Mi amiga obtuvo el documental en YouTube, donde máquina y procedimientos que desconozco mediante, amalgamó los nueve episodios del mismo (estrenado en octubre de 1994) para verlos de continuo. El documental lo dirigió Tristán Bauer con guion de autoría conjunta entre él y Carolina Scaglione; el primero de los nueve episodios que constan en YouTube nos revela ya la que será su emotiva belleza de 80 minutos a partir de los textos de y las entrevistas al cronopio Cortázar. A mí en particular (es que me parece de las más lindas cosas que yo he leído en mi vida en conjunto con Hay que ser realmente idiota para… -con la que tanto me identifico) la lectura del fragmento del post-scríptum de Los Autonautas de la Cosmopista fue la parte del documental que más me emocionó y que casi me pianta un lagrimón. Los Autonautas de la Cosmopista lo escribió Cortázar a dos manos con Carol Dunlop (“Lobo” y “Osita”, respectivamente) cuando juntos recorrieron la ruta entre París y Marsella en treinta y tres maravillosos días de 1982: ambos sabían que el otro estaba enfermo y que moriría pronto pero ninguno sabia que el otro sabía: se amaron con la ansiedad de quien sabe que perderá pronto lo amado y con la resistencia gozosa de quien se niega a aceptarlo. Carol se le adelantó a Julio en ese viaje hacia lo desconocido. Transcribo, no puedo menos, el fragmento final de este post-scriptum de diciembre de 1982 que escribió Cortázar in memoriam de su amada y que la voz de Alfredo Alcón lee al principio del episodio octavo: "La vi emprender su viaje solitario, donde yo no podía ya acompañarla, y el 2 de noviembre se me fue de entre las manos como un hilito de agua, sin aceptar que los demonios dijeran la última palabra, ella que tanto los había desafiado y combatido en estas páginas. A ella le debo, como le debo lo mejor de mis últimos años, terminar solo este relato. Bien sé, Osita, que habrías hecho lo mismo si me hubiera tocado precederte en la partida, y que tu mano escribe, junto con la mía, estas últimas palabras en las que el dolor no es, no será nunca más fuerte que la vida que me enseñaste a vivir como acaso hemos llegado a mostrarlo en esta aventura que toca aquí a su término pero que sigue, sigue en nuestro dragón, sigue para siempre en nuestra autopista".
Julio, maestro: los cronopios nunca mueren.