He visto esta película
antes: pierde el más débil, el que no puede defenderse. Cuando se necesita echarle
la culpa a alguien porque las cosas que han ocurrido son espantosas (la
violencia, los muertos), esto resulta un fácil expediente. Como ninguno de los
negociantes (en este caso, gobierno e indígenas) querrá asumir su responsabilidad
por todas las cosas espantosas, optarán por echarle la culpa a un tercero. Es el camino fácil.
Cuando el incendio ocurrido
en Guayaquil el 5 y 6 de octubre de 1896, en el que se quemó toda la ciudad desde
Malecón y Aguirre (al frente de la Gobernación) hacia el Norte, con noventa
manzanas consumidas por el fuego, 1.500 casas destruidas y 25.000 personas
(casi la mitad de la población) sin hogar, se le terminó por echar la culpa de
lo ocurrido a un lojano de apellido Tello. Con los años se demostró que él no
había tenido parte, pero en esos días amargos se necesitaba un chivo
expiatorio: a Tello se le hizo un proceso sumario y se lo fusiló frente al
edificio de la Gobernación, que se había conservado del flagelo.
Esto que le pasó a Tello,
le va a pasar a Rafael Correa. Se necesita echarle la culpa a alguien, y el
expresidente Correa no está en condiciones de defenderse (fuera del país y con varios
juicios espurios en su contra). Entonces, se buscará responsabilizarlo a él de
lo que pasó en la Contraloría General del Estado (que apesta a auto-atentado) y ultimadamente
de los muertos de estos días atroces. Léanla a esta señora, porque este será el
guion:
Vendrá su puesta en escena,
y lo dirán en la tele, las radios y los pasquines periódicos. Y habrá mucha
gente que comprará esta historia, porque se ajusta mucho al relato que se han
hecho en su cabeza de las cosas que pasan a su alrededor. Es la historia que se
ajusta perfectamente a su burbujita.
Nunca dejará de
sorprenderme lo imbéciles que creen que somos. Y, lamentable es admitirlo, lo mucho que
aciertan.



