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El diario Extra contra la legalización de las drogas

9 de diciembre de 2019


El año 1996 en el Ecuador se organizó el festival ‘Todas las voces, todas’, en el que participó el rosarino Rodolfo ‘Fito’ Páez, quien por esos días defendió (de puro sentido común) la legalización de las drogas: “Sí, yo creo que hay que legalizarla (droga) definitivamente. No hay dudas al respecto. Cuando se abre el juego ya no estás deseando algo porque no está prohibido”. Y enseguida añadió, muy sesentaiochista él: “prohibido prohibir”.

Diario Extra, Junio 13 de 1996. Amo que toda esta discusión sobre legalizar las drogas se haga sobre el pelo de Piero... porque Piero es droga. Y la 'tropifarra' (v. parte superior derecha) también.

Lo asombroso en esta nota de 1996 sobre esta muestra de sentido común del rosarino Páez es el comentario que se mandó el redactor del diario Extra en la nota, hecho con un moralismo conmovedoramente imbécil: “Sin embargo, nos pareció disparatada, absurda y desatinada su declaración de que la droga debería ser legalizada.” (¡?)

En este tema de legalizar las drogas, seguimos comportándonos como idiotas, pero es que antes lo éramos todavía más.

Mensaje para los pacientes de glaucoma

29 de octubre de 2016

En marzo, la presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira, presentó un “Proyecto de ley orgánica para el uso del cannabis con fines médicos y terapéuticos”. El proyecto de ley merece un análisis por cuerda separada, pero el solo hecho de su discusión en el foro de representantes de los ecuatorianos es un paso adelante para la legalización del cannabis en el país (1).

La aprobación de este proyecto de ley autorizaría, entre otros, el uso del cannabis para tratar a las personas con glaucoma. En la historia del cannabis, el glaucoma fue la primera enfermedad que un gobierno se vio obligado a tratar con una provisión de porros. El gobierno de los Estados Unidos de América estuvo en la obligación legal de proveer 300 porros mensuales, confeccionados en el campus de la Universidad de Mississippi. Una ración de diez porros por día, por razones médicas.

El personaje central de esta historia es Robert Randall, “el Rosa Parks del movimiento por la marihuana medicinal”, en la precisa frase acuñada por Martin A. Lee en su libro ‘Smoke Signals(2). Su historia empezó cuando a Randall (Sarasota, 1948) en septiembre del año 1972 le diagnosticaron un glaucoma del que le advirtieron que a los 30 años lo iba a dejar ciego. Una tarde de 1973, Randall fumó un porro y descubrió un hecho singular: los halos que se formaban en una fuente de luz ya no se le formaban. Esos halos eran síntomas del glaucoma, que desaparecieron mientras Randall sintió los efectos del porro. Randall hizo una asociación inmediata. Y fue una asociación correcta.
 
Randall estaba en lo correcto. Se fumó 300 porros al mes por estarlo, por razones de salud.

A partir de este “momento Eureka”, Robert Randall se empeñó en un ejercicio de “prueba y error” por espacio de seis meses para asegurarse de su hallazgo. En 1975, debido a los altos costos del cannabis por la prohibición vigente, Randall empezó a cultivar unas plantas de cannabis en su casa en el Distrito de Columbia para auto-satisfacer sus necesidades médicas. Un día de agosto de ese mismo año, regresó de unas vacaciones para encontrarse conque sus plantas de cannabis habían sido confiscadas y su departamento registrado. Una citación demandaba su presencia en tribunales para defenderse de una acusación por el crimen de cultivar plantas.

Robert Randall estaba seguro de tener la razón y se aplicó a preparar su caso. Se dedicó a obtener información científica, que lo llevó a ponerse en contacto con un oftalmólogo de la UCLA, Robert Hepler, quien fue el autor del primer estudio científico sobre los efectos del cannabis para tratar el glaucoma, publicado el año 1971 en el American Journal of Ophtalmology. Además, Randall se sometió a experimentos en el Jules Stein Eye Institute de la UCLA y en el Wilmer Eye Institute de la John Hopkins University para comprobar los beneficios del cannabis en el tratamiento de su glaucoma. Por los resultados de estos estudios, obtuvo de su doctor (el Dr. Fine, el mismo doctor que le había diagnosticado la enfermedad en 1972) la conclusión de que “médicamente no sería ético privar [a Randall] del acceso terapéutico a la marihuana” (3).

Armado con estas herramientas, Robert Randall se presentó en los tribunales del Distrito de Columbia para defender su argumento de consumo de cannabis por “necesidad médica”. Su argumento triunfó. Randall admitió que cometía un crimen (cultivar las plantas) pero que lo hacía por su propio bien. La Corte Superior del Distrito de Columbia aceptó su argumentación: “El mal que buscaba evitar, la ceguera, es mayor que el mal que provocaba por buscarlo, el cultivo de marihuana en su residencia en violación del Código del Distrito de Columbia” (4). En consecuencia, desechó totalmente los cargos presentados en contra de Randall por el gobierno. Como la prohibición general se mantenía, Randall solicitó al gobierno federal que le proveyera a él, por su “necesidad médica”, lo que le negaba a todos los demás. Aupado en su victoria judicial, nuevamente su tesis volvió a triunfar. A Randall, desde 1976, el gobierno lo empezó a proveer de 300 porros mensuales. Salvo un impasse administrativo por unos meses en 1978, nunca dejó de recibirlos hasta su muerte.

Por su esfuerzo pionero y su éxito, Robert Randall se convirtió en una figura pública y en un activista por la legalización del cannabis medicinal. En unión de su compañera, Alice O’Leary, fundó el año 1981 la Alliance for Cannabis Therapeutics (ACT), una organización sin fines de lucro dedicada por entero a la legalización del uso médico del cannabis y con la que se mantuvo vinculado hasta el día de muerte.

Robert Randall falleció en junio de 2001, a la edad de 53 años. Desde mayo de 1978, nunca dejó de recibir su provisión mensual de porros del gobierno federal de los Estados Unidos de América. Nunca encegueció.  

Conclusión.

El uso del cannabis para tratar el glaucoma está fuera duda. Desde esa victoria pionera de Robert Randall en el sistema judicial de los Estados Unidos de América, los estudios científicos alrededor del mundo han confirmado y profundizado los beneficios de consumir cannabis para combatir el glaucoma.

Si en Ecuador hubiera una sociedad civil organizada y empática con el dolor de los pacientes de glaucoma y de los demás pacientes (migraña, cáncer, epilepsia, etc.) que se beneficiarán con el acceso a un consumo medicinal del cannabis que hoy está prohibido, los reclamos para la pronta aprobación de esta ley no se harían esperar. El Proyecto de Ley presentado no se ha movido en el trámite legislativo desde su calificación por el CAL en junio. Ni lo ha impulsado quien lo presentó, ni reclama por su trámite la sociedad civil, a pesar de tratarse de una excelente iniciativa para que las organizaciones vinculadas a la legalización del cannabis planteen sus exigencias y sus propuestas. 

(1) Proyecto de Ley Orgánica para el Uso del Cannabis con Fines Médicos y Terapéuticos’, presentada por la asambleísta Gabriela Rivadeneira el 24 de marzo de 2016. El proyecto fue calificado al trámite por el Consejo de Administración Legislativa el 16 de junio de 2016. Desde entonces, su trámite se ha mantenido inmóvil.
(2) Lee, Martin A. 2012, 'Smoke signals. A social history of marijuana -medical, recreational, and scientific', Simon & Schuster, New York, pp. 140-3. El relato de esta entrada se construye principalmente a partir del extraordinario libro de Lee y del artículo ‘Glaucoma: A patient’s view’, de autoría de Robert Randall.
(3) El doctor Robert Hepler empezó a investigar los efectos del cannabis en la dilatación de los ojos, pagado al efecto por el gobierno de los Estados Unidos (que quería obtener un mecanismo de identificación de los consumidores). Pero lo que encontró, en vez de eso, fue que el consumo de cannabis reducía la presión intraocular. Procedió a aplicar este hallazgo en pacientes de glaucoma, con resultados exitosos. Publicó los resultados de su investigación en una de las revistas más prestigiosas en materia oftalmológica.
(4) United States v. Randall, Super-Ct. D.C. Crim. No 65923-75 [24 de noviembre, 1976], en: The Daily Washington Law Reporter [28 de diciembre, 1976], p. 2253.

Bill Maher y el largo camino hacia la legalización

24 de febrero de 2016


A long way to legalize it. Porque todavía hay harto billete en juego: las llamadas ‘fuerzas del orden’ lo reciben por su labor represiva y sus ‘alrededores’, sin contar con las farmacéuticas y sus calmantes turros que no son mejores de lo que puede ser un pipazo. Bill Maher explica sobre esto y otras yerbas en su Editorial New Rule del 12 de febrero:


No se ve en este video para YouTube, pero sí se vio en la transmisión por HBO que el porro aquel se lo terminan pasando Bill Maher y tres de sus invitados. Y todo concluye entre caladas y risas, como debe de ser.

Drogas, libertarios y Efraím Medina

12 de septiembre de 2009

En los comentarios a una entrada anterior, FranciscoP mencionó que “hasta los libertarios son partidarios de la legalización [de las drogas]”. En otra entrada anterior, mencioné que me había conseguido al trasteo unas ediciones colombianas de la revista Soho de vieja data. Me conseguí, por ejemplo, la edición No 18 de junio de 2001, en cuya portada aparece Claudia Pérez y la frase “Droga, ¿hora de legalizar?”. En realidad, como lo destaca (Milton Friedman mediante) el artículo que desarrolla esa idea, los libertarios, por razones de coherencia con su pensamiento, deberían defender la legalización de las drogas. En el artículo, puede leerse la opinión de Friedman al respecto:


“(Si Estados Unidos aprobara la legalización)… tendría la mitad de las prisiones, la mitad de los reclusos, diez mil homicidios menos al año, zonas urbanas donde existiría alguna posibilidad de que la gente pobre viva sin tener que temer por sus vidas, ciudadanos adictos que se harían personas respetables, que no tendrían que convertirse en delincuentes para conseguir drogas de cuya calidad no estarían seguros”.


“Yo legalizaría la droga sometiéndola exactamente a las mismas reglas a las que están sometidos el alcohol y los cigarrillos. El consumo de alcohol y cigarrillos causa, de lejos, más muertes que las drogas, pero muchas menos víctimas inocentes. Y las principales víctimas inocentes, en su caso, son las personas que mueren a causa de conductores embriagados. Y debemos hacer cumplir la ley que prohíbe conducir bajo el efecto del alcohol, de la misma forma en que debemos hacer cumplir la ley que prohíbe conducir bajo el efecto de la marihuana, la cocaína o cualquier otra cosa”.


La tiene clarísima Friedman. Los que no lo tienen clara son los libertarios locales, que suelen desentenderse de estos asuntos y predicar solamente la parte económica ad náuseam (acá y acá: el vínculo a su ciberpágina no funciona). Otro que la tiene clarísima es Efraím Medina Reyes, quien nos cuenta muy a su estilo (véase esta diatriba contra los colombianos de la última edición) “Lo que quier[e] decir sobre la droga”: una crítica mordaz al hipócrita negocio y que, de alguna manera, responde a esa pregunta que apareció en una valla de Ciudad de México: “yo fumo mota, tú bebes alcohol, él mira televisión. ¿Quién se evade?”.

La policía te está extorsionando...

11 de marzo de 2009

“El policía del metro: bella frente, mirada noble, nariz perfilada, expresión de sensibilidad e inteligencia, que me hicieron preguntarme qué hacía ese artista en potencia cubierto con ese desprestigiado uniforme. De pronto un compañero se acerca y le dice algo al oído. El policía empieza a reír, los ojos se le desorbitan, su nariz se achata, sus maxilares comienzan a desquiciarse, su perfecta dentadura asoma ferozmente, todos los tendones y nervios de su cuello vibran, sus músculos faciales se agarrotan y de sus fauces brota un rugido atroz, inhumano, como el de un jabalí acosado o un toro atravesado por el estoque. Su risa lo delata.” (Ribeyro, Julio Ramón, Prosas apátridas, Pág. 46)

“Algunos policías, en la latitud latinoamericana, suelen matizar de modo nefasto su trabajo convirtiéndose en delincuentes. Mientras no se los descubra, actúan en los dos flancos más conspicuos de la industria delictiva: en “favor del” y “en contra del” delito, en un acaparamiento esquizofrénico de roles opuestos.” (Neuman, Elías, Los que viven del delito y los otros. La delincuencia como industria, Pág. 90)

La policía te está extorsionando empezaba la canción Molotov… Yitux lo vivió en carne propia: me solidarizo contigo, pana.



(Escrito con la gentil colaboración del amigo Pablito Cevallos, quien facilitó la propicia cita del gran Elías Neuman –de quien les adjunto, además, el artículo “La legalización de las drogas y los temores concretos y difusos” para continuar con sólidos argumentos el debate de una entrada anterior)

Villoro, fútbol y cuento del bisnes

18 de diciembre de 2008

Conocí a Villoro vía este artículo en la revista Soho en que cada frase es un ejemplo de dominio pleno de la palabra y de divertido ingenio: ambos atributos merecieron mi inmediata y rendida admiración. (Mucho Villoro, acá.) El artículo en cuestión tiene, además, la enorme virtud de referirse a uno de los temas literarios que yo más disfruto (¡Galeano, Marías, Fontanarrosa!): el fútbol (el que disfruto cada vez más, excepción sea hecha de la Champions, en su faceta literaria, en la que su épica y lírica dependen del hecho que de su generoso acervo se escoja y de la habilidad del narrador para contarlo, que lo que lo disfruto en mi condición de hincha, precisamente, en razón de la falta de épica y lírica y el notorio declive del Borrachines Sporting Club). Esa puerta de entrada no me defraudó: Dios es redondo es ese espléndido libro de fútbol de Villoro en el que éste hace graciosa cita de Heidegger, Canetti y Agamben al tiempo que su epígrafe escogido para abrirlo es el siguiente: “En el principio Dios iba a la escuela y se ponía a jugar fútbol con sus amigos hasta que llegaba la hora de irse con sus amigos a sus salones. Aunque Dios sabe muchas cosas, quiere aprender más y hacer cosas nuevas. Un día Dios dijo: ‘hoy trabajé mucho y es hora de ir a recreo’. Dios y sus amigos se pusieron a jugar fútbol y Dios chutó tan duro la pelota que cayó en un rosal y se ponchó. Al explotar la pelota, se creó el universo y todas las cosas que conocemos”. Su autor se llama Rodrigo Navarro Morales, tiene siete años, estudia en el Instituto Alexander Bain y su imaginación convierte al Génesis es un vulgar relato de mórbidos pastores (cosa a la que, de todas maneras y sin necesidad de compararlo, el Génesis se acerca bastante.)

Ahora cambiemos de tema, no de autor. Villoro es un literato a carta cabal y fue a principios de este año que disfruté en una isla Caribe (febrero, República Dominicana) de su novela El Testigo, ganadora del Premio Herralde de Novela y sobre la cual, sin asomo de innovación, me atengo a copiarles un fragmento de su contratapa: “Julio Valdivieso, intelectual mexicano emigrado a Europa, profesor en la Universidad de Nanterre, vuelve a su país después de una larga ausencia. El PRI ha perdido al fin las elecciones y se inicia un peculiar período de transición. […] Julio, como todos los exiliados, vuelve a ese tiempo extraño de los regresos, un pasado siempre presente donde uno se reencuentra con el fantasma de lo que puedo ser, con la seductora imposibilidad de retomar la vida donde se la dejó”. El libro no tiene pérdida, como tampoco la tiene este fragmento del mismo que recuerdo que comentamos con el bro X. Andrade, en razón de que ambos en ese tiempo escribimos sendos artículos sobre la legalización de las drogas. El relato ilustra, por sí mismo, el punto:

"Acabo de estar en la Secretaría de la Defensa. Tienen un piso que no está abierto al público, con un museo del narco. Vi la pistola con cachas de oro del Chapo Guzmán, una Biblia con un receptáculo para guardar cocaína, unas puertas talladas con las efigies de unos guardianes que sostienen ametralladoras AK-47. Hay algo raro en que el ejército guarde esas reliquias.
- El enemigo les parece más poderoso que ellos. Es natural que lo admiren." (Pág. 341)

Dos páginas después:

"- El problema está arriba –levantó el índice, como si el gobierno de México ocupara el piso superior de la casa (su sonrisa irónica descartaba a Dios).
- Estados Unidos es el responsable. Tienen a más negros en la cárcel por tema de drogas que en las universidades. Aquí conocemos a los narcos por nombre, apodo y vicios favoritos. Ahí están tan protegidos que operan en la sombra."

Es el cuento del bisnes, ni más ni menos. Y los que pierden, los que pierden, siempre son los otros.








La profecía que se autocumple

17 de septiembre de 2008

Mi columna Constitución, Drogas y Autonomía que se publicó en diario El Universo y en esta bitácora el sábado 6 de setiembre produjo críticas que resumo sin pérdida en que los consumidores de drogas son delincuentes porque “asaltan y si [uno] se resiste lo pueden fácilmente matar” y que mi postura incentiva el tráfico de las drogas porque “se produce una cadena de delitos como producción, comercialización, enriquecimiento ilícito, asesinatos, corrupción”.

En principio, yo no discuto que personas consumidoras de drogas cometan delitos. Esta constatación, sin embargo, no puede desconocer dos realidades: 1) no todos los consumidores de drogas, sino una minoría, son los que cometen esos delitos. El que esa minoría los cometa no justifica, por supuesto, la criminalización del consumo en general; 2) los delitos que se cometen bajo la influencia del alcohol son mucho más numerosos que los que se cometen bajo la influencia de las drogas. Y sin embargo…

Pero a mayor y necesario abundamiento, la mejor respuesta para estas críticas que se formularon a mi columna la argumentó en su artículo “Drogas, derecho y democracia” el inmenso jurista colombiano Rodrigo Uprimny Yépez cuando describe lo que él denomina la “profecía que se autocumple”, en los siguientes cabales términos:

“… el discur­so prohibicionista tiene la diabó­lica virtud de operar como una suerte de profecía que se autocumple: su puesta en ejecu­ción crea socialmente las premi­sas de las cuales parte. Así por ejemplo, el prohibicionismo consi­dera que todo uso es abuso y lleva indefec­tiblemente al deterioro físico y síquico del consumi­dor; por eso recomienda prohibir todo consumo. Al hacerlo, margina a los usuarios, quienes obligados a vivir en la ilegalidad y en la exclu­sión, es posible que sufran deterioros síquicos y físicos importan­tes, lo cual refuerza la premisa de partida del prohibicio­nista, según la cual todo uso de esas sustancias prohibidas es abuso y deteriora invariablemente al consumidor. La opinión pública queda entonces convencida de esa premisa, a pesar de que ella es falsa, pues no todo uso es un abuso, como lo muestra la diferencia que existe entre un alcohólico y un consumidor social de licor”. Y continúa Uprimny con la afirmación de que una vez que se consolida esta macabra estrategia, “el adicto es representado como el elemento dinamizador de la actividad de las organizaciones criminales. La ‘guerra a las drogas’ adquiere entonces el sabor de una cruzada por la salvación de la humanidad, frente a la cual no pueden existir críticos sino tan sólo herejes y traidores”. De hecho, así lo creen los críticos de mi columna del 6 de este mes. Rodrigo Uprimny les prueba, con la solvencia que lo caracteriza, que están en un error.

A manera de bonus track les cuelgo esta entrevista a Luigi Ferrajoli en que el jurista italiano se explaya sobre éste y otros tópicos. Viene muy bien como complemento para pensar estas ideas con profundidad y detalle, y no desde los errados prejuicios de quienes creen conocer cómo son los otros y cómo controlarlos.

Razones para legalizar las drogas

1 de marzo de 2008

“…cuando la policía haya encarcelado al último gran narcotraficante, el Hombre se verá libre de la amenaza de la Droga” ironiza el filósofo español Fernando Savater al inicio de su célebre Tesis Sociopolíticas sobre las Drogas en el que se refiere con mucha lucidez y no escaso sarcasmo al socorrido mito del “problema de las drogas”. En esta columna, ofreceré razones para criticar la actual política de prohibición y promover su legalización como la mejor manera de enfrentar este “terrible problema” (ahora el que ironiza soy yo). Dividiré mi crítica en dos partes: 1) razones de costo/beneficio; 2) violaciones a la libertad personal. Cerraré con una breve exposición de razones para su legalización.

1) Razones de costo/beneficio: la llamada “Guerra a las Drogas” es un fracaso, por ineficaz y perversa. Ineficaz, porque el aumento de recursos y de intensidad en la represión no ha conseguido (las estadísticas lo prueban) sino aumentar la oferta de las drogas y son las propias autoridades quienes admiten que, pese a todos sus esfuerzos, solo interceptan del 5% al 10% de esta oferta. Perversa, por sus efectos: fomenta una poderosa economía ilegal e internacional (con sus consecuencias de violencia y corrupción), sobrecarga el aparato judicial y penitenciario, promueve la comisión de conductas delictivas para obtener un producto encarecido artificialmente y la aplicación de una justicia penal que restringe las garantías individuales. En adición, la prohibición estigmatiza y margina al consumidor y lo expone al consumo de sustancias adulteradas y el énfasis en reprimir desvía los necesarios recursos para prevenir y ayudar a los consumidores.

2) Violaciones a la libertad personal: en su Sentencia de Constitucionalidad C-221 de 1994 la Corte Constitucional de Colombia reconoció que sancionar a un consumidor de drogas por un consumo que no trascienda su órbita íntima “sin duda alguna es abusivo, por tratarse de una órbita precisamente sustraída al derecho y, a fortiori, vedada para un ordenamiento que encuentra en la libre determinación y en la dignidad de la persona (autónoma para elegir su propio destino) los pilares básicos de toda la superestructura jurídica”. En sus Tesis… Savater cita las palabras más sensatas y hermosas que yo haya leído sobre este tema, de autoría de Gabriel Matzneff: “El hachís, el amor y el vino pueden dar lugar a lo mejor o a lo peor. Todo depende del uso que hagamos de ellos. De modo que no es la abstinencia lo que debemos enseñar, sino el autodominio”. Cabe destacar las necesarias diferencias entre consumo privado y público, consumos no problemáticos e indebidos, consumo per se y consumo asociado a delitos: diferencias que, por supuesto, abonan a los argumentos que desarrolló la Corte Constitucional colombiana.

Por su parte, la legalización y regulación de las drogas debe realizarse con sujeción a su nivel de dependencia y toxicidad: debe generarse una política de “mercado pasivo”, en que el Estado tolere y controle la producción y la distribución de las drogas sin estimular su consumo y sino disuadiéndolo sin prohibirlo. Los beneficios de esta política: integra al consumidor y evita la comisión de delitos, aplaca la economía ilegal e internacional y reduce los casos de prisión… Por supuesto, la legalización no puede ser nacional o regional; su efectividad depende de ser lo más internacional posible. Esto depende, a su vez, de un cambio de corriente ideológica en Estados Unidos sobre este tema. Pero si se lo piensa bien, la legalización es la solución más adecuada. Y, parafraseando a Savater en el cierre de sus Tesis… lo mejor será empezarla cuanto antes, a lo cual ha querido contribuir la redacción de esta columna.

Contestación a Palacio que argumenta razones para legalizar las drogas

2 de febrero de 2008

Para los antecedentes de esta contestación, v. acá.

Estimado Emilio:

Acuso recibo de su comunicación. Me interesa, como al Diario, abrir el debate sobre la legalización de las drogas. Este es un tema que, en lo personal, me interesa desde hace varios años. Mi primera investigación seria sobre el mismo la realicé para un Congreso de Derecho en Mendoza, Argentina, hacia 1999. En particular, para la redacción de este editorial revisé material de Antonio Escohotado (Historia Elemental de las Drogas), de Thomas Szasz (Nuestro Derecho a las Drogas), de Carlos Gaviria (Herejías Constitucionales, en la sentencia que cito en el editorial), de Rodrigo Uprimny (el artículo que le adjunto a esta comunicación, que condensa con excelente factura el estado de la cuestión y los argumentos en procura de la legalización) y el viejo ensayo (original de 1986) de Fernando Savater (cuyo enlace en Internet cito en mi editorial).

Coincido en la necesidad de que a mi regreso (para el 25 de febrero) ampliemos este intercambio. Anticipo, sin embargo, unas ideas. Mi editorial, muy explícitamente, se divide en dos razones: 1) razones de costo/beneficio; 2) violaciones a la libertad personal. El primer tipo de razones no suele comportar problemas para su admisión en el debate público porque son razones de orden práctico. Distinto, por supuesto, es que a que estas razones se las atienda, tanto porque las razones para mantener la prohibición suelen ser de otro “orden práctico” (corrupto) como porque suele justificarse su fracaso mediante la “buena intención” que (se supone) anima la “Guerra a las Drogas” (esto, muy a pesar de los efectos perversos que esa “buena intención” provoca). En este preciso punto se produce un enlace entre las primeras y las segundas razones, porque precisamente porque se desconoce la legitimidad de estas segundas razones el discurso dominante justifica que se mantenga la prohibición de las drogas a pesar de su ineficacia y perversión. Estas segundas razones sí son de difícil admisión en el debate público porque son razones que implican juicios de valor moral. Yo, en particular, sí creo que esas violaciones a la libertad personal merecen discutirse, de manera desprejuiciada y sensata.

Si estas ideas en relación con la libertad personal, que hallan soporte tanto en sentencias de respetables tribunales (como la Corte Constitucional de Colombia, considerada uno de los mejores tribunales constitucionales del mundo, pero podría citarse al Tribunal Constitucional Federal alemán, entre otros) como en importantes pensadores contemporáneos (Szasz y Savater, por ejemplo, entre tantos otros) para que se entiendan bien en “las personas menos abiertas al debate” debe prescindir de la ironía que formulo, pues coincido plenamente. Sí quiero aclarar que cuando hago referencia a este argumento no se trata de “promover el uso” de las drogas sino de hacer entender (con los matices que menciono de consumo privado y público, consumos no problemáticos e indebidos, consumo per se y consumo asociado a delitos) que cuando se trata de libertad, esa decisión le pertenece a cada individuo, que en nuestro ámbito íntimo todos los individuos somos libres de hacer lo que nos plazca. En un país en que la libertad se menosprecia tanto (los notorios casos de la libertad de expresión y de la libertad de asociación, por ejemplo, sobre los que he escrito) y más todavía en su ámbito individual (los casos de la eutanasia y unión homosexual, sobre los que he escrito, el caso del aborto) sí creo que es importante introducir el debate sobre los usos, riesgos y responsabilidades de la libertad individual para, poco a poco, vencer los prejuicios de una sociedad todavía muy conservadora. La frase de Matzneff que cita Savater no promueve el uso de una droga tanto como (de allí que me parezca tan hermosa) expresa (sensatamente, a mi juicio) que lo malo o lo bueno no está en esa sustancia (llámese hachís, pero podría ser marihuana o cocaína, o también, como consta en la frase “el amor o el vino”) sino en el uso que de ella se haga. Sobre sustancias como la cocaína (que ingresa en el contexto de “drogas químicas” ilegales) pues creo que el debate tanto sobre la genealogía de su prohibición (de una sustancia producida por los laboratorios Merck –de allí que en Argentina se la llame todavía merca-, vendida libremente en boticas, anunciada por Sigmund Freud y consumida por Borges –sin perjuicio para su literatura) como sobre la forma de abordar su consumo por la legalización de las drogas (que es la postura que yo defiendo) debe hacerse, nuevamente, de manera desprejuiciada y sensata.

Tengo disposición de propiciar el debate (ojalá) sobre la legalización de las drogas: estoy dispuesto a cortar mi ironía y (muy a mi pesar) cortar la frase de Matzneff y utilizar, en cambio, un argumento extraído de un tribunal constitucional. Tengo también la disposición de ampliar este intercambio a mi regreso al país. Le hago expresión de un abrazo caribeño. Salute,

Xavier