Mostrando entradas con la etiqueta Buenos Aires. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Buenos Aires. Mostrar todas las entradas

Fanáticos de Fernando VII

17 de mayo de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 17 de mayo de 2024.

Según algunos, la revolución del 10 de agosto de 1809 fue una “máscara” porque, detrás de las alabanzas al rey español Fernando VII, se escondía un ardiente deseo de independencia. Según esta teoría, de manera taimada le estaban jurando sumisión a un rey, únicamente para mejor clavarle un puñal. 

Pero los quiteños de 1809 no fueron unos taimados. Ellos tuvieron claro sus objetivos: el primero, obtener la autonomía para administrar su territorio. Quito quería que la asciendan a Capitanía General (como en Sudamérica eran Venezuela y Chile) para superar su estado de sumisión al Virreinato de Santa Fe, siendo como era Quito una Audiencia subordinada a lo que en Santa Fe (hoy Bogotá) se decida en segunda instancia, lo que era apelable en España ante el Consejo de Indias y, en última instancia, ante el rey. Quito era la parte más baja de esta escala, un juzgado de primera instancia. 

El segundo objetivo era la recuperación de su grandeza de antaño. En el último cuarto del siglo XVIII e inicios del XIX, a Quito le quitaron: primero, la jurisdicción eclesiástica sobre Guayaquil, Portoviejo, Loja, Zaruma y Alausí por la creación de un obispado en Cuenca (1779); segundo, Esmeraldas, Tumaco y La Tola, que pasaron a la administración de Popayán (1793); tercero, Mainas, que pasó a ser administrada desde España (1802); cuarto, Guayaquil, que pasó a la administración de Lima (1803). Le quitaron por todos los puntos cardinales.

Entonces, el 10 de agosto de 1809 fue la oportunidad de los quiteños para satisfacer estos dos objetivos. Ellos crearon una Junta de Gobierno y nombraron autoridades, pero jamás buscaron la independencia pues lo que realmente querían era tener autonomía y estar en pie de igualdad con las potencias de la región. Quito no quería que su coteja sea Charcas (otra Audiencia subordinada); ella aspiraba a que lo sean Lima, Santa Fe y Buenos Aires (Virreinatos), y Chile y Venezuela (Capitanías Generales). 

Para obtener estos objetivos, Quito decidió convertirse en la más ardiente defensora del rey español y cambiar el modelo administrativo en la jurisdicción de su Audiencia. Lo primero, porque la España peninsular estaba tomada por el ejército francés. Entonces, al rey Fernando VII (a quien se lo llamaba “rey legítimo y señor natural”) el Ministro de Justicia Rodríguez de Quiroga lo invitó, en abierta proclama, a que fije en Quito “su augusta mansión”. 

En cambio, al emperador de los franceses, Napoleón, a quien se lo llamaba “el Tirano de Europa”, Rodríguez de Quiroga lo emplazó a que “pase los mares, si fuese capaz de tanto: aquí le espera un pueblo lleno de religión, de valor y de energía”.

Lo segundo, el cambio de modelo administrativo, provocó su caída. La Junta de Gobierno de Quito quiso someter bajo su administración a tres gobernaciones: Cuenca, Guayaquil y Popayán. Las tres ignoraron las demandas de Quito y enviaron tropas para someter su experimento de insubordinación y autonomía. Lo consiguieron.

El 24 de octubre de 1809, fracasado su experimento, los quiteños devolvieron el poder a quien se lo habían usurpado. Y fueron unos fracasados, unos ilusos, acaso unos necios, pero nunca taimados. 

Ellos realmente querían caerle en gracia a su rey.

Despedida de Guayaquil

23 de julio de 2020


Yo solía decir que, como a Borges con Buenos Aires, a mí con Guayaquil no me unía ‘el amor, sino el espanto / será por eso que la quiero tanto’. Y era cierto: a pesar de tantos espantos, todavía podía vislumbrar un futuro brillante para la ciudad en que nací.

Ahora creo que ese futuro no es posible. Cuando empezó la pandemia, pensé que Guayaquil podría dar una respuesta crítica y creativa a lo que le ocurrió. Pero me equivoqué: se ha optado por creer que estamos viviendo una nueva variante del éxito que empezó después de marzo y abril, para no discutir ni pensar el abandono, los muertos y la corrupción que asolaron a esta ciudad en esos meses. Guayaquil está ahíta de imbéciles pasivos, que aceptan cualquier cosa… Aceptan este nuevo ‘éxito’, como un mendigo un mendrugo de pan.

Por mi parte, sé que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía y que lo correcto es dejar que Guayaquil siga su curso al carajo, ya sin mí. Guayaquil está condenada, y va a morir por las inundaciones a consecuencia del cambio climático, es una cuestión de tiempo… Y lo más inteligente es, precisamente, huir a tiempo.  

Esa es mi conclusión, toda vez que los espantos consumieron todo el amor que yo sentía por mi ciudad natal. Ahora la siento ajena, incluso despreciable. Vendré de vez en cuando a visitar a algunas personas que quiero, pero como si fuera otra ciudad, digamos Messina o Vientiane. Y serán unas visitas breves, porque me iré tan pronto como pueda… Es de rigor huir de estos espantos.

Tengo claro que en esta decisión de abandonar Guayaquil a su suerte, yo gano. Me ahorro el esfuerzo inútil y dejo que Guayaquil siga el rumbo que ha emprendido a su futura muerte, auspiciada por la rapiña de esos que pueden rapiñar y por la imbecilidad pasiva del resto.   

Adiós, Guayaquil: me vencieron tus espantos.

Pizza de Corrientes

11 de julio de 2017

2014. Esperando una de las 39.000 pizzas que a diario se consumen en Buenos Aires.

Demencia mala, demencia buena

23 de octubre de 2016


Primero, la mala:

Ayer por la tarde, esto es, un sábado anterior a un día domingo 23 de octubre pero del año 4.004 antes del nacimiento de Cristoloco el furioso, Dios (padre del susodicho) decidió empezar el mundo de la manera que lo cuenta el libro del Génesis. Suena ridícula, pero esta idea de una fecha “exacta” del nacimiento del mundo era común en la segunda mitad del siglo XVII, cuando el pensamiento cristiano era tan nefasto como para todavía aplastar al pensamiento científico por atreverse a desafiar su autoridad.

¿Cómo se originó esta idea demencial? Por los cálculos del sacerdote anglicano de origen irlandés James Ussher (1.581-1.656), arzobispo de Armagh, quien el año 1.650 los publicó en su libro ‘Annales veteris testamenti, a prima mundi origine deducti(1). Por supuesto, los cálculos de este fulano son una mamarrachada que no resiste el menor análisis crítico (2).

Según el calendario de James Ussher, el mundo debió haber concluido en 1.997. Estaba perdido.

*

La buena: hoy se festeja un aniversario más del nacimiento del demencial Charly García y de su concierto subacuático en Buenos Aires [2009].

 
(1) Pierce, Larry, ‘The forgotten archbishop’, Creation, No 20 [Marzo, 1998], pp. 42-3.
(2) Los anacronismos de la cronología bíblica de Ussher’, www.ateoyagnostico.com [19 de agosto de 2013].

Bilardo, Ladri

18 de septiembre de 2016


En un mercado de libros usados en la calle Cabildo, en Buenos Aires, conseguí el “Así ganamos. La verdadera lucha por la copa”, de Carlos Salvador Bilardo. A día siguiente de comprarlo, fui a visitar a un amigo en Longchamps y me tomé el tren Roca. Me lo llevé a Bilardo de compañía.

Lo empecé a hojear y me detuve en el capítulo del partido contra los ingleses (“Capítulo XII: Algo raro en el aire”). Y ésta es la misérrima forma en que Bilardo describió los goles de Maradona contra Inglaterra, esa gloriosa tarde del 22 de junio de 1986 en Ciudad de México:

“El primer tiempo fue bastante parejo. El gol vino recién a los 51 minutos. A los 55, Maradona marcó el mejor gol del campeonato; Diego arrancó sobre la derecha y pasó a Butcher y a Fendwick en velocidad. Arrancando de atrás, a esa gente que, como yo supuse, era pesada, tenía que superarla con toda facilidad. El piso era difícil, resbaloso. Se dio todo como había previsto de antemano(1).

Hay muchas cosas que están mal con este párrafo, pero atribuir la intempestiva magia de uno de los mejores futbolistas de la historia a su “previsión” como técnico es la más grave de todas: un asalto a mano armada a la autoría de la jugada y una tomadura de pelo a sus lectores. 

(1) Bilardo, Carlos S., ‘Así ganamos. La verdadera lucha por la Copa’, Sudamericana-Planeta, Buenos Aires, 1986, p. 116.

AC/DC

1 de junio de 2016


En mi tiempo en Australia, cumplí mis tres sueños de viaje (el Gran Arrecife de Coral, el Parque Nacional Kakadu y la ruta ciclística de montaña Munda Biddi) pero no pude cumplir otro más: el de ver un concierto de AC/DC en su país de origen. Nunca tocaron.

En todo caso, queda la alegría de ver en video a la mejor banda de rock del mundo tocando en Buenos Aires ante el mejor público de rock del mundo:




Charly

1 de noviembre de 2009

Buenos Aires, viernes 23 de octubre de 2009. Cumpleaños 58 de Carlos Alberto García Moreno (llámalo Charly). Cancha de Vélez, lluvia nocturna y persistente. 34.ooo personas esperamos la salida de Charly, su regreso a los escenarios, el concierto que él nos prometió que sería un orgasmo. Nadie puede negar que esa noche todos estábamos mojados.

Salió a escena un Charly al que un amigo definió como pasteurizado, rechoncho y clean, de voz tenue y en pleno control de sí mismo. Un Charly menos rock star, pero mucho más metido en su rock. Un Charly que repasó con nosotros sus grandes éxitos, lo que significa pasarle revista a la biografía de (de)generaciones, la nuestra incluida (porque Charly es “héroe transgeneracional que tiene manos de marfil y teclados de Taiwan”, como reportó Ernesto Martelli para la revista Rolling Stone), la de todos quienes crecimos escuchándolo y somos tanto parte de su religión como su música es parte del soundtrack de nuestra vida.

Salió Charly ese viernes de lluvia y se reencontró con su público. Atrás, en campo, rodeado de amigos, de gente, saltando y cantando, estaba yo. En algún punto entre Melmac y el piso plástico puesto para no destrozar la grama, elevado pero en Tierra, estaba yo. Mojado, pero contento. Ateo que rezó por vos, Charly, más si salió contigo a juntar plegarias el inmenso Flaco Luis Alberto Spinetta. Escuché con sentida devoción a este tipo de 58 años cumplidos, menos de 3 años menor que mi viejo (quien estaba conmigo en el concierto, ¿no les digo que Charly es transgeneracional?) y quien de niño soñaba con “dinosaurios, planetas, mitos griegos”: todas esas cosas que, de alguna manera, Charly ha llegado a ser a lo largo de su vida (“porque ya hice todo lo que se puede hacer. Ya está”) para convertirse en el inconsciente colectivo de millones.

Volvió el más grande, decían los carteles, pero todo regreso es difícil: a Charly le costó muchas muelas y largas terapias regresar. Se le nota, mucho se le nota. Pero lo contrario de difícil es mirarlo desde afuera y descalificarlo: llamarlo loco, drogadicto, acabado, etc. A esos que lo descalifican, como decía el poeta Oliverio Girondo, hay que compadecerlos. No solo porque la suya es una actitud canalla y miserable, sino porque esos pobres no entienden que “el más cuerdo es el más delirante”, porque no entienden que para este John Lennon del subdesarrollo “la locura es poder vCursivaer más allá” y traducirnos esa locura en canciones. Aguante, Charly. Say no more.

Así, de vez en cuando escuchas aquella voz y es la voz de Charly García. Charly ha vuelto porque, como escribe Marcelo Figueras en Página/12, "no deja de recordarnos que los hambrientos, los locos, los prisioneros y los idos, todavía están acá" y porque "es necesario cantar de nuevo una vez más". Charly está en pie para hacerlo, pasteurizado y clean. Hasta la próxima tempestad, nos dijo en Vélez. Ojalá que arrecia esa tempestad este 26 venidero que Charly cantará en Guayaquil. Yo allí estaré. SNM.

Un apunte sobre el psicoanálisis en Bs. As.

28 de octubre de 2009

Leído en Historia de Buenos Aires, de Carmen Bernand (Pág. 244-245):

“Precisamente en esa esquina [Corrientes y Esmeralda], que simboliza los múltiples aportes de la inmigración, Raúl Scalabrini Ortiz ubica al porteño arquetípico de esos años [década de 1920], híbrido del gaucho, el indio, el patricio y el “cocoliche”. Lo describe como un ser impulsivo, animado por emociones que recaen rápido, fiel a las amistades masculinas, pero desconfiado para con las mujeres y toda manifestación de ternura, que se apura por ocultar haciendo gala de cinismo. El título del ensayo que le consagra, El hombre que está solo y espera, condensa todos esos rasgos aportando una tonalidad “beckettiana” anticipada. Otros escritores observan esa tendencia a la angustia existencial del comportamiento porteño. Así, Erdosain, el antihéroe de Roberto Artl, arrastra su aburrimiento y su desamparo por las calles de Buenos Aires, “su vida sangra”, así como la del “Rufián melancólico” y suicida. Esa insatisfacción impacta también al filósofo español Ortega y Gasset, de paso por Buenos Aires. Más allá de los estereotipos, esos rasgos –que sin duda resultan de una superposición de desarraigos sucesivos- explican ciertamente la extraordinaria difusión del psicoanálisis en Buenos Aires, a partir de la Segunda Guerra Mundial”.

De vuelta...

27 de octubre de 2009

... del Coño Sur, jodida matria del reviente y el psicoanálisis. En Bs. As. (en menor medida en su sosegado álter ego, Monte) vuelan la alegría, la anarquía, la bondad, la desesperación, es la posta.

Hacia el culo más hermoso del mundo

15 de octubre de 2009

Si el Sur es el culo del mundo, Argentina es el culo más hermoso del mundo. Esta noche viajo a la ciudad donde sueño despertar cuando me emborracho, Santa María del Buen Ayre, la ciudad junto al río inmóvil. Viajo con mi brother del alma, mi carnaval el Curro, nos recibe la espléndida Vero, nos espera la amistad de muchos, mi viejo en Buenos Aires (felicísima rojas casualidad), mis compadres, mi radiante ahijada. Concierto de Pet Shop Boys, de Depeche Mode el día de mi cumpleaños, concierto de Charly en Vélez el día de su cumpleaños (que Charly ha dicho que será un orgasmo y con lo mucho que a mí me gusta la piccola morte). Por acá las razones por las que Buenos Aires es el delirio que es y por la que tanto me emociona viajar allá, hacia el culo más hermoso de la humanidad.

Ya dije que cuando me emborracho sueño despertar en Baires (si fuera al lado de Alice Braga, podría devolver la cédula quedito). En razón de la realidad de mis sueños de borrachera, no esperen noticias de mí en diez días, me borro para escribirme. Y que tengan ustedes buen viento, mientras yo gozo de Buen Ayre, salud y euforia.

Luca not dead

22 de diciembre de 2007

En un conventillo al número 400 de la calle Alsina de Buenos Aires, muerto a causa de una cirrosis hepática y hace exactos veinte años, se encontró el cuerpo de Luca George Prodan. Nacido en Roma el 17 de mayo de 1953 en el seno de una familia de clase alta, Luca inicia sus estudios en el Gordonstown College, el colegio de la aristocracia y de la familia real inglesa (cuenta la leyenda que en una ocasión le partió su madre al mismísimo Príncipe Carlos) pero no los termina: abandona el colegio, viaja por Europa, se engancha con el rock, el punk, el reggae, las drogas (en particular con la heroína: “con ella”, decía Luca, “no se jode. Por algo es la segunda droga en importancia. La primera es el poder”). Sufre en 1977 un coma hepático y se salva de milagro. El Estado italiano lo declara demente y le quita sus derechos a votar y ser empleado público: “¡Qué éxito!” se burlaba Luca, con su habitual sonrisa irónica.


Una postal. Una postal nomás. Una postal tenía Luca en su cabeza: la de su viejo amigo del colegio aristocrático, Timmy McKern, su esposa, sus dos hijitas, un perro, el sol y las sierras cordobesas argentinas como fondo. Esa imagen lo llevó a Argentina, sin hablar ni papa de español, hacia 1981. Al poco tiempo forma una banda que la suerte (una hija de Timmy saca el nombre de un sombrero) quiso que se llame Sumo y que la historia reconoce como una de las mejores y más influyentes del rock argentino. (Mi favorita y para mí, la mejor. Y los propios rockeros argentos votaron que la canción más admirable de sus cuarenta años de rock es Mañana en el Abasto, de Luca.) Luca era el vocalista: un tipo calvo que bebía ginebra y usaba gafas “para el sol y para la gente que me da asco”. 

 

 

Luca pudo venderse a la lógica de la sociedad de consumo, vender muchos discos, tener mucha guita, hacer un me verás volver y envejecer con presunto decoro. Nunca le interesó: este confeso admirador de Bukowski sabía jugar el juego de vivir con sus propias reglas, sin pelos en la cabeza ni en la lengua, investido de su sonrisa irónica. Una anécdota lo ilustra: Sumo hace un concierto en el mítico Obras en Buenos Aires y 10.000 personas lo corean (Luca dijo, “pareciera que tengo mi dosis de poder con todas las nenas gritándome, pero no es cierto, mi vida no ha cambiado ni va a cambiar porque gane más plata o porque un montón de idiotas me griten: ´Luca, Luca´ cuando me ven”) y al día siguiente Luca, ese mismo de las diez mil almas coreándolo, dormía la tarde en la banca de un parque después de comerse un mísero sándwich de salami. En sus palabras, como en una línea de Bukowski: “puedo estar con mi familia en Italia, comer a la una y a las ocho de la noche, no tener problemas, ir en el yate en el verano y a las montañas en invierno. Pero no lo quiero. Y el futuro no me importa. Solo me importan cosas afectivas”. (¿Cómo no recordarlo al cronopio Cortázar?: “feliz, ergo, sin futuro”.)


En su edición especial sobre Luca la revista Rolling Stone escribe: “‘Luca vive’ es una frase que se ha repetido con insistencia desde que la muerte del músico dio lugar al nacimiento del mito”. Yo prefiero, sin embargo, recordarlo con esas tres palabras que todavía pueden encontrarse pintadas en algunas paredes de Buenos Aires, esas tres palabras que son el título de esta página y que recuerdan que su leyenda y obra no mueren: Luca not dead.

Guayaires

13 de octubre de 2007

Hace varios años, todavía en sus tiempos de ficticia economía boyante, recorrí por vez primera las calles de Buenos Aires. Me fascinó: su vida cultural y nocturna, su arquitectura, el mate, el culto de la amistad, su comida (¡aguanten los asaditos!), su bebida (los tintos, el amargo fernet), sus minas (con su imposible dosis de histeria), su tango, su rock y la inefable sensación de participar de un delirio colectivo teñido de afanes, exilios, fracasos, y revestido (sea dicho con palabras de Joaquín Sabina, el más porteño de los gallegos) del “tango añil de la melancolía”. Hice entonces dos juramentos: el primero, siempre volver (que lo cumplo con fervor cívico y periodicidad anual) y el segundo, que cuando mi situación económica lo permita, le compraré un departamento a mi madre, sea en Palermo o en Recoleta. Sé bien que ahora este juramento toma estado público.

Ya entonces me impresionó mucho constatar que quienes de mi ciudad tienen la posibilidad de viajar al exterior prefieran una ciudad tan desangelada como lo es Miami y no prefieran (por las razones que tanto me fascinan a mí y por tantas otras) esta delirante metrópoli austral. Una serie de hechos (la dominación cultural de los EE.UU., la dependencia económica de nuestro país, la frecuencia de los vuelos) podrían intentar una justificación de esta preferencia; mucho menos justificable es el intento de convertir a Guayaquil en su pobre simulacro: de hecho, el llamado proceso de “Regeneración Urbana” crea unos pocos retazos de esa simulación, en los cuales la noción de “espacio público” es una cosa que administran otros, con un silbato y muy pocas ideas. He escuchado, con una mezcla ambigua de risa y de horror, que a esta vana pretensión algunos la denominan guayami.

A pesar de la anterior constatación y del título de esta columna, no intentaré la vana pretensión de su antípoda, esto es, de convertir a Guayaquil en un sucedáneo de Buenos Aires, en Guayaires: esa es, por supuesto, una notoria imposibilidad. Fui yo mismo, además, quien reivindicó en un artículo reciente ("Citámbulos", del 8 de setiembre de 2007) el que aprendamos a “asombrarnos de los detalles que singularizan (a despecho de las intenciones de convertirla en “genérica”) a nuestra ciudad, que la tornan única y que le conceden, en real definitiva, su entrañable y extraña belleza”. Pero sí quiero en esta columna enfatizar que mirar hacia este puerto (“junto al río inmóvil”, como dijera Borges) es útil para aprender a disfrutar de nuestra ciudad, de manera distinta y más intensa. El espacio de esta columna es diminuto para decirlo, pero valga admirar de Buenos Aires la apropiación de los espacios públicos que hacen sus ciudadanos y las iniciativas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (por ejemplo, la exquisita “Noche de los Museos”, en la que gustoso participé el sábado pasado) para promover diversas actividades culturales y ciudadanas. Solo son botones de muestra, que bien podríamos imitar: el énfasis que quiero transmitir, en definitiva, es la necesidad de propiciar en Guayaquil la búsqueda, creación y exhibición de sus matices y de sus riquezas culturales, la apropiación de los espacios públicos por parte de nosotros, sus ciudadanos, y la discusión pública de las políticas de las autoridades que nos administran. Son unas cuantas reflexiones (que espero contribuyan a una necesaria discusión) que remito desde un café de esta fascinante ciudad.