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Alfaro, a balazos

17 de mayo de 2021

Desde su exilio en Managua, capital de Nicaragua, el manabita Eloy Alfaro distribuyó el 5 de febrero de 1895 su ‘Proclama a los habitantes del Ecuador’. Fuertes declaraciones:

 

Solamente a balazos dejarán vuestros opresores el poder que tienen únicamente por la violencia. […] Sin sacrificios no hay redención. La libertad no se implora como un favor: se conquista como un tributo inmanente al bienestar de la comunidad.

¡Afrontemos, pues, resueltamente los peligros y luchemos por nuestros derechos y libertades, hasta organizar una honrada administración del Pueblo y para el Pueblo. En fin, hagamos algo digno que merezca los aplausos de la posteridad!

[…] Marcho, pues, en vuestro auxilio para participar en las penalidades de la campaña y tener la honra de conduciros al combate y a la victoria!’.

 

La proclama de Alfaro surtió efecto, prendió la mecha. Primero fue Milagro el 12 de febrero, para después sumarse decenas y decenas de ciudades y pueblos con nuevas insurrecciones y proclamas. Eloy Alfaro llegó en barco a Guayaquil el 18 de junio. Organizó un ejército, con el que el 15 de agosto derrotó en Gatazo al ejército gubernamental. Cayeron un Presidente Constitucional (el cuencano Luis Cordero) y dos Encargados del Poder (los quiteños Vicente Lucio Salazar y Aparicio Ribadeneira Ponce), el último de los cuales huyó de Quito el 23 de agosto para pedir refugio en Colombia. La Virgen del Quinche y las oraciones de los fieles católicos en Quito (su inmensa mayoría) resultaron infructuosas (v. ‘Mala estrategia’), pues el indio Alfaro y su gente entraron en la capital el 4 de septiembre. A partir de ese día, Alfaro empezó a organizar la administración del Ecuador bajo los principios y las instituciones liberales.

 

En el curso de los días entre el 5 de febrero y el 4 de septiembre de 1895, en un tránsito de Nicaragua al Ecuador y de Guayaquil a Quito, tras una guerra civil con el bando conservador, el viejo luchador había cumplido su palabra: había venido al Ecuador a liderar el combate contra el enemigo conservador y había triunfado a balazos.

El hijo del cura de Pujilí

27 de junio de 2017


Ecuador es un país de tan generosa* vida política, que la improbable frase “este país lo ha presidido hasta el hijo de un cura de Pujilí” resulta rigurosamente cierta.

El pujilense Pablo Herrera González (1820-1896), hijo del cura de Pujilí Manuel Herrera Salcedo, formó parte de las ramas Legislativa, Judicial y Ejecutiva del Estado ecuatoriano durante un período de aproximadamente 40 años, hasta el advenimiento de la Revolución Liberal.

En la rama legislativa, Pablo Herrera fue diputado por Pichincha en 1861 y diputado a la Asamblea Constituyente de 1869; en la rama judicial, fue designado Presidente de la Corte Suprema de Justicia en 1867 y 1875, y fue Ministro de ella por varios años; en la Función Ejecutiva fue designado Ministro de lo Interior y de Relaciones Exteriores en 1864 durante la primera presidencia de García Moreno, Ministro de Gobierno en 1869 durante la segunda presidencia de García Moreno, miembro del Pentavirato que se formó en Quito en 1883 a raíz del desconocimiento a Ignacio de Veintimilla (conformado además por Rafael Pérez, Agustín Guerrero, Pedro Lizarzaburu y Luis Cordero) y que gobernó los destinos de la serranía ecuatoriana entre el 14 de enero y el 15 de octubre de ese año, Plenipotenciario en Lima para arreglar el problema limítrofe con el Perú durante el gobierno de Antonio Flores Jijón (en ese encargo, firmó el Tratado Herrera-García el 2 de mayo de 1890), Vicepresidente de la República entre 1892 y 1894 (tras el deceso del Vicepresidente elegido, Pedro Fermín Cevallos) y Ministro del Interior y de Relaciones Exteriores entre 1894 y 1895 durante la Presidencia de Luis Cordero, su antiguo compañero durante el Pentavirato que gobernó una parte del país durante la mayor parte del año 1883. Renunció a este cargo cuando cayó Cordero (abril de 1895) para pasar a ocupar el último cargo de su dilatada carrera política: la presidencia del Consejo de Estado durante el breve y tumultuoso período de gobierno de Vicente Lucio Salazar.

Cuando la Revolución Liberal tomó el poder, lo mandó a caleta.

Murió poco después, el 19 de febrero de 1896 (1).

Le decían "ratón con corbata".
 
Este ha sido un brevísimo resumen de una agitada vida en las tradicionales tres ramas del poder público del hijo de un cura de Pujilí en el Ecuador del siglo XIX.

* Por generosa, entiéndase inestable y vuelta verga.

Mala estrategia

6 de marzo de 2017

En la guerra civil de 1895, el bando conservador se benefició de un refuerzo: la estatua de la Virgen del Quinche fue a la capital para detener el avance del indio Alfaro. El traslado ocurrió en junio de 1895. Esto se sumaba al valiosísimo aporte de las numerosas religiosas de clausura que seguían la recomendación del Arzobispo de Quito, Pedro Rafael González y Calisto, de rezar para sostener el gobierno del conservador Vicente Lucio Salazar: “Y conviene sobre manera que, mientras los defensores de nuestras instituciones políticas y religiosas empeñan el combate, nosotros ayudemos constantemente con nuestras oraciones”. O lo que es lo mismo: orar para impedir que el liberalismo triunfe (1).

El refuerzo

El general Eloy Alfaro entró en Quito el 4 de septiembre de 1895, después de vencer a las tropas conservadoras del general José María Sarasti en Chimbo y Gatazo. Con ello, partió en dos la historia del Ecuador. Y ni la oración de miles de católicas devotas, ni el apoyo físico de su súper-estatua, pudieron evitarlo.