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Tello, Correa

13 de octubre de 2019


He visto esta película antes: pierde el más débil, el que no puede defenderse. Cuando se necesita echarle la culpa a alguien porque las cosas que han ocurrido son espantosas (la violencia, los muertos), esto resulta un fácil expediente. Como ninguno de los negociantes (en este caso, gobierno e indígenas) querrá asumir su responsabilidad por todas las cosas espantosas, optarán por echarle la culpa a un tercero. Es el camino fácil.

Cuando el incendio ocurrido en Guayaquil el 5 y 6 de octubre de 1896, en el que se quemó toda la ciudad desde Malecón y Aguirre (al frente de la Gobernación) hacia el Norte, con noventa manzanas consumidas por el fuego, 1.500 casas destruidas y 25.000 personas (casi la mitad de la población) sin hogar, se le terminó por echar la culpa de lo ocurrido a un lojano de apellido Tello. Con los años se demostró que él no había tenido parte, pero en esos días amargos se necesitaba un chivo expiatorio: a Tello se le hizo un proceso sumario y se lo fusiló frente al edificio de la Gobernación, que se había conservado del flagelo.   

Esto que le pasó a Tello, le va a pasar a Rafael Correa. Se necesita echarle la culpa a alguien, y el expresidente Correa no está en condiciones de defenderse (fuera del país y con varios juicios espurios en su contra). Entonces, se buscará responsabilizarlo a él de lo que pasó en la Contraloría General del Estado (que apesta a auto-atentado) y ultimadamente de los muertos de estos días atroces. Léanla a esta señora, porque este será el guion:





Vendrá su puesta en escena, y lo dirán en la tele, las radios y los pasquines periódicos. Y habrá mucha gente que comprará esta historia, porque se ajusta mucho al relato que se han hecho en su cabeza de las cosas que pasan a su alrededor. Es la historia que se ajusta perfectamente a su burbujita.

Nunca dejará de sorprenderme lo imbéciles que creen que somos. Y, lamentable es admitirlo, lo mucho que aciertan.