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Quito, sin liderazgo

17 de septiembre de 2020


Este 10 de agosto que pasó, en las páginas de diario El Comercio, se publicó un artículo de Fabián Corral titulado ‘La ciudad sin proyecto’. En él, Corral se mostró lapidario con las élites de la capital, pues las declaró inexistentes: ‘La desaparición de las elites es una evidencia que dejaron los atentados de octubre y, ahora, la pandemia. Quito es una capital rara: capital sin clase dirigente’.

Unos meses antes, en febrero de 2019 y también en las páginas de El Comercio, se publicó un artículo de Fernando Carrión titulado ‘¿Cuándo se jodió Quito?’. Carrión también se ensañó con la capital, pues consideró que en su situación actual ella ‘se encuentra a la deriva’ y ‘hoy vive una de las épocas más oscuras de su historia’.

Y de manera más reciente, este 3 de septiembre, Marco Antonio Rodríguez, también en las páginas del matutino El Comercio, publicó un artículo titulado ‘Réquiem’, en el que despedazó al crecimiento urbano quiteño:

La ciudad creció partiéndose en añicos, sin un esquema que preservara la hermosura de su centro histórico. Desquiciamiento vial. Rascacielos jactanciosos, torbellino de vehículos, estelas de esmog, modas asincrónicas, rendición ante lo foráneo. Artificio. Sentimiento de minusvalía. Desalojo de la vecindad y las buenas costumbres. Progresión de la desigualdad y la pobreza.

Así, en las consideraciones habidas por tres de sus más ilustres pensadores actuales, expuestas en el que es el diario quiteño par excellence, la capital del Ecuador aparece como una ciudad que ha crecido ‘partiéndose en añicos’, que hoy se ‘encuentra a la deriva’ y que, en definitiva, como lo ha dicho Fabián Corral, ‘es una capital rara: capital sin clase dirigente’.

Y así las cosas, cabe entonces la pregunta: ¿cómo puede conducir a un país, una capital de esta naturaleza? O peor, ¿a dónde?

Villacís y una duda

21 de mayo de 2018


Carlos Villacís es el incompetente a cargo de la FEF, desde que metieron preso al anterior pillo. A este fulano le cupo el deshonor de que dos periodistas deportivos de opinión, de sendos diarios de Guayaquil y Quito, lo hayan aclamado como Rey… El Rey Midas del desastre, que aquello que toca (la selección con 12 puntos en las eliminatorias, el torneo femenino, la transmisión televisiva del fútbol) lo vuelve mierda.

Este es el artículo de Ricardo Vasconcellos, en el diario municipal de Guayaquil, El Universo.

Este es el artículo de Alejandro Rivadeneira, de diario El Comercio (diario mascota de Roditas, otro superdotado de la incompetencia).

La duda: es difícil discernir cuál de los dos artículos de opinión trapea más con este inepto.

"Intereses personales"

23 de noviembre de 2016


El problema no es tener “intereses personales” en política, al menos si entendemos este concepto de una manera amplia. El problema de fondo es la ausencia de ideología en las personas que participan en política, pues de esa manera sus acciones contrariarán, la mayor parte de las veces, a aquello que NO piensan (pero existe). Sea por corrupción o por simple ignorancia.

Creo que ese es el caso del Ecuador., según expuse en una entrevista telefónica que me hicieron para un reportaje que se publicó en la edición de diario El comercio del 23 de noviembre (1). De ella, quedaron dos citas en la noticia: una sobre la “inconsistencia ideológica” de ciertos actores políticos (o debo decir, ¿la mayoría?) y otra sobre ese esperpento fallido de ‘La Unidad’: “La coalición buscaba ir más allá de lo electoral, pero se vio que los actores políticos pusieron por delante sus intereses personales”.

A partir de esta cita, la noticia empieza a detallar el desgranamiento de La Unidad y los “camisetazos” de muchos políticos. Una muestra de la ausencia de ideología, de la versión más reducida y mezquina de los “intereses personales”.

(1) Jorge González, 'El interés personal pesa en el cambio de camiseta política', Diario El comercio, 23 de noviembre de 2016.

Guadalupe Mantilla (Naipe Centralista)

27 de agosto de 2016


“Quito sin burocracia se parecería a Machachi”.

Tiene toda la boca llenitita de razón, la Guadalupe.

'Hayala Mota'

7 de marzo de 2016

Tomó los instrumentos, se fumó un AK-47 y disparó este pedito mental:
 
Publicado en El comercio, edición del 4 de marzo

Su vuelo delirante me motivó unas líneas, que consigno en mi blog:
 
"Quiero precisar que respeto el derecho del señor Ayala Mora de publicar su opinión con el estilo que él prefiera (se nota que en esta oportunidad intentó ensayar el humor). Pero quiero manifestar la cierta sorpresa que me produjo un artículo como éste, en particular porque fue escrito por un reconocido historiador. Pero en su artículo, Ayala Mora renunció totalmente a analizar los hechos, que es la marca distintiva de los historiadores honestos.

Todo lo contrario: Ayala Mora se inventó una historia delirante (como el mito alrededor de la muerte de Abdón Calderón, dicho sea de paso) que sólo puede hallar una justificación en la enconada ojeriza que mantiene contra el gobierno de Rafael Correa. Esto, porque sólo un entusiasmo animado de esos sentimientos puede ser, al mismo tiempo, destructivo para otros y para el entusiasta en cuestión. Tal es el caso de Ayala Mora, quien ha alcanzado este extremo: relatar una historia con total prescindencia de los hechos. Su manifiesta ojeriza terminó por convertirlo a Ayala en el extremo opuesto de lo que su oficio de historiador le impone.

Servirse de la herramienta del humor para escudar el nulo rigor de su opinión podría ser una estrategia válida, aunque no parece un recurso idóneo para un historiador. Ni tampoco para nadie interesado en discutir ideas con rigor. Porque no hay ninguna buena razón como para que el humor esté alejado del rigor: en el periodismo de investigación lo demuestran los casos de Bill Maher y de John Oliver, por señalar dos célebres ejemplos. En el caso de Ayala Mora, cambiar el rigor de los hechos propio de su oficio, por un dudoso humor empañado por su encono, es un pésimo gambito, empobrecedor del debate".

En defensa de Miguel Macías y ¡Fuck you, curuchupa!

28 de mayo de 2012


Publicado en GkillCity el 28 de mayo de 2012.

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El artículo “¿Familia alternativa?” de Miguel Macías Carmigniani, publicado en diario El Comercio el jueves 24 de mayo, sostiene que los homosexuales son “desadaptados sociales” y la homosexualidad “un estado psíquico” anormal, repugnante (incluso en manifestaciones tan inofensivas como el pasear “cogidos de la mano”) e inconcebible “de acuerdo a la naturaleza humana y a la moral”, que es aberrante y criticable su exaltación en los medios de comunicación colectiva (con referencia a un reportaje de diario El Universo del domingo 13), que es inaceptable para las parejas homosexuales la adopción y la crianza de niños, que el Caso Satya es ilegal, inconstitucional y “contra natura” y, finalmente, que debería reformarse el artículo 68 de la Constitución (que es el que permite la unión de hecho de parejas homosexuales). El artículo fue criticado ampliamente en redes sociales a consecuencia de lo cual diario El Comercio retiró el artículo de su edición digital y presentó sus disculpas públicas por haberlo publicado.

El artículo de Macías es un furibundo alegato moral expuesto de manera dogmática sin ningún otro fundamento o referencia que citarlo al controvertido Paulino Toral. Ninguna evidencia científica, ningún documento de referencia, ningún asomo de intentar un razonamiento. Es una apelación emocional a compartir su desprecio, proponer el silenciamiento del debate sobre lo homosexual en la esfera pública e introducir reformas constitucionales restrictivas para las personas homosexuales. Una muestra de poco seso y mala leche, a la que Miguel Macías Carmigniani tiene pleno derecho. Porque la libertad de expresión implica, en palabras que acuñó el juez Oliver Wendell Holmes, incluso “la libertad para el pensamiento que odiamos”.

Yo no comparto el pensamiento de Macías en este punto, sus ideas me resultan odiosas, pero defiendo su derecho a expresarlas en la medida en que no constituyeron una incitación directa a la violencia. Después de todo, Macías no incita a la agresión física contra los homosexuales sino que, desde su “ideal” de moralidad y con un discurso ofensivo pero legítimo, propone un ideal de legislación y una reforma constitucional. Es un discurso el de Macías escaso de ideas, lleno de prejuicios y ofensivo en sus términos, pero un discurso todavía legítimo, amparado en el derecho constitucional a la libertad de expresión.

Hay otras ideas alrededor del artículo de Macías sobre las que vale reflexionar.

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La reacción social.- El artículo de Macías se habría mantenido publicado sin problema hasta hace muy poco tiempo. La posibilidad de criticar en redes sociales y que esas criticas resulten relevantes para otros incluidos contra quienes las críticas se dirigen es de data reciente. Hasta donde yo tengo noticia, este 24 de mayo fue la primera vez que un diario digital retiró un artículo de opinión por presión comunitaria y que lamentó el haberlo publicado. Eso nos habla de un rol de creciente importancia de las redes sociales en la opinión pública que, de manera generalizada, claramente rompe con el moralismo de rasgos autoritarios de la “vieja guardia”. Todo un relevo generacional, aupado por la tecnología. Es interesante y significativo que Macías en su texto postule el “rechazo de la sociedad” para la difusión de ideas relacionadas con la homosexualidad y que lo que termine siendo rechazado por la sociedad sean sus ideas homofóbicas. La brecha generacional es gigante: ¿a quién le escribe este señor, quién lo lee y opina “¡de acuerdo!”? Es probable que digan “de acuerdo” unas cándidas abuelitas que afectuosamente lo llamen “Miguelito” al tiempo que sus nietos hacen mierda el adefesio escrito por Macías en el Internet. The fifties are over, baby!

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El ataque a la prensa.- El artículo de Miguel Macías y el de Paulino Toral son ambos ataques contra publicaciones de medios de comunicación escrita (Vistazo y diario El Universo, aunque es justo admitir que el ataque de Toral fue mucho más virulento y directo que el de Macías) que los exhorta a que no vuelvan a difundir información relacionada con la homosexualidad e “ideología de género” y cuyo propósito es promover el rechazo a esas publicaciones. Sin embargo, organizaciones defensoras de la libertad de expresión y otros medios de comunicación (que para otras cuestiones relativas a la libertad de expresión suelen ser muy puntillosos) no hicieron mayor referencia sobre el debate en torno al artículo de Macías, e incluso el diario digital La República redujo absurdamente las reacciones en las redes sociales ante el artículo a que éste “despertó la ira de la comunidad gay” (¡?) a pesar de que fue evidente que compartir el rechazo a la homofobia (no el compartir una orientación sexual) fue lo que motivó las críticas contra el artículo. El suponer que solo “la comunidad gay” puede protestar contra un discurso homofóbico es, en realidad, otra estupidez homofóbica.

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La reacción de El Comercio.- El artículo de Macías se retiró de la edición digital de diario El Comercio al final de la tarde. Se publicó un comunicado en el que se lamentó su publicación, se consideró que “vulnera los principios de tolerancia y pluralismo” que el diario mantiene y que “empaña su línea editorial de defensa de los derechos individuales y de las minorías” al tiempo que admite que “fallaron los filtros correspondientes”. Ante la avalancha de críticas en las redes sociales, a diario El Comercio se lo orilló a reaccionar y optó por una salida honesta pero fácil: “La cagamos, marcha atrás”.

Es un dato interesante que cuando los medios de comunicación fueron criticados por las opiniones de su reportera (en el caso de Vistazo, por el virulento artículo de Paulino Toral) y de su articulista de opinión (en el caso de diario El Comercio, por un amplio número de personas en las redes sociales) nunca salieron en defensa de sus trabajadores. Más grosera es la omisión de Vistazo, por la naturaleza de la agresión verbal de Toral y las imputaciones que de ellas se derivan. Una salida más difícil para diario El Comercio, pero que le habría supuesto una verdadera defensa de la libertad de expresión habría sido que no retire el artículo de Macías y publique un comunicado en el que diga que “las columnas firmadas en las páginas de opinión son de exclusiva responsabilidad del autor” (que es como concluye el comunicado que publicó) razón por la cual ellos respetan la libertad del articulista de expresarse en los términos que prefiera para transmitir sus ideas, con la salvedad hecha del discurso que incite directamente a la violencia (que es el estándar en materia de libertad de expresión y que no resulta aplicable al caso) pero que en vista de las reacciones manifestadas en redes sociales optaba por proponer un debate sobre este asunto e invitaba a enviar contribuciones para su publicación.

No digo que la reacción de El Comercio haya sido mala, ni mucho menos que no sea legítima. Es mucho mejor decisión que hacerse el sueco o pecar de soberbio, pretender hacerse el desentendido con las consecuencias de sus actos. Pero es una opción que tiende a acallar opiniones, no a proponer ni promover un debate sobre cómo regular las relaciones homosexuales en una sociedad democrática del siglo XXI. Eso, creo yo, habría evidenciado bastante mejor su supuesto compromiso con “los principios de tolerancia y pluralismo” y “su línea editorial de defensa de los derechos individuales y de las minorías” que reivindica mantener en su comunicado.

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La discusión de ideas y ¡Fuck you curuchupa!.- El artículo de Macías sirve para discutir sobre dos importantes tradiciones que debemos mantener: la tradición liberal de defensa de la libertad de expresión y la tradición legal del laicismo, establecido en la Constitución ecuatoriana desde hace más de un siglo, en 1906.

La defensa liberal de la libertad de expresión y la mejor crítica a lo problemático que resulta suprimir ideas en la opinión pública la resumió con precisión John Stuart Mill en el segundo capítulo de su célebre libro Sobre la libertad, escrito en 1859, en las siguientes cuatro razones:
 
Primero, aunque una opinión sea reducida al silencio, puede muy bien ser verdadera; negarlo equivaldría a afirmar nuestra propia infalibilidad.

En segundo lugar, aun cuando la opinión reducida al silencio fuera un error, puede contener, lo que sucede la mayor parte de las veces, una porción de verdad; y puesto que la opinión general o dominante sobre cualquier asunto raramente o nunca es toda la verdad, no hay otra oportunidad de conocerla por completo más que por medio de la colisión de opiniones adversas.

En tercer lugar, incluso en el caso en que la opinión recibida de otras generaciones contuviera la verdad y toda la verdad, si no puede ser discutida vigorosa y lealmente, se la profesará como una especie de prejuicio, sin comprender o sentir sus fundamentos racionales.

Y no sólo esto, sino que, en cuarto lugar, el sentido mismo de la doctrina estará en peligro de perderse, o de debilitarse, o de ser privado de su efecto vital sobre el carácter y la conducta; ya que el dogma llegará a ser una simple fórmula, ineficaz para el bien, que llenará de obstáculos el terreno e impedirá el nacimiento de toda convicción verdadera, fundada en la razón o en la experiencia personal”.
Benefíciense ustedes de la lectura del segundo capítulo de Sobre la libertad para adquirir la convicción de que nunca es bueno suprimir una opinión, salvo (como lo ha recordado la Relatoría para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su Agenda Hemisférica) “que las críticas constituyan, en realidad, una apología del odio nacional, racial o religioso que incite a la violencia” (Párr. 64).

El artículo de Macías debió mantenerse en la publicación digital: representa la forma de pensar de un sector de la población del país (conservador y discriminador) que servía para debatir en público sobre libertades civiles y derechos, como los derechos a la no discriminación, a la libertad de expresión y a la libertad de religión. Un artículo como para que la sección “¡Fuck you, curuchupa!” de esta página lo tome en cuenta y lo critique, como en esta edición se lo hace en este artículo y en el de Ivonne Guzmán.

Sobre esa sección: hay quienes sostienen que “¡Fuck you, curuchupa!” es, por sí mismo, una agresión a las personas creyentes. GkillCity.com, para titular su sección así, se ampara en el mismo derecho que lo ampara a Miguel Macías para publicar su artículo: el derecho a la libertad de expresión. Pero más que una agresión (cosas de religiosos hipersensibles, quienes absurdamente piensan que creer en cosas sin evidencia les otorga inmunidad contra las críticas –léanlo a Mill, por favor) ¡Fuck you, curuchupa! es la reivindicación de una postura laica y liberal sobre las ideas religiosas en la esfera pública. No es, en ningún momento, un ataque al derecho de toda persona a profesar la religión de su elección (o cambiarse de creencia o no profesar ninguna) que se lo ha defendido por acá, sino una defensa de los límites que las prácticas religiosas deben respetar en una sociedad laica y democrática, más todavía en una sociedad como la ecuatoriana, en cuyo artículo 1 de la Constitución se inscribe como principio fundamental del Estado ecuatoriano su más que centenaria (desde 1906) condición de Estado “laico”. Y hay que hacerla valer, con defensa militante.

Téngalo claro: no es ¡Fuck you, creyente! Que la gente crea, en todo caso y como decía Lupo, en “lo que a tú mejor te convenga”. Es contra el curuchupa: contra aquel que cree que todos los demás tenemos que ceñirnos a su estricto código de conducta moral, que éste debe incorporarse a las leyes que regulan la convivencia civil con personas que no compartimos su estricto código, el que además resulta derivado de una serie de creencias para las que no existe ninguna evidencia racional disponible y que promueve de manera abierta la discriminación contra los que no se ajustan a sus disposiciones. Contra el curuchupa, se opone argumentada la defensa del principio “laico” del Estado y del derecho a la libertad de religión (que incluye el de no profesar ninguna religión también y que no otorga privilegios a ninguna religión por encima de otra por causa ninguna, ni siquiera por contar con la amplia mayoría de creyentes de un territorio): contra el curuchupa, ¡Fuck you, curuchupa! Por principios y por derechos constitucionales cuyo respeto defendemos en GkillCity.com y cuya concreción implica garantizar la existencia de pluralidad de opiniones y de diversidad de actitudes en la sociedad, que es lo que los curuchupas intentan evitar con la imposición legal de sus ideas carentes de evidencia científica y de propósito discriminador. Ese era precisamente el intento del artículo de Miguel Macías y lo que motivó que se lo ponga en ridículo por varias horas en las redes sociales. Los tiempos cambian.

Sépanlo, curuchupas: ustedes son nuestra diversión garantizada.

Alma verde

26 de noviembre de 2009


Escribo alma verde y pienso en Almafuerte, el de No te des por vencido, ni aún vencido Uno podría pensar en una conexión entre ese poema y la lucha salmón de quienes postulamos una manera (esencialmente) no consumista y (principalmente) solidaria de convivencia social. Ecuatorianos de alma verde es la nota central del suplemento Siete días este domingo 22 en la que aparecimos algunas personas y en la que, en particular, aparecí yo con unas palabras sobre la ciudad y la bicicleta (la portada del suplemento es una foto de la parte de atrás de mi bicicleta con su letrero insignia “Un auto menos”) y que si tendría que condensar esas palabras en una sola, escojo la palabra Ubuntu, la que en lengua xhosa significa “Uno es uno cuando está entre los otros”.

Ahora sí es la foto...

25 de septiembre de 2009


He estado hasta las manos y no había tenido ocasión de reconocerle a diario El Comercio la delicadeza de publicar una nota que corrigió el error de publicar una foto de mi viejo en unos comentarios de mi autoría sobre la ley de comunicación que se publicaron el día lunes 21. Ese mismo día la persona que me realizó la entrevista se disculpó y me dijo que iban a corregirlo; yo, por supuesto, le respondí no hay problema. Al día siguiente, es de agradecer y de reconocerles la decencia, se publicó la corrección en el autocrítico espacio Nuestros errores.

Por cierto, la nota contiene un pequeño error: el nombre de mi viejo se escribe también con X (lo que hemos vuelto a reírnos con él, ja).

Voleando sobre la ley de comunicación

21 de septiembre de 2009


Diario El Comercio publica hoy un artículo y tres breves entrevistas para contribuir al debate sobre la futura ley de comunicación. Uno de los entrevistados es quien esto escribe, acá la nota. Después de casi media hora de entrevista el resumen es acertado, aunque podrían introducirse necesarios matices y precisiones. Eso sí, un gazapo para Nuestros errores nos ha provocado carcajadas a mi viejo y a mí: el que aparece en la foto para identificar al autor de la entrevista es él y no yo, ja.

Bonus: En otro orden de cosas, bien por diario El Universo: el domingo publicó una amplia nota sobre las parejas homosexuales que han puesto en práctica el artículo 68 constitucional y sobre las dificultades que han tenido y tienen para hacerlo. Propicia nota para probar que no solamente la mentecatez y la mentira tienen cabida con relación a este tema.

Diario El Comercio tiene una decencia que otros no tienen (incluido uno de sus editorialistas)

18 de septiembre de 2009


Diario El Comercio publicó el martes 15 de setiembre una nota titulada La ley de Comunicación de A. País no regula los medios estatales. Al día siguiente, una breve nota en el autocrítico espacio Nuestros errores admite que, “[e]n realidad, el documento establece una serie de normas para todos los medios, lo cual incluye a los públicos. La confusión nació de que el proyecto dice que la Asamblea deberá hacer una nueva Ley para los medios públicos luego de aprobar la Ley de Comunicación”. Bien por esta rectificación de diario El Comercio: demuestra que tiene un mínimo de decencia de la que otros carecen.

En el rubro “otros” está diario El Universo. Este medio de comunicación publicó en su nota Desde multas hasta suspensión del medio prevé propuesta de ley del miércoles 16 (el mismo día en que El Comercio publica su rectificación) que “en el proyecto no se establece ninguna regulación a los medios públicos”. No era difícil seguir el ejemplo de diario El Comercio y reconocer su error, pero al día siguiente volvió la mula al trigo: en la nota Proyecto tiene vacíos sobre práctica periodística, que contiene errores (1), solamente se lee con relación a este tema que “Panchana señaló que sí existe una regulación general para los tres tipos de medios (privados, públicos y comunitarios)”. O sea, lejos de reconocer lo obvio (como lo reconoció diario El Comercio, de manera inmediata), esto es, que el proyecto de Ley de Comunicación regula a los medios públicos (2) para lo que le bastaría con una simple lectura del artículo 2 de dicho proyecto, lo único que el diario puede hacer al respecto es atribuirle a Panchana el que sí se los regula. ¿Es que resulta tan difícil hacer un trabajo serio, leer el proyecto de ley y rectificar el error? Cuando no hay buena voluntad, supongo que no resulta difícil, sino imposible.

(1) Por ejemplo, la nota señala que el proyecto de Ley de Comunicación no desarrolla “algunos puntos polémicos de la práctica comunicacional” y pone como primer ejemplo el que “no se mencionan los procedimientos [para solicitar y recibir información], por lo que se aplicaría la actual Ley de Acceso a la Información”. Este párrafo es de una torpeza llamativa. Es evidente que si la Ley de Acceso a la Información desarrolla los procedimientos para solicitar y recibir información (en efecto, lo hace en sus artículos 19 al 23) no hay ninguna razón para pretender que la Ley de Comunicación los desarrolle nuevamente. Entonces, ¿por qué se le imputa a la Ley de Comunicación no desarrollar ese “punto polémico”? Solo restan dos opciones: o es meramente por joder, o porque el redactor de noticias es un sujeto muy, muy torpe. En cuyo caso, gente de El Universo, ayúdenlo.

(2) Cosa distinta es la regulación de la estructura de los medios públicos. Sobra decir que esa regulación no obsta, de ninguna manera, la regulación que propone este proyecto de ley. No hay que confundir el culo con las témporas.

P.S.- Hay gente que hace opinión desde una profunda ignorancia. Por ejemplo, el señor David Villacís García que publicó el día de ayer, precisamente en diario El Comercio, un artículo de opinión titulado “La ‘cantinflada’ de Rolando Panchana” en el que escribe lo siguiente: “¡Increíble!, este periodista y diputado propone una ley en la cual únicamente se regulará a los medios privados, mas no a los públicos”. Villacís no ha leído el proyecto de ley sobre el que opina. Peor todavía, ni siquiera leyó la rectificación que publicó el periódico para el que él escribe. Patético. (Además, este señor ignora otros hechos sobre los que escribe: afirma este equivocado Villacís que “les puedo refrescar la memoria y recordarles que en Ecuador TV, canal controlado por el gobierno, se informó que el ingeniero León Febres Cordero había fallecido cuando, en realidad, su deceso se produjo al menos 10 días después de que esta noticia fuese transmitida. ¿Y qué sucedió ante semejante error? Nada”. Con errores que sólo revelan tu ignorancia, mejor es que no refresques nada, panita: el Conartel sancionó a EcuadorTV, en los mismos términos en que sancionó a Teleamazonas.) La ignorancia es pésima consejera en materia de redacción de artículos de opinión. Pero seguro que este fulano, ni se entera.