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Guayaquil y la ficción que explotó

2 de abril de 2020


Tengo varios años escribiendo sobre la farsa del supuesto modelo “exitoso” de Guayaquil. Mi primer escrito en un diario de difusión nacional se tituló “¿Más ciudad?” y fue publicado en diario El Universo en julio del año 2006. Casi quince años después y crisis del COVID-19 mediante, la respuesta a esa pregunta del 2006 ha sido clara, contundente y negativa.

Para decirlo en simple: no somos realmente más ciudad. En Guayaquil, bajo el rótulo del “modelo exitoso” se ha podido implementar por casi treinta años un modelo de desarrollo que ha privilegiado a unos pocos en perjuicio de los muchos. Esto ocurrió debido a que el crecimiento urbano de Guayaquil se lo hizo para beneficiar al sector de la construcción: es para ellos lo “exitoso” del modelo, medido en ganancias económicas ($$$).

Pero estas ganancias económicas para el privilegiado sector de la construcción (del que salió el alcalde de Guayaquil entre el 2000 y el 2019) tienen gravísimas consecuencias para el resto de la ciudad. Un grupo de expertos el año 2013 expuso claramente, en un informe entregado a la alcaldía, la ciudad que se ha logrado construir: “lotes pequeños para las viviendas, aceras y accesos estrechos, limitadas áreas verdes, y en general una clara tendencia hacia la impermeabilización del suelo urbano”. Que no se les olvide: más cemento, más adoquín, más $$$

Y es así como la hemos construido a nuestra Guayaquil, por años haciéndola cada vez menos ciudad: con una cuota de “limpieza sociológica” en su centro, con un afán de convertirla en un escaparate para el jolgorio estúpido de sus élites (el mejor análisis sobre este Guayaquil como “ciudad vitrina” sigue siendo el hecho por el X. Andrade) y con un profundo desprecio por las consecuencias ambientales de su mancha urbana. Sobre esto último: Guayaquil ha destruido, y sigue destruyéndolos, sus recursos naturales (antes la madera por los astilleros; hoy, las canteras y los ríos y los esteros) sin que haya existido el mínimo control por parte de su autoridad municipal. Esto es apenas lógico, desde que los mayores contaminantes son las grandes empresas y pues la administración de Guayaquil se asegura de que ellas puedan seguir contaminando (al amparo del lema: “a mis amigos, todo; a los enemigos, la ley”). Más allá de alguna pirueta verbal, nada efectivo ha hecho la alcaldía para hacer cumplir la ley.

Así las cosas, la ciudad se ha construido para el beneficio de una minoría de grandes empresarios, por lo que se la construido mal y se han explotado sus recursos naturales sin control. Es un crecimiento que, a costa del beneficio a unos cuantos, ha provocado unos perjuicios sociales y ambientales altísimos. Pura “viveza criolla”, pero a gran escala.

Ahora: ¿Si es tan malo como digo el modelo de Guayaquil, cómo entonces se sostiene este adefesio?

Respuesta: por la debilidad de la sociedad civil guayaquileña frente al poder político local. Ilustro esta respuesta con el ejemplo de las áreas verdes. Para cualquiera que viva en Guayaquil, la realidad de nuestras áreas verdes son adefesios de este tipo:




Pero desde las autoridades locales, las áreas verdes de Guayaquil son un ejemplo del “éxito” de la ciudad: el alcalde anterior decía que en Guayaquil había 25 metros cuadrados de áreas verdes por habitante (?). Y esa es nuestra pobreza: desde la sociedad civil, pocas voces se animaron a rebatir este tipo de adefesios, esta mentira insolente. En el caso de los medios de comunicación, por puro mercenarios; en el de la sociedad, porque está estupidizada, pensando que esos 25 metros cuadrados por habitante son la evidencia de un “éxito” que no existe. Los primeros son canallas; los segundos, ingenuos, por prestarse a sostener esta absurda ficción. El guayaquileño, largos años estupidizado por una prensa vendida, se ha presentado ante los demás muy orgulloso de vivir en esta ficción de éxito. Esto se acabó.

Tengámoslo claro: esta ficción, COVID-19 mediante, acaba de explotar por los aires. No puede jamás ser considerada “exitosa” una sociedad que, en los momentos de crisis, más que expresar su solidaridad, lo que realmente desea es asaltar el Tía. Y que llegada esta nueva crisis, ha sido incapaz de atender a sus enfermos y de enterrar a sus muertos, no demuestra ni liderazgo ni empatía, y en ella todo (vida o muerte) ha quedado librado a la maldita sea. De súbito, se ha pasado del “modelo exitoso de Guayaquil” a “la pesadilla de Guayaquil”. Es simple, la ficción explotó:

Según Fernando del Rincón, Guayaquil es la nueva Haití. Ya cuando CNN te corre por la izquierda...
 
Realmente, regionalismos aparte, ¿quieren saber por qué muchos guayacos no se quedan en su casa? Porque el crecimiento urbano que tanto ha beneficiado a un sector adinerado, muy poco se preocupó por las condiciones de vida de la parte más depauperada de la ciudad. Así se lo explica, con suficiencia de datos, en este excelente artículo de Arduino Tomasi. Entonces, resulta principalmente por una cuestión de supervivencia (dadas las condiciones de nuestro “exitoso” modelo de crecimiento urbano, develado ahora como un fracaso) que los guayacos tienen que salir a buscarse la vida, a riesgo de perderla. Y esto, entendámoslo de una buena y puta vez, es el efecto acumulado de años y años de hacer las cosas mal. Muy mal.

Estos son los días, en pleno año del bicentenario, en que “el modelo exitoso de Guayaquil” ha dado paso a “la pesadilla de Guayaquil”, siendo lo segundo una consecuencia directa de lo primero… aunque si después de esta tragedia seguimos sin entenderlo, es probable que (triste es reconocerlo) nos merezcamos esta suerte.

Guayaquil, la horrible*

7 de enero de 2017

Habría que juntar todos las visitas a las entrevistas radiales de los miércoles del alcalde Jaime Nebot colgadas en YouTube durante el año 2016, para alcanzar el número de visitas que tiene este “cortodocumental” titulado “Los lugares más horribles del mundo: Guasmos de Guayaquil” (1).


Su autor construye sus videos sobre lugares horribles del mundo (Detroit, San Pedro Sula, Mumbai) a partir de la información disponible en Internet. Un fragmento inicial del video sobre los Guasmos es tremendamente ilustrativo sobre nuestra esfera pública:

“A la hora de confeccionar este cortodocumental y buscar imágenes para ello, es como si los Guasmos no existieran. Hay una carencia de imágenes y noticias de los Guasmos asombrosa. Incluso me ha resultado más fácil encontrar imágenes, como éstas, de hace cincuenta años, que del presente. Es como si de los Guasmos no se acordase nadie, como si a nadie le interesase lo que pasa aquí, como si sus habitantes fuesen seres anónimos, escondidos en la gran ciudad, por los que nadie ha de preocuparse” [1:53-2:28] (2).

El Guayaquil socialcristiano ha producido el Gran Silencio (3).  

(1) El video sobre los Guasmos tiene más de 80.000 visitas; los videos de las entrevistas de los miércoles (alrededor de 50 anuales) tienen cerca de mil visitas en promedio.
(3) Sobre la esfera pública durante la alcaldía socialcristiana de Guayaquil, en palabras del X. Andrade: “Finalmente, desde la ciudadanía, la esfera pública se anula mediante las prácticas de autocensura. La crítica se queda en los círculos tradicionalmente consagrados al rumor y al chisme, a las conversaciones privadas y limitadas al espacio doméstico. El miedo encarnado en los ciudadanos y su disciplina de silencio, sin embargo, no es el resultado de la aplicación compulsiva de prácticas represivas. Es el producto de una concepción sobre la democracia que delega totalmente en las autoridades la decisión sobre el destino y el progreso. Es una ciudadanía infantilizada que no asume su responsabilidad en defender los espacios de debate, ni tampoco considera a la capacidad de crítica y discusión una parte esencial al ejercicio ciudadano y a la calidad de vida en un conglomerado urbano”, v. Xavier Andrade, ‘Diarios de Guayaquil: Ciudad Privatizada’ [p. 52].

* Obvio guiño en el título a la obra de Salazar Bondy. Y al tema mismo, pues “horrible” es lo que queda después de crecer sin planificación y con orientación al lucro.

El "stand" de Guayaquil

28 de octubre de 2016


En un acto de honestidad brutal, el Municipio de Guayaquil advirtió a la ciudadanía que no participaría en la Conferencia Hábitat III. Por supuesto, esto no puede sorprender a nadie: el Municipio de Guayaquil no tiene nada que aportar en una reunión en la que se discute el desarrollo urbano planificado y sustentable.

Da ternura el sutil encubrimiento de diario El universo: "El gobierno municipal" es un término que este matutino jamás usa para referirse al Municipio de Guayaquil. 
 
Dada la insondable mediocridad del periodismo guayaquileño, el alcalde Jaime Nebot pudo salir al paso de esta ausencia con una afirmación tan vacía como ésta:

Guayaquil es un "stand", pero sobre la falta de planificación en beneficio de una argolla empresarial.
   
Digo que esta es una afirmación vacía, pues en materia de desarrollo urbano Guayaquil no tiene mayor cosa de la que enorgullecerse como para andarla mostrando en un “stand”. De hecho, hay razones suficientes como para pensar que Guayaquil podría mostrar un “stand”, pero de sostenidos fracasos: Guayaquil registra graves problemas de control ambiental (la putrefacción del Estero Salado, la contaminación del río Daule) así como graves problemas de exclusión social (el trato a los comerciantes autónomos y la decisión de excluir a una porción de la población de la ciudad de las obras y servicios del Municipio son ejemplos de ello); su sistema de transportación pública, a cargo de una fundación y de consorcios de transportistas privados, ha fracasado (juzgado de acuerdo con su propia planificación) y la prestación de los servicios públicos (con sus esquemas privatizados) es ineficaz. El alcantarillado, por ejemplo, a cargo de la empresa privada Interagua, puede “llegar a aumentar en seis (6) veces los costos” por contraste a alternativas propias “de ciudades verdes, inclusivas y sustentables” (así, el sistema escogido por el Municipio es ineficaz y el Municipio lo sabe, pues él mismo encargó este estudio) (1). La recolección de la basura, a cargo de la empresa privada Puerto Limpio, ni recicla, ni tampoco atiende a sectores marginales de la población a los que no les resulta rentable prestarles el servicio (pues es un servicio público sujeto a la rentabilidad privada) (2).

Lo más grave, sin embargo, es la represión a las libertades civiles, la cooptación de la participación ciudadana, la creación de un ciudadano “turista” de su propia ciudad (3) y de una ciudad en la que las personas “tienen un contacto casi nulo con personas de otras clases sociales” (4) y, en particular, la implementación de un modelo de desarrollo sin planificación y orientado a beneficiar a grupos de interés económico (en especial, los relacionados con el sector de la construcción, al que se perteneció el mismo alcalde Nebot) cuyo resultado ha sido una ciudad inequitativa, estancada en su economía y sin verdaderas áreas verdes ni espacios públicos (5). Exactamente todo lo contrario de lo que se mostraba en los “stands” de Hábitat III.

De esta manera, en casi un cuarto de siglo de la administración del PSC en Guayaquil no sólo que no se han sido resueltos la mayoría de los graves problemas de la ciudad que ellos recibieron el año 1992, sino que muchos de ellos han sido agravados.

Guayaquil es un vivo ejemplo que sin planificación y sin una orientación al bien común, las ciudades reman en dulce de leche.

(1) Mejía Betancourt, Abel, Morelli Tucci, Carlos Eduardo, Bertoni, Juan Carlos & Gabriel Cabezas Vélez 2013, 'La inundación de Guayaquil en marzo 2013. Opinión de expertos internacionales, Cooperación Técnica de CAF', Informe Gerencial [17 de junio de 2013], p. 32.
(2) Sobre los problemas ambientales, v. ‘Señales medioambientales del subdesarrollo en Guayaquil’, Xavier Flores Aguirre, 5 de junio de 2016; sobre la exclusión social, v. ‘Extrema y persistente desigualdad en Guayaquil’; sobre el fracaso de la Metrovía, v. ‘Novedades en la Metrovía (aplausos en el Titanic)’, Xavier Flores Aguirre, 25 de agosto de 2016; sobre las deficiencias de la gestión municipal, v. ‘La ciudad peregrina y gris que se fundó el 15 de agosto’, Xavier Flores Aguirre, 15 de agosto de 2016.
(3) Dos textos fundamentales de X. Andrade para entender Guayaquil: ‘Guayaquil: renovación urbana y aniquilación del espacio público’ y ‘Diario de Guayaquil: Ciudad privatizada’.
(4) Esta apreciación le pertenece al geógrafo David Harvey: ‘David Harvey y la vía a Samborondón’, Xavier Flores Aguirre, 13 de diciembre de 2015.
(5) Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’, Xavier Flores Aguirre, 4 de abril de 2016.

De las verbenas al Funka Fest

25 de junio de 2016


Al César lo que es del César, y a Jebús lo que es de Jebús (1): que se haya organizado el Funka Fest en Guayaquil es más que un paso adelante, un salir del hoyo en materia de política cultural para la Alcaldía de Guayaquil (2). Y no me refiero sólo en oferta musical, pues traer a Plastilina Mosh y a Babasónicos significa hacer una evidente excepción en el entendimiento de la cultura como la recreación ridícula del pasado (muy melvinhoyescamente, típico caso de las verbenas) y la apelación sin imaginación a lo popular (la música salsa, para toda celebración en la ciudad).

Me refiero, principalmente, a la inversión de las reglas en un espacio público de Guayaquil. Sin cacheo, ni seguridad excesiva, el Funka Fest fue una zona libre de consumo de grifa, un espacio de comercio para vendedores informales de cigarrillos y manzanas acarameladas, un lugar donde grupos tradicionalmente discriminados en su acceso a los espacios públicos de la ciudad (travestis y roqueros, por ejemplo) circulaban sin ningún problema (3). El Funka Fest es una muestra de que ese conservadurismo rancio (sacado del discurso de la “moral y de las buenas costumbres” propio de la “gente decente”) que ha sido característico del poder político local en la administración de los espacios públicos, está al caer. Es el simple paso del tiempo, en un mundo híper-conectado: el elogio de la diversidad cultural pasando por encima de los viejos prejuicios. O lo que significa una sociedad democrática, ni más ni menos.  

La excepción a la regla represiva.
Hay una razón para esta excepción en la política cultural de la Alcaldía de Guayaquil y la inversión de las reglas en un espacio público: la necesidad de apelar a un electorado joven y urbano a quienes, por ejemplo, una apelación al roldosismo (uno de los miedos clásicos del PSC para manipular mentes débiles) ya no le dice nada: es una mera abstracción, una idea vaporosa, como decir la Guerra de las Termópilas. La Alcaldía de Guayaquil tiene claro que a este electorado joven y urbano no se lo va a atraer ni con una política cultural de corte melvinhoyesco (“verbenas y salsa”, digamos) ni con las prohibiciones y castigos en los espacios públicos.

Por estricta necesidad, tímidamente, la Alcaldía de Guayaquil se empieza a asomar al siglo XXI. 

(1) O al Flying Spaguetti Monster, lo que es del Flying Spaguetti Monster. En el libro ‘God’s lunatics. Lost souls, false prophets, martyred saints, murderous cults, demonic nuns and other victims of man’s eternal search for the divine’ de Michael Largo se encuentran muchas otras de estas obras de la imaginación: es un catálogo de humor.
(2) Podría discutirse el cobro de la entrada: artistas de similar calibre han tocado en Quito, en el Quito Fest, sin costo alguno. Son dos formas de entender el acercamiento de la cultura al ciudadano: la misma exhibición de dinosaurios, la Alcaldía de Quito la ofreció sin costo alguno a su ciudad, mientras que en Guayaquil se cargó cuatro dólares a sus visitantes, v. ‘En Quito, dinosaurios se vieron gratis; aquí, por cuatro dólares’, Diario El universo, 26 de septiembre de 2013.
(3) Un tema estudiado a profundidad por X. Andrade: ‘Guayaquil: Renovación urbana y aniquilación del espacio público’.

Guayasamín, 'indio profesional'

14 de marzo de 2016


El tránsito de Oswaldo Guayasamín Calero (1919-1999) de un novel pintor beneficiario del magnate Nelson Rockefeller en los años cuarenta a un furibundo reivindicador de su condición de indio en los años noventa, puesta de manifiesto en la célebre frase: “¡Carajo, soy un indio! Me llamo Guayasamín” (1), es la maduración de una pose y de un acomodo que un gran amigo, parafraseándolo a Borges, ha calificado como propia de “un indio ecuatoriano profesional” (2).

La tesis de maestría en Ciencias Sociales con mención en Estudios Ecuatorianos de Angélica Ordóñez Charpentier, hecha en la FLACSO, dirigida por Xavier Andrade y titulada como la célebre frase noventera de Guayasamín, realiza una investigación minuciosa que aporta luces sobre esta ‘profesionalización’ del uso simbólico y comercial de la raza que Guayasamín asumió como la suya (3).

(1) En la memoria popular, la gente suele recordar la frase como “soy indio, ¡carajo!”. Es un caso análogo a la célebre frase de León Febres-Cordero en su debate frente a Rodrigo Borja, v. ‘Míreme a los ojos, mí-re-me’, Xavier Flores Aguirre, 1 de diciembre de 2015.
(2) Jorge Luis Borges calificó a Federico García Lorca como “un andaluz profesional”, v. Mario Gallardo, ‘Borges humano, demasiado humano’, Revista de Letras, 25 de enero de 2009.
(3) Ordóñez Charpentier, Angélica 2000, ‘¡Carajo, soy un indio! Me llamo Guayasamín’, FLACSO Ecuador. En esta tesis se relata la curiosa anécdota del momento en el que Guayasamín asumió su condición de indígena: “Hubo una provocación contra mí y me lancé a pegarle a un pintor cuyo nombre no quiero dar, con esa vieja idea de que el que pega primero gana. Y claro, me respondió y caí al suelo, en un charco de agua. Otro profesor le incitaba: '¡Mátale al indio!'. Y de repente, al caer en un charco de agua, vi que era una noche esplendorosa, llena de estrellas, y me olvidé de la pelea. Me quedé viendo este mundo inmenso y maravilloso y lo que hasta entonces era solo la intuición de ser buen alumno, de ser pintor, se transforma en conciencia de mí mismo y orgullo de mi nombre -mis hermanos me lo reprochan, dicen que 'ellos no son indios'", v. Ibíd., p. 105-106.

Preso político

18 de febrero de 2010

Jaime Nebot es el Alcalde de un cantón importante (muy, muy importante) pero no es, mal que les pese a algunos de mis conciudadanos, sino el Alcalde de un territorio de 344,5 Kms². Las prácticas políticas de este Alcalde no pueden considerarse, sin falacia ni mentira, como democráticas: las sistemáticas violaciones a las libertades individuales en el espacio público y la nula participación que permite en la gestión municipal y en la discusión de políticas y obras públicas (últimamente, para mayor inri, permite el ingreso de simpatizantes con el propósito de estorbar la participación de la oposición en el Concejo Municipal –no podía esperarse menos, ya se tardaba este sujeto demasiado) son síntomas de sus faltas democráticas. En realidad, como fue dicho en una entrada anterior, sus prácticas políticas se parecen mucho más a las de Don Corleone que a las de cualquier mínimo demócrata. En adición, Nebot es un sujeto criado al calor de las bolsas del animal político (no hago juicios de valor aquí, el término es simplemente descriptivo de la trascendencia del personaje en la vida política reciente del país) que fue León Febres-Cordero, pero de quien no supo heredar su “hambre” ni su “calle” políticas. Nebot no le da la talla a su mentor, acostumbrado como está al área chica de los conciliábulos y las cartas marcadas de quien juega cuando sabe que las chances de perder son escasas y nunca se arriesga. Los de Vivos saben exhibirlo con humor: cuando se requiere de él que haga algo que no le gusta, lo manda a otro. Póngase en donde dice “algo que no le gusta” la frase “algo en lo que puede salir perdiendo” y la consecuencia será la misma o, en todo caso, análoga: o mandará a otro a que se juegue el pellejo, o no hará nada. Un líder, Nebot, para el que Guayaquil es un concepto retórico para su resistencia. Tres lecturas abonan ideas a este respecto.

La primera de esas lecturas, la de Simón Pachano, publicada el 15 de febrero en diario El Universo y titulada El opositor ideal. Para Pachano, las reivindicaciones de naturaleza local “nunca han podido estructurar propuestas y tendencias de alcance nacional. Las reivindicaciones de esta naturaleza están condenadas no solamente a mantenerse en sus espacios restringidos, sino también dentro de objetivos acotados”. Más adelante, afirma que Nebot se resistió a dar “un mínimo paso fuera de los límites de Guayaquil. Al parecer, él está más consciente que sus seguidores de la armadura en la que está encerrado, que lo protege de los embates pero que le impide caminar. Está también consciente el Presidente, que hábilmente mantuvo al Alcalde en ese espacio. Al final, la revolución ciudadana tiene el opositor ideal: territorialmente limitado, sin propuestas nacionales y sin horizonte político”. Corolario: Nebot está encerrado en un cajón con vista al Guayas (un cajón, al que se le colocarán en algún momento cirios para que sea lo que está destinado a ser: el ataúd para el último dinosaurio de la llamada partidocracia). Corolario2: la oposición (no me refiero, en este punto, necesariamente al Alcalde Nebot, sino a los políticos –o políticos wanna be- que depositan en él sus expectativas) es la mejor aliada del Gobierno central.

Otra lectura interesante es la de Xavier Zavala Egas en la edición de diario Expreso del 16 de febrero, titulada Mucho ruido y pocas nueces. Para Zavala, en la marcha hubo “menos gente y más insultos o mucha bulla y ninguna idea”; recalca que a la marcha “convocada por nuestro Burgomaestre fueron menos personas que a la última convocatoria que realizó”, lo que podría explicarse por “lo difuso, intangible o tenue del pretexto mostrado, el desgaste de un líder al que no se le perciben propósitos claros, el incremento de la obra del gobierno en Guayaquil o las omisiones que el invierno descubre en la obra municipal”; destaca “el mismo tono de siempre en el discurso, eufórico, agresivo, intimidante” y que “la movilización popular sin proyecto que la cobije es ruido sin nueces, nuestro Alcalde sabe que está solo a pesar de sus fieles guayaquileños, pero totalmente aislado del resto del país”: pensado en clave de oposición, Nebot “no es el aglutinante idóneo para estructurarla y conducirla”. Es así, porque de acuerdo con Zavala “el Alcalde se atrincheró en Guayaquil, sus expresiones son de un líder local y el país así lo observa. Además, el pasado político lo deslegitima, pesa mucho la carga de la oprobiosa partidocracia que trae consigo. En el evento que tuviera que vender algo trascendente y de importancia nacional, no puede aspirar a ganarse la confianza del país en estos tiempos”. Corolario: ídem. Pachano hablaba de “armadura”, Zavala habla de “trinchera”: yo digo “cajón”. En todo caso, un tipo aislado sin otras posibilidades que defenderse y dilatar lo inminente.

La tercera lectura interesante es la de Xavier Andrade publicada en diario El Telégrafo el 17 de febrero, titulada Al día siguiente (nótese que hemos seguido un estricto orden cronológico y que esta entrada lo continúa: no sé que quiere significar eso –bue, obvio, no significa nada- pero tiene onda). En su artículo, Andrade destaca que “esta última marcha –embebida de una larga tradición socialcristiana que ha politizado, exitosamente y desde los 80, temas tales como la seguridad […] sirve en la presente coyuntura como un teatro político en el que Nebot intenta, otra vez fallidamente –estoy seguro que a la larga- afianzar sus intenciones de proyectarse nacionalmente”. Al efecto, refiere Xavier Andrade que el que Nebot “use el manido discurso de la ‘guayaquileñidad’, el de la dignidad, o el que reconforte a su propia aritmética según ciegas conveniencias, son solamente parte de una estrategia de oposición que sigue sin cuajar del todo”, precisamente por tratarse Nebot de un “eterno delfín”, de un “pseudolíder de la oposición solamente porque cuenta con el apoyo mayoritario mediático y ciudadano en una sola ciudad sin lograr nunca trascender al panorama nacional”. Corolario: ídem. Nebot es, metafóricamente, un preso político, preso en su cajón, claro está, para seguir con la idea de los párrafos anteriores. (Aunque nótese que las miradas de Pachano y Andrade parecen divergir: mientras para el primero la presencia de Nebot como político es deseada por el Gobierno –no en vano lo llama “el opositor ideal”-, para el segundo, el cadáver político que era Nebot revive por una conducción inapropiada del Gobierno. Aunque hay una tercera opción en la que ambas miradas confluyen, si es que cada una de ellas se refiere a un momento político diferente.)

La rola que sigue casi comparte el título y no tiene mucha relación con la entrada (salvo, acaso, la torpe y mentirosa referencia de Nebot a la detención en firme, cuando señaló que “la Asamblea Nacional –con mayoría gobiernista- derogó la detención en firme”: valga precisarle al bigotón fenicio-franquista que la detención en firme la derogó el Tribunal Constitucional el 23 de octubre de 2006 –Correa no era ni Presidente, ni electo siquiera. No rebuzne, pa’ la próxima). Pero bue, la rola me pinta (era la cortina para nuestra entrada de Juguete Rabioso, el programa de radio que teníamos con el Curro y donde muchas veces la dejamos sonar para cantar un fragmento a dúo con PR) y ahí les va:

De precisas definiciones

10 de febrero de 2010

En un artículo titulado Homosocialidad, disciplina y venganza, publicado en el libro Masculinidades y equidad de género, a finales de los noventa, el brother X. Andrade ofrece esta definición del celebérrimo y muy guayaco Trópico Seco (aquel que va con todo) en la tercera nota al pie:

“Marca comercial del anisado preferido en el barrio por razones económicas y, supuestamente, de salud física. De precio módico que puede ser cubierto grupalmente mediante cuotas individuales, es considerado menos dañino para la salud por ser un licor blanco consumible en estado puro. Se lo adquiere en cuartos, o sea en pequeñas que son compartidas mediante la circulación de la tapa plástica que ha sido diseñada para servir como exacta unidad de medida, equivalente a un trago individual que debe ser consumido al instante. Generalmente, ésta circula hacia la derecha de quien la distribuye, que es normalmente quien ha comprado recientemente la botella, aunque puede haber un servidor oficial designado por el grupo para toda la noche. Nociones de contaminación asociadas al acto de compartir la tapa son eliminadas apelando al carácter antiséptico del alcohol. Trópico parece haber suplantado en la última década al aguardiente Cristal, conocido como “el whisky de los ecuatorianos”, el preferido durante mis campañas etnográficos de fines de los ochenta y principios de los noventa, en buena parte por la mala fama adquirida por éste después de varias muertes por intoxicación, e igualmente por la necesidad de mezclarlo con cola para aminorar su sabor, lo cual a su vez añade costo por unidad”.

Por cierto, Trópico Seco (tal parece que ahora Secco) ha vuelto y lo ha hecho, como es su costumbre, con todo (¡?) y se ha despachado un par de comerciales que quieren relanzarlo (siguiendo el modus operandi de Vanguardia) al mercado. Ahora, el segundo comercial (ninguno de los comerciales los he visto sino en TuTubo) sugiere que se ingiera el Tóxico en vaso, como si fuera un trago regular… Pero es tapita o nada.




Ahora, pasando a otro tema (pero aprovechando el anterior para preguntarle un ¿pa’ cuándo un frasco?) en una reciente entrada de su bitácora José M. León se despachó con esta definición del ciudadano de Guayaquil en tiempos de la así llamada “regeneración urbana”:

“Las áreas regeneradas han creado -vía ordenanza municipal- el estereotipo del ciudadano. Es un heterosexual, reenviador de cadenas de mails, repetidor incesante de clichés sociales dignos de un estudio antropológico, tiene novia pero no ha dejado a sus amiguitas de ocasión, se las pica de francote y trabajador (detalle por el cual desdeña a los artistas, filósofos, científicos y académicos) y en las últimas elecciones votó por Nebot y, para darle contra a Correa y ser buen guayaquileño, por Lucio –lo cual revela su evidente y preocupante falta de memoria-. Por supuesto, viste correctamente y ya ha aprendido que el perro no puede ir al malecón a pasear. Todo lo que se salga de ese molde se ha instaurado en el imaginario popular como una amenaza”.

En un hipotético abecedario guayaquilensis, la voz “trópico seco” debería incorporar esa joyita del X., tanto como la voz “ciudadano regenerado” (o algún otro nombre propicio para identificar ese adefesio emocional) de José M. León.

Testamento 2009 del Alcalde Nebó

31 de diciembre de 2009


Como abrebocas, la amiga Carolina Viola sobre los llamados “informales”, acá. Como plato fuerte, el brother X. Andrade, con este texto alla testamento, buenérrimo:

“Cuando se divide a la población entre ciudadanos de primera y de segunda clase, se discrimina a los desprotegidos. Cuando se crean fronteras y se privatizan espacios que fueron públicos, se excluye a los diferentes. Cuando se le cede el control del espacio a fundaciones privadas, se neutralizan las formas de apropiación espontánea de las colectividades. Cuando los guardianes solamente advierten y castigan, se odia y cesa el diálogo con los habitantes. Cuando se trata a los vendedores informales como delincuentes, se penaliza el derecho al trabajo y se estigmatiza a millares de familias. Cuando se reprime salvajemente en lugar de reconocer a colectivos sociales, se tapa el sol con un dedo. Cuando se es más ciego que el que no quiere ver, se ignora, salvo a los aduladores. Cuando se dispone que las calles sean campos de batalla, se reprime a los indefensos. Cuando se cree que hay una sola forma de “guayaquileñidad”, se odia a quienes piensan diferente. Cuando se califica a los adversarios políticos de retardados, se anula el debate político. Cuando se condena a un amplio margen de la población a vivir en basurales, se margina a los más pobres. Cuando se hace de la pobreza un espectáculo mediático mediante teletones en lugar de construir una ciudad democrática, se lucra. Cuando se construye una ciudad de fronteras y ciudadelas amuralladas, se divide. Cuando se trata a la administración local como un negocio de grupos corporativos, se reparte. Cuando se contamina a la ciudad con un sistema de buses caducos, se detesta al peatón y a los usuarios. Cuando se gobierna la ciudad bajo la lógica del beneficio a corto plazo, se repudia a futuras generaciones. Cuando se siembran palmeras y se autoriza la construcción masiva de ciudadelas sin un solo árbol, se condena a la ecología. Cuando se manipula la historia y se la suplanta por panfletos y monumentos patricios, se rechaza el pensamiento y el derecho a la memoria. Cuando se mantienen bandas policiales disfrazadas de civiles pagadas con fondos públicos, se alimenta el terror. Cuando se maltrata a discapacitados y se los trata como delincuentes, se es cobarde. Cuando se restringen sustantivamente los derechos de las minorías sexuales, se discrimina. Cuando todo esto ocurre y, además, se tiene la noción de odio en la punta de la lengua, Alcalde, nos aproximamos al balance de su gestión durante este año”.

En la viñeta, El Roto (feliz individuo que desconoce la existencia del bigotón fenicio-franquista de estos pagos) ilustra los más caros deseos del Androide Nebó en relación con los que no se sientan a su mesa y tienen que padecer los rigores de su pretoriana.

El cuadro más homosocial de la historia política del país

2 de julio de 2009

En tiempos de conmemoración del orgullo gay, vale la pena reflexionar sobre lo que X. Andrade llama "la infatuación mutua entre Febres-Cordero y Nebot atrapados en el cuadro más homosocial de la historia política del país":


Cuando le preguntaron a Nebot por el cuadro homosocial, éste respondió: "Ah. Sí. Ese fresco. Me lo regalaron". O sea, Nebot ofreció una respuesta similar al "meh, yo qué sé" que podría ofrecer el tercer Jonas Brother (sin Miley Cirus, por supuesto) sobre su look. Salvo que la entrevista en la que el Alcalde Nebot ofrece esa respuesta y el artículo donde se la incluye, que la periodista Leila Guerriero publicó en el diario argentino La Nación en diciembre de 2007 tienen mucha más sustancia que la opinión de un Jonas Brother, no tanto por lo que dice Nebot, sino por lo que puede interpretarse a partir de lo que él dice (o sea, a su pesar) y por el contenido de la investigación que LG realizó. De nuevo, acá.

Salud sin aburrimiento

12 de abril de 2009


En el más reciente artículo de Xavier Andrade como firma ancla de diario El Telégrafo, referido al pánico moral que suelen provocar las políticas públicas en materia de consumo de drogas, Andrade citó a Hakim Bey: “salud sin aburrimiento” escribió, para apostillar de inmediato y de su propia cosecha: “este es el mejor antídoto contra el pudoroso Estado”.  Yo quiero recordarles otra cita que viene al caso, del escritor Gabriel Matzneff: “El hachís, el amor y el vino pueden dar lugar a lo mejor o a lo peor.  Todo depende del uso que hagamos de ellos.  De modo que no es la abstinencia lo que debemos enseñar, sino el autodominio”.
Pero el Estado, usual represor en materia de libertades individuales (sea por razones de “perfeccionismo” –usualmente de índole religiosa- o por razones “médicas” como sucede en este caso) no suele permitirle a sus ciudadanos el ejercicio del autodominio que sugiere Matzneff.  En la vecina Colombia, por ejemplo, el Presidente Uribe declara que insistirá “en la necesidad de penalizar la dosis personal de droga” y que volverá a presentar un proyecto de ley para cumplir con ese propósito (el primero que presentó Uribe no se lo aprobó el anterior Congreso).  La dosis de consumo personal en Colombia está establecida en 1 gramo de cocaína, 20 de marihuana y 5 de hachís: esa dosis está permitida desde que la Corte Constitucional de Colombia en célebre sentencia (Sentencia de Constitucionalidad C-221 de 1994 cuyo Magistrado Ponente fue Carlos Gaviria Díaz) despenalizó el consumo de drogas.  La Corte Constitucional lo resolvió de esa manera porque entendió que “si yo soy dueño de mi vida, a fortiori, soy libre de cuidar o no de mi salud cuyo deterioro lleva a la muerte que, lícitamente, yo puedo infligirme” y, más todavía, porque “no puede, pues, un Estado respetuoso de la dignidad humana, de la autonomía personal y el libre desarrollo de la personalidad, escamotear su obligación irrenunciable de educar, y sustituir a ella la represión como forma de controlar el consumo de sustancias que se juzgan nocivas para la persona individualmente considerada y, eventualmente, para la comunidad a la que necesariamente se halla integrada”.  Es que así es: de educación se trata, de autodominio.
Por supuesto, no sucede tan así de simple: deben hacerse lógicas distinciones entre el consumo privado y el consumo público, entre el consumo no problemático y el consumo problemático, entre el consumo por sí mismo y el consumo asociado a delitos.  Debemos comprender, además, como nos lo recordó Savater en un luminoso ensayo sobre esta materia, primero, que las drogas nos ofrecen posibilidades “como fuente de placer o derivativo del dolor, como estimuladoras de la creatividad, como potenciadoras de la introspección y el conocimiento” y, segundo y más importante todavía, que a los consumidores problemáticos de drogas, en razón de constituirse en problema de salud pública, cabe ofrecerles (no imponerles) tratamiento y rehabilitación.  O sea, dicho en claro y para quien así lo quiera: salud sin aburrimiento.

El Gato

11 de enero de 2009

“Lejos del palacio municipal hay una plaza llamada Victoria. De la Regeneración para acá, la plaza ganó una reja. Adentro, entre sus charcos de cemento con palmeras, sus bancos de hormigón y una glorieta, hay poca gente. Más gente hay del otro lado. Allí, en la vereda, deambulan vendedores. El Gato vende masajes: es un hombre de setenta años, con un maletín de cuero en el que ha pegado un cartel que reza: “Se soban toda clase de safaduras. Yo. El Gato”. Cuando la policía viene, El Gato da vuelta el maletín para ocultar las intenciones y entonces parece lo que es: un hombre pobre, encerrado del lado de afuera de una plaza enrejada”. Así concluye el reportaje “Guayaquil: La Regenerada” que sobre esta urbe tropical publicó Leila Guerriero en el diario La Nación de Argentina el domingo 2 de diciembre de 2007.

El reportaje de Guerriero es excelente (puede consultárselo, aquí): contiene una precisa descripción del llamado “proceso de regeneración urbana”, una entrevista al Alcalde Nebot y unas referencias a algunos de los críticos del llamado “proceso de regeneración urbana” (Xavier Andrade, Ramón Sonnenholzner, Tina Zerega). Entre los críticos, Xavier Andrade señala que “el simulacro es la clave de la regeneración urbana” y que “no se construye ciudadanía. Se construyen visitantes”; Ramón Sonnenholzner acentúa “que se ha sobredimensionado el logro estético y se ha olvidado el desarrollo humano, sanitario”. Tina Zerega, por su parte, sintoniza con esas críticas: “Los ciudadanos hemos convertido la ciudad en una vitrina a la que hay que observar, pero de la que no podemos apropiarnos”. La entrevista al Alcalde Nebot tampoco tiene pérdida: su énfasis en la pocilga anterior, el acento en el turismo actual (que incluye, por supuesto, a quienes habitamos en esta ciudad) y el que Guerriero lo haya pillado en una mentira porque Nebot afirma que las puertas que dividen la parte regenerada de Las Peñas de aquella que no lo está “nunca están cerradas” cuando en el curso del reportaje Guerriero comprueba, vía la explicación de un guardia privado, que las puertas sí se cierran durante un lapso de la noche. La razón que ofrece el guardia para mantenerlas cerradas es tan simple como elocuente: “Bueno, es para separar. Porque ésa es zona no regenerada”.

Pero la parte de este reportaje que no deja de impresionarme por su capacidad para sintetizar el significado del llamado “proceso de regeneración urbana” es la viñeta de El Gato. Que la plaza Victoria (ícono de la ciudad) ganó una reja, que el cemento y las palmeras, que el parque está desolado: ése es el espacio público (o lo que queda del mismo). Que El Gato vende un servicio, que oculta su oficio cuando la policía se le acerca, que este hecho lo convierte en “un hombre pobre, encerrado del lado de afuera de una plaza enrejada”: esa es la exclusión social. Que a pocos le interesa escucharla, que mejor brillan los oropeles: esa es la triste realidad.

P.S.- Dos fragmentos de la Sixtina Guayaca, de la que se habla en el reportaje de Guerriero ("me lo regalaron"). Arriba, el Alcalde Nebot le entrega un papiro que reza Más Ciudad a un efebo semidesnudo y una mozuela en pelota ostenta sus tetas. Abajo, Febres (no lo culpo) observa con sospecha esta escena de corte homoerótico y sensual.























X. Andrade: de degeneración en regeneración

13 de noviembre de 2008

Sobre Guayaquil y la privatización de su espacio público nos habla el pana X. Andrade en la siguiente entrevista que publicó diario El Telégrafo el 10 de noviembre (el X. es firma ancla de ese diario). Para quienes no lo sepan, X. Andrade es una de las cabezas más lúcidas del ámbito local; en Experimentos Culturales y en este artículo que desarrolla las ideas que esta entrevista enuncia, hay X. para rato y todo es ganancia. La entrevista se publicó en la sección Contrapunto, donde también se lo entrevista a Wellington Paredes, que defiende las regulaciones al espacio público que impone la administración municipal y sus fundaciones adláteres. Se pueden leer ambas entrevistas en la edición PDF de El Telégrafo, acá, página 15. Provechito.

¿Más ciudad?

22 de julio de 2006


Publicado en diario El universo el 22 de julio de 2006.

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El miércoles 5 de julio se publicó en las Cartas al Director de este Diario una comunicación de Nelson Acosta Dávila, profesor de la Universidad Católica de esta ciudad, en la que refiere que días atrás estacionó su vehículo en el área asignada para tal propósito dentro del Parque Lineal, frente a la mencionada universidad, y que después del dictado de sus clases y de vuelta en el parqueadero, encontró que a los seis vehículos que allí se estacionaron les habían ponchado la llanta delantera izquierda.

La insolente respuesta de la autoridad a cargo ante este hecho fue decir que él solo “cumplía órdenes”.

Cabe destacar, por cierto, que no existe ninguna prohibición expresa acerca del estacionamiento de vehículos dentro del Parque Lineal. No se conoce tampoco de ninguna ordenanza que establezca una prohibición a este respecto ni de alguna otra que prescriba siquiera una sanción análoga a la “ponchada” de una llanta. La orden que se cumplió en este caso fue meramente verbal, esto es, pura y simplemente arbitraria.

Este hecho que describo no constituye, sin embargo, un suceso aislado, Su puesta en práctica forma parte de la continua imposición de una disciplina sobre los usos públicos que se aplica en Guayaquil bajo el amparo del llamado proceso de “Regeneración Urbana” que se manifiesta en una serie de prohibiciones (entre varias otras, de ingreso a áreas públicas –el lugar X “se reserva el derecho de admisión”-, de besarse, sentarse, circular o comportarse de una manera distinta a la ordenada, de vestimenta para el caso de los taxistas –fallida esta última-, de acceso a los desposeídos –vagos y mendigos- y de los vendedores informales a las áreas regeneradas que se traduce en una “limpieza sociológica” del sector y en abusos varios de las autoridades que en general se impone, la eliminación de las bancas en la zona regenerad, la implantación de disfuncionales áreas verdes, etc.) que conducen, en esencia, a una arquitectura urbana que propicia la conversión del ciudadano en turista de su propia ciudad y a un uso del espacio público sujeto a un vigilancia extrema que favorece la comisión de violaciones a las libertades civiles de las personas en nombre de una idea sesgada (o como en ejemplo que abre esta columna, arbitraria) del orden y la seguridad. (Una aproximación muy lúcida a este fenómeno puede encontrarse en los artículos del antropólogo Xavier Andrade en la sección Tubo de ensayos de la ciberpágina “Experimentos Culturales”*.

La instauración de esta política pública de continuas prohibiciones y de apropiación privada de los espacios públicos no es materia de discusión en una ciudad en la que el discurso de las autoridades se acepta casi sin crítica alguna por parte de sus habitantes. Ese aparente consenso, lejos de proveer de una legitimación para estas acciones, sirve para probarnos la autosatisfacción o apatía de las élites y la clase media (beneficiarias directas de las mismas) y el silenciamiento de los excluidos del proceso de “Regeneración Urbana” que, a despecho de aquello que lógicamente implica su lema Más Ciudad, tiene como triste consecuencia la generación de una mínima ciudadanía. Dos preguntas que bien merecen una discusión surgen, precisamente, a partir de este lema: Más Ciudad, sí, pero, ¿para quiénes?, y sobre todo, ciudadanos, ¿a qué precio?

* Hoy, “La Selecta”.