El Universo entrevista al Alcalde

27 de julio de 2017


Diario El Universo publicó una entrevista al Alcalde de Guayaquil sobre temas de tránsito, este 25 de julio (1). El periodista intervino diez veces, casi la mitad de ellas por la Metrovía.

El resultado de este intercambio es un empobrecimiento de la esfera pública. Veámoslo en cuatro episodios, un bonus track y una concisa conclusión.

1) LA ENTREVISTA [fragmento sobre la Metrovía]

Primera: “Se viene la cuarta troncal de la Metrovía”.

Esto fue, en realidad, un pie de amigo que solo mereció una respuesta seca por parte del Alcalde de Guayaquil: “La que sale del Batallón del Suburbio hacia el centro de la ciudad”.

Segundo: “Guayaquil se queda exclusivamente con el servicio de Metrovía o se piensa en otro servicio, los buses biarticulados...”

Una pregunta tímida que mereció como respuesta, en resumen, que el sistema de transporte “tiene que ser el que el pueblo pueda pagar”.

Tercero: “Pero en la aerovía se tiene que pagar más”

Este es un comentario con adversativo, que recibió una respuesta hermosa: “Sí, pero es selectivo. Si usted quiere paga más, si no usa el bus convencional...”.

Cuarto: “¿Qué troncal traerá los buses biarticulados?”

Una pregunta por información, con respuesta concisa: “La troncal 1, porque ya terminaron de pagar sus buses”.

Quinto: “Eso permitiría mejorar el servicio, calmar las quejas”.

Una pregunta que implícitamente reconoce el malestar con el funcionamiento del servicio de la Metrovía. Frente a esto, el Alcalde señala como una mejora los “buses con sistema de aire acondicionado optativo” y un clásico de su discurso: “¿de dónde venimos?”, de chatarras humeantes, peligrosas, sin revisión y sin aire acondicionado”.

2) EL PERIODISTA (2)

El periodista hizo preguntas como se escriben líneas en los telegramas. Nunca elaboró sus ideas, como si no tuviera permiso para ello. Él conoce que existe un malestar en la ciudad, pues admite (en la última pregunta) que hay que hacer “mejoras” en la Metrovía, que hay que “calmar” las quejas de los usuarios. Pero procede con cautela, sin mencionar las fallas, sin contextualizar los hechos, sin confrontar las ideas del Alcalde con la realidad.

Es un periodista que se ha resignado a no serlo, al menos cuando entrevista al Alcalde.

3) EL ALCALDE

Canchero. Sabe que va a jugar con sus mascotas.

4) EL CIUDADANO

El verdadero perdedor de esta entrevista. Nunca recibe información contextualizada sobre la Metrovía: queda ignorante que la troncal que “se viene” debió haber estado terminada el año 2008, según la planificación municipal (¡son 9 fucking años de atraso!). Nunca recibe información sobre los límites del “sistema” escogido: en Guayaquil se está pagando la tarifa de transporte más alta del país (30 centavos) pero el servicio es todavía notoriamente deficiente. Y tiene que soportar, además, la burla de que ahora le ofrezcan como mejora el “aire acondicionado optativo”, cuando antes el Alcalde decía que no se lo tenía en la Metrovía porque los usuarios se podían enfermar.

5) BONUS TRACK

“¿Cómo evalúa el tránsito en la ciudad?”

Esta fue la primera pregunta de la entrevista.

La respuesta del Alcalde a esta pregunta es de fábula: “heredamos un problema de 60 años”. Que un funcionario que tiene más de la cuarta parte de esos 60 años en el poder (17 años) te diga que ha “heredado” un problema, demuestra el asombroso nivel de impunidad de su retórica. El periodista es de palo.

6) CONCLUSIÓN

Pierde el ciudadano, pero gana la Alcaldía. Business as usual en diario El Universo.

*

(2) Diario El Universo no consigna el nombre del periodista que entrevista a la máxima autoridad de su ciudad (al menos en la versión digital), acaso para salvarlo del bochorno. Si es así, qué gentiles.

"Amiwis"

26 de julio de 2017


Hubo un tiempo confrontativo en el que la información y opinión de los medios privados de comunicación encontraba un contrapeso en la información y opinión de los medios públicos de comunicación. Era una lógica turra: las posturas políticas de los medios privados se respondían con las posturas políticas de los medios públicos. Pero con todo y turra de esta lógica, tenía una clara ventaja: permitía, dentro del berenjenal de bajezas y de mentiras, formarse un criterio por exploración y contraste.

Este escenario resultaba preferible a la sostenida imbecilización de la ciudadanía en Guayaquil puesta en práctica por los medios de comunicación privados, cuando carecían de todo asomo de contrapeso.

Pero esta lógica del contrapeso parece que se ha terminado. La renovación que se ha hecho en los medios públicos parece orientada a anularlo, en nombre de un mejor periodismo. Buena suerte en ese empeño. Pero el primer sacrificado, hasta ahora, ha sido el periodismo.

Para muestra un botón: antes, diario El Telégrafo desmentía las cifras que decía la Alcaldía sobre áreas verdes en Guayaquil. Cuando la Alcaldía de Guayaquil, supuestamente basada en un informe del INEC, declaraba que había más de 8 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, El Telégrafo demostraba que las cifras del INEC apenas le atribuían un magro 1.13 metros cuadrados de áreas verdes por habitante (1). Dígase lo que se quiera, ese es el propósito del periodismo: pillar a las autoridades en sus mentiras.

Y esa de las áreas verdes es una mentira gigante (2).

Pero ahora diario El Telégrafo no desmiente sino que acepta unos “diez metros cuadrados, aproximadamente” de áreas verdes en Guayaquil, según le cuenta la Alcaldía que lo avala el INEC (3). Ni contraste de información, ni nada que se le parezca. En esta renovación del periodismo, tal parece que si lo dice la Alcaldía, El Telégrafo lo dará por bueno.

Es lo más El Universo que se ha comportado El Telégrafo en los últimos años. Pero es que si Moreno y Nebot son “amiwis”, ¿por qué no ellos?

Y esto, al final, comportaría una grave pérdida en el periodismo de Guayaquil: sin contrapeso, es probable que la imbecilización de la ciudadanía vuelva, ahora a cargo de un tándem público-privado presto a seguir dibujando una ciudad ideal para que sigamos en Guayaquil sin discutir a la ciudad real que habitamos, ineficaz y excluyente.

Si esto es así, la derecha habrá marcado con su banderita un nuevo territorio conquistado. Y los derrotados serán el periodismo, y su parte débil y olvidada de siempre en el Ecuador: los ciudadanos que lo consumimos.

Guayaquil y la crítica


Cuando viví en Canberra, capital de Australia, la OCDE (algo así como la Liga de los Países Desarrollados –a Ecuador no le dan ni a oler allí) consideró a Canberra la mejor ciudad para vivir en el mundo. Me tocó leerlo entonces a Jack Waterford, editor de “The Canberra Times”, en un artículo híper-crítico sobre el reconocimiento hecho por la OCDE, titulado “Canberrans do not deserve the great city title”.

En mi opinión, Guayaquil y Canberra se encuentran en las antípodas. En Canberra se vive en una de las mejores ciudades del mundo, en Guayaquil se tiene la delusión de vivir en una de las mejores ciudades del mundo. Lo primero es real, lo segundo es meramente imaginario. Es una sensación que se puede producir porque el guayaquileño tiene anestesiado el sentido crítico sobre su propia ciudad (1). De resultas, parecería que quien no habla bien de Guayaquil, se convierte en su enemigo. La crítica es escasa y usualmente mal vista. Es un caso de provincianismo extremo.  

Y nada lo refleja mejor que las opiniones publicadas en los dos principales diarios privados de la ciudad, Expreso y El Universo, por las fiestas julianas.

1) Diario Expreso: Francisco Huerta Montalvo

En el diario Expreso escribe el único de los alcaldes de Guayaquil de los tiempos pre-dictadura que aún vive: Francisco Huerta Montalvo (2). Su artículo reciente sobre Guayaquil es francamente malo. Empieza con la cita de un poeta del siglo XVIII y cierra con un divague muy de Huerta; pero en el medio, aguardan dos perlas:

“Sigue siendo hermosa esta querida urbe donde nacimos. La naturaleza la privilegió dotándola de un río como el Guayas, unos altivos cerros cubiertos con “verde de todos los colores” y unos cuantos brazos de mar que llamamos esteros, siendo el Salado el más importante de ellos” (3).

Ni una palabra de los daños que a la naturaleza le ha prodigado el crecimiento de la ciudad. Ni una palabra sobre la destrucción de las canteras o la contaminación de los ríos y de los esteros. Son cosas podridas, pero admirables (así es la delusión, amigos).

Luego, por supuesto, Huerta exalta el progreso de la urbe. Es de rigor:

“Sin embargo Guayaquil es bella, sobre todo, por su indestructible vocación por las libertades y el afán permanente de progreso”.

Ni una palabra de parte del exalcalde Francisco Huerta Montalvo para las insuficiencias del progreso: las notorias deficiencias en la transportación pública (la Metrovía, por Jebús), las falencias graves en los servicios de alcantarillado, de agua potable y de recolección de basuras, o los riesgos inminentes de la ciudad en materia de terremotos e inundaciones. Ni una palabra de parte del periodista Huerta tampoco para la represión de las libertades por la Policía Metropolitana (sus detenidos nunca tienen historia), para las restricciones en los espacios públicos o para la implementación inconsulta de un modelo de desarrollo sin planificación y orientado a beneficiar a grupos de poder económico (en especial, de los sector inmobiliario y de la construcción). Para Huerta, todo OK.

Ya luego su último párrafo es apenas un “oh, look at me, I’m rambling again”. Así, lo de Huerta resulta canónico. Sus recursos básicos para construir párrafos son compartidos por (casi) toda la tropa de columnistas de opinión.

2) Diario El Universo: Editorial.

Esto es hermoso. Lo copio entero:

Fuente.

A diario El Universo no se le cae una crítica. Está dispuesto a bañar, sobar y perfumar a la Alcaldía de Guayaquil. En la escala de dependencia de un medio de comunicación del poder político, este diario tiene el estatus “fan enamorada”. Nunca le encuentra un error a su héroe, todo se lo perdona, vive para él.

Y es así de patético.

Conclusión.

“No criticar, no criticar, no criticar” y “Elogiar, elogiar, elogiar”: tales parecerían ser los mantras que repiten los columnistas de opinión de los diarios privados guayaquileños cuando piensan en Guayaquil. Si estas distorsiones del pensamiento las metes en una jaibolera con una provisión suficiente de lugares comunes, voilá: ahí tienes casi todos los artículos de opinión que sobre la ciudad se han publicado en los diarios guayaquileños (en los tiempos de la Pax Socialcristiana).

Son como cromos intercambiables de actores cómicos que siempre te van a garantizar una sonrisa. Porque escriben bonito sobre su ciudad.

Nunca, jamás, una crítica. Eso solo lo hacen los malvados. Buh.

*

Lo peor: a este conformismo insulso, osan llamarlo ciudadanía (4).

(1) ¿La explicación? Sencilla: la omertá, por la que los medios de comunicación “callan, o dicen pendejadas”.
(2) Huerta fue elegido Alcalde de Guayaquil en 1970 por votación popular y destituido apenas unos meses después en ese mismo año por la dictadura civil de Velasco Ibarra.
(4) Santiago de Guayaquil, durante el socialcristianismo, debe cambiar el lema de su escudo de “Por Guayaquil Independiente” a “Esto es lo que hay”. Eso graficaría mejor el mediocre conformismo impulsado por la Alcaldía de Guayaquil, sostenido por los medios de comunicación locales y hecho carne en una ciudadanía abúlica.

Doble error: 25 de julio, 482 años

25 de julio de 2017


Por lo menos, Quito tiene la ventaja de celebrar el número exacto de años de fundación que cumple. Lo celebra en una fecha equivocada (6 de diciembre, en vez del 28 de agosto), pero celebra este diciembre los 483 años que le corresponde a una ciudad fundada en 1534.

Guayaquil, en cambio, siendo anterior a Quito por casi dos semanas (fundada el 15 de agosto de 1534), celebra un año menos de fundación. Este 25 de julio, Guayaquil celebra 482 años de fundación, en lo que constituye un doble error: 1) Guayaquil no se fundó un 25 de julio; 2) Guayaquil no cumple 482 años de fundación.

Es asombrosa la persistencia en el error, toda vez que la propia Alcaldía de Jaime Nebot ha reconocido que la fundación de Guayaquil fue el 15 de agosto de 1534. En el discurso conmemorativo del 25 de julio del 2002, el alcalde Jaime Nebot habló de un “proceso de fundación, organización y asentamiento definitivo, iniciado el 15 de agosto de 1534 con la Primera Fundación, en las inmediaciones de Riobamba, y culminado en 1537 con la última, en el Cerro Santa Ana, donde Guayaquil se estableció definitivamente” (1).

Sin embargo, la Alcaldía de Jaime Nebot no conmemora ni el 15 de agosto, ni el año 1534 de la “Primera Fundación”, ni el año 1537 de su supuesto “definitivo establecimiento”. Conmemora, eso sí, un arbitrario e irreal 25 de Julio de 1535. Es decir, una fecha mentirosa, fruto del miedo de cambiar la fecha errada que por décadas ha mandado la tradición.

Y así nos va, viviendo de fantasías.

(1)Discurso del Alcalde de Guayaquil por el 25 de julio, año 2002’. Nebot afirma que de aceptarse la fundación el 15 de agosto de 1534, Guayaquil se convertiría “después de Piura”, en “la ciudad más antigua de la América Hispana”, v. ‘Discurso del Alcalde de Guayaquil por el 25 de julio, año 2001’. Esta afirmación es un absurdo gigante, pues desconoce la existencia (por ejemplo) de Santo Domingo (1498), La Habana (1514), Santa Marta (1525), Cartagena de Indias (1533) y un montón de ciudades más fundadas en América antes que Guayaquil. Guayaquil sería, eso sí, la segunda ciudad española más antigua fundada en América durante la conquista del Reino del Perú. Y es la primera ciudad española fundada en el territorio de lo que se convertiría, con el paso de los años, en la República del Ecuador.

"Yo viví en el barrio Centenario y me fui"

24 de julio de 2017


Diario Expreso entrevistó al alcalde de Guayaquil por las fiestas de julio. En un momento de esta entrevista, el alcalde Jaime Nebot afirmó: “Yo viví en el barrio Centenario y me fui”. Esta afirmación lo condujo a una reflexión sobre el Barrio del Centenario:

“¿Pero el barrio está vacío o ahora vive otra gente? ¿O la única gente que importa es la que es como uno? La movilidad humana es el ‘leitmotiv’ de la gente. Cuando usted le dice a alguien pelucón, no se ofende. Pero pregúntele si quiere ser pobre: nadie quiere. Todos quieren ser ricos” (1).

Los otros días conversé con “don Carlos”, un antiguo residente del Barrio del Centenario (por más de 44 años) y quien se lamentaba de que “Jaime se haya ido del barrio”, porque ahora había quedado oscuro e inseguro. “Don Carlos” aseguraba que “Jaime” no es el único que ha abandonado este barrio; esa es la tónica general. La mayoría de los que él recuerda que vivían allí se han mudado (por lo general) a Samborondón, a las afueras de Guayaquil. El propio “Don Carlos”, a sus 82 años, está pensando en mudarse cerca de sus nietos. Esto es, mudarse también a Samborondón.

*

La explicación de porqué se abandona el Barrio del Centenario la ofrece (inadvertidamente) el mismo alcalde Nebot. En la entrevista, el periodista Andersson Boscán le pregunta si esa “movilidad” se ha dado de manera organizada. La respuesta de Nebot es como sigue:

“Se da como la gente quiere. Veo arquitectos que dicen que hay que controlar el desarrollo acelerado. ¿Cómo? Hay que acelerar el desarrollo, eso hay que hacer” (2).

En esta frase del alcalde Nebot está cifrada su idea de desarrollo urbano, compuesta de una mentira y de un error.

1) La mentira: El desarrollo “se da como la gente quiere”. La Alcaldía de Nebot es una institución que ha cooptado la participación de los ciudadanos en la gestión pública (3). En la práctica, el desarrollo urbano de Guayaquil no se da como su “gente” quiere. Se da como la Alcaldía lo quiere, en función de intereses concretos de grupos inmobiliarios y de la construcción (4). 

2) El error: “Hay que acelerar el desarrollo”. El problema es el tipo de desarrollo urbano sin control que se pretende acelerar. El modelo de desarrollo impulsado durante la Alcaldía de Nebot ha sido desastroso. Y nos va a dejar la cagada (5).

*

A Nebot probablemente ya no le importe lo que suceda con el Barrio del Centenario. Él cree que el barrio está bien y que ha habido “movilidad” para que haya ingresado al mismo gente que ya no es “como uno”. Pero quienes vivimos en el Barrio del Centenario sabemos que Nebot miente: el barrio se ha depauperado y en las noches se ha convertido en un lugar oscuro e inseguro, sin vida.

En un barrio con tanto potencial, esto es realmente imperdonable. El Barrio del Centenario podría potenciarse para ser como Barranco en Lima o Palermo en Buenos Aires… pero esa visión es una que nuestro Alcalde no tiene. Él piensa que todo está bien en el Barrio del Centenario y se marcha a vivir en una isla en los extramuros de la ciudad que administra. Dejó la cagada hecha y se fue.

Que es precisamente lo que hará con la ciudad, el año 2019.

(1) Andersson Boscán, 'Jaime Nebot: ‘El desarrollo no se controla, se acelera'', Diario Expreso, 23 de julio de 2017.
(2) Ibíd.
(3)Guayaquil, una ciudad sin ciudadanos’. En esta idea de la “gente como uno” se esconde la idea de desarrollo urbano del alcalde Nebot. La gente “como uno” se enclaustra en sus ciudadelas cerradas, mientras los barrios languidecen, v. ‘Guayaquil se desprende de la tradición de los barrios’.
(4) Algún día, cuando la “intelligentsia” guayaquileña se ponga a pensar de una manera crítica sobre la ciudad en que vive, toda esta trama de un cuarto de siglo de desarrollo urbano en el marco del “capitalismo de amigos” será ampliamente demostrada.

Cricket

21 de julio de 2017

En Ecuador, se suele saber mucho (o al menos saber algo) de fútbol, pero se conoce poco (o se desconoce del todo) al cricket. Es decir, se conoce mucho del deporte # 1 del mundo (“El Rey de los Deportes”) pero no se conoce casi nada del deporte # 2 del mundo (juzgados por su número de seguidores). El “Maradona” del cricket, el indio Sachin Tendulkar, es totalmente desconocido en el Ecuador.

Es real: después del fútbol, el cricket es el deporte que mayor número de seguidores convoca en el mundo. A diferencia del fútbol, esparcido por todo el planeta, el cricket es un deporte esencialmente circunscrito a doce países que son Reino Unido y once países donde alguna vez puso en práctica su imperialismo: Afganistán, Australia, Bangladesh, India, Indias Occidentales, Irlanda, Nueva Zelanda, Pakistán, Sri Lanka, Sudáfrica y Zimbabue. Un partido (el “Clásico”) entre la India y Pakistán suma mil millones de espectadores. En total, aproximadamente unos 2.5 mil millones de personas a nivel mundial son fanas del cricket (mil millones menos que el fútbol).

En el cricket, como en el fútbol, se juegan campeonatos mundiales. El último campeón fue Australia (pentacampeón en once mundiales disputados). Justo estaba en ese país cuando pasó. Estaba en un bar, en Canberra, cuando Australia venció a Nueva Zelanda en la final. Un partido lento y aburrido. Olvidable… y era la pinche final de un mundial.

Quien mejor ha descrito el deporte llamado “cricket” es Bill Bryson. Tomado de su libro ‘Down Under’ (en inglés):

Fascismo por "aporofobia"

18 de julio de 2017


De “Fascismo municipal” a su financista. El itinerario de un periodista.

 
Un periodista pudo cambiar, pero lo que se ha mantenido inalterable es el abuso contra los más pobres en Guayaquil. Como en el caso de estos 19 detenidos por la Fuerza Pública local aludidos en el artículo de Jijón, en ningún otro de los que se han reportado en decenas de años de abusos, jamás (o muy rara vez) se sabe de los nombres de los detenidos ni de las circunstancias de su detención, sus detalles particulares, nada. Desaparecen, casi literal.

(El periodismo de Guayaquil no solo es tan turro como para invisibilizar estos temas, sino que en un alarde de cinismo, diario El universo ha osado declararse defensor de “los derechos humanos”.)

La violencia contra los más pobres está invisibilizada en Guayaquil. Es como si este maltrato hacia ellos no existiera, o se lo tuvieran merecido. Una de las consecuencias de ser una ciudad aporofóbica.

Elvis y los amigos negros

17 de julio de 2017


La fina burla al P. Bartolomé de las Casas que inicia el cuento “El atroz redentor Lazarus Morell” de Jorge Luis Borges, ha cobrado merecida fama. Es como sigue:

“En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas” (1).

Sigue una relación de hechos que Jorge Luis Borges le atribuye a la negritud. Recuerda en su letanía a los orientales Pedro Figari y Vicente Rossi, a los políticos Abraham Lincoln y Toussaint Louverture, a la herencia musical en el candombe y en “la habanera madre del tango”.

Elvis llegaría después (el cuento se publicó en 1935). Pero bien hubiera podido añadir: “Y la música de Elvis Presley”.

En una entrevista a inicios de su carrera (1956), Elvis fue honesto sobre el origen de su estilo:

“Los amigos negros [‘colored folks’, en el original] llevan cantando y tocando esto desde antes de lo que yo puedo recordar, amigo. Ya tocaban en sus chabolas y en sus garitos, y nadie apostaba por ellos hasta que yo he despabilado el tema. Yo lo he copiado de ellos. En Tupelo, Mississippi, solía oír al viejo Arthur Cudrup aporreando su guitarra igual que hago yo, y yo me decía si algún día consigo sentir todo lo que siente el viejo Arthur me habré convertido en un músico como nadie”.

(2) Mason, Bobbie Ann, ‘Elvis Presley’, Mondadori, Barcelona, 2003, p. 55. El resaltado no es del original.

La cansillería [sic] (Naipe Centralista)

16 de julio de 2017


En el Naipe Centralista se acusa al Palacio de Najas de ser “el centro del regionalismo acérrimo”, manejado por “trincas” hipócritas, homosexuales o serranas. Business as usual.

Quito, 1809-1812

El momento culminante de la llamada “Revolución de Quito” fue la aprobación de la Constitución del Estado de Quito el 15 de febrero de 1812, documento en el que se proclamaba un manejo autónomo de las ocho provincias que componían el naciente Estado quiteño. En su artículo 5, sin embargo, la Constitución establecía que si el Rey de España Fernando VII El Deseado volviese a reinar (estaba capturado por los franceses), el Estado de Quito se reintegraría al Reino de España (1). A fin de cuentas, eso es seguir perteneciendo a España, pero administrarse por cuenta propia: es decir, “autonomismo”. Jamás independencia.

Una declaración de independencia se escribe distinto. Por contraste y para ilustrar, véase la de Cartagena de Indias, fechada el 11 de noviembre de 1811 (es decir, anterior a la constitución quiteña):

“[…] declaramos solemnemente a la faz de todo el mundo que la provincia de Cartagena de Indias es desde hoy de hecho y por derecho Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión, vasallaje, obediencia y de todo otro vínculo de cualquier clase y naturaleza que fuese, que anteriormente la ligase con la corona y el gobierno de España, y que como tal Estado libre y absolutamente independiente pueda hacer todo lo que hacen y pueden hacer las naciones libres” (2).

Lo que hubo en Quito en los años 1809-1812 fue una revuelta autonomista, explicada en lo esencial por Enrique Ayala Mora en términos más prosaicos que patrióticos: “Los protagonistas del proceso fueron poderosos latifundistas, para cuyo manejo político la burocracia española era un impedimento. Una vez instalados en el mando, suprimieron las contribuciones de los blancos, manteniendo las de los indios, e hicieron desaparecer la constancia de las cuantiosas deudas que habían contraído con la Corona por compra de tierras. Los notables criollos fueron los usufructuarios de la libertad(3).

Pero este es el país de un Abdón Calderón en trocitos sosteniendo una bandera tricolor que no existía para la época. Lo fabuloso nos salva de enfrentarnos a lo real: un país de segundo orden, con una independencia tardía.

(1) O sea que de todas maneras, esta administración autónoma de Quito instituida por la Constitución de 1812 habría fenecido cuando Fernando VII volvió a reinar España, en 1814. Pero ni a eso llegó, pues su duración fue más efímera: se extinguió tras la derrota de los combatientes quiteños en la batalla de Ibarra, concluida el 1 de diciembre de 1812.
(3) Ayala Mora, Enrique, ‘Resumen de historia del Ecuador’, Corporación Editora Nacional, Quito, 2008 [Tercera edición].

Historia heráldica de un pajarraco

15 de julio de 2017

El cóndor es un ave de rapiña que surca los aires de nueve países de América del Sur. Los únicos países sudamericanos sin cóndores son Uruguay, Surinam y Guyana (1). Por su vocación sud-continental, esta ave (Vultur gryphus) (2) adorna los escudos de cuatro países: Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador.

En el Ecuador, este carroñero apareció en el escudo nacional de 1843. Su debut heráldico fue aprobado por la Asamblea Constituyente reunida en Quito por Juan José Flores, la misma que adoptó nuestra tercera Constitución conocida como “La Carta de la Esclavitud”. Desde entonces, el cóndor ha figurado en todos los escudos subsiguientes, hasta el actual y definitivo adoptado durante la administración de Eloy Alfaro el año 1900.

El debut absoluto del cóndor en la heráldica de los países andinos fue en 1815, en el escudo de las Provincias Unidas de la Nueva Granada en la América del Sur (3). La ley de ese entonces ordenaba que al cóndor se lo represente “en actitud de alzar el vuelo, y con la garra levantada”. Este fue el resultado:

Otrosí: A la izquierda está el Chimborazo, "arrojando de fuego por la parte del altizana".

Close up: Mother-of-Christ.
 
Desde este Bird Trippin’ hasta la actualidad, el cóndor terminó por asentarse en cuatro escudos. En el Ecuador, es fama que a este animal carroñero se lo representa de forma errada (4). Un error de diseño, para un animal maltratado en la práctica (apenas sobreviven en el país un centenar).

Un pajarraco que es digno símbolo, por tanto, de nuestra atribulada historia patria.

(1)Cóndor andino’. En Brasil y Paraguay, su vuelo es incidental (no es especie nativa).
(2) El cóndor forma parte de la familia Cathartidae, término que proviene del griego kathartes, “los que limpian”. Apropiado para denominar a los animales que se alimentan de carroña.
(3) Sobre el escudo de las Provincias Unidas de la Nueva Granada de 1815 se ha dicho que es un “paradigma heráldico”, pues “el cóndor aparecía por vez primera”, v. George Lomné, ‘El “espejo roto” de la Colombia bolivariana’, en:  Annino, Antonio & François-Xavier Guerra, ‘Inventando la nación. Iberoamérica. Siglo XIX’, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2003, p. p. 481. El territorio de lo que sería el Ecuador no participó de estas Provincias Unidas, pues se mantuvo firme bajo el yugo del Reino de España. Así fue desde la pacificación de Quito en 1812 hasta la independencia de Guayaquil en 1820.
(4) Sosa, Rex, ‘El escudo de armas del Ecuador y el proyecto nacional’, Corporación Editora Nacional, Quito, 2014 [Universidad Andina Simón Bolívar, Serie Magíster, V. 161], p. 123.