Nuestro Jefferson

31 de julio de 2017


Entre el estadounidense Thomas Jefferson (1743-1826) y el ecuatoriano Vicente Rocafuerte (1783-1847) hay similitudes: ambos fueron americanos de gravitante participación durante el período fundacional de sus repúblicas, instruidos y liberales, diplomáticos y presidentes de sus países. Y ambos fueron, además, notorios esclavistas.

Esto último viene a cuento porque al expresidente Correa le gustaba atacarlo a Jefferson con la especie de que era “esclavista”. Según Correa, Jefferson “era propietario de 200 esclavos y hablaba a los cuatro vientos de libertad”. El horror.

Rocafuerte apareció en la chapeteada moneda nacional. En su hacienda 'Naranjito' vivieron, cuando menos, el doble del número de esclavos que Correa le atribuyó a Jefferson.

Fun fact: Lo mismo podría decirse del guayaquileño Vicente Rocafuerte. Conviene recordar que tal como aconteció en los Estados Unidos de América (su primer presidente, George Washington, era una de las personas más acaudaladas de las colonias inglesas en América), Vicente Rocafuerte, el primer presidente del Ecuador nacido en este territorio, era reputado como una de las personas más acaudaladas del naciente Ecuador (1). Y era, como Washington y Jefferson, propietario de centenares de esclavos, que vivían en su hacienda “Naranjito”.   

(1) La hacienda “Naranjito” comprendía los hoy “cantones de Naranjito, Yaguachi, Milagro, Juján, Marcelino Maridueña, Bucay, el camino hacía Naranjal y El Triunfo”, v. ‘Naranjito histórico’.

Federico Pérez (Naipe Centralista)



Intentó jugar a la lotería (“La Quini”) y perdió. Segundo en el concurso de care’ paisano, después (obviamente) de Miguel Rivadeneira.

Rosa Borja de Ycaza

30 de julio de 2017

Desde niño he vivido familiarizado con este nombre, porque es el nombre de la calle de mi casa desde antes de entrar a la preparatoria en el Cristóbal Colón (que queda sobre esa misma calle, al 115) (1).

Pero antes la calle “Rosa Borja” no se llamaba así. En un principio (en un gesto de cipayismo que habría hecho sonreír a Jauretche) el Concejo Municipal de Guayaquil, cuando el primer trazado de esta calle del Barrio del Centenario con dirección al Sur, la denominó “Ministro Canning”. La llamó así por George Canning (1770-1827), Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido que desde 1822 hasta 1827 procuró el reconocimiento de las naciones sudamericanas por parte del gobierno británico.

En todo caso, el Concejo Municipal de Guayaquil decidió revertir pronto esta decisión inicial. El 4 de agosto de 1936 decidió cambiarle el nombre a la calle “Ministro Canning” por “Rosa Borja de Ycaza”. El Concejo, cuenta el cronista Pérez Pimentel, “ejecutó la ordenanza el 7 de septiembre siguiente”.

Cuando se le puso su nombre a una calle, la poetisa e intelectual Rosa Borja Febres-Cordero vivía, estaba casada con Alberto Ycaza Carbo, era una destacada feminista de Guayaquil (presidenta del Consejo Nacional Ecuatoriano de la Unión de Mujeres Americanas y presidenta de la Legión Femenina de Educación Popular y editora de su órgano de difusión oficial, la revista “Nuevos Horizontes”) y había hasta entonces publicado un libro con tres conferencias “Aspectos de mi sendero”, otro de poesías “Hacia la vida” y una obra de teatro “Las de Judas”.

El Concejo Municipal la homenajeó ese 1936, con el propósito de “alentar su labor”.

Rosa Borja correspondió a sus expectativas. Vivió por largos veintiocho años desde este homenaje municipal, hasta que murió el 22 de diciembre de 1964. Durante esos casi treinta años de vida, Borja fue una mujer pionera: la primera que ocupó el cargo de Directora de la Biblioteca Municipal de Guayaquil (1953-1959) y de Directora de la Biblioteca Nacional del Ecuador.



También publicó, durante ese período, varios libros de poesía y de teatro y dos biografías: la suya propia, titulada “Mi mundo íntimo”, y la de su padre, el doctor César Borja Lavayen.

Sobre temas sociales, en este período Rosa Borja publicó sobre su ciudad “Guayaquil, ojeada histórica de la ciudad, desde los Huancavilcas hasta nuestros días” y “El Municipio y los problemas sociales de Guayaquil”. También publicó el libro “Influencia de la mujer como factor importante en el mejoramiento humano” y se destacó por ser una activa conferenciante feminista. La Unión de Mujeres Americanas, con sede en Nueva York, la designó su presidenta. Fue también Consejera Provincial del Guayas y una activa militante del CFP con Guevara Moreno, durante los años cincuenta y principios de los sesenta. Fruto de su gestión política, el Municipio porteño fundó el Centro Municipal de Cultura, que se cerró el año 1989 durante la administración de Elsa Bucaram.

Last but not least, Borja también fue compositora musical. Su “Álbum de música” fue premiado en Buenos Aires en 1942 por la “Asociación Argentina de Música de Cámara”.

Rosa Borja de Ycaza fue una mujer notable, con calle propia en su ciudad. Una mujer de la que, es ignorancia generalizada, hoy se conmemora un aniversario más de su nacimiento el año 1889.

(1) Un edificio antiguo, cuya construcción se inició en 1945 y culminó en 1951, a cargo del arquitecto Juan Orús Madinyá, emplazada en el mismo lugar que ocupó el antiguo edificio de madera de tres pisos donde funcionó el Cristóbal desde su inauguración el 28 de mayo de 1911, v. ‘Colegió Cristóbal Colón (patrimonial)’.
(2) Como Primer Ministro del Reino Unido, podría decírsele “George Canning, El Breve”: asumió el cargo el 10 de abril de 1827 y cesó en él apenas 119 días después, dado su fallecimiento por neumonía el 8 de agosto de ese mismo año. Según cuenta una página web del gobierno británico, sus últimas palabras fueron “Spain and Portugal”.

Ganó el ajedrez

28 de julio de 2017


El viernes pasado en el centro comercial El Jardín de Quito ocurrió un acto de irrespeto: por repetidas ocasiones, unos guardias de seguridad se acercaron a interrumpir unas partidas de ajedrez con la excusa de que estaba prohibida “por reglamento” su práctica. Varias cosas no sabían esos guardias ese viernes por la tarde. Una de ellas era hacer una necesaria distinción entre el ajedrez (un deporte) y otras actividades. Esto era elemental.

Otra cosa que no sabían esos guardias era que la persona que estaba jugando ajedrez ese viernes en el centro comercial El Jardín era la gran maestra internacional Carla Heredia. Tampoco sabían la reacción que el reclamo de Heredia tendría en las redes sociales, ante el evidente bochorno de importunar a una gran maestra de ajedrez por practicar su deporte en un centro comercial (luego algunos incautos quieren creer que esos son espacios públicos).

La historia, sin embargo, tuvo un final feliz, por la reacción de la administración de El Jardín. Mi amigo Christian Espinoza publicó en su muro de Facebook un buen resumen de las lecciones que deja este caso:

Sobre el manejo de este caso concreto, v. su blog

De resultas, el centro comercial El Jardín va a capacitar a sus guardias para que distingan el deporte del ajedrez y no importunen a sus practicantes. Y mañana, desde las 10h30, Carla Heredia hará unas partidas simultáneas:




Al final, ganó el ajedrez.

La Tri, vuelta en Guayaquil

Antier fuimos con mi bróder Curro al Capwell a ser espectadores de un partido de la selección nacional de fútbol. La última vez que recordábamos haber ido a un partido de la selección en Guayaquil fue cuando jugamos contra Perú en el Monumental por las eliminatorias a Francia ‘98, con resultado 4 a 1 (dos goles del ‘Tanque’ Hurtado, uno de Máximo Tenorio y otro de ‘Pepín’ Gavica). Eso fue el 24 de abril de 1996. Más de 20 años más tarde, nos fuimos a reencontrar con la Tricolor en suelo tropical.

El grave problema fue la sensación “River Park* que produjo la organización de este partido en el que jugó la Tricolor. La entrada al renovado estadio Capwell era un desastre: se la hizo tarde y mal, se reubicó a la gente a última hora, había espacios sobrevendidos. Finalmente, entramos y nos ubicamos en una esquina sobre la San Martín. Una vez adentro no acabó el asunto: todavía había que soportar a hordas de idiotas que creen que gritar “uh, uh, uh” o “negro bruto” es chistoso. Y una vez terminado el partido, se registraron varios robos en las inmediaciones del estadio.

Así, de esta visita al renovado Capwell ha quedado un regusto a desorganización, racismo y delincuencia. Tal como lo recuerdo, en 1996 estábamos mejor.

N.B.: Guayaquil sigue atascada en los noventa. Ese es el telón de fondo.

En todo caso, lo bueno es que ganó la selección nacional, 3 a 1, con un hermoso gol de Murillo al cierre del partido, que fue gritado en nuestro banderín del córner. Pero los de Trinidad y Tobago eran muy rústicos y por lo exhibido por los nuestros, clasificar al mundial sigue pareciendo una posibilidad remota. Medida en años luz. 

* Donde el tiempo no pasa.

El Universo entrevista al Alcalde

27 de julio de 2017


Diario El Universo publicó una entrevista al Alcalde de Guayaquil sobre temas de tránsito, este 25 de julio (1). El periodista intervino diez veces, casi la mitad de ellas por la Metrovía.

El resultado de este intercambio es un empobrecimiento de la esfera pública. Veámoslo en cuatro episodios, un bonus track y una concisa conclusión.

1) LA ENTREVISTA [fragmento sobre la Metrovía]

Primera: “Se viene la cuarta troncal de la Metrovía”.

Esto fue, en realidad, un pie de amigo que solo mereció una respuesta seca por parte del Alcalde de Guayaquil: “La que sale del Batallón del Suburbio hacia el centro de la ciudad”.

Segundo: “Guayaquil se queda exclusivamente con el servicio de Metrovía o se piensa en otro servicio, los buses biarticulados...”

Una pregunta tímida que mereció como respuesta, en resumen, que el sistema de transporte “tiene que ser el que el pueblo pueda pagar”.

Tercero: “Pero en la aerovía se tiene que pagar más”

Este es un comentario con adversativo, que recibió una respuesta hermosa: “Sí, pero es selectivo. Si usted quiere paga más, si no usa el bus convencional...”.

Cuarto: “¿Qué troncal traerá los buses biarticulados?”

Una pregunta por información, con respuesta concisa: “La troncal 1, porque ya terminaron de pagar sus buses”.

Quinto: “Eso permitiría mejorar el servicio, calmar las quejas”.

Una pregunta que implícitamente reconoce el malestar con el funcionamiento del servicio de la Metrovía. Frente a esto, el Alcalde señala como una mejora los “buses con sistema de aire acondicionado optativo” y un clásico de su discurso: “¿de dónde venimos?”, de chatarras humeantes, peligrosas, sin revisión y sin aire acondicionado”.

2) EL PERIODISTA (2)

El periodista hizo preguntas como se escriben líneas en los telegramas. Nunca elaboró sus ideas, como si no tuviera permiso para ello. Él conoce que existe un malestar en la ciudad, pues admite (en la última pregunta) que hay que hacer “mejoras” en la Metrovía, que hay que “calmar” las quejas de los usuarios. Pero procede con cautela, sin mencionar las fallas, sin contextualizar los hechos, sin confrontar las ideas del Alcalde con la realidad.

Es un periodista que se ha resignado a no serlo, al menos cuando entrevista al Alcalde.

3) EL ALCALDE

Canchero. Sabe que va a jugar con sus mascotas.

4) EL CIUDADANO

El verdadero perdedor de esta entrevista. Nunca recibe información contextualizada sobre la Metrovía: queda ignorante que la troncal que “se viene” debió haber estado terminada el año 2008, según la planificación municipal (¡son 9 fucking años de atraso!). Nunca recibe información sobre los límites del “sistema” escogido: en Guayaquil se está pagando la tarifa de transporte más alta del país (30 centavos) pero el servicio es todavía notoriamente deficiente. Y tiene que soportar, además, la burla de que ahora le ofrezcan como mejora el “aire acondicionado optativo”, cuando antes el Alcalde decía que no se lo tenía en la Metrovía porque los usuarios se podían enfermar.

5) BONUS TRACK

“¿Cómo evalúa el tránsito en la ciudad?”

Esta fue la primera pregunta de la entrevista.

La respuesta del Alcalde a esta pregunta es de fábula: “heredamos un problema de 60 años”. Que un funcionario que tiene más de la cuarta parte de esos 60 años en el poder (17 años) te diga que ha “heredado” un problema, demuestra el asombroso nivel de impunidad de su retórica. El periodista es de palo.

6) CONCLUSIÓN

Pierde el ciudadano, pero gana la Alcaldía. Business as usual en diario El Universo.

*

(2) Diario El Universo no consigna el nombre del periodista que entrevista a la máxima autoridad de su ciudad (al menos en la versión digital), acaso para salvarlo del bochorno. Si es así, qué gentiles.

"Amiwis"

26 de julio de 2017


Hubo un tiempo confrontativo en el que la información y opinión de los medios privados de comunicación encontraba un contrapeso en la información y opinión de los medios públicos de comunicación. Era una lógica turra: las posturas políticas de los medios privados se respondían con las posturas políticas de los medios públicos. Pero con todo y turra de esta lógica, tenía una clara ventaja: permitía, dentro del berenjenal de bajezas y de mentiras, formarse un criterio por exploración y contraste.

Este escenario resultaba preferible a la sostenida imbecilización de la ciudadanía en Guayaquil puesta en práctica por los medios de comunicación privados, cuando carecían de todo asomo de contrapeso.

Pero esta lógica del contrapeso parece que se ha terminado. La renovación que se ha hecho en los medios públicos parece orientada a anularlo, en nombre de un mejor periodismo. Buena suerte en ese empeño. Pero el primer sacrificado, hasta ahora, ha sido el periodismo.

Para muestra un botón: antes, diario El Telégrafo desmentía las cifras que decía la Alcaldía sobre áreas verdes en Guayaquil. Cuando la Alcaldía de Guayaquil, supuestamente basada en un informe del INEC, declaraba que había más de 8 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, El Telégrafo demostraba que las cifras del INEC apenas le atribuían un magro 1.13 metros cuadrados de áreas verdes por habitante (1). Dígase lo que se quiera, ese es el propósito del periodismo: pillar a las autoridades en sus mentiras.

Y esa de las áreas verdes es una mentira gigante (2).

Pero ahora diario El Telégrafo no desmiente sino que acepta unos “diez metros cuadrados, aproximadamente” de áreas verdes en Guayaquil, según le cuenta la Alcaldía que lo avala el INEC (3). Ni contraste de información, ni nada que se le parezca. En esta renovación del periodismo, tal parece que si lo dice la Alcaldía, El Telégrafo lo dará por bueno.

Es lo más El Universo que se ha comportado El Telégrafo en los últimos años. Pero es que si Moreno y Nebot son “amiwis”, ¿por qué no ellos?

Y esto, al final, comportaría una grave pérdida en el periodismo de Guayaquil: sin contrapeso, es probable que la imbecilización de la ciudadanía vuelva, ahora a cargo de un tándem público-privado presto a seguir dibujando una ciudad ideal para que sigamos en Guayaquil sin discutir a la ciudad real que habitamos, ineficaz y excluyente.

Si esto es así, la derecha habrá marcado con su banderita un nuevo territorio conquistado. Y los derrotados serán el periodismo, y su parte débil y olvidada de siempre en el Ecuador: los ciudadanos que lo consumimos.

Guayaquil y la crítica


Cuando viví en Canberra, capital de Australia, la OCDE (algo así como la Liga de los Países Desarrollados –a Ecuador no le dan ni a oler allí) consideró a Canberra la mejor ciudad para vivir en el mundo. Me tocó leerlo entonces a Jack Waterford, editor de “The Canberra Times”, en un artículo híper-crítico sobre el reconocimiento hecho por la OCDE, titulado “Canberrans do not deserve the great city title”.

En mi opinión, Guayaquil y Canberra se encuentran en las antípodas. En Canberra se vive en una de las mejores ciudades del mundo, en Guayaquil se tiene la delusión de vivir en una de las mejores ciudades del mundo. Lo primero es real, lo segundo es meramente imaginario. Es una sensación que se puede producir porque el guayaquileño tiene anestesiado el sentido crítico sobre su propia ciudad (1). De resultas, parecería que quien no habla bien de Guayaquil, se convierte en su enemigo. La crítica es escasa y usualmente mal vista. Es un caso de provincianismo extremo.  

Y nada lo refleja mejor que las opiniones publicadas en los dos principales diarios privados de la ciudad, Expreso y El Universo, por las fiestas julianas.

1) Diario Expreso: Francisco Huerta Montalvo

En el diario Expreso escribe el único de los alcaldes de Guayaquil de los tiempos pre-dictadura que aún vive: Francisco Huerta Montalvo (2). Su artículo reciente sobre Guayaquil es francamente malo. Empieza con la cita de un poeta del siglo XVIII y cierra con un divague muy de Huerta; pero en el medio, aguardan dos perlas:

“Sigue siendo hermosa esta querida urbe donde nacimos. La naturaleza la privilegió dotándola de un río como el Guayas, unos altivos cerros cubiertos con “verde de todos los colores” y unos cuantos brazos de mar que llamamos esteros, siendo el Salado el más importante de ellos” (3).

Ni una palabra de los daños que a la naturaleza le ha prodigado el crecimiento de la ciudad. Ni una palabra sobre la destrucción de las canteras o la contaminación de los ríos y de los esteros. Son cosas podridas, pero admirables (así es la delusión, amigos).

Luego, por supuesto, Huerta exalta el progreso de la urbe. Es de rigor:

“Sin embargo Guayaquil es bella, sobre todo, por su indestructible vocación por las libertades y el afán permanente de progreso”.

Ni una palabra de parte del exalcalde Francisco Huerta Montalvo para las insuficiencias del progreso: las notorias deficiencias en la transportación pública (la Metrovía, por Jebús), las falencias graves en los servicios de alcantarillado, de agua potable y de recolección de basuras, o los riesgos inminentes de la ciudad en materia de terremotos e inundaciones. Ni una palabra de parte del periodista Huerta tampoco para la represión de las libertades por la Policía Metropolitana (sus detenidos nunca tienen historia), para las restricciones en los espacios públicos o para la implementación inconsulta de un modelo de desarrollo sin planificación y orientado a beneficiar a grupos de poder económico (en especial, de los sector inmobiliario y de la construcción). Para Huerta, todo OK.

Ya luego su último párrafo es apenas un “oh, look at me, I’m rambling again”. Así, lo de Huerta resulta canónico. Sus recursos básicos para construir párrafos son compartidos por (casi) toda la tropa de columnistas de opinión.

2) Diario El Universo: Editorial.

Esto es hermoso. Lo copio entero:

Fuente.

A diario El Universo no se le cae una crítica. Está dispuesto a bañar, sobar y perfumar a la Alcaldía de Guayaquil. En la escala de dependencia de un medio de comunicación del poder político, este diario tiene el estatus “fan enamorada”. Nunca le encuentra un error a su héroe, todo se lo perdona, vive para él.

Y es así de patético.

Conclusión.

“No criticar, no criticar, no criticar” y “Elogiar, elogiar, elogiar”: tales parecerían ser los mantras que repiten los columnistas de opinión de los diarios privados guayaquileños cuando piensan en Guayaquil. Si estas distorsiones del pensamiento las metes en una jaibolera con una provisión suficiente de lugares comunes, voilá: ahí tienes casi todos los artículos de opinión que sobre la ciudad se han publicado en los diarios guayaquileños (en los tiempos de la Pax Socialcristiana).

Son como cromos intercambiables de actores cómicos que siempre te van a garantizar una sonrisa. Porque escriben bonito sobre su ciudad.

Nunca, jamás, una crítica. Eso solo lo hacen los malvados. Buh.

*

Lo peor: a este conformismo insulso, osan llamarlo ciudadanía (4).

(1) ¿La explicación? Sencilla: la omertá, por la que los medios de comunicación “callan, o dicen pendejadas”.
(2) Huerta fue elegido Alcalde de Guayaquil en 1970 por votación popular y destituido apenas unos meses después en ese mismo año por la dictadura civil de Velasco Ibarra.
(4) Santiago de Guayaquil, durante el socialcristianismo, debe cambiar el lema de su escudo de “Por Guayaquil Independiente” a “Esto es lo que hay”. Eso graficaría mejor el mediocre conformismo impulsado por la Alcaldía de Guayaquil, sostenido por los medios de comunicación locales y hecho carne en una ciudadanía abúlica.

Doble error: 25 de julio, 482 años

25 de julio de 2017


Por lo menos, Quito tiene la ventaja de celebrar el número exacto de años de fundación que cumple. Lo celebra en una fecha equivocada (6 de diciembre, en vez del 28 de agosto), pero celebra este diciembre los 483 años que le corresponde a una ciudad fundada en 1534.

Guayaquil, en cambio, siendo anterior a Quito por casi dos semanas (fundada el 15 de agosto de 1534), celebra un año menos de fundación. Este 25 de julio, Guayaquil celebra 482 años de fundación, en lo que constituye un doble error: 1) Guayaquil no se fundó un 25 de julio; 2) Guayaquil no cumple 482 años de fundación.

Es asombrosa la persistencia en el error, toda vez que la propia Alcaldía de Jaime Nebot ha reconocido que la fundación de Guayaquil fue el 15 de agosto de 1534. En el discurso conmemorativo del 25 de julio del 2002, el alcalde Jaime Nebot habló de un “proceso de fundación, organización y asentamiento definitivo, iniciado el 15 de agosto de 1534 con la Primera Fundación, en las inmediaciones de Riobamba, y culminado en 1537 con la última, en el Cerro Santa Ana, donde Guayaquil se estableció definitivamente” (1).

Sin embargo, la Alcaldía de Jaime Nebot no conmemora ni el 15 de agosto, ni el año 1534 de la “Primera Fundación”, ni el año 1537 de su supuesto “definitivo establecimiento”. Conmemora, eso sí, un arbitrario e irreal 25 de Julio de 1535. Es decir, una fecha mentirosa, fruto del miedo de cambiar la fecha errada que por décadas ha mandado la tradición.

Y así nos va, viviendo de fantasías.

(1)Discurso del Alcalde de Guayaquil por el 25 de julio, año 2002’. Nebot afirma que de aceptarse la fundación el 15 de agosto de 1534, Guayaquil se convertiría “después de Piura”, en “la ciudad más antigua de la América Hispana”, v. ‘Discurso del Alcalde de Guayaquil por el 25 de julio, año 2001’. Esta afirmación es un absurdo gigante, pues desconoce la existencia (por ejemplo) de Santo Domingo (1498), La Habana (1514), Santa Marta (1525), Cartagena de Indias (1533) y un montón de ciudades más fundadas en América antes que Guayaquil. Guayaquil sería, eso sí, la segunda ciudad española más antigua fundada en América durante la conquista del Reino del Perú. Y es la primera ciudad española fundada en el territorio de lo que se convertiría, con el paso de los años, en la República del Ecuador.

"Yo viví en el barrio Centenario y me fui"

24 de julio de 2017


Diario Expreso entrevistó al alcalde de Guayaquil por las fiestas de julio. En un momento de esta entrevista, el alcalde Jaime Nebot afirmó: “Yo viví en el barrio Centenario y me fui”. Esta afirmación lo condujo a una reflexión sobre el Barrio del Centenario:

“¿Pero el barrio está vacío o ahora vive otra gente? ¿O la única gente que importa es la que es como uno? La movilidad humana es el ‘leitmotiv’ de la gente. Cuando usted le dice a alguien pelucón, no se ofende. Pero pregúntele si quiere ser pobre: nadie quiere. Todos quieren ser ricos” (1).

Los otros días conversé con “don Carlos”, un antiguo residente del Barrio del Centenario (por más de 44 años) y quien se lamentaba de que “Jaime se haya ido del barrio”, porque ahora había quedado oscuro e inseguro. “Don Carlos” aseguraba que “Jaime” no es el único que ha abandonado este barrio; esa es la tónica general. La mayoría de los que él recuerda que vivían allí se han mudado (por lo general) a Samborondón, a las afueras de Guayaquil. El propio “Don Carlos”, a sus 82 años, está pensando en mudarse cerca de sus nietos. Esto es, mudarse también a Samborondón.

*

La explicación de porqué se abandona el Barrio del Centenario la ofrece (inadvertidamente) el mismo alcalde Nebot. En la entrevista, el periodista Andersson Boscán le pregunta si esa “movilidad” se ha dado de manera organizada. La respuesta de Nebot es como sigue:

“Se da como la gente quiere. Veo arquitectos que dicen que hay que controlar el desarrollo acelerado. ¿Cómo? Hay que acelerar el desarrollo, eso hay que hacer” (2).

En esta frase del alcalde Nebot está cifrada su idea de desarrollo urbano, compuesta de una mentira y de un error.

1) La mentira: El desarrollo “se da como la gente quiere”. La Alcaldía de Nebot es una institución que ha cooptado la participación de los ciudadanos en la gestión pública (3). En la práctica, el desarrollo urbano de Guayaquil no se da como su “gente” quiere. Se da como la Alcaldía lo quiere, en función de intereses concretos de grupos inmobiliarios y de la construcción (4). 

2) El error: “Hay que acelerar el desarrollo”. El problema es el tipo de desarrollo urbano sin control que se pretende acelerar. El modelo de desarrollo impulsado durante la Alcaldía de Nebot ha sido desastroso. Y nos va a dejar la cagada (5).

*

A Nebot probablemente ya no le importe lo que suceda con el Barrio del Centenario. Él cree que el barrio está bien y que ha habido “movilidad” para que haya ingresado al mismo gente que ya no es “como uno”. Pero quienes vivimos en el Barrio del Centenario sabemos que Nebot miente: el barrio se ha depauperado y en las noches se ha convertido en un lugar oscuro e inseguro, sin vida.

En un barrio con tanto potencial, esto es realmente imperdonable. El Barrio del Centenario podría potenciarse para ser como Barranco en Lima o Palermo en Buenos Aires… pero esa visión es una que nuestro Alcalde no tiene. Él piensa que todo está bien en el Barrio del Centenario y se marcha a vivir en una isla en los extramuros de la ciudad que administra. Dejó la cagada hecha y se fue.

Que es precisamente lo que hará con la ciudad, el año 2019.

(1) Andersson Boscán, 'Jaime Nebot: ‘El desarrollo no se controla, se acelera'', Diario Expreso, 23 de julio de 2017.
(2) Ibíd.
(3)Guayaquil, una ciudad sin ciudadanos’. En esta idea de la “gente como uno” se esconde la idea de desarrollo urbano del alcalde Nebot. La gente “como uno” se enclaustra en sus ciudadelas cerradas, mientras los barrios languidecen, v. ‘Guayaquil se desprende de la tradición de los barrios’.
(4) Algún día, cuando la “intelligentsia” guayaquileña se ponga a pensar de una manera crítica sobre la ciudad en que vive, toda esta trama de un cuarto de siglo de desarrollo urbano en el marco del “capitalismo de amigos” será ampliamente demostrada.

Cricket

21 de julio de 2017

En Ecuador, se suele saber mucho (o al menos saber algo) de fútbol, pero se conoce poco (o se desconoce del todo) al cricket. Es decir, se conoce mucho del deporte # 1 del mundo (“El Rey de los Deportes”) pero no se conoce casi nada del deporte # 2 del mundo (juzgados por su número de seguidores). El “Maradona” del cricket, el indio Sachin Tendulkar, es totalmente desconocido en el Ecuador.

Es real: después del fútbol, el cricket es el deporte que mayor número de seguidores convoca en el mundo. A diferencia del fútbol, esparcido por todo el planeta, el cricket es un deporte esencialmente circunscrito a doce países que son Reino Unido y once países donde alguna vez puso en práctica su imperialismo: Afganistán, Australia, Bangladesh, India, Indias Occidentales, Irlanda, Nueva Zelanda, Pakistán, Sri Lanka, Sudáfrica y Zimbabue. Un partido (el “Clásico”) entre la India y Pakistán suma mil millones de espectadores. En total, aproximadamente unos 2.5 mil millones de personas a nivel mundial son fanas del cricket (mil millones menos que el fútbol).

En el cricket, como en el fútbol, se juegan campeonatos mundiales. El último campeón fue Australia (pentacampeón en once mundiales disputados). Justo estaba en ese país cuando pasó. Estaba en un bar, en Canberra, cuando Australia venció a Nueva Zelanda en la final. Un partido lento y aburrido. Olvidable… y era la pinche final de un mundial.

Quien mejor ha descrito el deporte llamado “cricket” es Bill Bryson. Tomado de su libro ‘Down Under’ (en inglés):