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Crimen y traslado

14 de marzo de 2021


En 1547, cuando la ciudad de Guayaquil se asentaba de una manera definitiva en el cerro Santa Ana, Francisco de Olmos era un hombre con las manos manchadas de sangre. Las muertes que él causó merecen una explicación.

 

La década de los cuarenta del siglo dieciséis es aún tiempo de conquista en la América del Sur. En la zona del río Guayas y sus afluentes, los habitantes originarios resienten y resisten la presencia de los europeos en su territorio. Antes de 1547, por trece años, la ciudad española que se llamaría Guayaquil buscó un lugar para su establecimiento, pero los chonos, los punáes y los huancavilcas la atacaban y la obligaban a trasladarse. Ocurrió en cuatro ocasiones: en 1536, en 1537, en 1542 y en 1543. Pero su último traslado, el de 1547, fue distinto y es el que hace a esta historia.   

 

La década de los cuarenta del siglo dieciséis es tiempo de guerra entre los conquistadores de la América del Sur: unos están por el gobierno del rey europeo Carlos I y sus leyes, otros por el gobierno del encomendero Gonzalo Pizarro, sublevado a la autoridad del rey. En el marco de esta lucha, en Guayaquil, el 6 de abril de 1547, Francisco de Olmos y otros ocho españoles mataron al portugués Miguel de Estacio, a Alonso Gutiérrez y al capitán Marmolejo, gonzalistas. La leyenda dice que a Estacio, que era el Teniente del Gobernador en Guayaquil nombrado por Gonzalo Pizarro, Olmos y sus compinches lo cosieron a puñaladas, después de sacarlo a conversar al fresco. Olmos era, a su vez, el Teniente de Gobernador nombrado por Pizarro para Puerto Viejo, pero cuando llegó Pedro de la Gasca a pacificar estos territorios en nombre del rey Carlos I, él y muchos otros se pasaron al bando del rey.  

 

Así, cuando Olmos y sus aliados mataron a Estacio, Gutiérrez y Marmolejo en Guayaquil, los mataron por gonzalistas. Fueron muertes causadas por los defensores de la autoridad del rey Carlos I para acabar con la subversión de los españoles en la zona del Golfo de Guayaquil.

 

Este acto criminal justificó el último y definitivo traslado de Guayaquil al Cerrito Verde, hoy cerro Santa Ana. La reacción de los gonzalistas, liderada por el Teniente de Gobernador de Pizarro en Quito, Pedro de Puelles, fue lo que temieron estos incipientes guayaquileños. Por ello, buscaron poner agua de por medio entre la posible reacción de Puelles y se decidió cruzar la ciudad al margen del río opuesto al camino que venía de Quito. Pero la posible reacción de Puelles jamás pudo ocurrir, pues él fue a su vez asesinado el 29 de mayo de 1547 por otros españoles, defensores de la causa del Rey. Y también de su propio peculio: el líder de la turba que mató a Puelles en una ‘visita’ que le hicieron a su casa, Rodrigo de Salazar El Corcovado, se quedó con las encomiendas y las propiedades que de Puelles habían sido.

 

Así, fue el temor a Puelles en 1547 (v. ‘Los orígenes: Guayaquil se aleja de Quito’) lo que hizo que Guayaquil se quede, hasta 1970 y el puente de la Unidad Nacional, separada por un ancho río de su multisecular e inoperante capital administrativa, Quito.

Fray Domingo de Soria, M.D.

6 de mayo de 2018


Desde 1786, la ciudad de Guayaquil empezó a pertenecer al obispado de Cuenca (creado por Pío VI), que era a su vez un obispado sufragáneo de la arquidiócesis de Lima. En 1790, quien fuera el primer obispo de Cuenca, José Carrión y Marfil, visitó Guayaquil y, en ella, el hospital “Santa Catalina mártir”. La administración de esta casa asistencial se encontraba a cargo de fray Domingo de Soria de los religiosos de San Juan de Dios desde el año de N. S. de 1758.

Cuenta Federico González Suárez en su “Historia general de la República del Ecuador” que el obispo Carrión encontró “el Hospital muy descuidado”, de manera tal que…

“… reprendió acremente al hermano Soria, por el desaseo de la casa y el mal servicio a los enfermos; cerró la iglesia al culto público, puso por capellán un clérigo y, deseando que el establecimiento mejorara, quitó a los frailes el manejo de las rentas y lo confió al Cabildo secular de la ciudad” (1).  

De esta manera fue relevado Fray Domingo de Soria de la administración del hospital “Santa Catalina mártir” por el obispo Carrión. Soria había ocupado ese puesto por 32 años y lo más asombroso era que “el hermano Domingo Soria era a la vez el Superior y el médico de la casa”. No duró mucho sin ejercer estos cargos, pues Soria protestó por su destitución al Consejo de Indias, que terminó por restituir al fray y a la vez “doctor” Soria a su puesto en el hospital “Santa Catalina mártir”. Esto motivó un escueto comentario de González Suárez: “Había ocasiones en que el Consejo de Indias atendía más a la conservación del patronato, que a los derechos de la justicia”.

Con el paso de los años, este hospital “Santa Catalina mártir” pasó a ser el hospital “Luis Vernaza”, hoy administrado por la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

(1) González Suárez, Federico, ‘Historia general de la República del Ecuador’, Tomo Quinto, capítulo noveno, p. 412-414 (el resaltado no es del original).