La siguiente imagen superpone los límites urbanos que aprobó el Concejo Municipal en 1991 a la división en Áreas de Gestión Administrativa (AGA) que aprobó el Concejo Municipal el 2023. Lo primero, ocurrió durante la administración de Harry Soria; lo segundo, durante la administración de Aquiles Álvarez. En el medio, hubo las administraciones socialcristianas.
La parte colorida a la izquierda de la línea blanca y recta (esto es, el Noroeste: Monte Sinaí, Voluntad de Dios, Sergio Toral, etc.) es la parte de la mancha urbana de la cabecera del cantón Guayaquil (la ciudad de Guayaquil) situada por fuera del límite urbano*. Esta parte por fuera del límite urbano permitía a la administración socialcristiana no incluir a las personas que vivían allí en la contabilidad de los beneficiarios de las obras y servicios del Municipio de Guayaquil. En consecuencia, durante la administración socialcristiana se podía mentir de forma impune, por ejemplo, en cuanto al porcentaje de prestación del servicio de agua potable, situándolo siempre por sobre un 90 y pico por ciento**.
El Alcalde Nebot fue explícito en la exclusión de los servicios básicos a las personas que vivían fuera del límite urbano. Así lo declaro en la sesión del Concejo Municipal del 7 de octubre de 2010:
“Yo he tomado la decisión de que aquí no vamos a legalizar un terreno ni vamos a poner una volqueta de cascajo ni un metro cuadrado de asfalto ni un metro de tubería de alcantarillado de agua potable más allá de lo que he expresado en el límite oeste, el límite de Flor de Bastión y el límite de la Sergio Toral”.
El límite al oeste que dice Nebot es la línea blanca y recta. La razón de excluir a quienes viven fuera del límite urbano es de carácter económico. El propio Nebot desarrolla este punto en la misma sesión del Concejo: “no cabe que la ciudad, es decir los ciudadanos, tengan que seguir extendiendo la obra pública a un costo extremadamente caro, no solamente porque las obras cuestan sino porque no se recuperan”. Y entonces precisó: “… si la densidad debe ser de cien para optimizar el costo de la obra, si ahí hay una densidad de 33%, de 20%, de 25% de la real, entonces la obra por beneficiar a menos gente acaba costando tres veces, cuatro veces, cinco veces más de lo que tiene que costar”. Y la conclusión es: como cuesta mucho, los pobres nada reciben.
Este fue el modelo socialcristiano: durante su gestión, la prestación de las obras y servicios dependió de la capacidad económica de sus beneficiarios. (Lo mismo ocurrió con la Regeneración Urbana, su proyecto “estrella”.) Este modelo aseguró la reproducción de las desigualdades en los territorios. Y en los sectores más pobres de la ciudad, este modelo (ellos lo llamaban “exitoso”) condenó a sus habitantes a una vida de segunda clase, sin servicios básicos ni dignidad, todo por orden de la autoridad. Este abandono fue un caldo de cultivo para la proliferación de conductas antisociales.
La próxima vez que pienses acerca de la violencia que se vive ahora en Guayaquil, piensa en su desarrollo urbano. Refino la idea: piensa en los treinta años de desarrollo urbano durante las administraciones del PSC y en sus nefastas consecuencias.
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* Por eso se incluyó a estas áreas fuera del límite urbano en las Áreas de Gestión Administrativa: para su incorporación en la planificación de las obras y servicios del Municipio. En materia de agua potable, a ellos beneficia la gran obra del Quinto Acueducto.
** Nunca llegaba al 100%, porque se revelaba el truco: si todos tenían acceso al agua potable, ¿por qué habría tanqueros en Monte Sinaí? (la respuesta: porque no entraban a la contabilidad, pero esa respuesta no podía ser pública). ¿Cómo se pudo sostener este truco tan simple por tanto tiempo en Guayaquil? Por el mismo fenómeno que ocurre ahora: por lamer el periodismo las suelas de los zapatos finos de la derecha. En aquel entonces a escala de Guayaquil, en el momento actual a escala nacional. Pero es la misma huevada.
