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El cartón en su laberinto

16 de febrero de 2025

Los más ardientes entusiastas del presidente Daniel Noboa deben admitir que su líder no es un hombre hábil con las palabras. Es fugaz y lacónico: rara vez aparece y cuando lo hace, dice lo mínimo necesario, de manera casi automatizada. En realidad, a Noboa se lo siente incómodo en ese rol contenido y asertivo que exige la política.

Este político inhábil con las palabras (un reverso de Velasco Ibarra) está en un laberinto discursivo. En su candidatura durante la primera vuelta del 2023 él postuló que el “anti” tenía un techo y que el “pro” era infinito, y que él estaba por el “pro”. Con ese postulado, él ganó en octubre de 2023. Pero durante el ejercicio del poder, mutó del “pro” al “anti”.

Se puede fechar el día que oficializó la mutación el 5 de abril de 2024, cuando el gobierno de Noboa decidió invadir una embajada, capturar a una persona y conducirla a la prisión de máxima seguridad del Estado. Ese día, cuando asaltó la embajada de México para capturar a Jorge Glas, el presidente Noboa compró todos los boletos de la rifa para el membrete de “primer anti-correísta”. Dejó atrás el “pro” y saltó de llenó al “anti”. 

Y se llenó del “anti”, porque ha llegado a implicar que los opositores a su proyecto político (cualquier que éste sea) son parte del Viejo Ecuador y vinculados a la corrupción y a los GDO. En particular, esto último lo predica de la Revolución Ciudadana.

El problema de Noboa es que él tenía razón: el “anti” tiene un techo. Le metió con todo, y ahora lo encontró. Y es grave, porque la división del electorado es por condición económica: las clases alta, media y media baja lo favorecen a Noboa, pero la mayoría de los sectores populares favorecen al proyecto opositor al gobierno de Noboa (este artículo es esclarecedor a este respecto: “Noboa no llegó a los pobres”). Y esos sectores, en un país misérrimo y desigual como el Ecuador, son los que ponen al presidente.

La situación de Noboa, entonces, es muy difícil. Su discurso parte de dividir al electorado en buenos y malos, en el Nuevo Ecuador y el Viejo Ecuador. Su discurso está enfocado, desde hace casi un año, en el ataque a sus adversarios políticos, en su descalificación para que él brille como la opción que podrá resolver los problemas de los ecuatorianos. Pero, si quiere ganar en la segunda vuelta, Noboa debería tener un discurso distinto, menos de agresión a otros y más de unidad y esperanza para todos, y en particular, dirigirse a los sectores populares y ofrecerles más que gestionar su odio a un gobierno que concluyó el 2017. 

Llegamos entonces al núcleo duro del problema y es uno de preescolares: Noboa es inhábil con las palabras. Véase este fragmento de su intercambio con dos periodistas/cómplices el martes 11 de febrero, cuando lo invitaron a hablar de los “acuerdos mínimos” para la gestión de la política. Le preguntaron: “¿Cuáles serían esos acuerdos mínimos?”. Él respondió:

“Acuerdos mínimos, leyes… que puedan darle… mayor… flexibilidad … al… al joven para estudiar, para poder tener ocupación y… pues trabajar para eliminar el subempleo”. (Le tomó diecisiete segundos balbucear este adefesio).

Verbalmente, Noboa no proyecta confianza, proyecta lástima.

Y resultará muy difícil que en el tiempo que resta hasta el 13 de abril el presidente Noboa cambie su discurso, y logre conjugar en su oratoria los ideales de eficacia, unidad y esperanza que espera la población de un país cansado de los fracasos de su clase política.

Porque él es demasiado acartonado para lograrlo. Por eso está en su laberinto. 

Naturgemälde

7 de junio de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 7 de junio de 2024.

La palabra que titula esta columna es alemana y, por ende, algo jodida. O como en este caso, intraducible. Pero dejemos a una de la tierra de los teutones que nos la explique: “una palabra alemana intraducible que puede significar una ‘pintura de la naturaleza’ pero que al mismo tiempo entraña una sensación de unidad o integridad”. La explicadora es Andrea Wulf, y ella es la autora de un libro extraordinario: ‘La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt’.

El libro de Andrea Wulf es una biografía de este viajero y científico alemán cuya vida resultó marcada por el recorrido que hizo por el hemisferio Sur a inicios del siglo XIX. En esencia, ella lo considera a Humboldt el “padre fundador” de la idea de ecosistema.

La genialidad de Humboldt fue ir a contracorriente. En una época en que la ciencia insistía en la especialización de los saberes, él aspiraba a observar las conexiones entre las cosas. El momento cumbre de esta mente poderosa fue durante su escalada del volcán Chimborazo, en compañía de Carlos Montúfar, Aimé Bonpland y José, su criado (no olvidar que este es un viaje de burgueses). 

El ascenso de Humboldt a la montaña más cercana al Sol ocurrió el 23 de junio de 1802. No llegaron a la cima, pero alcanzaron unos respetables 5.917 metros, con equipo e instrumentos rudimentarios. De todas maneras, aquella altitud antes no había sido alcanzada por nadie (o al menos por un occidental, porque la etnia Sherpa…). Y fue allí, en esas alturas del Chimborazo y oteando un horizonte inmenso, que Alexander von Humboldt, nacido en Berlín el 14 de septiembre de 1769, concibió la idea del Naturgemälde.

En su biografía de este hombre extraordinario, Andrea Wulf explica el significado de haber concebido dicha idea: “La naturaleza, comprendió, era un entramado de vida y una fuerza global. Fue, como dijo después un colega, el primero que entendió que todo estaba entrelazado con ‘mil hilos’. Esta nueva noción de naturaleza iba a transformar la forma de entender el mundo”.

En el territorio de las provincias del Reino de España que algunos años después se unirán para conformar el Estado del Ecuador, Humboldt conoció varias ciudades (Quito, Riobamba, Cuenca, entre otras) y ascendió a varias de sus montañas. Fue él quien bautizó al callejón interandino como “avenida de los volcanes”. 

El 17 de febrero de 1803 Humboldt y su comitiva zarparon desde el puerto de Guayaquil con destino a México. Nuestra ciudad fue la última en el hemisferio Sur en la que estuvo Alexander von Humboldt. Mientras se alejaba de ella, él miraba por el telescopio y “veía que las constelaciones del cielo austral iban desapareciendo poco a poco”. Cruzó la línea imaginaria del ecuador el 26 de febrero de 1803. Nunca más (murió en Berlín, el 6 de mayo de 1859, a los 89 años) volvió al hemisferio Sur.

Y Humboldt nunca fue el mismo tras su visita a esta parte del mundo, pues como lo destaca su biógrafa Wulf, “sobre todo, se iba de Guayaquil con una nueva visión de la naturaleza. En sus baúles iba el dibujo del Chimborazo, el Naturgemälde. Este dibujo y las ideas que lo habían inspirado cambiarían la percepción del mundo natural que iban a tener las generaciones futuras”.

El hazmerreír exitoso

10 de abril de 2024

En la sesión de la OEA celebrada ayer 9 de abril, la cancillería ecuatoriana defendió que se haya vulnerado la inviolabilidad de la Embajada de México en Quito con la siguiente frase: “Ningún delincuente puede ser considerado un perseguido político”. 

Esta frase es absurda (el Ecuador es absurdo). Por el lado práctico, porque es falso que las condenas penales del sistema judicial ecuatoriano (en el caso de Glas, como en muchísimos otros) no puedan ser una persecución política. Y por el lado teórico, porque es una frase irrelevante frente a la institución del asilo.

Por el lado práctico: la frase de la cancillería ecuatoriana quiere que aceptemos la siguiente premisa: “toda decisión de condena penal que ha hecho el sistema de justicia ecuatoriano es el fruto de un juicio con las debidas garantías ante un juez competente, independiente e imparcial”. Y esto, aunque se haya condenado a un enemigo político.

Esta premisa es falsa. El sistema de justicia ecuatoriano ha probado ser maleable, por intereses económicos y políticos. Y sus graves deficiencias en materia de garantías judiciales, su crasa corrupción, no son suposiciones: es el fruto del análisis de sentencias, resoluciones e informes de organismos internacionales. Una condena penal puede ser fruto de persecución política, porsupollo.

Por el lado teórico: la frase de la cancillería ecuatoriana no tiene sentido frente a la institución del asilo, porque “la calificación de la naturaleza del delito o de los motivos de la persecución” (Art. IV de la Convención de Caracas, 1954) le corresponde al Estado que otorga el asilo. Es evidente que, para el Estado que ha condenado penalmente a alguien, esa sanción jamás podrá ser considerada una persecución (sería dispararse al pie). Es por eso que no le corresponde a ese Estado decir si hay o no persecución. Si por él fuera, nunca la hay. 

Le corresponde al Estado que otorga el asilo considerar, entonces, si la persona condenada penalmente es perseguida o no. Puede que tal vez lo sea (en el Ecuador, a juzgar por el adefesio de sistema judicial nuestro, esa posibilidad existe). La institución del asilo existe para proteger esa posibilidad, por mínima que sea y aún cuando el Estado que haya condenado a esa persona la considere a ella la más perversa del mundo mundial. La frase de la cancillería resulta así irrelevante. Esta irrelevancia es una demanda de la civilidad.

¿Qué le correspondía hacer al Ecuador?

Soportar, aguantarse, respetar la institución del asilo. En estricto rigor, debió haber otorgado un salvoconducto (Art. XII de la Convención de Caracas, 1954).

No haber respetado la institución del asilo y haber vulnerado la inviolabilidad de la misión diplomática de México ni merece aplauso, ni lo ha cosechado en la escena internacional. No hay ningún representante de un país americano en la sesión de ayer de la OEA que haya insinuado siquiera que lo hecho por el Ecuador tenga un asomo de justificación.  

Somos un hazmerreír en el foro internacional, pero nunca creo que tanto.  

Las elecciones de 1809

13 de enero de 2023

            Publicado en diario Expreso el viernes 13 de enero de 2023.

En la América española, las primeras elecciones ocurrieron el lejano año 1809. El historiador François-Xavier Guerra ha destacado la importancia de estas elecciones: “antes incluso que en la España peninsular, América entera es llamada a las urnas en un proceso electoral que, por tener lugar a escala de un continente, no tiene precedentes en la historia mundial”. 

Estas elecciones fueron para elegir los diputados a la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino, órgano constituido en Aranjuez el 25 de septiembre de 1808 para gobernar en nombre y en lugar del rey de España. La Junta Central era, hasta el retorno del rey, la “depositaria de la autoridad soberana”. En la península, ella se integró con los delegados de las juntas provinciales constituidas tras las abdicaciones de Bayona (la primera, la Junta de Asturias, creada el 25 de mayo de 1808).  

Por real orden del 22 de enero de 1809, la Junta Central invitó a los españoles de América a que elijan nueve diputados, a razón de uno por cada Virreinato y cada Capitanía General (también hubo un diputado por Filipinas, por ser Capitanía General). Este número evidenciaba una desigualdad en la representación: la península tenía treinta y seis delegados (a razón de dos por cada junta provincial) mientras que para toda América se tenía nueve diputados. 

El procedimiento de votación fue corporativo y de dos niveles. Primero, los cabildos de las ciudades principales votaban para elegir tres personas, entre los que se sorteaba después a uno. Hechas todas estas elecciones, el virrey o el gobernador, a partir de estos nombres, repetía el proceso. Él designaba una terna y después se sorteaba a uno. El favorecido por la suerte se convertía en el diputado a la Junta Central, que tenía sede en Sevilla. Allá debía él viajar. 

Cosa curiosa: para esta elección, la provincia de Quito integró el Virreinato de la Nueva Granada, mientras que las provincias de Guayaquil y Cuenca integraron el Virreinato de Lima.

Como ciudad principal que era del virreinato de la Nueva Granada, Quito designó como su representante al quiteño Juan José Arias-Dávila Matheu, conde de Puñonrostro. Pero en la elección que se celebró el 16 de septiembre de 1809 en la capital virreinal (Santa Fé), el conde quiteño perdió. La suerte lo favoreció al cartagenero Antonio de Nárvaez.

Cosa contraria le ocurrió a Guayaquil. Su cabildo designó a su representante, el sacerdote guayaquileño José de Silva y Olave, residente en la ciudad de Lima y chantre de su catedral. En la elección que se celebró el 19 de septiembre de 1809 en la capital virreinal (Lima), la suerte lo favoreció a él. Y pronto Silva emprendió su viaje a la España peninsular para integrar el órgano que gobernaba en nombre y en lugar del rey de España. Lo hizo en compañía de su sobrino y secretario, José Joaquín de Olmedo. En diciembre de 1809, ellos partieron desde Guayaquil rumbo a Sevilla.

La disolución de la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino el 30 de enero de 1810, por la caída de Sevilla en manos francesas, los pilló a Silva y Olmedo en la Ciudad de México. Disuelta la Junta Central, el resto de su viaje era ya innecesario. 

Pegaron la vuelta.

Yaku Powerless, o el perro de las dos tortas

16 de marzo de 2021

Eso del perro de las dos tortas es un dicho popular en México para aludir a la dificultad de servir a dos amos y, en consecuencia, quedarse en nada. En esencia, esto le ocurrió a Yaku Pérez.

 

En su momento, Yaku Pérez era el candidato con bases indígenas y alianzas con las élites, todo a una. Era el candidato ideal para tomar el poder: era fresco y anti-sistema, en un país que hace gala de odiar a sus políticos y que, por sistema, favorece a los candidatos anti-sistema en las elecciones (Bucaram, Gutiérrez, Correa, dan testimonio)*.

 

Frente a Yaku Pérez, en una segunda vuelta Andrés Arauz no tenía opción**. Pero frente al superpoder de Guillermo Lasso, cual es el control electoral, nada pudo ya hacer el Yaku Power. De poder a poder, contar los votos es mucho mejor que plagiar una canción.

 

Luego de pasar al tercer puesto, ya Yaku se desmoronó. O como se dice con acierto en esta columna de Iván Sandoval, ‘Presidente por dos días’, Yaku Pérez se ‘berreó’.

 

Yaku quiso amalgamar a la derecha y a la izquierda, unidas frente a un enemigo común: el correísmo. Y a la final, como en el dicho del perro de las dos tortas, Yaku Pérez se quedó en nada, sin pan ni pedazo. El candidato de la derecha, tan CNE-habiente, lo desplazó.

 

Y ahí quedó Yaku Powerless.

 

* Cuando se ha elegido un candidato del establishment nos ha ido como la poronga: de ello dan testimonio Jamil Mahuad en 1998 (quisiera creer que redimido por su versión cannábica) y, tomando en cuenta que Correa fue un torrente de cambio que desembocó en las aguas empozadas del establishment, Moreno en 2017.

** Luego, ya en el ejercicio del poder, Pérez iba a ser el mismo desastre de toda la vida, un Gutiérrez pachamámico, algo droguizórrico.

Sociedades partidas (de la risa)

23 de febrero de 2021


¿Por qué pasaron de moda los chistes de San Juanico?

R: Porque se quemaron muy rápido

 

El 19 de noviembre de 1984 cuatro explosiones mayores, a las 05h40, 05h48, 06h20 y 06h24 de la mañana, además de muchas otras menores, causaron en San Juan Ixhuatepec, Estado de México, unos 500 muertos, 2.000 heridos, 10.000 damnificados y unas 1.500 casas destruidas, según registros oficiales. Según los vecinos de San Juan, que a su asentamiento informal lo conocen como San Juanico, los muertos pasaron de los 2.000. El suyo era un asentamiento paupérrimo, situado al costado de una planta de almacenamiento de gas licuado de Petróleos Mexicanos, PEMEX. Fue la negligencia de PEMEX la que causó las explosiones y los muertos y heridos y daños de ese 19 de noviembre.  

 

En un artículo de Carlos Monsiváis sobre estos hechos, ‘San Juanico: los hechos, las interpretaciones y las mitologías(1), se lee: ‘El fuego devasta San Juan Ixhuatepec. En muchas casas, todos los habitantes mueren al instante, familias enteras abrazadas en la desesperación o aún dormidas. Los demás salen a la calle como pueden, en pijamas, calzoncillos o absolutamente desnudos, en el pleno estupor de la huida. Algunos van envueltos en llamas’ (p. 123). Unas escenas dantescas, pasto para el humor negro.

 

Pues lo siguiente que explotó fueron los ‘chistes de San Juanico’, los que gastaron las risas de la clase media mexicana por aquellos días. Monsiváis describió a este fenómeno así: ‘La clase media se ha topado con otro filón de temas de conversación casual, refrendando el éxito de los insultos aderezados contra quiénes se considera primitivos o ignorantes o estúpidos o socialmente repugnantes o simplemente feos (nada mejora tanto los chistes como la hostilidad previa contra su objetivo)’ (p. 144). A guisa de ejemplo:

 

Antología temática A

 

1. ¿Cuál es el colmo de los habitantes de San Juanico?

R: Pedir que les incineren a sus muertos.

2. ¿A qué juegan los niños de San Juanico?

R: A las manitas calientes

3. ¿Por qué se enojaron los de Tepito con los de San Juanico?

R: Porque no los invitaron al reventón.

4. Una señora va a adoptar un niño de San Juanico y le preguntan en qué término lo quiere.

 

Las sociedades latinoamericanas están partidas entre sus pequeñas capas de clases media y alta y una mayoría de desposeídos que viven en los cinturones de miseria urbana. (En cuanto a sus resultados urbanos en Guayaquil, v. ‘Monte Sinaí’ y ‘Guayaquil y el modelo que tocó fin’.) Lo que pasó en San Juan Ixhuatepec no podría ocurrir en Pedregal, Coyoacán o la Colonia del Valle, sectores de clase media y alta donde no existen ni esferas ni salchichas que contengan peligroso material inflamable. San Juanico ya estaba allí cuando se empezaron a construir las instalaciones de PEMEX en 1961, pero ellos eran pobres, entonces, no importaba.

 


La historia de esta catástrofe tiene todos los elementos de la negligencia administrativa. De ella, Monsiváis descarta la posibilidad de que se trate de un accidente: ‘descuido, corrupciones mayores o menores, olvido programado de las condiciones de seguridad, desatención de las protestas, jactancia que considera imposibles los percances de consideración, fe en el círculo protector de las inercias’, le impedían a Monsiváis aceptar esa hipótesis. Más bien, aceptaba que era una consecuencia de la vida miserable en los arrabales de la capital, ‘una historia ‘típica de la expansión del estado de México, la depredación habitual: a una ampliación urbano-ejidal de 1925 la sucede, en los sesentas, el crecimiento desenfrenado, producto de la necesidad de vivir lo más cerca que se pueda del Gran Surtidor de Empleo, la capital’ (2).

 

Todo estaba mal, pero la clase media no podía parar de reír:

 

Antología temática B

 

5. ¿Por qué los habitantes de San Juanico no pusieron arbolitos de Navidad este año?

R: Porque le tienen miedo a las esferas.

6. Ahora el día de fiesta para los de San Juanico ¡será el Miércoles de Ceniza!

7. ¿Cómo se le hace para que quepan 90 niños de San Juanico en un Volkswagen?

R: ¡Metiéndolos en un cenicero! (3)

8. ¿Qué le pidieron los niños de San Juanico a los Reyes Magos?

R: Un carrito de bomberos.

 

(1) Monsiváis, Carlos, ‘Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza’, Ediciones Era, México D.F., 2001 [Primera edición: 1987], pp. 123-150. El artículo es, realmente, la amalgama de dos que se publicaron en la revista Proceso: uno el 20 de febrero de 1985 y titulado ‘Panorama del desastre’, y, otro, publicado el 31 de diciembre de 1984 y titulado ‘De las consecuencias sociales’. Las citas y las antologías corresponden a estos dos artículos.

(2) Monsiváis recuerda al político-empresario Carlos Hank González, quien recomendaba: ‘Adquiere grandes extensiones a bajísimos precios, aguarda, deja que te invadan una parte, haz que el gobierno que también es tu socio te compre a precios altísimos la zona invadida, y fracciona el resto’. En el Ecuador, Jaime Nebot es el más aplicado político-empresario en seguir el consejo del mexicano Carlos Hank.

(3) Este chiste también aplica a judíos.

El derecho de reunión

29 de agosto de 2019


La Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó sentencia el 28 de noviembre de 2018 en el Caso Mujeres Víctimas de Tortura Sexual en Atenco vs. México. El caso versó sobre la responsabilidad del Estado mexicano por la conducta de sus agentes policiales antes, durante y después de una protesta social ocurrida en los municipios de Texcoco y San Salvador de Atenco en mayo de 2006. La panoplia habitual de violaciones de derechos humanos de cuando abusa la Fuerza Pública en América latina se desarrolló, entonces, en estos municipios mexicanos: detenciones arbitrarias, un chapucero proceso en contra de los detenidos, una nula protección judicial posterior y la consecuente impunidad total (o casi) de los autores de las violaciones de derechos humanos. Con el agravante, en este caso, que los integrantes de la Fuerza Pública (todos varones y ninguno capacitado para detener los abusos que fueron incluso transmitidos en vivo por la TV) abusaron sexualmente de las once víctimas del caso, todas mujeres, en lo que la Corte calificó como “tortura sexual”.

En este caso contra México, la Corte Interamericana tuvo ocasión de interpretar el derecho a la protesta social, por la interpretación de un derecho muy rara vez analizado en su amplia jurisprudencia: el derecho de reunión. La Corte IDH decidió hacerlo en aplicación del principio iura novit curia (“la Corte conoce el derecho”): es decir, la Corte vio en el caso una oportunidad para decir algo sobre el derecho de reunión, y se abalanzó sobre ella, como chancho pa’ los choclos.

Esta oportunidad que aprovechó la Corte Interamericana resulta de suma relevancia para el Ecuador, pues por sentencia de la nueva Corte Constitucional (que también sacraliza dictaduras, ¡ejem!) todas las autoridades públicas del país deben tomar en consideración las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pues ellas forman parte del “control de convencionalidad”, por el que “todo operador judicial, y eso debe incluir no solo a jueces y juezas, sino también a fiscales y a personas que se dedican a la defensa pública, deben conocer y aplicar, en lo que corresponda, los estándares desarrollados por la Corte IDH del mismo modo que lo harían con los preceptos constitucionales” (Sentencia No.11-18-CN/19, Párr. 269). En razón del control de convencionalidad, “las autoridades del Estado en general, y los operadores de justicia en particular, están obligados a realizar control de convencionalidad en el marco de sus competencias y procedimientos. Esto es, cuando en el ejercicio de sus funciones, encuentren normas más favorables o estándares internacionales en los tratados, instrumentos internacionales, opiniones consultivas, observaciones generales y más, deberán aplicar la norma que efectivice el ejercicio de derechos” (Ídem, Párr. 282). Si la interpretación que ha hecho la Corte IDH de un derecho protege mejor a las personas, esa debe ser la opción preferida por todas las autoridades públicas en el Ecuador.

En pocas palabras: toda aplicación del derecho de reunión por toda autoridad pública que se haga en el territorio ecuatoriano debería (muy idealmente) incorporar estos estándares que sobre dicho derecho ha desarrollado la Corte IDH en el Caso Mujeres Víctimas de Tortura Sexual en Atenco vs. México del año 2018, porque están pensados para la mejor protección de las personas en el continente.

El derecho de reunión, dice la Corte Interamericana, comprende el derecho a protestar en la vía pública, sea de manera estática o con desplazamientos. La posibilidad de manifestarse pública y pacíficamente “es una de las maneras más accesibles de ejercer el derecho a la libertad de expresión, por medio de la cual se puede reclamar la protección de otros derechos”. Es por ello, “un derecho fundamental en una sociedad democrática” (Párr. 171).

La Corte IDH obliga a que todas las restricciones al derecho de reunión deben cumplir con que “las injerencias no sean abusivas o arbitrarias, por ello, deben estar previstas en ley, perseguir un fin legítimo (los cuales están limitados por el artículo 15 de la Convención a la seguridad nacional, la seguridad o el orden público, o para proteger la salud o la moral pública o los derechos o libertades de los demás) y ser necesarias y proporcionales” (Párr. 174). Ni abusivas, ni arbitrarias; deben ser “necesarias y proporcionales”. Habrá que recordárselo a Pochorromo la próxima vez que defienda patear a un esposado en el piso.

En el caso, la Corte responsabilizó al Estado de México por la violación del derecho de reunión en perjuicio de siete de las once víctimas, quienes habían acudido a Textoco o San Salvador de Atenco para cubrir la protesta como periodistas (dos de ellas), para documentar los hechos como parte de sus estudios (tres de ellas) o para brindar asistencia de salud a los manifestantes heridos (dos de ellas). Las otras cuatro simplemente tuvieron la mala fortuna de encontrarse en el lugar de los hechos, cuando la Policía empezó a detener a personas de forma indiscriminada. Por las circunstancias particulares de las siete primeras personas aludidas, la Corte IDH resolvió que “estas siete víctimas estaban ejerciendo su derecho de reunión”. La Corte reconoció, además, que el comportamiento de ellas había sido pacífico, de lo que derivó una clara distinción con los manifestantes que recurrieron a medidas violentas: “Los actos de violencia esporádica o los delitos que cometan algunas personas no deben atribuirse a otras cuyas intenciones y comportamiento tienen un carácter pacífico” (Párr. 175), por lo que se hace necesario y proporcional que la Fuerza Pública individualice y retire a las personas violentas de la multitud, a fin de que las demás personas puedan seguir ejerciendo sus derechos (esto bien podría llamarse: “Doctrina Anti-Infiltrados”).

En tiempos que deberían ser de protesta social, es bueno saber de derechos.

ATM

11 de febrero de 2017

El miércoles por la mañana íbamos con Nadya en bicicleta por la calle Chile con rumbo al norte, cuando topamos con esto:

Al pedo, como un champ.



Introducing "El Agente Mendoza"

Mendoza vino a reclamarme por el uso de la cámara para registrar lo que pasa en el espacio público de mi ciudad.

Le expliqué que como ciudadano tengo derecho a usar mi cámara y a registrar los actos de una autoridad pública. Mendoza se negaba a entenderlo.

Le dije, además, que lo que hice fue registrar la manifiesta incompetencia de una autoridad pública en controlar lo que sucede frente a sus ojos. Mendoza se enojaba de que se lo reconozca por lo que era, un incompetente.

(Por cierto, es probable que todavía no hayan implementado las "nuevas evaluaciones" de las pruebas psicológicas en la ATM. La habitual deficiencia de la prensa guayaquileña para cubrir a la Alcaldía de Guayaquil impide saberlo).

Todo el lío era porque el carro era municipal y Mendoza se hubiera hecho pis encima antes de cumplir con su trabajo (porque ningún vehículo, menos los de una autoridad pública, tiene corona).

Las quejas del agente Mendoza fueron inútiles. Conservé lo que había registrado y seguimos camino.

En suma: no creo que el cambio administrativo en el manejo del tránsito de Guayaquil haya provocado cambios sustantivos en la ineficacia y la corrupción que caracterizó a la CTG. Lo que sí ha variado, seguro, es su nivel de prepotencia (una contribución específicamente PSC).

N.B.: Si una autoridad pública viene a decirte que no puedes registrar sus actos, toma en cuenta estos consejos (originalmente escritos para México, son aplicables mutatis mutandis a Ecuador). Haz valer tus derechos.

"Grifa locura"

8 de octubre de 2016

¿Quién habría dicho que la traducción más literal de ese clásico de la cultura cannábica que es “Reefer madness” sería “Grifa locura”?

El término “reefer”, según un libro de historia de la marihuana escrito por un profesor de la Universidad de North Carolina en Chapel Hill, John Charles Chasteen (1955), es probable que venga del término “grifo”, que era una forma común para denominar a la marihuana en México. También en Ecuador (1).

Murder! Insanity! Death!
REEFER MADNESS son 68 minutos de humor involuntario que recomiendo ver competentemente grifo (con el propósito de reírse más todavía).
  
Eso sí: aún hay gente que cree en sandeces como ésas ("Murder! Insanity! Death!).

El mayor enemigo de la legalización de la cannabis es la ignorancia.

(1) “…sometimes the Mexicans called the stuff grifo, which is the probable the origin [sic] of the ‘reefer’ in Reefer Madness”: Chasteen, John Charles 2016, ‘Getting high: Marihuana through the ages’, Rowman & Littlefield, Lanham, EE.UU, p. 16.