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La dictadura por venir

24 de mayo de 2020


Publicado originalmente en tres partes (p. 1, p. 2 y p. 3) en elestado.net

El triunfo arrollador de la dictadura inadvertida (a quien varios incautos, o rapaces, todavía celebran), descrita en el artículo anterior, ayuda a comprender la dictadura por venir. Para una mejor comprensión de ésta, es necesario profundizar en una explicación de carácter político.

La elección de Lenín Moreno como Presidente, en la segunda vuelta celebrada el 2 de abril de 2017, fue el cuarto triunfo consecutivo del movimiento Alianza País en las elecciones para la Presidencia de la República. Alianza País fue fundada el año 2006 y desde entonces triunfó en todas las elecciones presidenciales en las que participó: Rafael Correa triunfó en las tres primeras (2006, 2009, 2013), y en los gobiernos del 2006 y 2009, Lenín Moreno fue su Vicepresidente. Fue Rafael Correa quien lo ungió a Lenín Moreno como su sucesor (los números lo respaldaban: era el posible sucesor de Correa menos odiado, en unos tiempos de anti-correísmo feroz). El día que Lenín Moreno aceptó la candidatura, en un estadio del sur de Quito, él se comprometió a sostener los ideales y programas del movimiento por el que aceptó participar en la elección: “La deslealtad no es el camino”, afirmó entonces. Ocurrió el 1 de octubre de 2016.

Desde octubre de 2016 a mayo de 2020 mucho ha pasado, pero la historia debe empezar a contarse con que la deslealtad sí fue el camino tomado por Lenín Moreno una vez que ocupó la Presidencia, en mayo de 2017. A menos de cumplirse un año de su aceptación de la candidatura, el movimiento Alianza País ya se había fracturado y existía una facción “morenista” que había desplazado a una facción “correísta” de su dirección y del movimiento mismo, para acto seguido impedir su participación política en las futuras elecciones seccionales del 2019 mediante argucias legales perpetradas por los organismos electorales. Así, la facción morenista se apropió del exitoso movimiento para convertirlo en una organización tan impopular, que al 2020 casi no hay ni un gil que quiera lanzarse como candidato por Alianza País. En menos de tres años, se convirtió a la organización cuatro veces triunfadora de las elecciones presidenciales en una apestada de la política.

Pero es mayo de 2017 y trepado en esa ola de anti-correísmo que existió a principios de su gobierno, el Presidente Moreno convocó y logró que se celebre el referéndum del 4 de febrero de 2018. Obtuvo la aceptación de sus siete propuestas en el referéndum (el famoso “sí, siete veces sí”), y entre ellas, como se ha visto en La dictadura inadvertida, la creación de aquel desfachatado y devenido en dictatorial Consejo “en Transición”, que se convirtió en el órgano ad-hoc al uso del feroz anti-correísmo para eliminar (29 destituciones mediante -27 tras evaluaciones, 2 por fuera de ellas) a autoridades públicas de relevancia que habían sido nombradas durante el precedente gobierno de Rafael Correa, así como para nombrar a dedo a sus sucesores.

La razón de ser de este órgano transitorio, según el decreto ejecutivo del 29 de noviembre de 2017 por el que se convocó al referéndum y se justificaron las reformas constitucionales propuestas, era cumplir con unas “funciones transitorias que viabilicen los cambios que han sido exigidos”. Esos cambios exigidos fueron, principalmente, el paso de elegir a los siete integrantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social por otras autoridades del Estado, a ser elegidas por la voluntad popular. Y esto fue presentado como un gran avance para este órgano de rango constitucional, pues la reforma implicaba una “aplicación del principio constitucional de progresividad de derechos”, según el citado decreto.

Sin embargo, cumplidas las “funciones transitorias” por el Consejo “en Transición”, esta razón de ser de “viabilizar” unos cambios para progresar en derechos se ha revelado como una total farsa. Si aquel habría sido el propósito, las autoridades del gobierno nacional y del Consejo “en Transición” habrían respetado la conformación del nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social elegido por la voluntad popular, mismo que resultó de las elecciones seccionales celebradas el 24 de marzo de 2019. Pero ocurrió que el feroz anti-correísmo que existía el 2017 y a principios del 2018 ya había menguado considerablemente su fuerza para inicios del 2019 y el gobierno nacional fue incapaz de evitar que, en las primeras elecciones celebradas post-referéndum, la voluntad popular lo abofetee decidiendo que la mayoría de los consejeros sean los que se identificaron como correístas (a la facción correísta se le proscribió la participación directa en la elección). 

Esta derrota popular, el gobierno de Lenín Moreno no la podía encajar. Que después del exterminio masivo de correístas hecho por el Consejo “en Transición” el 2018 en nombre del pueblo, sea el propio pueblo el que decida el 2019 que vuelvan los correístas a ocupar espacios de poder y, para peor, en el mismísimo órgano que había sido el motor del feroz anti-correísmo y cuya reforma constitucional había sido el objeto mismo de este período llamado “de transición”, era demasiado como para que lo encaje este gobierno compuesto casi exclusivamente de traidores, advenedizos y oportunistas.

Un gobierno democrático habría encajado esta derrota, aceptado lo que el pueblo decidió. No así el gobierno de Moreno. Primero, a sabiendas de que el pueblo podría elegir a los correístas para integrar el nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, autoridades electorales y del Consejo “en Transición” buscaron que se vote nulo en esta elección, pero su idea no prosperó. En este video, en una actividad que realizó el Consejo Nacional Electoral para buscar apoyo a la idea de algunos de sus integrantes de incentivar el voto nulo, explico las razones para considerar a esa idea como descabellada:


Pero, finalmente, el gobierno de Lenín Moreno se salió con la suya. Actuaron sus entonces aliados en la Asamblea Nacional, los que apenas posesionado el nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (con retraso, el 13 de junio de 2019) buscaron la destitución de los cuatro consejeros asociados con el correísmo y, en menos de dos meses, la Asamblea Nacional ya les había iniciado un juicio político y los había destituido.

El principal argumento de la Asamblea Nacional fue que estos consejeros habían querido impulsar una revisión de la designación de la nueva Corte Constitucional y que este amago (pues la resolución nunca fue aprobada) ya violaba el dictamen parcializado de la Corte Constitucional del 7 de mayo de 2019. En el Ecuador, es brutal la facilidad con la que unos cuantos deciden torcer y alterar lo que la voluntad popular (millones de personas) había decidido escasos meses atrás. Irresponsabilidades como ésta, convierten a nuestras autoridades políticas en pasto para demandas internacionales.

Por ejemplo, esta destitución de autoridades elegidas por la voluntad popular es contraria a la trascendencia que, a los derechos políticos, le ha concedido la Comisión Interamericana:

“En un caso como el presente, de una persona elegida a un cargo de elección popular, debe tomarse en cuenta que una restricción al derecho al sufragio activo mediante destitución o inhabilitación, puede afectar no solamente a la persona en cuestión sino también la libre expresión de la voluntad de los electores a través del sufragio universal. De esta manera, una restricción arbitraria de los derechos políticos que impacte en el derecho de una persona a ser elegida popularmente y a completar su mandato, no afecta únicamente los derechos políticos de la persona en cuestión, sino que implica una afectación en la dimensión colectiva de dichos derechos y, en suma, tiene la virtualidad de incidir significativamente en el juego democrático.” (Caso Petro, Párr. 117)

Por esta trascendencia, se ha deducido por la Comisión IDH que las restricciones a los derechos políticos “deben estar encaminadas a proteger bienes jurídicos fundamentales, por lo que deben ser analizadas cuidadosamente y bajo un escrutinio riguroso” (Ibíd.). Pero para nuestra zafia Asamblea Nacional, unas consideraciones de esta naturaleza, sobre la trascendencia de los derechos políticos y el tipo de análisis y escrutinio requeridos para validar sus posibles restricciones, es cosa de ciencia ficción… Porque nuestra democracia es cosa de ciencia ficción.

El gobierno de Lenín Moreno se asentó en la voluntad popular (el “sí, siete veces sí” del referéndum) para supuestamente servir mejor a las masas a través de las reformas constitucionales que se aprobaron. Pero ocurrió que el efecto de estas reformas fue que se votó para componer una mayoría “correísta” en la institución reformada y, entonces, el gobierno de Moreno demostró que la voluntad del pueblo le parecía muy loable y muy respetable, pero siempre que sirva a sus intereses de eliminación del correísmo. Si contrariaba esto, era el anti-correísmo el que debía prevalecer. Nunca se trató de servir a la gente, sino de que un grupo prevalezca por sobre otro. Por eso, nuestra democracia es ciencia ficción.

Y aquí reside la parte toral de mi argumento: este desprecio a la voluntad popular y esta eliminación de un grupo político por otro es la continuación de una inveterada tradición de la política ecuatoriana desde su malhadada fundación en 1830, el “canibalismo”, tan propio y característico de nuestros (cada vez más zafios) políticos. En este país, son muy raras las ocasiones en las que los políticos han confiado unos en otros; lo suyo, según una antigua sentencia de Jorge Luis Borges sobre los políticos sudamericanos, es “conspirar, mentir, e imponerse” (en el siglo XIX ocurría con pistolas, en el siglo XXI con trolls, pero siempre imponerse). Esta práctica caníbal explica los misérrimos niveles de aprobación ciudadana de los partidos políticos (sólo un 3% de los ecuatorianos confía en estas instituciones) y los altísimos niveles de corrupción que se registran en nuestra administración pública.

En el gobierno de Lenín Moreno, este canibalismo político ha tomado la forma de buscar empecinadamente la eliminación de Rafael Correa y de los políticos asociados a él (que no quiere decir, los políticos que hayan estado en su administración: la gran mayoría de las autoridades del gobierno actual fueron parte de ella, empezando por el Presidente Moreno). Y se ha utilizado en contra de ellos, como se estila en estos casos, todo el poder del Estado: juicios por un tribunal ad-hoc (el llamado Consejo “en Transición”), destituciones por la Asamblea Nacional, persecuciones administrativas y penales… Siendo todo tan arbitrario como lo fue lo actuado por el Consejo “en Transición” el 2018, todos estos procesos apestan a violación de garantías judiciales, pero el canibalismo no para mientes (y por ello, es pasto para demandas internacionales).

Al 2020, esta práctica de canibalismo ha debilitado mucho al gobierno de Lenín Moreno. Cuatro de cada cinco ecuatorianos ya no le cree a su Presidente. Su gobierno se ha definido por su oposición al “correísmo”, pero ha fracasado en eliminarlo; todo lo contrario, bien se podría decir que lo ha terminado por fortalecer y que en unas próximas elecciones la persecución sufrida podría rendirle dividendos. En este experimento de tres años de abusos contra el “correísmo”, el tiro les ha salido por la culata.

Ahora, el detalle es que Lenín Moreno nunca fue un Presidente en serio, siempre fue una marioneta. Primero, como su sucesor designado, iba a ser una marioneta de Rafael Correa; después, pasó a ser una marioneta de los grupos de poder detrás del anti-correísmo (que, en realidad, están en pro de sus propios bolsillos, hay cero ideología). Moreno, un tipo fundamentalmente débil, decidió pasarse al grupo que en los cuatro años de su Presidencia le ofrecía mayores seguridades, porque eso de aguantar cuatro años las embestidas contra el “correísmo” que se veían venir fuertes por el vínculo entre los anti-correístas y los grandes medios de comunicación, no era lo suyo. Es así apenas lógico que un tipo débil y sin ideales haya optado por el escenario que le brindaba mayores garantías, aunque ello implique la traición al grupo político del que él emergió y con el que compartió gobierno por diez años. Moreno es un tipo débil, sin ideales y taimado.

Y el costo social de que el Presidente Moreno haya sido capturado por el anti-correísmo, ha sido muy alto para el país. Su gobierno es uno que se ha empeñado en favorecer a sus élites económicas, teniendo como contracara el perjuicio a los más desfavorecidos, puesto de manifiesto en una reducción constante, en su período, de los presupuestos asignados a la salud y la educación.

Y durante este gobierno, ha ocurrido lo que me orienta a pensar que una nueva dictadura podría suceder: la pandemia del COVID-19. Ni bien empezada, la pandemia certificó de manera dolorosa que este gobierno es una marioneta de las élites: prefirió el pago a los tenedores de bonos de más de 320 millones de dólares, en vez de conservar ese dinero para enfrentar la pandemia que ya amenazaba extenderse por el país.

El desmantelamiento del sistema de salud y la política gubernamental de favorecer a las élites, además de la inveterada ineficacia y corrupción de nuestra administración pública, hicieron su parte en esta crisis que ha causado el COVID-19. La pequeña y usualmente ignorada República del Ecuador se convirtió en noticia a nivel internacional, en particular, por la situación de su ciudad más poblada, Guayaquil. En este puerto tropical, todo los males nacionales descritos, más las miserias de su propio modelo “exitoso” de desarrollo, confluyeron para un abandono del Estado (nacional y seccional) que condujo a muertos en las calles, pérdida de los cadáveres, corrupción generalizada y diseminación del contagio del COVID-19 sin control, causando con ello una espantosa cantidad de muertos que una administración que merezca llamarse “exitosa” habría podido evitar.

Esta excepcionalidad de Guayaquil no ocurrió, como dice ese epítome de la ineficacia que ha resultado ser su Alcaldesa, porque de repente nos ha caído una bomba… Es por años de hacer las cosas mal, que se pinchó la burbuja de nuestra malsana y estúpida idea de desarrollo de ciudad (más sobre esto en: “Guayaquil y el modelo que tocó fin”)

En los 190 años de vida republicana del Ecuador, iniciados en 1830 con la unión de las tres antiguas provincias españolas de Guayaquil, Quito y Cuenca, tal vez nunca el país haya estado tan mal. Su gobierno malvive, empeñado a las élites económicas y sin capacidad de acción… ¿Para qué sirve un Presidente que, en más de seis meses, de Octubre a la fecha, no puede concretar casi nada de lo que se propone? ¿A quién puede dirigir alguien a quien ya casi nadie le cree? ¿De qué vale alguien que está mucho, pero mucho más cerca de inspirar lástima o asco, que algún tipo de entusiasmo?

Por todos estos antecedentes, esto es lo que creo: hay una dictadura por venir. Moreno está inerte y las élites económicas rapaces para las que él gobierna no pueden permitir que se descalabre el sistema viciado que se ha creado desde el 2018. La Corte Constitucional es un objeto decorativo y la sociedad ecuatoriana admitiría sin chistar una dictadura, pues como se ha visto con el caso de La dictadura inadvertida descrito en el artículo anterior, ni se entera. Y si se entera, poco cambiaría, pues mientras le sirva mejor que Moreno, a una gran mayoría no le importa. La del Ecuador es una democracia de membrete, sin reales demócratas, ni entre los políticos ni en la mayoría que participa del circo que los elige. Tal es nuestra siniestra realidad. Y es por eso que estamos en el fango en el que nos hallamos, a mayo del 2020.

Ahora, lo que propicia el advenimiento dictatorial es que se cuenta con una coartada y con un apoyo esencial. La pandemia del COVID-19 ofrece una coartada ideal para una salida dictatorial, en cualquiera de sus dos formatos: el legal o el militar. Para el primer caso, ese objeto decorativo llamado Corte Constitucional podría redactar un documento de apoyo, a la usanza de su dictamen de mayo de 2019 y se seguiría algún tipo de interpretación y praxis constitucional que se ajuste a los intereses de quienes triunfen en la disputa interna que se tiene entre los traidores, advenedizos y oportunistas que integran el gobierno actual. Esta sería una salida con un barniz legal, “a la trujillana”.

Pero también está el formato militar, “a la boliviana”, es decir, un golpe de fuerza de los milicos y que se coloque a un civil de fachada. En este caso, resulta irrelevante lo que diga (o no) la Corte Constitucional. En ambos casos el apoyo de los Estados Unidos de América, esencial para cualquier experimento local, se lo tiene asegurado, porque para la administración de Donald Trump ninguna de estas decisiones representaría un problema: se toma nota de lo ocurrido y se pasa enseguida a otra cosa (la insignificancia del Ecuador es proverbial). Y por supuesto, nadie lo va a extrañar al monumental inútil de Moreno.

Sea con el formato “a la trujillana” o “a la boliviana”, el panorama del Ecuador resulta sombrío. ¿Mi pronóstico? Cuando la gente, por hambre, empiece a salir a las calles a buscar comida por las buenas o por las malas, triunfará el formato “a la boliviana”, porque así se reprime mejor.

Tenemos una dictadura al caer. Y realmente quisiera tener esperanzas de algo distinto, pero el Ecuador no me deja.

Groucho Trump

6 de junio de 2017

Desprovisto de toda gracia marxista.
Fuente: David Pope, 2 de junio.

Populismos

21 de enero de 2017

Ayer, dos políticos de relevancia dieron sendos discursos populistas. Uno, con una audiencia mundial; el otro, local. El primero, fue el discurso de posesión del 45avo presidente de los EE.UU., Donald J. Trump, hecho que tal vez marca el inicio del fin del dominio anglosajón en la política mundial (1); el otro, el que hizo el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, en defensa de su honor y a los pies del edificio municipal de esta calurosa ciudad. 

Uno de los rasgos característicos del populismo es fundir al líder populista con el pueblo al cual se dirige. En esta narrativa, el líder populista y su pueblo son uno solo. La consecuencia de esto, es una licencia autoritaria (conveniente al temperamento de Nebot y de Trump) que puede pasar por encima de todo porque goza de superlativa legitimidad popular. A lo largo de sus carreras (la de Nebot mucho más extensa que la de Trump), ambos políticos han hecho gala de su actitud autoritaria.

*

Del discurso de Trump (2), por ejemplo, se destacan estas perlas:

“Porque hoy no solo estamos traspasando el poder de un gobierno a otro ni de un partido a otro, sino que estamos transfiriéndolo de Washington, D.C. al pueblo americano”.

“El 20 de enero de 2017 se recordará como el día en el que el pueblo volvió a gobernar este país”.

“A partir de este día, una nueva visión va a gobernar nuestro país. A partir de este momento, va a ser América primero, América primero”.

En su discurso, Donald Trump promete pelear por su pueblo (“los hombres y mujeres olvidados no serán más olvidados”) y sugiere que el poder que a él se le confiere es un poder popular y patriotero. Jaime Nebot, sin embargo, está a otro nivel.

Nebot logra que el pueblo de su ciudad pelee por él (retóricamente y con el debido patrocinio, claro está). Con su discurso populista, Jaime Nebot logra, por arte de birlibirloque, convertir lo que es una afectación personal (el supuesto perjuicio a su honor por una denuncia de corrupción) en un problema público, al que hay que enfrentar al mero estilo del PSC, es decir, con una turbamulta apostada en las calles. El honor de Nebot no es suyo, ni pertenece solo a su familia, sino que es de su “gran familia, que son ustedes”.

Así, Nebot logra la alquimia de que la imputación de un acto de corrupción se convierta en un deshonor a la ciudad. Su “barra brava”, que es constante en sus apariciones aunque no tenga ni las más pálida idea de contra qué protesta (si algo revela su condición de mercenaria, es este detalle [3]), enloqueció de entusiasmo. Su honor se convirtió en el honor de Guayaquil. No puede existir fusión más perfecta entre autoridad y pueblo. Populismo Top.

Y tampoco ninguna que haga más sentido para lo que es hoy Guayaquil: una ciudad sin ciudadanos, que le delega su poder a un fulano autoritario para defenderse de una imputación personal como un problema público y a turbamulta en las calles del centro. El alcalde pudo tener la cachaza de cerrar su alocución populista, diciendo a los gritos, “¡Ahora voy por ellos!” (4).

En esto del populismo, en comparación a Nebot, Trump es todavía un alevín.

(1) Torreblanca, José Ignacio, ‘El suicidio anglosajón’, Diario El país (España), 20 de enero de 2017.
(3) Un día le dijimos a estos mercenarios en su cara: “Pagados por Nebot”, v. #JusticiaparaDanielAdum, YouTube, Guido Bajaña Yude, 9 de septiembre de 2011.
(4) Boscán, Andersson, 'Nebot: 'Ahora voy por ellos"', Diario Expreso, 21 de enero de 2017.

Adiós, Mentira Negra

20 de enero de 2017

Este 20 de enero de 2017, Barack Hussein Obama empezó oficialmente a ser un expresidente de los EE.UU. (1). Su legado es lamentable: Obama fue agresivo en lo militar (ni siquiera cerró la base de Guantánamo, una de sus promesas emblemáticas), fue durísimo en las políticas migratorias e inútil para hacer las reformas relevantes que alteren la forma de acumulación de la riqueza en pocas manos (el Top 1%). Obama empezó a ser expresidente entregándole el poder a un hombre blanco multimillonario que fue apoyado en campaña por el KKK, que tiene las dos cámaras del Congreso a su favor y la posibilidad de designar jueces en la Corte Suprema que le den a esta institución un sesgo conservador que dure décadas. 

El saldo de este moreno, en siete palabras: “No hizo lo que prometió. Legado desastroso”.

 
Sin embargo, Obama es el rey del pop y tiene obnubilados a muchos por sus habilidades retóricas. Esta puesta en escena está muy bien lograda. Así, acaso la mayoría, en ocasión de formarse su impresión de estos ocho años de Barack Obama en el poder (2009-2017), se quedarán con su versión pop.

¿El problema? Pop no es política. It’s just fucking pop, pensado y distribuido para la gilada. En lo que realmente importaba mientras ejerció el poder, la Mentira Negra falló.

Hoy empezó, formalmente, el show de Donald J. Trump.

(1) Una denominación que sólo le cabe a 43 personas, incluido Obama (porque en la lista de presidentes a Grover Cleveland se lo cuenta dos veces, pues gobernó en períodos no consecutivos). De ellos, están vivos Carter, los dos Bush, el pipitrílico Clinton y Obama.

Paja y Rusia

19 de diciembre de 2016


El liderazgo vertical, corporativista y autoritario de Vladimir Putin lo tiene con una popularidad superior al 80% de la población, en un país de más de 143 millones de habitantes y una cultura milenaria como Rusia. Aquí también, un liderazgo vertical, corporativista y autoritario como el de Jaime Nebot mantiene una popularidad superior al 80% de la población, en la ciudad más poblada del Ecuador. El éxito del liderazgo autoritario funciona para grandes y chicos. Es un éxito transversal, con una condición previa: el colapso (URSS, Bucaram) es el escenario propicio para que triunfe el "hombre fuerte" (1).

No puedo hablar por la inmensidad rusa, pero sí puedo referirme a nuestras pajas administrativas, a todo lo que desde la administración pública y desde mucho tiempo antes del socialcristianismo, se viene haciendo mal en el desarrollo de la ciudad. Pero, en rigor: ¿Qué es Guayaquil para oponerse a un liderazgo autoritario que en estos últimos 16 años ha construido una ciudad con “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”? (2). Guayaquil es una ciudad con una historia de debilidad institucional, un crecimiento urbano inarticulado y una sociedad civil apática, ¿con qué energía cívica podría resistir un liderazgo de esta naturaleza? Al contrario: lo bienviene y lo admira (3).

(Otrosí: su cooptación de los medios de comunicación de la ciudad también le ha resultado muy útil [4]).

(1) El colapso de Guayaquil durante la administracón de los Bucaram et al. (1984-1992) fue el discurso que apalancó al socialcristianismo en el poder político de Guayaquil. Con eso afanaron hasta hace poco, pero 24 años después es ya un discurso insostenible.
(2) Así describen a Guayaquil los expertos internacionales solicitados por el alcalde Nebot a la CAF: v. Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos, Cabezas Vélez, Gabriel 2013, La inundación de Guayaquil en marzo 2013. Opinión de expertos internacionales, Cooperación Técnica de CAF, Informe gerencial [17 de junio de 2013].
(3) El autoritarismo explica el ascenso de Donald Trump: ‘Authoritarianism: The political science that explains Trump’, Vox, YouTube. Y este video (en inglés): esto es periodismo del bueno. En nuestro país, algo así no existe.
(4)Para cuando el periodismo guayaquileño pierda el miedo…’, Xavier Flores Aguirre, 6 de febrero de 2016.

Moby is a Dick

15 de noviembre de 2016


Moby atribuye la elección de Trump a “estúpidos, racistas y misóginos” (1). En este juicio, Moby razonó como suele hacerlo la grey conservadora, de acuerdo con este estudio de George Lakoff. Moby simplemente atribuyó una causalidad directa para la elección de Trump a tres supuestos atributos de sus votantes. El razonamiento es pasmosamente simple: “estúpidos, racistas y misóginos”, ergo, votantes de Trump. Muchos “estúpidos, racistas y misóginos”, ergo, Trump ganó.

Moby is a Dick. An angry one. Fuente.

Con este proceso de razonamiento por causalidad directa de Moby, suelen razonar la política los votantes de Donald Trump. Esta es una descripción de las políticas que ha anunciado Trump y como le resuenan a sus votantes:

“Inmigrantes vienen desde México –construir un muro para detenerlos. Para todos aquellos inmigrantes que entraron ilegalmente, simplemente depórtenlos –incluso si hay 11 millones de ellos trabajando en nuestra economía y viviendo en nuestro país. La cura para la violencia de las armas es tener un arma lista para disparar de manera directa al agresor. Para detener que trabajos se vayan a Asia donde los costos son más bajos y bienes más baratos inundan nuestro mercado, la solución es directa: colocar un alto arancel en esos bienes para que resulten más caros que los productos hechos aquí.. Para ahorrarse dinero del pago a las farmacéuticas, que el mayor comprador –el gobierno- tome las ofertas a los precios más bajos. Si Isis está haciendo dinero del petróleo iraquí, enviemos tropas estadounidenses para tomar el control del petróleo.  Amenacemos a los líderes de Isis a través del asesinato de los miembros de su familia (aún si esto es un crimen de guerra). Para obtener información de sospechosos de terrorismo, usemos el submarino, o incluso peores métodos de tortura. Si unos pocos terroristas podrían llegar con los refugiados musulmanes, simplemente evitamos que lleguen musulmanes al país” (2).

Un liberal consistente buscaría otras razones. Con ellas rebatiría los razonamientos de causalidad directa de las políticas conservadoras, así como también buscaría una explicación más compleja para la elección de Trump. Un ejemplo de esto último es este artículo de Vicenç Navarro, en el que replantea las razones del triunfo de Trump en términos que el bisnieto de Melville parecería incapaz de concebir:

“Presentar lo ocurrido, como he leído en más de un reportaje, como una traición de las mujeres trabajadoras a la causa feminista, es no entender nada de lo que pasa en EE.UU. Es urgente que las izquierdas, incluyendo los movimientos progresistas en defensa de las minorías y también los movimientos feministas, recuperen el concepto de clase en sus proyectos, pues la mayoría de la población en EE.UU y en cualquier país de capitalismo desarrollado. Olvidarse de la clase trabajadora ha sido lo que ha llevado al tsunami que estamos viendo a los dos lados del Atlántico Norte. Así de claro” (3).

Moby, sin embargo, se consideraría un liberal. En rigor, es un representante de cierto “solipsismo liberal”, que principalmente se forma su criterio mirándose el ombligo. Y que resulta entonces tan afín a la descalificación de los otros que no coinciden con sus puntos de vista (4), como lo podrían ser sus “rivales” conservadores, así como afín a hablar pendejadas sin sustento, respaldados en ocasiones de un supuesto “buenismo” o simplemente al pedo, como hizo en esta Moby.

(1) “Nadie le ha votado [a Trump] por su inteligencia. Así que el único motivo por el que alguien ha podido hacerlo es porque es racista, misógino y no pueden votar por una mujer como presidenta, o porque realmente son estúpidos. No existe otro motivo por el que alguien votaría a este hombre”, v. ‘Moby: “No puedo creer que en EU haya tal cantidad de estúpidos, racistas y misóginos”’, Sin embargo, 14 de noviembre de 2016.
(2) Why Trump?’, George Lakoff, 2 de marzo de 2016.
(3) Vicenç Navarro, ‘Es sorprendente que se considere sorprendente la victoria de Trump’, Diario Público, 11 de noviembre de 2016.
(4) Es fácil notar que Moby discrimina a los que él considera que son discriminadores. No way to go, man.

Un vaticinio cumplido, otro por cumplir

12 de noviembre de 2016


En una entrada del 21 de septiembre, me animé a formular dos vaticinios. El primero, el triunfo de Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América. Este martes 8 de noviembre, el primer vaticinio se ha cumplido (1).

El segundo vaticinio es la obtención del título de campeón del fútbol ecuatoriano el día 27 de noviembre, en la fecha 20, por Barcelona y frente a nuestro tradicional rival de barrio, el C. S. Emelec. Hoy, 12 de noviembre, tras el empate de Liga(Q) frente a Fuerza Amarilla, el campeonato ha quedado para la exclusiva disputa de estos dos equipos de Guayaquil, por lo que hoy, 12 de noviembre, se ha garantizado la ruptura de la supremacía de la provincia de Pichincha en los campeonatos del fútbol ecuatoriano (2).

Sea Barcelona o sea Emelec, el campeón saldrá de la provincia del Guayas, con lo que esta provincia cosechará 29 campeonatos de un total de 59 celebrados, por 28 de Pichincha y 2 de otras provincias (Chimborazo y Azuay). En todo caso, mi vaticinio se mantiene: el campeón será Barcelona, este 27 de noviembre.

(1) Dos vaticinios’, Xavier Flores Aguirre, 21 de septiembre de 2016.
(2) Esta supremacía en el número de campeonatos de fútbol la obtuvo la provincia de Pichincha desde el año 2008. Desde este 2016, dicha supremacía ha vuelto a la provincia del Guayas, donde radicó de manera ininterrumpida desde el primer campeonato nacional, el año 1957.  

Manual de supervivencia

25 de septiembre de 2016

Hablando de entrevistadores (1), una comunicadora política, recientemente nombrada jefa de campaña de Donald Trump, Kellyanne Conway, dio una entrevista en el programa de HBO “Real Time” (conducido por Bill Maher) el viernes 16 de septiembre. Bill Maher tiene una trayectoria de más de veinte años como conductor de programas de humor político y Kellyanne Conway ha sido una invitada habitual en ellos: una de las “original blonde conservatives” (0:20).

Donald Trump es un fanfarrón y bodoque que ha demandado a Bill Maher por haber dicho que su padre era un orangután. Pero como Rodrigo Borja ha vaticinado (2), este sujeto de cuidado tiene las de ganar en la carrera a la presidencia de los Estados Unidos de América.

Bill Maher, Donald Trump y su supuesto padre.
 
Trump contrató a esta jefa de campaña, vieja amiga de Maher, a la que autorizó a participar de esta entrevista (“he said to say hello” -2:37). Todo estaba en su contra: un auditorio liberal, el enfrentarse (más allá de la amistad de años) con el “talking head master” de ese sector del electorado y, por sobre todo, tener el oficio que ella tenía, porque simplemente Donald Trump is bad.

Conway da una clase de cómo sobrevivir a fuego enemigo durante una entrevista. Y de cómo pilotear una idea, al punto no sólo que Maher no logró ridiculizarla (su evidente propósito durante 13 minutos) sino que es probable que haya terminado pareciéndole una opción razonable a los indecisos de ese sector del electorado a los que ella quería apelar.

 
La nobleza de Bill Maher se demuestra cuando al final le reconoce a Conway su mérito en esta conversación (“I gotta give it to you. You did it” -12:52), que es lo mismo que admitir su prevalencia en esta lucha dialéctica  (3).

Estrictamente desde el punto de vista de la puesta en escena, she played it well, indeed.

(1) Por este artículo reciente: ‘Pinoargote, vencido’, Xavier Flores Aguirre, 23 de septiembre de 2016.
(2)Dos vaticinios’, Xavier Flores Aguirre, 21 de septiembre de 2016.
(3) En una comparación con la entrevista de Pinoargote a Mery, en ambas el entrevistado triunfó, pero la reacción del entrevistador fue muy distinta. Los dos entrevistadores fueron confrontativos, pero mientras Pinoargote se abatió con su derrota y le terminaron pronto el programa, Maher se lo tomó con una sonrisa y con un gentil reconocimiento a su “rival”. A good sport.

Dos vaticinios

21 de septiembre de 2016


El primero, del expresidente Rodrigo Borja (1935), quien vaticinó en un artículo publicado en diario El comercio este domingo 18 de septiembre que Donald Trump ganará la Presidencia de los Estados Unidos de América en las elecciones del martes 8 de noviembre. La razón que ofreció Borja para su afirmación es “porque cada atentado islámico le suma votos”, es decir, por el populismo del miedo a los “enemigos” que resultan “los culpables de todo” (1). Muy a pesar de la humanidad misma, creo que Borja lleva razón.

El segundo vaticinio es obra de Eduardo ‘El Tanque’ Hurtado (1969), un exfutbolista que se cansó de embrochetar suizas en Saint Gallen y que es el segundo goleador histórico de la selección nacional. Hurtado vaticinó que “[s]i el miércoles los toreros vencen a Liga –en el estadio Monumental-, diríamos todos que final no va a haber” (2). Cumplida esta condición tras el triunfo 2 a 0 de Barcelona sobre LDU(Q), el vaticinio de Eduardo ‘El Tanque’ Hurtado es “Barcelona campeón 2016”. Y yo le añado que lo será en la fecha No 20, el domingo 27 de noviembre, en casa y frente a nuestro tradicional rival de barrio.

(1) Rodrigo Borja, ‘Donald Trump’, Diario El comercio, 18 de septiembre de 2016.
(2) Eduardo ‘Tanque’ Hurtado analizó el rendimiento de Emelec y Barcelona SC’, Diario El universo, 19 de septiembre de 2016.

Cincuenteros

4 de agosto de 2016


En el fondo, la diferencia fundamental entre la administración socialcristiana (que abarcará hasta el 2019 casi tres décadas enteras bajo la férula de sólo dos alcaldes) y la administración que la termine por reemplazar, debería ser una diferencia generacional. El “post-socialcristianismo” (de esto ya debe empezar a hablarse) llegará más temprano que tarde y será una oportunidad para procurar una ciudad “verde, inclusiva y sustentable”, a contramano del modelo de desarrollo de ciudad plana de cemento y adoquín implementado por el socialcristianismo (1). Esa ciudad verde, inclusiva y sustentable requiere de un modelo de administración diferente al actual: uno incluyente, participativo y digital.

El socialcristianismo es un modelo de administración que corresponde a otra generación, a una Vieja Guardia: es excluyente, inconsulto, prepotente (2). Muy de los años ‘50s, época de caudillos y de gobierno vertical. 

 
Es notable el paralelismo con el monólogo de cierre (“Editorial New Rule”) de Bill Maher en el programa ‘Real Time’ del 22 de julio. Maher habla de un político discriminador y excluyente nacido en 1946 cuyo nombre es Donald Trump (Nebot es otro político discriminador y excluyente nacido en 1946; Trump en junio, Nebot en octubre). Tienen ellos “aires de familia” en la forma de entender la sociedad: cosas de la época en que crecieron (3). El contexto introduce una variante clave: lo que para Estados Unidos de América es el problema racial, para Guayaquil es la pobreza de las invasiones (4).

(1)La posibilidad de una ciudad verde’, Xavier Flores Aguirre, 18 de enero de 2016.
(2)El liberalismo guayaco’, Xavier Flores Aguirre, 7 de octubre de 2011.
(3)El fascismo municipal’, Xavier Flores Aguirre, 13 de enero del 2012.
(4)Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil’, Xavier Flores Aguirre, 13 de junio de 2016.