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Razones de mi opinión sobre el 10 de agosto

14 de agosto de 2016


Escribo esta entrada a instancias de un comentario de mi amigo Juan Paz y Miño en una entrada anterior (’10 de agosto’). Voy a razonar mis dichos sobre el 10 de agosto hechos en esa entrada, en tres puntos: 1) El uso del término “magnates del Interande norte” para referirme a los actores principales de las acciones del 10 de agosto; 2) La caracterización de dichas acciones como “ladinas”; 3) La caracterización de dichas acciones como “fallidas”.

1) Sobre la denominación “magnates del Interande norte” para los principales actores de los hechos del 10 de agosto, dicha denominación es apropiada: tanto en inglés como en español el término “magnate” se refiere a una persona poderosa (tal vez un matiz sea que en inglés ha tenido una acepción más económica, mientras que en español ha tenido un dejo de prosapia: “Personaje muy ilustre y principal por su cargo y poder”, dice la RAE). Pero lo menos que puede predicarse de los actores principales del 10 de agosto que fueron personas poderosas (la mayoría de ellas, nobles y adineradas).

Con relación a “del Interande norte”, pues ninguna otra ciudad importante de los alrededores plegó al llamado de Quito. Las capitales de provincia (Popayán, Cuenca, Guayaquil) apoyaron a las fuerzas que fueron a “pacificar” la región.

2) Sobre el término “ladinas”: el objetivo de los hechos del 10 de agosto de 1809 nunca fue la independencia, pues eso no se desprende de ninguno de los documentos producidos a raíz del 10 de agosto de 1809.

En rigor, los sucesos del 10 de agosto de 1809 fueron “autonomistas” y no “independentistas”. Esa es la opinión, por ejemplo, de Manuel Chust: “Los quiteños de 1809 no eran independentistas, eran claramente autonomistas”, que este historiador español extiende a todo movimiento juntero anterior a 1810: “hasta 1810 no hubo ningún movimiento juntero  o acción que promoviera de manera general la independencia” (1). El marqués de Selva Alegre, presidente de la Junta formada a raíz del 10 de agosto, explicó el alcance de la gesta:

“Habiendo la Nación Francesa subyugado por conquista casi toda España coronándose José Bonaparte en Madrid, y estando extinguida por consiguiente la Junta Central que representaba nuestro legítimo Soberano, el pueblo de esta Capital, fiel a Dios, a la patria y al Rey, […] ha creado otra [junta] igualmente suprema e Interina […] mientras S.M. recupera la península o viene a imperar en América” (2).  

Me permito entonces llamar a estas acciones “ladinas”, porque si su secreta intención era obtener la independencia, esa intención resultó tan secreta que jamás se expuso al público, o puesto de otra manera, ante la opinión pública sostuvieron opiniones (necesariamente) distintas a las que realmente albergaban. Ese es un actuar “ladino”: “Astuto, sagaz, taimado”, en el significado primero del término en el diccionario de la RAE.

En rigor, creo que “ladina” realmente es la representación que se hace de los hechos. Porque a los hechos del 10 de agosto, la mejor caracterización que cabe hacerle, es la de “autonomistas”. El motejarlos de “independentistas” es un exceso.

3) Finalmente, calificar de “fallida” a la revuelta autonomista del 10 de agosto de 1809 es pertinente porque una vez apagados sus rescoldos a fines de 1812, Quito volvió a ser española sin alteraciones hasta después del 9 de octubre de 1820, que fue el siguiente episodio que marcó una ruptura con el dominio del Reino de España en la Audiencia de Quito.

(1) Chust, Manuel, ‘Un bienio trascendental: 1808-1810’, pp. 27, 40, en: Chust, Manuel (coord.), ‘1808. Eclosión juntera en el mundo hispano’, Fondo de Cultura Económica y Colegio de México [Colección Fideicomiso de Historia de las Américas], México D.F., 2007.
(2) Citado por Rodríguez O., Jaime E., ‘El Reino de Quito, 1808-1810’, en: Chust, Manuel (coord.), ‘1808. Eclosión juntera en el mundo hispano’, Ibíd.