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Hacia el culo más hermoso del mundo

15 de octubre de 2009

Si el Sur es el culo del mundo, Argentina es el culo más hermoso del mundo. Esta noche viajo a la ciudad donde sueño despertar cuando me emborracho, Santa María del Buen Ayre, la ciudad junto al río inmóvil. Viajo con mi brother del alma, mi carnaval el Curro, nos recibe la espléndida Vero, nos espera la amistad de muchos, mi viejo en Buenos Aires (felicísima rojas casualidad), mis compadres, mi radiante ahijada. Concierto de Pet Shop Boys, de Depeche Mode el día de mi cumpleaños, concierto de Charly en Vélez el día de su cumpleaños (que Charly ha dicho que será un orgasmo y con lo mucho que a mí me gusta la piccola morte). Por acá las razones por las que Buenos Aires es el delirio que es y por la que tanto me emociona viajar allá, hacia el culo más hermoso de la humanidad.

Ya dije que cuando me emborracho sueño despertar en Baires (si fuera al lado de Alice Braga, podría devolver la cédula quedito). En razón de la realidad de mis sueños de borrachera, no esperen noticias de mí en diez días, me borro para escribirme. Y que tengan ustedes buen viento, mientras yo gozo de Buen Ayre, salud y euforia.

tres crónicas cinematográficas tres

12 de febrero de 2009

La reproducción reciente de DVD's piratas me ha deparado lo siguiente:

Rocknrolla:
Dirigida por Guy Ritchie: se nota, y mucho. La introducción es soberbia: de primavera le queda al espectador expuesto el bajo mundo de los negocios inmobiliarios londinenses. Pero Guy Ritchie no se la juega: el mismo ritmo trepidante y análoga historia delirante de sus anteriores trabajos se encuentran en este film, en cuya trama aparece un mafioso ruso casi imposible (está muy pendejo para ser mafioso ruso, aunque cuando juega al golf se compone un poco), una golfa contable y deliciosa, parejas de homosexuales por deseo y por piedad, eslavos inmortales, yunkies, estúpidos, canallas: the Guy Ritchie usual gang. La película entretiene porque la historia es ingeniosa y expone gracia, además de tener muy buena fotografía y muy buena música, pero no es improbable sentir al terminar (después de haber visto Snatch y blablá Barrels) una cierta sensación de yala yala como la que nos provocaban ciertos cromos en nuestra infancia. En todo caso, el tipo tiene talento y better to have than to have not, you can bet.

Gran Torino:Si no fuera porque esta película la recomendó Juan Fernando Andrade en su bitácora con un entusiasmo capaz de conmover a un cajero automático yo admito que no la habría adquirido en mi última visita al videoclub parche de mi confianza (en verdad, el videoclub parche de enfrente de mi casa). Clint Eastwood la dirige y la actúa (incapaz de traicionarse) en el rol del rudo Kowalski, un personaje que no tarda en probarnos ser un polaco cabrón a quien no sólo se le muere la esposa y padece una familia digna de aparecer en The Aristocrats (descripción local, acá) sino que, para mayor inri, su barrio se le puebla de inmigrantes indeseables (o sea, para este polaco cabrón, de inmigrantes no blancos). Además, pobre, lo persigue un cura pelirrojo que lo fatiga con argumentos sensibleros (lo que sí que está para encabronar a cualquiera). Los inmigrantes no blancos next door son orientales y, cosa curiosa y base de la historia, Kowalski se relaciona y se amista poco a poco con ellos. GT tiene buenas líneas pero, disiento con JFA, creo que ninguna permanecerá en el inconsciente colectivo de Occidente. Eso sí, y aquí coincido en grande con JFA, la película está hecha con el corazón, y a pesar de algunos momentos flacos, se sostiene. Y a uno, que suele ser un sentimental, le viene bien este callejón sin salida de ternura y sacrificio.
Se llama Gran Torino por un coche que participa casi sin rodar de la historia y en el que tardíamente paseará un perro.

Ceguera:
Empiezo por un lugar común: la película no supera el libro de Saramago. Se le mide con suma dignidad, eso sí: esa dignidad que muchos de sus personajes no tienen en esa atmósfera irrespirable en que suelen desenvolverse, tan propicia para reflexionar sobre la madera de la que estamos hechos como especie. La historia la conocen todos, con lo cual no insistiré en ella: el mérito de su director, Fernando Meirelles, es ambientarla y lo logra muy bien. El lector avisado incluso podría sentir (si ha leído el libro y su memoria se lo permite) la narrativa de Saramago durante ciertos pasajes. Las actuaciones son impecables (¡Julianne Moore, carajo!) y Alice Braga es la mujer que sueño tener cuando me emborracho, sea con gafas o sin ellas.

Es probable que los mantenga al tanto de mi cartelera personal. Saluz.