Guayasamín, 'indio profesional'

14 de marzo de 2016


El tránsito de Oswaldo Guayasamín Calero (1919-1999) de un novel pintor beneficiario del magnate Nelson Rockefeller en los años cuarenta a un furibundo reivindicador de su condición de indio en los años noventa, puesta de manifiesto en la célebre frase: “¡Carajo, soy un indio! Me llamo Guayasamín” (1), es la maduración de una pose y de un acomodo que un gran amigo, parafraseándolo a Borges, ha calificado como propia de “un indio ecuatoriano profesional” (2).

La tesis de maestría en Ciencias Sociales con mención en Estudios Ecuatorianos de Angélica Ordóñez Charpentier, hecha en la FLACSO, dirigida por Xavier Andrade y titulada como la célebre frase noventera de Guayasamín, realiza una investigación minuciosa que aporta luces sobre esta ‘profesionalización’ del uso simbólico y comercial de la raza que Guayasamín asumió como la suya (3).

(1) En la memoria popular, la gente suele recordar la frase como “soy indio, ¡carajo!”. Es un caso análogo a la célebre frase de León Febres-Cordero en su debate frente a Rodrigo Borja, v. ‘Míreme a los ojos, mí-re-me’, Xavier Flores Aguirre, 1 de diciembre de 2015.
(2) Jorge Luis Borges calificó a Federico García Lorca como “un andaluz profesional”, v. Mario Gallardo, ‘Borges humano, demasiado humano’, Revista de Letras, 25 de enero de 2009.
(3) Ordóñez Charpentier, Angélica 2000, ‘¡Carajo, soy un indio! Me llamo Guayasamín’, FLACSO Ecuador. En esta tesis se relata la curiosa anécdota del momento en el que Guayasamín asumió su condición de indígena: “Hubo una provocación contra mí y me lancé a pegarle a un pintor cuyo nombre no quiero dar, con esa vieja idea de que el que pega primero gana. Y claro, me respondió y caí al suelo, en un charco de agua. Otro profesor le incitaba: '¡Mátale al indio!'. Y de repente, al caer en un charco de agua, vi que era una noche esplendorosa, llena de estrellas, y me olvidé de la pelea. Me quedé viendo este mundo inmenso y maravilloso y lo que hasta entonces era solo la intuición de ser buen alumno, de ser pintor, se transforma en conciencia de mí mismo y orgullo de mi nombre -mis hermanos me lo reprochan, dicen que 'ellos no son indios'", v. Ibíd., p. 105-106.

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