Jorge Luis Pérez me hizo reír mucho esta mañana con su artículo autobiográfico “He sido contratado por BSC”. Tocó mis fibras de hincha: me sentí en capacidad de intentarlo, de probarme en filas canarias. Mi experiencia me avala: mi ranquin cervecero, mi afición al ron y al bourbon, mi picardía fernecera y mi toque de magia eslava cortesía de competentes white russians son todos mis atildados pergaminos para ofrecerme al club de mis amores en condición de rendidor stopper, de cinco peleón y marrullero, digamos, tipo un Toninho Vieira en permanente curda: seré un estajanovista de la rúbrica, uno que no dará una (noche) por perdida y que la distribuirá, siempre tinosa y a profundidad. Mi principal defecto, ay de mí, es que yo no conduzco sino una modesta bicicleta y mis compañeros de equipo, en cambio, potentes vehículos de motor al servicio de descalabros varios: derrumbar postes, estrellar coches, arrollar incautos. Como en el caso de Pérez, no me será nada fácil enfrentar a estos gladiadores de la madrugada, pero como encamó el célebre filósofo mexicano* Alfonso Sayas, empuñando un mezcalito, la lucha se hace.* No mencioné mis habilidades adquiridas (tequila y mezcal) en mis largas temporadas en México, por las razones que aquí se exponen, hechos éstos que no impiden en absoluto que esta madrugada yo le hinche a los Tuzos. Hasta entonces atizaré, a manera de entrenamiento recreativo, unos white russians en un bar de la localidad. ¡Salud!