esterlinas y le pusieron la bandera ecuatoriana para que surque las aguas entre Valparaíso y Hawái, donde tras el pago de 300.000 libras esterlinas se entregó este crucero al Imperio del Japón, que lo rebautizó como Izumi.

Por eso, el 5 de junio de 1895, en la proclama que suscribió el pueblo de Guayaquil en la que se nombró al general Eloy Alfaro “Jefe Supremo de la República y General en Jefe del Ejército”, se justificó la revolución liberal por haber estado la República “sojuzgada por una camarilla sombría, de especuladores inicuos”.

Para acabar con esa camarilla, se debía dar bala y lo sabía bien Alfaro. La proclama del pueblo de Guayaquil del 5 de junio tiene su necesario antecedente en la “Proclama a los habitantes del Ecuador”, suscrita por Alfaro el 5 de febrero de 1895, en Managua. Allí el general dejaba en claro la necesidad de la violencia para el triunfo de la revolución: “Solamente a balazos dejarán vuestros opresores el poder que tienen únicamente por la violencia. […] ¡Afrontemos, pues, resueltamente los peligros y luchemos por nuestros derechos y libertades, hasta organizar una honrada administración del Pueblo y para el Pueblo. En fin, hagamos algo digno que merezca los aplausos de la posteridad!”. 

Eloy Alfaro concluyó su proclama, ofreciendo los servicios de su espada: “Marcho, pues, ¡en vuestro auxilio para participar en las penalidades de la campaña y tener la honra de conduciros al combate y a la victoria!”. El 12 de febrero, Milagro fue la primera en plegar a la causa alfarista, y se fueron sumando decenas y decenas de ciudades y pueblos de la Costa con insurrecciones y proclamas a favor de Alfaro.  

Tras la proclama del pueblo de Guayaquil que lo nombró “General en Jefe del Ejército”, el 18 de junio de 1895, Eloy Alfaro desembarcó en la ciudad. En seguida, organizó las fuerzas militares para empezar a remontar la cordillera y tomar Quito, sede del poder político y administrativo del Ecuador, bastión conservador de la República.

El 15 de agosto, el ejército de Eloy Alfaro derrotó en Gatazo al ejército gubernamental. El 23 de ese mes, el último Encargado del Poder en Quito, Aparicio Rivadeneira, huyó a Colombia. El 4 de septiembre de 1895, Alfaro y sus huestes entraron en Quito y, a partir de ese día, se organizó la administración de la República bajo principios e instituciones liberales. 

En 1895 se registró el primer triunfo bélico del imperialismo japonés (vendrían muchos más, hasta un desplome final con bomba atómica) y en 1895 triunfó en el Ecuador la revolución liberal. Ambos hechos tienen un vínculo lejano, en un acto de corrupción.

Freile

25 de octubre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 25 de octubre de 2024.

El gobierno ecuatoriano entró en el siglo XX con el general manabita Eloy Alfaro Delgado como Presidente y el terrateniente quiteño Carlos Freile Zaldumbide como Vicepresidente. Bajo la Constitución del año 1897, impulsada por el general Alfaro tras el triunfo de la revolución liberal de 1895 que tumbó al gobierno del Presidente Luis Cordero, el primero en la línea para la sucesión del Presidente de la República, era el Vicepresidente de la República, en este caso, Freile Zaldumbide. Y después de él venían el “último Presidente de la Cámara del Senado” y otras autoridades del poder legislativo (Art. 84).

Pero esta línea de sucesión presidencial cambió cuando entró en vigor la Constitución liberal del año 1906, la primera que no declaró al Ecuador como un Estado católico. Esta Constitución la impulsó también el general Alfaro tras un golpe de Estado perpetrado a inicios de 1906 en contra del gobierno del Presidente Lizardo García, y en ella se suprimió la Vicepresidencia de la República de la línea de sucesión del Presidente de la República, pues se suprimió a esa institución del sistema constitucional de gobierno. 

Entre 1906 y 1946 no existió la Vicepresidencia de la República. Recién con la entrada en vigor de una nueva Constitución el 31 diciembre de 1946 se reestableció esta institución. El último en ocuparla en 1906 fue Alfredo Baquerizo.  

Así las cosas, por la vigencia de la Constitución de 1906, en el año 1911 la sucesión “en caso de faltar el Presidente de la República” correspondía, primero, al “último Presidente de la Cámara del Senado”, y después a otras autoridades del poder legislativo (Art. 71). Así, el primero en la línea de sucesión en caso de faltar el Presidente de la República pasó de la función ejecutiva a la función legislativa.

Pero por carambolas del destino y aplicación estricta de la Constitución de 1906, la persona que debió suceder al Presidente de la República cuando falleció en funciones el Presidente el 21 de diciembre de 1911, fue aquel mismo Carlos Freile que lo había acompañado al general Alfaro en los primeros años de su gobierno liberal, primero como alcalde de Quito y gobernador de Pichincha, y luego como su Vicepresidente entre 1899 y 1903. Cuando murió el Presidente Estrada de un infarto fulminante en diciembre de 1911, Carlos Freile era la última persona que había ocupado el cargo de Presidente del Senado. Y así, por esta súbita muerte, le correspondió a Freile suceder al Presidente de la República desde el 22 de diciembre de 1911.

El terrateniente Carlos Freile, su antiguo aliado, en seguida lo mandó al general Eloy Alfaro al exilio en Panamá. Pero a principios de enero de 1912, el general Alfaro retornó al Ecuador y organizó un ejército para tumbar al gobierno de Freile y volver a gobernar, como lo había hecho en 1895 y 1906, tras golpes de fuerza. Pero esta vez al general Alfaro le tocó perder.

Y ocurrió entonces la “Hoguera Bárbara”: el cruel asesinato de Alfaro y otros cinco coidearios liberales, con la humillación y quema de sus restos en un parque de Quito.

Freile gobernó un mes y poco más después de la “Hoguera Bárbara”, hasta el 6 de marzo de 1912. Murió en agosto de 1928, en París, a la edad de 72 años.

182 varones

27 de septiembre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de septiembre de 2024.

Rocafuerte, García Moreno y Alfaro: tres héroes políticos del siglo diecinueve (en el caso de Alfaro, hasta entrado el siglo veinte). El dato curioso: ninguno llegó a la presidencia por la voluntad popular.

Rocafuerte ocupó la presidencia por un único período, entre 1835 y 1839. Su período de gobierno fue consecuencia de haber triunfado su ejército en la batalla de Miñarica, el 19 de enero de 1835. El triunfo en esta primera guerra civil entre ecuatorianos produjo la reunión de una Asamblea Constitucional, la primera que estableció en la Constitución que el Ecuador era una república y ya no parte de una tan deseada como extraviada confederación. Esa Asamblea, el 8 de agosto de 1835 y por 25 votos (de 39 posibles) lo designó a él Presidente de la República.

García Moreno ocupó la presidencia en dos períodos no consecutivos, primero entre 1861 y 1865, después entre 1869 y 1875. Su primera presidencia surgió como fruto de la guerra civil de 1859-1860 y tras la organización de una Asamblea Constitucional, que dictó la sexta Constitución de la República del Ecuador y que lo designó a él, el 2 de abril de 1861 y por 37 votos (todos los diputados, menos uno) Presidente de la República.

La segunda presidencia de García Moreno ocurrió por un golpe de Estado. Para evitar que en las elecciones a celebrarse en mayo de 1869 triunfe la opción liberal que Francisco Xavier Aguirre representaba, García Moreno produjo un Golpe de Estado el 17 de enero de 1869. Convocó una nueva Asamblea Constitucional, que dictó una nueva Constitución (la séptima). Esta Asamblea lo designó Presidente de la República, el 9 de agosto de 1869 y por 28 votos (de 30 posibles). El magnicidio del 6 de agosto de 1875 concluyó con su período presidencial, cuatro días antes de terminar el período.

Alfaro también ocupó la presidencia en dos períodos no consecutivos, primero entre 1897 y 1901, y después entre 1906 y 1911. La primera presidencia de Alfaro surgió como fruto de una guerra civil en la que triunfó la revolución liberal y se convocó a una Asamblea Constitucional, que elaboró la décima Constitución de la República del Ecuador y lo designó a Alfaro Presidente de la República el 17 de enero de 1897, por 51 votos (de 63 posibles). 

La segunda presidencia de Alfaro se originó por un golpe de Estado. El 31 de diciembre de 1905, el presidente Lizardo García recibió un telegrama en el que se le deseaba un feliz año y se le informaba de una insurrección que proclamaba Jefe Supremo a Alfaro. En cosa de veinte días, el golpe de Estado estaba consolidado. Luego, lo típico: una Asamblea Constitucional, que dictó una nueva Constitución (la décimo primera de la república) y que lo designó Presidente de la República a Alfaro el 23 de diciembre de 1906, con 41 votos (de 60 posibles). Lo que empezó con un golpe de Estado, concluyó con otro, consumado el 11 de agosto de 1911, que lo sacó a Alfaro al exilio veinte días antes de que concluya su período.  

En resumen, tres presidentes relevantes de nuestra historia y un total de cinco períodos de gobierno, pero en ninguno de ellos se llegó a ocupar el cargo por la voluntad popular directa (en cinco asambleas de representantes, los votaron 182 varones).

El diezmo

20 de septiembre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 20 de septiembre de 2024.

Un quiteño ilustre, Antonio Flores Jijón, fue el Presidente que terminó con el cobro del diezmo en el Ecuador. Lo acompañó en ese proceso un Papa, León XIII. 

El diezmo era un impuesto para sostener la religión católica que se cobraba a la producción agrícola y pecuaria, establecido desde 1501 por la bula Eximiae devotionis sinceritas del Papa Alejandro VI. Seguía vigente casi cuatrocientos años después.

El Presidente Flores Jijón gobernó entre 1888 y 1892. Hijo de Juan José Flores, nació en 1833 en el Palacio de Carondelet. Estudió en Europa, se graduó de abogado en la Universidad de San Marcos, fue autor de varios libros y artículos de opinión. Versado en varios idiomas, diplomático en muchos países (entre ellos Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos), él era un convencido de que el cobro del diezmo debía terminar. 

El Ecuador era el último de la fila: el diezmo ya no se lo cobraba en los demás países. Según un diputado a la Convención Nacional que adoptó la Constitución de 1884: “las naciones todas han suprimido los diezmos de sus códigos; y ¿será posible que el Ecuador continúe conservándolo?”. El diezmo se lo abolió en Costa Rica y Guatemala tan temprano como en 1852, en Colombia en 1853, en Perú en 1859… Pero treinta años después, seguía vigente en el Ecuador y constituía (desde hacía mucho rato) una notoria desventaja comparativa para el desarrollo económico del país. 

Flores Jijón era un “defensor enérgico” de su abolición según dijo al iniciar su gobierno en su Mensaje a la Nación, dado en la Catedral de Quito el 17 de agosto de 1888, al punto de haber escrito un “Memorándum sobre la abolición del diezmo en la República del Ecuador” que “por instancias de la Santa Sede le he presentado a Ella misma, y que se ha impreso de orden Suya en el Vaticano”.

Esta relación tan cordial y propositiva se debió a que Flores Jijón era cercano a Vincenzo Giaocchino Pecci, conocido como León XIII. Este Papa envió al Ecuador a un Delegado Apostólico, Giuseppe Macchi, para transmitir la anuencia papal a la negociación para sustituir el diezmo a través de un convenio adicional al Concordato, que era la norma que desde 1862 regulaba las relaciones entre el Ecuador y la Santa Sede.

Por este convenio se terminó en 1890 el cobro del diezmo, pero para ser sustituido por un impuesto del tres por mil sobre los predios rústicos (a excepción de propiedades con valores menores a cien sucres, huertas de cacao y edificios de fondos rústicos), exclusivamente destinado a sostener la religión católica. Un Congreso Extraordinario decretó el 8 de agosto de 1890 la aprobación del convenio adicional que había sido firmado en Roma el 9 de marzo de 1890 por el representante del Presidente del Ecuador, Leónidas Larrea, y el Secretario de Estado del Papa, el cardenal Mariano Rampolla.

Así, el diezmo se lo abolió el año 1890 (es decir, se eliminó una carga discriminatoria a los productores agrícolas y pecuarios), pero el Estado del Ecuador seguía financiando a la iglesia. Esta situación únicamente concluyó con un decreto que derogó el impuesto del tres por mil y que declaró como voluntario cualquier pago que se haga a la iglesia, firmado por el general Eloy Alfaro en octubre de 1898.

El viaje de un vicepresidente

26 de abril de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de abril de 2024.

Eloy Alfaro había empezado a gobernar en Quito desde el 4 de septiembre de 1895, cuando entró en ella; esa entrada de él y sus huestes para ocupar la conservadora ciudad capital significó el inicio del gobierno liberal. 

Carlos Freile fue un alfarista quiteño de la primera hora. Alfaro confió a él el cargo de alcalde de Quito, que Freile desempeñó entre el 13 de septiembre y el 20 de diciembre de 1895; dejó ese cargo para ocupar la Gobernación de Pichincha. Al año siguiente, Alfaro lo nombró su Ministro de Educación. Desde 1899 y hasta el final de la primera Presidencia de Alfaro, lo acompañó como su vicepresidente. Eloy Alfaro y Carlos Freile fueron el binomio con el que la República del Ecuador entró al siglo XX. Fue la cumbre de Freile como alfarista. 

La segunda Presidencia Constitucional de Eloy Alfaro no concluyó el 31 de agosto de 1911 como debía, porque Alfaro sufrió un golpe de Estado el 11 de agosto de 1911, orquestado por los recursos de la burguesía mercantil y puesto en práctica por las armas de un ejército venal, que el día anterior al golpe le había jurado fidelidad a Alfaro. 

Los veinte días que restaban del gobierno de Alfaro los condujo su antiguo coideario Carlos Freile, pues la Constitución de 1906 había eliminado la figura del vicepresidente de la República y dispuso que el reemplazo de un presidente cesado debía ser el último presidente de la Cámara del Senado. Y ese hombre, justamente, era Freile. Él ahora estaba situado en la orilla opuesta a la de su antiguo binomio y andaba propenso a deshacerse de él. 

Cumplidos los veinte días de gobierno de Carlos Freile, lo sucedió el presidente que había sido elegido en las urnas a inicios del año 1911, Emilio Estrada. Posesionado Estrada el 1 de septiembre, para fines del año 1911 ya había muerto. Lo mató un infarto fulminante el 21 de diciembre. 

Por la vigencia de la Constitución de 1906 y por las mismas razones que en agosto de 1911, Freile se encargó de la administración de la Función Ejecutiva desde el 22 de diciembre. En su breve gobierno, que concluyó el 6 de marzo del año siguiente, ocurrió el hecho más atroz de la política ecuatoriana: la hoguera bárbara.

Freile, el antiguo aliado, el alfarista de la primera hora, apenas iniciado su gobierno desterró a Alfaro a Panamá. Pero Alfaro regresó el 4 de enero de 1912 para buscar la repetición de la historia de 1895 y 1906: entrar en Quito y gobernar la República. Y ocurrió que esta ocasión su intento de golpe de Estado no fue efectivo. Tras graves derrotas en Huigra, Naranjito y Yaguachi, el alfarista se convirtió en el bando perdedor de la guerra civil de enero de 1912. 

El número de muertos en esta guerra civil ascendió a alrededor de 3.000. Y esta vez ya no iba a bastar con el destierro del líder.

Freile, el antiguo aliado, el alfarista de la primera hora, permitió entonces que ocurra la barbarie. Se dice que fue frente a la casa particular de Freile que uno del pueblo cortó los genitales a los despojos de Eloy Alfaro, les prendió fuego y los lanzó por los aires “para diversión de los muchachos presentes”.

Del ejercicio de la vicepresidencia al troceado de los genitales de Alfaro frente a su residencia. Un asombroso y largo viaje.

La República de la inestabilidad

22 de marzo de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 22 de marzo de 2024.

Durante el siglo XIX, desde 1835 en que se fundó la República del Ecuador con la entrada en vigor de la Constitución de Ambato y con el guayaquileño Vicente Rocafuerte como su primer presidente, un total de quince varones ocuparon la Presidencia de la República, sea que hayan sido designados por un congreso o asamblea constitucional (en el siglo XIX hubo diez de éstas) o elegidos por la voluntad popular.

Los presidentes elegidos por un congreso o asamblea constitucional durante el siglo XIX fueron diez (dos de ellos, Flores y García Moreno, lo fueron por dos ocasiones); de estos diez, seis lograron terminar su período de gobierno: Rocafuerte (1835-1839), Roca (1845-1849), Urbina (1852-1856), García Moreno (1861-1865 y 1869-1875, en asocio con León), Caamaño (1884-1888) y Alfaro (1897-1901). Todos los que concluyeron su período fueron elegidos por una asamblea que dictó una Constitución.

El caso del guayaquileño Gabriel García Moreno es peculiar, porque es el único de esta lista con dos períodos de gobierno concluidos, aunque él no haya vivido para la conclusión del segundo. El primer período, entre 1861 y 1865, bajo la Constitución de 1861, García Moreno lo gobernó completo. El segundo, entre 1869 y 1875, bajo la Constitución de 1869, lo gobernó casi completo, pues lo asesinaron el 6 de agosto de 1875, a escasos cuatro días de concluirlo. Este período de gobierno (el único sexenio que ha existido en nuestra historia) lo concluyó el vicepresidente de la República, el quiteño Francisco Javier León, por lo dispuesto en el artículo 55 de la Constitución. 

Los restantes cinco presidentes fueron elegidos por la voluntad popular, posibilidad que se instituyó por la entrada en vigor de la Constitución de 1861. El universo de votantes siempre fue muy reducido: se calcula que durante el siglo XIX osciló alrededor del 3%. Sólo uno de estos cinco presidentes concluyó el período para el que fue elegido: Antonio Flores, hijo del venezolano Juan José Flores y nacido en 1833 en el Palacio de Carondelet, en los tiempos en que su padre ejercía la presidencia del Estado y el Ecuador se sentía todavía parte (hipotética, ilusoria) de la República de Colombia. Todos los demás no terminaron su período, sea por una renuncia (Carrión), por golpes de Estado (Espinosa y Borrero) o por la revolución liberal (Cordero).

El caso del quiteño Antonio Flores Jijón es singular, porque él se encontraba fuera del Ecuador (en Francia) cuando fue elegido presidente de la República. En aquellos tiempos, el proceso electoral era distinto: no existía un organismo autónomo para organizarlo, sino que se dependía del gobierno de turno para su realización. El previsible resultado de esta fórmula era el tenaz triunfo del candidato del gobierno de turno. Flores ni necesitó hacer campaña, pues como el candidato del gobierno de Caamaño, triunfó con casi un 97% de los votos.  

Así, de un universo de diecisiete períodos de gobierno presidencial que pudieron haberse concluido durante el siglo XIX, tan sólo ocho lo consiguieron. Y de los elegidos por la voluntad popular, uno lo pudo hacer. Es todo un testimonio de la inestabilidad de la República (o debo decir: de la República de la inestabilidad).

Alfaro en Quito

12 de enero de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 12 de enero de 2024.

Cuando Eloy Alfaro entró en Quito el 4 de septiembre de 1895, ello significó el triunfo de la revolución liberal. Él había dicho en una proclama a inicios de ese año que únicamente “a balazos dejarán vuestros opresores el poder que tienen únicamente por la violencia. […] Marcho, pues, en vuestro auxilio para participar en las penalidades de la campaña y tener la honra de conduciros al combate y a la victoria”. (Proclama de Managua, 5 de febrero). Alfaro triunfó a balazos, gobernó como Jefe Supremo y convocó a una Asamblea Constitucional que lo eligió primero Presidente interino (el 9 octubre de 1896) y después Presidente Constitucional (el 17 de enero de 1897). 

Cuando terminó su primera Presidencia Constitucional (1897-1901), Alfaro impuso a otro militar manabita como su sucesor, el general Leónidas Plaza. Cuando Plaza concluyó su período presidencial (1901-1905) impuso a su sucesor, el comerciante y banquero Lizardo García, quien debía gobernar entre 1905 y 1909. Pero Alfaro no estuvo de acuerdo con esta elección y le tomó los primeros diecisiete días del año 1906 para concluir un golpe de Estado y entrar nuevamente en Quito, el 17 de enero de 1906, para imitar el proceso de 1895: tras el triunfo por las armas convocó a una Asamblea Constitucional que lo eligió primero Presidente interino (el 9 de octubre de 1906) y después Presidente Constitucional (23 de diciembre de 1906).  

Fue en esta segunda Presidencia Constitucional (1906-1911) que Eloy Alfaro concluyó la emblemática obra del ferrocarril, por la que es recordado por todo ecuatoriano. Alfaro había decidido que, una vez concluido su período, lo sucedería el comerciante y banquero Emilio Estrada, pero luego se arrepintió por la frágil salud de éste. 

Estrada empezó su período de gobierno el 1 de septiembre de 1911 y 111 días después estaba muerto de un infarto. El 22 de diciembre de 1911 lo reemplazó en el ejercicio de la máxima autoridad ejecutiva Carlos Freile Zaldumbide, pues la Constitución de 1906 ordenaba que en caso de faltar el Presidente Constitucional lo subrogaría el “último Presidente de la Cámara del Senado” (Art. 71).

A inicios del año 1912, Eloy Alfaro se hallaba en Panamá, desterrado por el gobierno de Freile Zaldumbide. Pero el 4 de enero, Alfaro volvió al Ecuador para intentar un nuevo Golpe de Estado que lo conduzca a Quito para gobernar. 

Nuevamente corrió sangre en el Ecuador: tras bravos enfrentamientos en Huigra, Naranjito y Yaguachi, el número aproximado de muertos de la guerra civil de enero de 1912 ascendió a unos 3.000. Un número alto, incluso para un país acostumbrado a las imposiciones por la fuerza como el Ecuador.

Alfaro volvió a entrar en Quito, pero a encontrar la muerte. Perdedor en la guerra civil, se lo trasladó de Guayaquil a Quito en su emblemática obra. Una vez allá, fue reducido a prisión en el Panóptico y en una de sus celdas fue vilmente asesinado. El 28 de enero de 1912 sus despojos fueron arrastrados, burlados y humillados, para terminar incinerados en un parque de la capital, en un episodio conocido como “la hoguera bárbara”. 

Quito, ciudad en la que Alfaro entró victorioso en dos ocasiones, cuando su tercer intento, cobró su venganza de él y en él.

Elogio de un político conservador

27 de octubre de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 27 de octubre de 2023.

Eloy Alfaro y sus huestes perpetraron el 1 de enero de 1906 un golpe de Estado contra el gobierno del Presidente Lizardo García (cuyo gobierno había empezado el 1 de septiembre de 1905). Tras una campaña fulminante que concluyó el 17 de enero con la entrada de Alfaro y su personal en Quito, este golpe de Estado significó, entre otras cosas, la eliminación de la Vicepresidencia de la República por cuarenta años. 

En este período sin Vicepresidente de la República (1906-1946) ocurrieron el período más estable de la política ecuatoriana hasta ese momento (los gobiernos consecutivos de Plaza, Baquerizo y Tamayo entre 1912 y 1924) y el período más inestable de la política ecuatoriana de todos los tiempos (1924-1948), con más de treinta máximas autoridades del Poder Ejecutivo (incluidas dos juntas de gobierno) en 24 años, en los que ningún presidente elegido por la voluntad popular concluyó su período (fueron cinco, y uno ni siquiera llegó a posesionarse).

Esta columna es la muy breve historia de cómo el retorno de la Vicepresidencia de la República en 1946 permitió que concluya el período de mayor inestabilidad política del Ecuador. 

Velasco Ibarra fue elegido Presidente Constitucional en seis ocasiones: cuatro por la voluntad popular y dos por Asambleas Constitucionales. En la segunda ocasión que una Asamblea Constitucional eligió a Velasco Ibarra, ese órgano aprobó el 31 de diciembre de 1946 una Constitución que recuperó la Vicepresidencia de la República. Esta Asamblea Constitucional fue conservadora y eligió para Vicepresidente de Velasco Ibarra a Mariano Suárez Veintimilla, presidente del Partido Conservador.

Velasco Ibarra fue designado Presidente para el período 1946-1948, pero el 23 agosto de 1947 se sublevó una parte del Ejército comandada por el coronel Mancheno, Ministro de Defensa de Velasco Ibarra, que lo obligó a renunciar. Cuando el golpe de Estado de Mancheno fracasó, como Velasco Ibarra ya había renunciado, debió asumir la Presidencia Suárez Veintimilla. Y entonces la institución de la Vicepresidencia probó su utilidad.

Siendo el primer conservador que asumía la Presidencia desde que Alfaro entró en Quito en 1895, Suárez empezó su gobierno el 3 de septiembre de 1947 con el compromiso de renunciar en seguida, para permitir a un Congreso Extraordinario la designación de un Vicepresidente de consenso quien, concretada la renuncia del Presidente Suárez, debía reemplazarlo y conducir un período de transición para desembocar en la primera elección popular organizada por un órgano electoral independiente. Ese Vicepresidente de consenso fue Carlos Julio Arosemena Tola. El período presidencial de Suárez concluyó el 16 de septiembre, para un total de trece días de gobierno.   

Tras el retorno de la Vicepresidencia en 1946, ella fue la pieza de sacrificio que permitió destrabar un escenario de conflicto. Este gesto del otavaleño Mariano Suárez Veintimilla, quien en su mensaje al Congreso Extraordinario del 15 de septiembre afirmó que esperaba pasar “a la Historia con caracteres de honor”, impulsó un período de estabilidad en la política ecuatoriana. 

En una política tan emponzoñada como la nuestra, este gesto de Suárez luce extraño, casi surreal.    

La venta de la bandera

25 de agosto de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 25 de agosto de 2023.

La primera guerra sino-japonesa estalló en agosto de 1894. Fue triunfo japonés: en abril de 1895, China y Japón firmaron el Tratado de Shimonoseki, por el que China entregó a Japón los territorios de Taiwán, Liaodong y las islas Pescadores, además del control sobre la península de Corea. 

El Ecuador participó en la guerra sino-japonesa, de manera turbia y secundaria, apoyando al imperio japonés. Para Japón, esta guerra representó el primer triunfo de su imperialismo. Para el Ecuador, este apoyo al imperio del Japón derivó en el triunfo de la causa liberal. Ambos triunfos se registraron el año 1895.

Frente a esta guerra sino-japonesa, el Ecuador no era ni neutral ni beligerante. Por su parte, Chile sí se había declarado neutral, por lo que bajo las reglas del derecho internacional estaba impedido de vender un buque de guerra a China o a Japón. Pero Chile quería vender a Japón un crucero, el “Esmeralda”. Y aquí es cuando el Ecuador (o debo decir: su bandera) fue funcional a este negocio.

Para vender el crucero “Esmeralda” a Japón, éste primero fue vendido al Ecuador por 220.000 libras esterlinas para que dicho buque de guerra salga del puerto de Valparaíso con la bandera ecuatoriana. Luego, por 300.000 libras esterlinas, se lo vendió a Japón, que tomó control del crucero en Hawái y lo rebautizó Izumi. Los intermediarios del turbio negocio (incluido un expresidente ecuatoriano, José María Caamaño) obtuvieron pingües ganancias. 

Esta venta de la bandera se conoció en el Ecuador y estalló un gran escándalo. Es fama que dinamitó al régimen conservador y que posibilitó el advenimiento de un gobierno liberal.

A instancias de este chanchullo, el 5 de febrero de 1895 y en Managua, Eloy Alfaro publicó su “Proclama a los habitantes del Ecuador”, donde declaró: “Solamente a balazos dejarán vuestros opresores el poder que tienen únicamente por la violencia. […] La libertad no se implora como un favor: se conquista como un tributo inmanente al bienestar de la comunidad”. Y su proclama surtió efecto. Una semana después, el 12 de febrero, Milagro se levantó y proclamó la causa liberal. 

Después de Milagro se sumaron decenas de ciudades y pueblos con nuevos levantamientos y proclamas. Con la seguridad de repartir balazos para conquistar el poder, Eloy Alfaro arribó al puerto de Guayaquil el 18 de junio. Organizó un ejército con el que derrotó, el 15 de agosto y en Gatazo, al ejército del gobierno. Uno tras otro fueron cayendo el presidente constitucional, Luis Cordero, y dos encargados del poder, Vicente Lucio Salazar y Aparicio Ribadeneira. Y Quito cayó. Ya no pudo resistir más los embates del pujante liberalismo.

Eloy Alfaro y sus huestes entraron en Quito el 4 de septiembre de 1895. Con esta entrada en la capital empezó, en el Ecuador, un largo período de dominio liberal. 

El imperio del Japón acabó en agosto de 1945, después de sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Por su parte, el dominio del partido liberal en el Ecuador duró un par de años más, hasta 1947. Fue en septiembre de ese año en que por primera vez desde 1895 volvió al poder un gobierno conservador, cuando por trece días (del 2 al 15), Mariano Suárez ocupó la presidencia de la república.

La muerte de Estrada

10 de junio de 2022

 

Publicado el 10 de junio de 2022 en diario Expreso.

 

La muerte del Presidente Constitucional Emilio Estrada el 21 de diciembre de 1911, por un ataque cardíaco, desencadenó la violencia en el Ecuador. A raíz de su muerte, los rebeldes alfaristas disputaron el poder al gobierno de Carlos Freile, Encargado del Poder. Los rebeldes tenían en el exPresidente, general Eloy Alfaro, a su líder máximo. Las fuerzas del gobierno tenían como su comandante al también exPresidente, general Leonidas Plaza. Las tropas se enfrentaron bravo en Huigra, Naranjito, Yaguachi. El número de muertos, en enero de 1912, ascendió a unos 3.000. Un nivel de violencia muy alto, incluso para un país acostumbrado a la imposición por la fuerza como el Ecuador.

 

Eloy Alfaro nunca ganó una elección popular. Siempre se impuso por la fuerza y usó el mismo procedimiento de siempre, es decir, pasar de Jefe Supremo a Presidente Constitucional por un abracadabra de una Convención Constitucional por el líder de turno convocada (antes que él: Rocafuerte, Noboa, Urbina, García Moreno -en dos ocasiones- y Veintimilla). Así lo hizo Alfaro por dos ocasiones: en la revolución de 1895 que desembocó en la Constitución de 1897 y en el golpe de Estado de enero de 1906 que desembocó en la Constitución de 1906. Y pudo ocurrir una imposición por la fuerza por tercera vez, con ocasión de la muerte de Estrada. Pero esta vez vencieron las fuerzas del gobierno, dirigidas por los generales Leonidas Plaza y Julio Andrade.

 

Alfaro modernizó el Ecuador cuando unió a la capital y a su puerto con el ferrocarril en junio de 1908. Ni cuatro años después, el 28 de enero de 1912, a Eloy Alfaro se lo trasladó en el ferrocarril a una muerte segura y brutal en una cárcel de Quito. En una ciudad conservadora, el líder costeño y liberal, el ‘indio’ Alfaro, fue tratado con particular saña: su cadáver fue humillado, arrastrado por las calles e incinerado en un parque. Fue la revancha de Quito por liberalizar un país, concentrada en seis chivos expiatorios: además de Eloy Alfaro y su hermano Medardo y su sobrino Flavio, Ulpiano Páez, Manuel Serrano y Luciano Coral.

 

Muerto el general Alfaro, había que dilucidar si el poder quedaba en Plaza o en Andrade. Esto también se resolvió por la muerte. El 5 de marzo de 1912, en la toma de un cuartel de policía en un golpe de Estado orquestado por el general Plaza, una bala (supuestamente) perdida lo mató al general Andrade de contado. La bala le dio en el corazón.

 

Muertos los generales Alfaro y Andrade, se cambió al Encargado del Poder por uno adicto al general sobreviviente, se convocó a elecciones y ganó largo el general Plaza. La premisa de su victoria era que quien organiza las elecciones, las gana. Obtuvo el 97.7% de los votos.

 

Así, la muerte accidental del Presidente Estrada, a raíz de la cual se convulsionó un país causando miles de muertes violentas, incluida la del máximo líder liberal, desembocó en la segunda Presidencia Constitucional del general Plaza y en el inicio de un inédito período de estabilidad política (la sucesión de tres gobiernos concluidos: Leonidas Plaza, Alfredo Baquerizo y José Luis Tamayo) que se clausuró en 1925 por un nuevo golpe de Estado, en un episodio que tomó su nombre del mes en que ocurrió: la revolución Juliana.

Oda al Estado fallido

23 de junio de 2021

La siguiente tabla es elocuente:

Tabla. Períodos de gobierno concluidos según Constitución, con indicación del nombre de los presidentes exitosos

Año de la Constitución

Períodos de gobierno

Presidentes

1830

0

 

1835

2

Rocafuerte, Flores

1843

0

 

1845

1

Roca

1851

0

 

1852

1

Urbina

1861

1

García Moreno

1869

0

 

1878

1

De Veintemilla

1884

2

Caamaño, Flores Jijón

1897

2

Alfaro, Plaza

1906

4

Alfaro, Plaza, Baquerizo, Tamayo (no consecutivos)

1929

0

 

1945

0

 

1946

3

Plaza Lasso, Velasco, Ponce

1967

0

 

1979

4

Roldós & Hurtado, Febres-Cordero, Borja, Durán-Ballén (consecutivos)

1998

0

 

2008

3

Correa, Correa bis, Moreno

 

De las diecinueve Constituciones que ha tenido el Ecuador en 191 años de historia, durante la vigencia de ocho de ellas no se pudo concluir ni un período presidencial (murieron potras sin galopar), mientras que otras cuatro sólo sirvieron durante un único período presidencial, que correspondió a su promotor (el caso de Roca, Urbina, García Moreno y de Veintemilla). En total, son doce Constituciones que rigieron para uno, o para ningún período presidencial. Fueron, esencialmente, un fracaso.

 

En nuestra historia 21 presidentes concluyeron un total de 24 períodos de gobierno (Eloy Alfaro, Leónidas Plaza y Rafael Correa gobernaron dos veces, este último el único que lo ha hecho de forma consecutiva), siendo que sólo bajo dos Constituciones, las de 1906 y 1979, se pudo concluir cuatro períodos presidenciales de gobierno, y únicamente durante la vigencia de la de 1979 se los pudo concluir de manera consecutiva. Siempre y en todo momento, el Ecuador ha sido un desastre.

 

Este país es una oda al Estado fallido.