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Quito en la mala

18 de febrero de 2021

En Quito, un factor clave (i.e., un político de Guayaquil) determina su norte. Por ejemplo, condujo a la elección de Rodas el 2014 (v. ‘La caída de Rodas’).

 

Ahora, al 2021, el primer lugar en la primera vuelta electoral fue para un quiteño, Andrés Arauz. No cualquier quiteño, pero la especialidad de la casa: un burócrata quiteño (v. ‘Marx y Quito’). Sin embargo, este hombre, uno de los suyos, académico y formal, no es profeta en su tierra. Gana por mucho en el país, pero en Quito obtiene un discreto tercer lugar, detrás de Hervas y Lasso.   

 

¿A quién es que quiere, entonces, Quito? La montañesa Quito quiere es a un guayaco. Y no a cualquier guayaquileño: a Guillermo Lasso, que es banquero y que es aliado de Jaime Nebot, capo di tutti capi de la derecha conservadora y goodfella guayaquileña (v. ‘Explicando el negocio de la Alcaldía socialcristiana’). La mayoría de quiteños, así, vota por la rancia y fulera derecha guayaquileña. La que, por cierto, usualmente los ha visto a menos (v. ‘La descripción de un cojudo’).

 

Quito niega a uno de los suyos, para rendirse a un representante de sus históricos rivales, los  oligarcas de Guayaquil. Todo esto le ocurre por su odio a otro guayaquileño Correa, claramente. Por eso, y por la falta de un liderazgo propio (v. ‘Quito sin liderazgo’), pues Quito es esa rara capital que no produce liderazgos de alcance nacional (esto es una constante histórica). Y, a juzgar por su situación actual (un alcalde con grillete, un rector digno del siglo XIX, el Deportivo Quito), ni liderazgos a secas.

Nebot vs Rodas (Durán Barba contra Quito)

1 de julio de 2019


En Quito, es posible que después de Rodas aparezca Yunda, esa bofetada a la burguesía.

Electoramente, una bofetada a la burguesía es imposible en Guayaquil. La pregunta es: ¿por qué? ¿Qué hace que Nebot tenga una alcaldía considerada exitosa, mientras que Rodas –un cachorro PSC que participó por SUMA- tenga como saldo un desastre?

De entrada, es injusto comparar a un aniñado bobo con quien estuvo por casi 19 años en el poder en Guayaquil (agosto 2000-mayo 2019): el primero, como ya fue dicho, es bobo, mientras que el otro es sabido, sabidísimo. (De esos que antes se decía: “fuma debajo del agua”).

Y como es sabidísimo, Nebot cubrió de mejor manera que Rodas dos frentes que son claves para triunfar en la política: controlar al periodismo y controlar la intervención de la sociedad en la gestión pública.

Con los periodistas, Nebot gozó de la casi total obsecuencia de los medios de comunicación que lo entrevistaron los miércoles y de la complacencia de los medios de alcance nacional (por simpatías de derecha). En los medios guayaquileños, hay la evidencia de un claro con$en$o. En todo caso, esto de repartir guiso no es algo que el alcalde Mauricio Rodas no haya practicado: por ejemplo, le repartió billete a la radio de Diego Oquendo y desde entonces ese otrora punzante crítico (lo sé, pues lo escuché un tiempo) se nos pasmó. El Comercio era complaciente con Rodas, pero bastante menos que El Universo con relación a Nebot. En todo caso, como Nebot es sabido, supo forjar un mejor con$ens$o con el periodismo y, cosa muy importante, dar menos papaya que Rodas (por ejemplo, no ir borracho a eventos públicos –a Nebot, esa maña se le quitó en los 90).

Pero es el control de la participación social lo que Nebot controla de una manera que resulta imposible hacer en Quito. Por razones de constante bronca con la ineficacia del Estado, presumo que el quiteño está mucho más acostumbrado a manifestar sus quejas, exponerlas en público y criticar a las autoridades (nacionales y de la ciudad). En Guayaquil, la respuesta es simple: triunfó el fascismo. Es decir, esa alianza que Norberto Bobbio describió para el caso italiano como “una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un país como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad” (‘Ensayos sobre el fascismo’, p. 80), en la que con el solo reemplazo de la palabra “país” por “cantón” se describe de manera precisa lo que pasó en Guayaquil, una sociedad que desde los años cuarenta ha devenido en conservadora y, durante un tiempo en particular (los años ochentas), estuvo corrompida por “la crisis moral, social y económica” del roldosismo, cuyo superación devino en una ocasión perfecta para el triunfo de una burguesía conservadora y autoritaria (i.e., fascista), que en Guayaquil tiene expresión en la tienda socialcristiana.

Sobre esta base, como alcalde, Nebot ha hecho cosas que en Quito son impensables: aprobó una ordenanza por la cual legisló sobre la participación ciudadana (“Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana del cantón Guayaquil”, aprobada el 29 de septiembre de 2011) que es una burla a la participación, porque sólo habilita a participar en la Asamblea Cantonal de Participación Ciudadana a los 117 “representantes de la sociedad” que están expresamente mencionados en su texto. La mayoría de estas 117 entidades, que son las únicas habilitadas para el ejercicio del derecho a la “participación ciudadana”, han recibido dinero de la corporación municipal; algunas, de hecho, millones de dólares. Es el derecho de admisión, pero aplicado a la participación social de toda una ciudad.

Esta forma autocrática de disposición de fondos en las alcaldías de Nebot tampoco era de recibo para el alcalde Rodas, pues mientras en Guayaquil Nebot gozó siempre de mayoría en su Concejo, el de Rodas en Quito estuvo partido. Y sin poder distribuir la riqueza a placer, el político se vuelve medio cojudo a los ojos del personal (“político pobre, pobre político”).

Finalmente, está el tema del clientelismo. El PSC tiene redes aceitadas de años, con punteros en las zonas populares que aseguran lealtad a cambios de beneficios (dinero, empleos, prebendas). El partido de Rodas (SUMA se llamaba, ¿o se llama?) no tiene nada salvo un bobo con triste final, un Maruri interandino.

La neta, el alcalde Mauricio Rodas siempre remó en dulce de leche y cuesta arriba. No tenía los recursos, ni el talento para imponerse. Este cachorro PSC fue apenas una broma de mal gusto del Durán Barba, jugada en contra del pueblo de Quito.

Y por eso mientras que en Guayaquil el alcalde Nebot pudo colocar a su designada como su sucesora, en Quito lo tienen a Yunda.

Timing ("nunca falta un período que sobra")

13 de mayo de 2019


Recuerdo que iba en un carro cuando en la radio escuché a Correa decir, en el cierre de campaña de Augusto Barrera para la Alcaldía de Quito, que voten por Barrera porque era como votar por él. Tal vez en la efervescencia del momento ésta pudo parecer una decisión acertada, pero fue sustancialmente estúpida. El pueblo se le rió en la cara a Correa y votó por un auténtico y emergente bobazo: Mauricio Rodas, un cuarto puesto en unas elecciones presidenciales recientes, con ambiciones y la asesoría de Durán Barba*.

Tras escuchar esta plegaria del Presidente Correa pensé: “Es el principio del fin” (intuí que a Barrera le pasarían por encima, como sucedió). Era claro que fue la desesperación la que habló a través de Correa, pues las plegarias no proceden cuando hay el dominio de sí y de la situación. Dada su desesperación, Correa personalizó la política hasta un nivel extremo: instó a que se vote por otro porque era como votar por él, una movida que entrañaba poner en riesgo su propio capital político si Barrera perdía en la capital, pues sería como decirle NO al mismísimo Correa, que finalmente fue lo que pasó: a Barrera le terminó por ganar, no Rodas (que en política era, es y será un palurdo) sino el anti-correísmo azuzado por los medios de comunicación… y por el propio Correa, con esta movida de principiantes.

Esta derrota de Barrera marcó el tono de la época por venir: un Presidente dispuesto a comprarse todos los pitos en nombre de su administración hasta que no sea posible hacerlo más (en cuyo caso los fusibles pasaban a engrosar una creciente lista de “traidores”). Este proceder le acumuló un fastidio generalizado que fue convenientemente azuzado por unos mercachifles medios de comunicación… Con un resultado final que fue favorable a ellos: del Presidente creador de sus primeros seis años, lo pasaron a la resistencia (Correa se peleó hasta con Twitter, por Jebús), a soportar un creciente y triste desgaste. Alcanzó Correa eso sí, antes de irse, a nombrar a un sucesor: hoy es un nombre maldito que engrosa la lista de los traidores.

Tal vez ahora es fácil concebirlo, pero la administración 2013-2017 de Rafael Correa fue un exceso que nunca debió ser. Debió soltar el poder y dejar abierta la posibilidad de perder, que de eso va la democracia. Los cuatro años del 2013 al 2017, con el Ecuador en las manos de la derecha, nos íbamos a la mierda de bajada y sin frenos. En un escenario así, Correa hubiera mantenido su capital político intacto y habría vuelto el año 2017 como una tromba a gobernar cuatro años (N.B.: en este escenario Nebot no pinta nada), no desde la resistencia inútil, sino en la creación de reformas urgentes en este país casi invariablemente de mierda.

Era cuestión de timing, de saber retirarse y de volver al ring cuando correspondía (mérito que sí ha tenido Nebot –de allí que hoy sea su hora). Pero apreciar esto requiere tener perspectiva. Y en la personalización extrema de la política en la que se embarcó Correa, el margen para fracasar se amplía de una manera considerable, pues conduce a vivir de reacciones a ataques en una constante y aburridora división del mundo entre los “buenos” y los “malos y traidores”: es decir, queda perdida la perspectiva para crear y se empieza a resistir el asedio de la maldad (o de la “maldak”, que diría L. Roldós).

Hasta que sucede la derrota de los “buenos”, que acaso no sea definitiva**. 

* Dicho en crudo: Durán Barba imbecilizó esas elecciones para Alcalde de Quito, porque detectó un surplus de imbéciles motivados por el odio. Él simplemente moldeó el barro.
** A pesar de los denodados esfuerzos del Consejo Transitorio por extirpar de las instituciones y borrar de la memoria a estos “buenos”, los que desde su perspectiva (tambien maniquea) son, a su vez, los “malos”.

La caída de Rodas

12 de junio de 2018


Detrás del ascenso de Rodas hay un nombre: Jaime Durán Barba, el consultor político. Durán es un tipo con dos atributos: ser eficaz en su trabajo y ser un hijo de puta. Esta combinación ha resultado letal para la pobre Quito, porque su consecuencia fue tenerlo a Rodas por Alcalde de esa ciudad.

Durán no es literalmente un “hijo de puta”, por supuesto: únicamente es tal por las consecuencias sin responsabilidad de su oficio. Como consultor político, Durán fue eficaz en su asesoría para la campaña de Rodas, lo que significa que fue eficaz al momento de manipular las emociones de la población quiteña a fin de hacerla pensar que este Bobo Alegre podía ser un Alcalde a la medida de una ciudad tan compleja como Quito. Durán dejó la cagada hecha y se largó. Un auténtico hijoputa (por derecho propio).

El truco de Durán fue pasmosamente sencillo: mucho Quito votó en contra del candidato del oficialismo y el rebote de este sentimiento de rechazo fue la principal razón para favorecerlo a Rodas. Por supuesto, rechazar a X no quiere decir de ninguna manera que Y sea bueno, lo que Cabeza de Canguil Dulce ha comprobado hasta la saciedad durante sus casi 5 años de gestión, que han sido, sustancialmente, un desastre.

Esta mañana Rodas anunció que no se lanzará a la re-elección como Alcalde, que no lo hará por su familia blablá. Pero es obvio: su momentum ya pasó, ya muy pocos se dejarían embaucar por este pelmazo de cabello acanguilado.

Uno más para el club de cadáveres políticos (cuyo Presidente es Maruri).

Villacís y una duda

21 de mayo de 2018


Carlos Villacís es el incompetente a cargo de la FEF, desde que metieron preso al anterior pillo. A este fulano le cupo el deshonor de que dos periodistas deportivos de opinión, de sendos diarios de Guayaquil y Quito, lo hayan aclamado como Rey… El Rey Midas del desastre, que aquello que toca (la selección con 12 puntos en las eliminatorias, el torneo femenino, la transmisión televisiva del fútbol) lo vuelve mierda.

Este es el artículo de Ricardo Vasconcellos, en el diario municipal de Guayaquil, El Universo.

Este es el artículo de Alejandro Rivadeneira, de diario El Comercio (diario mascota de Roditas, otro superdotado de la incompetencia).

La duda: es difícil discernir cuál de los dos artículos de opinión trapea más con este inepto.

Censura en el Centro Cultural Metropolitano de Quito

3 de agosto de 2017

Esto es claro: en el derecho a la libertad de expresión no se le concede ningún privilegio a la iglesia católica de manera tal que se le reconozca una protección especial. Todo discurso sobre ella, incluidos los hirientes u ofensivos, encuentran amparo en el derecho a la libertad de expresión.

En Ecuador, la iglesia católica sigue siendo muy poderosa. Se mosquea su plana mayor y a Roditas tal vez y le da hasta diarrea. A Canguil le ha quedado inmensa la alcaldía de Quito. Lo confirma la censura de la obra “Milagroso altar blasfemo” expuesta en el Centro Cultural Metropolitano.

El saldo, vía alcalde autoritario o mangoneado, es que el arte en el Ecuador sigue siendo sometido a tutelaje por la autoridad. Ellos son los que determinan qué podemos ver los ciudadanos. Así sucede en Guayaquil en el Salón de Julio desde el año 2011 por disposición del tardo-franquismo socialcristiano y así sucede en Quito en una exposición del Centro Cultural Metropolitano porque la Conferencia Episcopal se mosqueó y el alcalde es un papanatas.

Qué “ama la vida” ni qué ocho cuartos. El lema de este país bien podría ser: “Ecuador: un Estado colonial vive en ti”. ¿La razón? Porque en este país la iglesia católica sigue siendo poderosa en la política civil y se caga cuanto puede en el derecho a la libertad de expresión, con permiso (incluso indisimulado apoyo) de las autoridades civiles.

En triste conclusión: el Ecuador es tan laico como Rodas es un alcalde exitoso. 

La historia de dos fracasos, expuesta en una sola censura.

Rodas: pop y descontrol

15 de junio de 2017

Es probable que la administración de Mauricio Rodas en Quito tenga los días contados. A un gobierno muy torpe, lo torpedea además las imputaciones de corrupción a su círculo cercano por el caso Odebrecht.

En realidad, Mauricio Rodas como Alcalde de Quito es un producto del márquetin político. Para acceder a un cargo de elección popular, se logró vender a Rodas como una alternativa fresca frente a su contrincante, Augusto Barrera. Pero una vez en el poder, Rodas resultó ser una autoridad sin sustancia. Nunca la tuvo. Todo era maquillaje.

This is what happens, Larry* cuando, sin escrúpulos, la gente de márquetin político trata a los votantes de una jurisdicción como si fueran subnormales. Y realmente el problema no es ese (eso parece ser casi una hipótesis de trabajo en ese gremio), el problema es cuando le aciertan. Como le sucedió al cantón Quito en las elecciones del 2014. 

* Larry, el auto rojo es Quito.

Entrevista radial (Kafeína)

21 de abril de 2017

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Entrevistados por María Isabel Cevallos, el economista Víctor Hugo Villacrés y yo intercambiamos ideas en este programa radial auspiciado por kafeina.tv.

Hablé sobre la necesidad de eliminar los tipos penales de injurias y desacato, así como de la necesidad de promover la equidad en el flujo informativo (al amparo de las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos). Hablé también sobre el derecho a la protesta (en general, y en específico, en los tiempos del Cabeza de Canguil Dulce), sobre la máxima “lo que se argumenta sin razón, se desecha sin razón” y sobre la expulsión del chileno Mery Bell de un restorán de la capital. Finalmente, hablé sobre los liderazgos y el electorado de Alianza País, sobre el etnónimo “ecuatorianos”, el conservadurismo de Rafael Correa y la política “Mickey Mouse” de CREO.

Estuvo entretenido.

El derecho a la protesta en los tiempos de Rodas

6 de abril de 2017


1. El primer derecho

El derecho a la protesta no es un derecho cualquiera. En palabras de Roberto Gargarella es “el primer derecho”, pues se trata de uno “que nos ayuda a mantener vivos los restantes derechos” (1). El derecho a protestar, según lo advirtió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “reviste un interés social imperativo, lo que deja al Estado un marco aún más ceñido para justificar una limitación de este derecho” (2).

2. Quito protesta

En esta ocasión, las personas que ejercen su derecho a protestar tienen una condición económica distinta a la que tienen los grupos que suelen tomarse las calles para protestar. Esta protesta frente al CNE la ejercen (principal, no únicamente) representantes de una porción adinerada de la sociedad quiteña, que defienden los intereses de un político y banquero guayaquileño (3).

3. Una necesaria distinción

En el marco del derecho a protestar, los grupos desaventajados merecen un “resguardo especialísimo, sobre todo si estos sufren, como en nuestros países, injusticias graves, y cuentan con dificultades especiales para acceder al foro público, por razones ajenas a su propia responsabilidad” (4).

Por contraste, los representantes de la clase media y alta que protestan en las afueras del CNE suelen contar con muchas “facilidades especiales” para visibilizar sus reclamos, sea por su ocupación de las calles o por el acceso a medios de comunicación privados. Sus reclamos suelen ser escuchados y procesados por las autoridades. Por ello, la protección de su derecho a protestar es menor que la que deben tener los grupos desaventajados.

Este es un punto a considerar en un caso de colisión de derechos.

4. Tres edificios

Los habitantes de los edificios Torres del Norte, Torre Bossano y Torre Blanca son los más afectados por las protestas frente al CNE. Ellos han presentado un reclamo a la Alcaldía de Quito, en el que solicitan los siguientes cuatro puntos:

“Que las manifestaciones no se realicen durante las 24 horas, sino que respeten las horas de descanso de los moradores; que cumplan con el límite de decibeles permitidos (50) en la ciudad, que se permita el tránsito normal de los vehículos y que mantengan limpios los alrededores” (5).

Los reclamos de los habitantes de los edificios Torres del Norte, Torre Bossano y Torre Blanca pueden reconducirse a la exigencia de que se respeten sus derechos a la paz social y al libre tránsito. Estas exigencias se enfrentan, de manera directa, con el derecho a protestar frente al CNE. En un caso como este, las autoridades necesitan “hacer el máximo esfuerzo por acomodar todos los derechos en tensión entre sí, pero debemos aceptar a la vez que, de forma habitual, el conflicto de derechos se resuelve recortando algunos de los derechos en juego” (6).

La colisión de derechos está planteada: los derechos a la paz social y a la libertad de tránsito de los residentes de tres edificios versus el derecho a protestar de los adherentes a un movimiento político frente a las instalaciones de una institución pública. ¿Cómo resuelven esta colisión de derechos las autoridades de Quito? ¿Cuáles derechos y, sobre todo, los derechos de quiénes, irán ellos a recortar?

5. Respuesta institucional

La Alcaldía de Quito podría responder estas preguntas, si tuviera alcalde. Pero es un mojón en la marea.

*

(1) Roberto Gargarella, ‘El derecho a protestar’, Diario El país (España), 21 de mayo de 2014. Este artículo de opinión es un sólido resumen de cómo entender el derecho a la protesta.
(3) Años atrás, a los banqueros de Guayaquil los defendía León Febres-Cordero; ahora de esto se ocupa la clase media y alta de Quito.
(4) Roberto Gargarella, Ibíd. El concepto de “grupos desaventajados”, de acuerdo con la CIDH: “Los sectores más empobrecidos de nuestro hemisferio confrontan políticas y acciones discriminatorias, su acceso a la información sobre la planificación y ejecución de medidas que afectan sus vidas diarias es incipiente y en general los canales tradicionales de participación para hacer públicas sus denuncias se ven muchas veces cercenados. Ante este escenario, en muchos países del hemisferio, la protesta y la movilización social se han constituido como herramienta de petición a la autoridad pública y también como canal de denuncias públicas sobre abusos o violaciones a los derechos humanos”, v. CIDH, Ibíd, Párr. 1.
(5)Los vecinos del CNE reclaman a Rodas por la protesta de Lasso’, Diario El telégrafo, 6 de abril de 2017.
(6) Roberto Gargarella, Ibíd.

Un canguil desorientado

25 de enero de 2017

El alcalde Mauricio Rodas está para caso de estudio: resulta más incompetente mientras más explicaciones se anima a dar. Las razones que ofreció sobre el rol de su asesor Mauro Terán fueron un desastre. En resumidas cuentas, el alcalde considera que tener un asesor que no consta en la nómina de funcionarios públicos con el propósito de realizar gestiones en razón de su “experticia política” (1) no solo que es una cosa que no debería preocupar sino que incluso resulta un “gesto de delicadeza a la ciudad” (2).

Habría que explicarle al pobre Rodas que: a) los asuntos que se relacionan con la “política” son parte del día a día de una administración municipal, por ende, deberían ser resueltos por sus propios funcionarios y no por personas ajenas a la administración; b) trabajar para una institución del Estado, como lo hizo Mauro Terán, en el manejo de “temas puntuales” de millones de dólares, sin constar en la nómina de funcionarios municipales, no es una forma de contribuir al ahorro o de ser “delicado”, sino de hacer las cosas opacas e intentar librar las responsabilidades en el eventual caso de… bueno, de un caso como éste.
 
Así, Mauricio Rodas está en una situación realmente incómoda, producto de su manifiesta incompetencia: si se queda callado se hunde, y si habla, se hunde aún más. El alcalde Rodas ha querido pasar de agache, como que no era con él. Su “estrategia” no le resultó.

Y Quito, mala la hora para Rodas, no es tampoco una ciudad cualquiera: tiene la suficiente energía cívica como para enfrentar a su alcalde y romperle la canguilera.   

(1) Pacheco, Mayra, ‘Explicación del alcalde Mauricio Rodas no desactivó lapolarización’, Diario El comercio, 20 de enero de 2017.
(2)Rodas: “Ni yo ni el municipio pagábamos a M. Terán’, Últimas noticias, 17 de enero de 2017.

Un septuagenario equivocado

22 de octubre de 2016


Cuando pienso en la rapacidad del ser humano, recuerdo aquella historia narrada en el libro de Jared Diamond ‘Guns, germs, and steel(1): en unas islas llamadas Chatham (como el nombre inglés de nuestra isla San Cristóbal) situadas a unos 800 kilómetros al este de Nueva Zelanda, a finales del año 1835, los maorí atacaron a los moriori hasta casi su total exterminio.

La historia es como sigue: ambos grupos, maorí y moriori, tuvieron un origen común pero un desarrollo diferente. Anterior al año 1500, una porción del grupo original maorí (‘los moriori’) migró desde la isla norte de Nueva Zelanda a las islas Chatham (‘Rekohu’, en lengua moriori). Mientras los maorí se desarrollaron como un pueblo guerrero, los moriori eran una sociedad igualitaria y pacífica de cazadores-recolectores. El mes de diciembre de 1835 los maorí viajaron hasta las islas Chatham para masacrar a los moriori de una manera indiscriminada. Su justificación era sencilla: “¿Y qué con [el exterminio de los moriori]? Eso estaba de acuerdo con nuestras costumbres” (2).

Obviamente, el mundo ha evolucionado de estos actos rapaces: los ha institucionalizado. En un marco institucional, las clases dirigentes del Ecuador han sido incapaces de “formar consensos amplios y perdurables que permitan identificar e implementar políticas públicas inclusivas necesarias para el respeto y goce efectivo de todos los derechos humanos” (3). En otras palabras, los políticos ecuatorianos son predadores unos de otros: todos quieren ser aquel maorí que aniquila al moriori, aquel poderoso que se impone al débil. El patriarca del PSC, León Febres-Cordero, describió la naturaleza rapaz de la política ecuatoriana a cabalidad: “yo tuve que ser lo que fui para poder supervivir, sino me destruían” (4).

*

Este antecedente es necesario para comprender el argumento de Nebot para esta contienda electoral, que se compone de dos elementos: 1) hago todo lo que me conviene en primera vuelta; 2) en segunda vuelta pacto con el ganador en primera vuelta del “bando opositor”. Así, la primera vuelta funciona a manera de primarias para la oposición. Hay un detalle a considerar en esta argumentación: Jaime Nebot y el PSC se juran indispensables para esa segunda vuelta.

¿Es realmente así? Su alfil Viteri y su pirotecnia retórica servirán para arrastrar asambleístas, pero no llegará a segunda vuelta. Lasso se encuentra estancado desde hace fu y sus nuevas estrategias para crecer parecen una receta para perder. Por su parte, Moncayo es la nueva cara septuagenaria en el panorama de candidaturas presidenciales que, curiosamente, con un buen discurso de conciliación y una red adecuada de alianzas, podría alcanzar la segunda vuelta para el “bando opositor”.

En este probable escenario de segunda vuelta, Nebot y su rebaño son prescindibles porque restan más que lo que suman al candidato Moncayo. Una eventual alianza de Moncayo (ID) con el PSC sí que podría restarle a Moncayo un pedazo del electorado anti-correísta de centro-izquierda (porque Nebot también tiene un efecto reactivo, en especial en la Sierra).

La debacle de Nebot, en todo caso, habría empezado antes. En febrero, Jaime Nebot era un político de oposición que aglutinaba en torno suyo a representantes de Quito (su alcalde, Mauricio Rodas) y de Cuenca (el prefecto del Azuay, Paúl Carrasco) en un movimiento político nuevo y con altas aspiraciones:
 
Para el mes de octubre, sin embargo, a Jaime Nebot se le vino abajo aquella “cosa” con la que pretendía hacer historia. Apenas se quedó en alianza con Ramiro González, quien es incluso repudiado por miembros de su propia agrupación política. Los miembros originales de ‘La Unidad’, Rodas y Carrasco, lo cambiaron por el “nuevo Guillermo”, aquel que es su supuesto “enemigo” dentro de la misma tendencia conservadora de derechas. 

Y el que sea Ramiro González quien se haya quedado a su lado es un giro curioso de los acontecimientos, si se toma en cuenta este antecedente:

Un sujeto de "doblez utilitaria al infinito", según el muy guayaco Naipe Centralista. Fuente 

*

Jaime Nebot ha jugado a la política con las fórmulas rapaces de la ‘Vieja Guardia’ (su lema, “del consenso, su apariencia”) y no le ha servido. Su experimento de ‘La Unidad’ fracasó: Rodas huyó a tiempo, mientras que a esa sardina llamada Carrasco lo deglutió él mismo, cuando actúo a su entera conveniencia (5). Los dos lo abandonaron y Nebot ha terminado por quedarse solo (pues quedarse con Ramiro González es, técnicamente, quedarse solo).

Cuando pienso en la rapacidad del ser humano, pienso en el Jaime Nebot de esta contienda electoral: un señor septuagenario que no sabría otra cosa que imponerse (como los maorí a los moriori), que se pretende “el Gran Elector de la Oposición” y que se jura indispensable en una posible segunda vuelta.

Un señor septuagenario que está equivocado, en la forma y en el fondo.  

(1) Diamond, Jared, ‘Guns, germs, and steel. The fates of human societies’, W. W. Norton & Company, New York, 1999 [Primera edición, 1997], capítulo segundo: ‘A natural experiment of history. How geography molded societies on Polynesian islands’ (pp. 53-67).
(2) Ibíd., p. 54. Uno de los supervivientes moriori recordaba que “mataron a hombres, mujeres y niños, sin discriminación” (p. 53).
(3) Retrato de un país roto’, Xavier Flores Aguirre, 27 de enero de 2016. En lo sustancial, nuestras “clases dirigentes” no han variado su comportamiento. Siguen siendo unos profundos imbéciles.
(4) Cara a cara al diablo’, Xavier Flores Aguirre, 2 de julio de 2012.
(5) Sardina en oferta’, Xavier Flores Aguirre, 5 de octubre de 2016.