Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Ascázubi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Ascázubi. Mostrar todas las entradas

El ensueño breve de García Moreno

20 de enero de 2023

            Publicado en diario Expreso el 20 de enero de 2023.

La séptima Constitución del Estado del Ecuador, adoptada en 1861, prescribía un período presidencial de cuatro años y prohibía la reelección consecutiva del presidente, habilitándola después de un período (Art. 62). La octava Constitución, adoptada en 1869, prescribía un período presidencial de seis años y autorizaba la reelección consecutiva del presidente, prohibiendo una siguiente reelección (Art. 56). Bajo el imperio de la primera Constitución, Gabriel García Moreno gobernó un período completo de gobierno. Bajo el imperio de la segunda, murió en el intento.

La Constitución de 1861 fue el fruto de una guerra civil que casi despedaza al Ecuador. El bando triunfador convocó a la reunión de una Asamblea Constitucional que produjo esa Constitución y que eligió Presidente Constitucional a Gabriel García Moreno. Pero la Constitución de 1861 le pareció a él insuficiente para gobernar y le impuso una pausa forzosa a su gobierno. García Moreno concluyó su período en 1865 y recién podría volver a gobernar en 1869.

Para la elección de 1869, una alianza interregional de Guayaquil y Cuenca había postulado la candidatura a la Presidencia de Francisco Xavier Aguirre, “un guayaquileño muy poderoso y enraizado en la sociedad costeña, capaz de arrastrar tras su figura el voto mayoritario”, como lo definió Ana Buriano. Frente a la posibilidad de perder la elección, subido en una ola de popularidad por su gestión exitosa en Imbabura tras el terremoto de agosto de 1868, García Moreno sublevó el 16 de enero de 1869 a la guarnición de Quito y obtuvo el apoyo de un acta firmada por los notables quiteños. Elegido por ellos Presidente “provisional”, también eligieron Vicepresidente a su cuñado, el quiteño Manuel Ascázubi. 

En su nuevo cargo, García Moreno organizó las elecciones para una Asamblea Constitucional a la que pobló de adictos suyos. Ella produjo la Constitución de 1869, la que daría forma a su proyecto católico, aquel que la Constitución de 1861 le impedía concretar porque según él decía, “las leyes que tenemos son insuficientes para impedir el mal y hacer el bien”. García Moreno sometió la Constitución de 1869 a referéndum (volvería a ocurrir en 1978 y 2008) y ganó con una aplastante mayoría del 96.36% (de un universo de 14.154 votantes).

La Asamblea Constitucional de 1869 lo eligió Presidente Constitucional a García Moreno. En esos casi seis años gobierno, García Moreno llevó a cabo su ambicioso proyecto conservador para “hacer el bien”. Y ahora que podía, buscó la reelección. 

Del 3 al 5 de mayo de 1875 se celebraron elecciones para la Presidencia (período 1875-1881). El aplastante triunfador fue García Moreno con el 99.1% de los votos (de un universo de 22.726 votantes). Él debía empezar su nuevo período el 10 de agosto pero machetazos y balazos acabaron con su vida, el 6 de agosto, al pie del Palacio de Carondelet. 

En 1875, ya estando a toque, Gabriel García Moreno no pudo concretar la reelección. Nuevamente, el héroe conservador no pudo continuar su obra. En 1865 se lo impidió la ley, en 1875 se lo impidieron manos asesinas. 

Y su obra fue efímera. Una nueva Constitución, la novena, adoptada en 1878 tras un nuevo golpe de Estado, desmontó su sistema conservador.  

25 de febrero de 1851 (hache)

25 de febrero de 2021

El 25 de febrero de 1851, 170 años hache, el Ecuador era un ente bisoño de apenas 20 años, pero que había tenido una vida muy difícil. En sus primeros 15 años había soportado la dominación militar grancolombiana hasta que se expulsó al general caribeño Juan José Flores, en el que fue el primer golpe de Estado exitoso de nuestra historia política (AKA ‘la revolución marcista’). Luego vino un régimen completo, el del zambo guayaquileño Vicente Ramón Roca, entre 1845 y 1849, pero por no haber un acuerdo en el Congreso para designar a su sucesor, ocurrió el primer ascenso de un Vicepresidente a la Presidencia, con la subida del Vicepresidente de Roca, el quiteño Manuel de Ascázubi, un aniñado de aquellos. Pero Ascázubi [v. ‘Guayaquil frente a Quito y el síndrome de Ascázubi’] duró poco, porque a él le practicaron el segundo golpe de Estado exitoso de nuestra historia. Lo capitalizó el guayaquileño Diego Noboa, quien convocó a un Congreso para legitimar en derecho el uso de la fuerza. Y ese 25 de febrero de 1851, 170 años de esto, el Congreso nombró Presidente Constitucional de la República a Diego Noboa y aprobó la quinta Constitución que iba a regir los destinos jajajajajajajajaja de la Patria (1). Estado independiente desde 1830, el Ecuador había tenido una vida muy difícil: es el hacherito sudamericano.       

 

El Presidente Noboa duró poco. Él se pensó otra cosa (‘Hombre mediano, se creía grande sin tener para serlo ni malas ni buenas cualidades’, dijo de él Aguirre Abad, v. ‘El historiador se escribe’), pero era un peón de un ajedrez que otros estaban jugando. Fue un tonto útil, pues ese mismo año, el 17 de julio, se cumplió el tercer golpe de Estado exitoso de nuestra historia. Un extranjero, algo fabulador, lo cuenta así:

 

‘[E]l general Urbina envió un destacamento de cincuenta soldados a recibir a Noboa. Éste descendió tranquilamente a la orilla en una barca a remo, acompañado de algunos amigos. Una escolta de cuarenta hombres le seguía de cerca. Noboa se mostraba con plena confianza cuando el gobernador de Guayaquil le abordó y le dijo:

 

- Presidente, queda Ud. arrestado

- ¿A nombre de quién?

- A nombre del general Urbina, Jefe Supremo.

- Ah, ¡jamás lo habría pensado!  

 

Noboa no pensó en ofrecer resistencia, inútil por lo demás. La escolta, por su parte, fraternizaba con el destacamento insurgente. La noche la pasó como prisionero, bajo los mismos arcos del triunfo que atravesó como primer magistrado de la república’ (2)

 

Urbina repitió entonces la fórmula que naturalizaba la inestabilidad: convocó a un Congreso, dictó una nueva Constitución (la sexta) y se eligió Presidente Constitucional (el quinto). Y así, el hacherito sudamericano siguió su camino. Le esperan aún muchas aventuras, que no quiere decir que sepa aprender de sus lecciones (3). 

 

(1) Fun fact: el que tres de cuatro Presidentes hayan podido completar un período presidencial (V. Rocafuerte entre 1835 y 1839, J. J. Flores entre 1839 y 1843 y V. R. Roca entre 1845 y 1849) en esos 20 años es una verdadera rareza (v. ‘La ‘estabilidad política’ del Ecuador en sus 189 años’). Así es el hacherito, el hacherito es así.

(2) Holinski, Alexander, ‘Ecuador. Escenas de la vida en América del Sur’, Ediciones Abya Yala, Quito, 2016, pp. 57-58 [originalmente publicado en París, en 1861]. Para Holinski, Noboa era ‘hombre sin estatura política, uno de esos maniquíes que se coloca en el escaparate de la política para mover a gusto’ (p. 53).

(3) Parece que la droga le ha carcomido el cerebro, estupidizándolo de manera irremediable.

El historiador se escribe

1 de mayo de 2017

Francisco Xavier Aguirre Abad (1808-1882) fue político e historiador. En esta última calidad escribió un libro de historia del Ecuador (“Bosquejo histórico de la República del Ecuador”) en el que Aguirre figuraba como político.

A inicios de 1850 el Presidente de la República designado por el Congreso Nacional era el Dr. Manuel de Ascázubi y Matheu (1804-1876), primer quiteño en ocupar la presidencia y vicepresidente de Vicente Ramón Roca, que gobernó entre 1845 y 1849. Ascázubi llegó de chiripa a la Presidencia: ante la imposibilidad de decidir a un sucesor de Roca entre los guayaquileños Antonio Elizalde y Diego Noboa, el Congreso Nacional de 1849 decidió designarlo a Ascázubi, como una alternativa frente a esta indecisión.

Pero Ascázubi no iba a durar. Empezó a gobernar el 16 de octubre de 1849 y, desde el vamos, en Guayaquil se concertaron planes para deponerlo. Es sobre una de esas tratativas, por las que Aguirre se escribe:

“Con este objeto se volvió a pensar en un Gobierno Provisorio y para componerlo llamó Urvina a su concuñado, el Dr. Aguirre, que había sido uno de los más opuestos a la revolución. Díjole, que consumada la revolución, los buenos patriotas debían interesarse en dirigirla; que un Gobierno compuesto del General Elizalde, del Sr. Novoa [sic] y del mismo Aguirre, inspiraría confianza a toda la población, con lo cual la República marcharía en el mejor orden, y para persuadir a su concuñado, quiso halagarle diciéndole que en el Gobierno podía contar con la amistosa deferencia del General Elizalde, lo que le daría siempre la mayoría en las deliberaciones. Aguirre se negó rotundamente, con lo cual quedó frustrado el proyecto del Gobierno Trino” (1).

Fuente: Bosquejo histórico de la República del Ecuador



Aguirre Abad se negó rotundamente, pero la “revolución” finalmente se hizo el 20 de febrero de 1850 y proclamó a Diego Noboa como Jefe Supremo. Esto, al historiador Aguirre no le extrañaba, pues era “cosa que debía esperarse de un hombre [Noboa] que siempre había aspirado a Gobernar la República, o al menos Guayaquil, y que no reparaba en la inmoralidad de semejante revolución” (2).

A Noboa se le puede aplicar el dicho “Quien a hierro mata, a hierro muere”, porque él a su vez fue depuesto por José María Urbina al año siguiente. El 17 de julio de 1851, cuando pretendía desembarcar en Guayaquil, lo recibieron…

“…dos esquifes armados a los comandantes Cornejo y Torres, para que lo aprendiesen [al Presidente Noboa] en el río y lo depositasen en el barquito de Guerra, que estaba frente a la ciudad. Los comisionados ejecutaron estas órdenes con toda puntualidad. Seguidamente le hicieron partir a Centro América en el mismo buque, en vez de recibirle con los arcos triunfales que su sobrino el Gobernador Carvo [sic] le tenía preparados” (3).
 
De la narrativa de estos hechos, de los que Aguirre fue parte, extrae como historiador una moraleja en relación con el triunfo fugaz de Noboa:

“La Historia no debe omitir la relación de hechos, que pasados en la oscuridad de la familia, sirven para hacer conocer la verdad y para formar un juicioso concepto del carácter y conducta de los hombres que por medios tortuosos y mezquinos logran elevarse al poder” (4).

(1) Aguirre Abad, Francisco Xavier, Bosquejo histórico de la República del Ecuador, Corporación de Estudios y Publicaciones, Guayaquil, 1972, p. 366. En el libro se coloca una nota al pie después de la primera mención del apellido en la que explica: “Es el autor mismo”.
(2) Ibíd., p. 363.
(3) Ibíd., p. 375. El problema de la estrategia de Noboa era su congénita debilidad: “Buen vecino, inmejorable padre de familia, habría sido verdaderamente feliz si su invencible ambición no le hubiese descarriado. La pretensión de mandar era en él una especie de monomanía. Hombre mediano, se creía grande sin tener para serlo ni malas ni buenas cualidades. Impelido por su manía nunca reparaba en los medios de satisfacerla. Se ligó con jóvenes militares calaveras, para subir a la Presidencia, no comprendiendo, que sólo les servía de biombo, pues mal podía pensar que esos jóvenes le guardaban lealtad, como a Presidente de la República, cuando habían sido desleales al Vicepresidente constitucional Ascázuvi [sic] elevado legítimamente a ese puesto, por la voluntad nacional y no como él por revoluciones de cuarteles. No debía pues extrañar, que esos mismos cuarteles lo destituyesen, puesto que él mismo había dado a los Caudillos militares el derecho de hacer y deshacer Presidentes”. Tras su destitución, Noboa se retiró de la vida política de manera definitiva. Murió en Guayaquil en 1870.
(4) Ibíd., p. 373.