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¿Quién paga la factura del ‘morenismo’?

8 de septiembre de 2020


La pregunta del título se justifica, porque el Gobierno de Moreno no podrá quedar impune. Un Gobierno que ha llevado a que, por cada veinticinco ecuatorianos, veinticuatro piensen que la situación de su país está mal, no puede quedar impune. Esto, alguien lo tendrá que pagar el día de las elecciones.

El Gobierno de Lenin Moreno se ofreció como una ‘superación’ del ‘correísmo’, una alternativa ‘pos-correísta’ por un país mejor, con libertades y sin corrupción. Pero resultó puro eslogan, pues durante el ‘morenismo’ la corrupción campea, las libertades se reprimen con la policía (los únicos servidores públicos, junto a los militares, bien pagados y a tiempo) y el ‘país mejor’ que se ofreció el 2017 es realmente un país peor que el que antes había. De resultas, el ecuatoriano se siente defraudado y en estas elecciones del 7 de febrero de 2021 buscará una ‘superación’ de lo que se le ofreció como una ‘superación’, pero que fue un fraude.

En principio, es el ‘correísmo’ quien debería pagar esa factura, puesto que Lenin Moreno fue ungido por el expresidente Rafael Correa. Pero la persecución política y judicial contra los ‘correístas’ durante el Gobierno de Moreno ha sido de tal intensidad y sesgo, que ya no resulta muy creíble pasarle al ‘correísmo’ la factura (justo ayer se resolvió en su contra un recurso de casación que demoró apenas… ¡17 días!).

Otro que podría tener que pagar la factura del ‘morenismo’ sería el movimiento político Alianza País, por el que Lenin Moreno fue elegido el año 2017. Pero, en este caso, ya ese movimiento político fue destruido durante el Gobierno de Moreno y es difícil caer más bajo que su actual irrelevancia. En simple, Alianza País no pagará la factura, simplemente porque ya no puede pagar más. Está tan exangüe, que su primer candidato nacional para a la Asamblea será César Litardo, ese error del sistema legislativo.

La última alternativa para pagar la factura del ‘morenismo’ es que la termine por pagar la tendencia de derechas que lo cobijó a Lenin Moreno cuando tomó la decisión de distanciarse, y después de perseguir, a los ‘correístas’ que lo habían ungido. En las elecciones venideras, la tendencia de derechas está representada por la alianza (en realidad, tregua) entre CREO y el PSC. Es evidente que CREO ha co-gobernado con Lenin Moreno y que el PSC protegió al Presidente en Octubre, cuando el líder del PSC mandó, infelizmente para él, a los indios al páramo. (Sobre esto, v. Nebot, antes de la marcha’ y Nebot, después de su discurso)

Entonces, prescindiendo del movimiento Alianza País, el representante de la derecha (o del ‘anti-correísmo’, si así se quiere) buscará hacer creíble el relato de que hemos estado viviendo una larga etapa de ‘correísmo-morenismo’, empezada el año 2007. Para el representante del ‘correísmo’, en cambio, se tratará de evidenciar la persecución gubernamental y el co-gobierno que ha mantenido CREO. Y parecería que para el ‘correísmo’ la construcción del relato resulta más sencilla y veraz, porque puede aportar muchas evidencias sobre dichas persecución y co-gobierno.

Y este no es ningún dato menor: la factura a pagar por el ‘morenismo’ podría resultar muy alta, incluso para un banquero.

La tregua

2 de septiembre de 2020


Publicado originalmente en elestado.net 

La llamada ‘alianza’ entre el PSC y CREO es, realmente, una tregua. Una en la que la gente de Nebot se ha comprometido a no joder a la gente de Lasso hasta acabar con una amenaza común. Muestra de la buena voluntad de esta tregua, es el retiro de la candidatura de Cristina Reyes, a quien se había puesto, precisamente, para joder.

El documento lo redactó el PSC, esto es evidente. El sujeto activo de la ‘alianza’ es Cristina Reyes, pues fue ella quien hizo ‘un llamado’, que ‘CREO y su candidato’, dice el documento, ‘han atendido’, así, en pasado participio, denotando su condición de sujeto pasivo de la relación. Y ojo al verbo: ‘atender’. Sutilmente, los de CREO están en el rol secundario de hacer caso.

Hay dos cosas relevantes en el documento firmado ayer: Una, refundida en su punto 1, que es el retiro de la candidatura de Reyes. La otra, implícita, es que la candidatura de Lasso se hizo con el control del CNE, cosa harto conveniente en general y para el día de las elecciones en particular, como el mismo Lasso lo acreditaría. Así, el escenario posible para las elecciones del 2021 es que se enfrenten el lugarteniente de Correa (AKA ‘la amenaza común que justifica esta tregua’) vs. Lasso. Es decir, lo mismo de las elecciones presidenciales del 2017, salvo por el detalle importante de que el CNE ahora estará a favor de Lasso.



Así, el 2021 se repetirían las dos condiciones que se dieron el año 1998 para la elección del nefasto Presidente Jamil Mahuad, el último candidato de derechas que llegó a la Presidencia con un programa y un partido identificados con esa tendencia. En la papeleta electoral de Mahuad no hubo un candidato del PSC en competencia; en el órgano electoral de la época (se llamaba Tribunal Supremo Electoral y estuvo presidido por un adicto a la Democracia Popular, el partido por el que corrió Mahuad), hubo muchas ganas de ayudarlo a Mahuad a triunfar. Las dos cosas se reiteran, 23 años después.

Eso sí, una gran diferencia con la elección de 1998 es el rival a vencer. En 1998, el candidato opositor era el millonario Álvaro Noboa, en la que fue su primera campaña presidencial. En esta ocasión, el candidato opositor es un lugarteniente del expresidente Rafael Correa, Andrés Arauz, un candidato joven y chiro que tendrá frente a sí, un reto enorme, casi hercúleo: vencer en unas elecciones nacionales al establishment político, económico y mediático del Ecuador. La suya será una empresa de supremo esfuerzo y resistencia frente a un continuo cargamontón en su contra. Una de las consecuencias de esta tregua será, de hecho, articular eficazmente ese cargamontón en su contra. 

Así, lo que se busca con el documento firmado antier es eliminar a esta amenaza común, el ‘correísmo’, lo que se verificará (o no) el 7 de febrero de 2021, día de las elecciones, o más probablemente, en una segunda vuelta el 11 de abril. Al día siguiente de una u otra fecha, el PSC dará por terminada esta tregua, sea que pierda Lasso o sea que gane, pues deja claro en el Punto 4 del documento que si Lasso llega a ser Presidente, él deberá ejecutar su programa de gobierno y el PSC podrá actuar con libertad en la Asamblea Nacional, donde ellos ‘mantendrán las coincidencias y diferencias ya conocidas’.

En conclusión, esto es una tregua, redactada en los términos del PSC, por la que el PSC y su líder se comprometen a no joder a Lasso y su gente por un tiempo, el estrictamente necesario para vencer a su enemigo común. Es una tregua que materializa la frase: ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Aunque sea por un rato’.