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Pájaros de oposición

7 de abril de 2007

Yo no temo que el presidente Rafael Correa replique el fenómeno de Hugo Chávez en el país (como tampoco condesciendo a la simpleza de considerarlo comunista o dictador en cierne; tiene, sí, lamentables rasgos de arbitrariedad y demagogia, pero no cabe perder la precisión de los matices). Digo que no lo temo, porque además de que su especificidad cultural lo aparta en varios aspectos de Chávez, existen también notables diferencias entre el escenario social que posibilitó la emergencia de aquel en Venezuela y el de Correa: entre otras cosas, el peso político y la dimensión económica del petróleo es mucho mayor allá, mientras que la cuestión regional incide aquí de una forma que Venezuela desconoce. El único punto que traza una analogía con el caso venezolano es el vacío que produce en el escenario político la existencia de una oposición tan patética como desarticulada, tanto en organización como en ideas.

Hagamos, entonces, un breve repaso de la oposición. Sobre el Prian, vale decir que Noboa ha perfeccionado, con el paso de las elecciones y los años, el axioma de que perder es cuestión de método. El suyo incluye un partido cuya “ideología” no parece ser otra que la defensa de los intereses de sus empresas y que se conduce de la misma manera como yo dirigía los carritos de carreras en las pistas que me regalaban cuando niño: a control remoto. Por su parte, el llamado Partido Sociedad Patriótica no es, en realidad, tanto patriótica como patética: tal es la naturaleza de su (falta de) ideología. Se acomoda a cualquier coyuntura: puede ser demócrata como golpista, de izquierda o derecha, pro y anti Asamblea Constituyente. El lema no declarado de Gutiérrez es la cómica frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”.

Finalmente, el PSC, en cabeza, aunque él no quiera admitirlo, de Nebot, quien, como bien afirmó revista Vanguardia, “se limitó, por decisión propia, a ser un líder de Guayaquil” y “ya no es dueño del rol político ni de los tiempos y las consecuencias que se derivan de su acción pública”. Hay que tener la entereza de admitirlo: ni el PSC ha tenido el valor de afrontar una renovación ideológica que lo salve de su ocaso post-LFC, ni Nebot el valor de asumir el reto de ese liderazgo, preocupado como anda en surfear las olas de esa entelequia que él denomina “corrientes ciudadanas”. Y hasta aquí el repaso.

Lo descrito es una lástima, porque una inteligente oposición es fundamental como contrapeso al poder oficial en el contexto de una sana democracia. Con lo cual se concluye que tenemos la necesidad de reemplazar a esta triste oposición desorientada como pájaros en desbandada, “sin dirección, ni alpiste, ni papeles”, como cuenta en Pájaros de oposición Joaquín Sabina, y la necesidad cierta y urgente de empezar a generar las ideas y propuestas de las que estos patéticos pájaros de oposición son muy huérfanos.

¿El Sur también existe?

1 de diciembre de 2005

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Publicado en diario El universo el 1 de diciembre de 2005. 

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Bush se repantiga en su silla, muy cómodo y lejano. Ojea una revista o conversa, sonrisa ladeada y socarrona mediante, con sus asesores. No se inquieta, pues sabe que juega el juego de la política americana con vasta ventaja. Tampoco se preocupa de intervenir (enhorabuena, pues mucho no se puede confiar de la oratoria de quien dijo que África era un país o que refirió que muchas de las importaciones de EE.UU. –oh, sorpresa- vienen de ultramar) pues con un par de primarias exposiciones le basta y le sobra para instalar el orden (o casi) en casa. Además, para la defensa de su posición tiene a sus áulicos, Paul Martin, de Canadá y Vicente Fox, de México, sus socios en el NAFTA.

Esta despreocupación de George W. Bush sucedió en el marco de la IV Cumbre de las Américas, que la OEA organizó en Mar del Plata los primeros días de noviembre intitulada “Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática”. La pompa del título enunciaba un compromiso necesario para el desarrollo que, sin embargo, se opacó porque el fantasma del ALCA orondo recorrió los pasillos de la Cumbre y se coló por invitación especial de Estados Unidos en una agenda que no lo contemplaba. Y vaya si pesó bastante: una discusión que debió concluir a la 12:30 para pasar a un comedido almuerzo de naderías se prolongó hasta las 18:30 con el solo propósito de introducir el ALCA en la Declaración Final donde sobrevivió, fraccionado, en un párrafo 19 que afirma que algunos países de América lo apoyan y que otros (Venezuela y los países del Mercosur) no. Una clara solución de compromiso, alejada de la vida plena que pretendía insuflarle Estados Unidos y también de la muerte anticipada que un retórico Chávez le decretó en la paralela III Cumbre de los Pueblos.

En ese contexto, La mayoría de los gobernantes americanos fueron conscientes de su rol de meros comparsas de la fiesta texana de las Américas. San Cristóbal y las Nieves, Barbados u Honduras, ergo, América Central y el Caribe no pueden considerarse, salvo por la ficción jurídica que la palabra supone, países soberanos. Y lo propio fue cierto para los países andinos, salvo para uno, Venezuela, y la excepcionalidad se extendió a un bloque entero, el Mercosur, quienes fueron los únicos voceros de la resistencia y de un pensamiento que difiere del hegemónico.

Pero, por supuesto, no basta aquello para que Bush pierda su sonrisa socarrona, pues su juego de cartas marcadas no lo obliga ni siquiera a desgastarse (para ello tiene a Irak, a los huracanes de su política interna). Para atacar a Venezuela, cuyo presidente enfatiza sus críticas a Estados Unidos y ejecuta o propone varios proyectos que merecen un análisis más detallado (Telesur, Petrocaribe, ALBA) utiliza a su paje mexicano Vicente Fox, con la previsible intención de aislar a Venezuela de los países del Mercosur. Y es evidente que Venezuela no la tiene sencilla: el demagógico Hugo Chávez es un blanco cómodo para la prensa facilona y su política exterior depende demasiado de su bonanza petrolera.
 
En contraste, el Mercosur sí tiene la posibilidad de ejercer una política con un liderazgo más sólido (Argentina, Brasil) y con una proyección más sustentable, en aras de otorgarle sentido a la incipiente Comunidad Sudamericana de Naciones, esa nueva promesa del Sur. Aunque para que ello suceda se deba luchar contra las imposiciones de Estados Unidos y contra la larga tradición de fracasos de integración que padecemos desde el Congreso Anfictiónico de Panamá que convocó Bolívar en 1826. En breve, entonces, la tarea de Sudamérica es trocar la pregunta que encabeza estas líneas por la clara afirmación que canta Serrat con letra de Mario Benedetti: que el Sur también existe.