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Entrevista a Roberto Gargarella
23 de diciembre de 2011
Publicado
en GkillCity el 23 de diciembre de 2011.
*
Sócrates
Brasileiro Sampaio Vieira de Oliveira (O Doutor) murió el domingo 4 de
diciembre y ese mismo día Gargarella leyó este viejo post mío sobre la democracia
corinthiana: recordó que le había escrito un par de días atrás y convinimos
para el martes 6 esta entrevista, en la que conversamos de derecho
constitucional, de política, de fútbol.
Roberto
Gargarella (Buenos Aires, 1964) es jurista y académico, se desempeña como
profesor de teoría constitucional y filosofía política en la Universidad
Torcuato di Tella y de derecho constitucional en la Universidad de Buenos
Aires, tiene un blog (altamente recomendado) e integra Igualitaria,
centro de estudios sobre democracia y constitucionalismo. Nos reunimos en el
Freddo’s de la calle Juramento casi esquina Cabildo.
XF: ¿Cuál es tu lectura del nuevo constitucionalismo en
América latina?
RG: Hay algo nuevo e importante desde la constitución colombiana
del ‘91. Hay algo nuevo en el hecho de que hay mucha gente que se ha
involucrado en asuntos relacionados con el constitucionalismo, que antes se
sentía alejada del derecho y que hoy piensa que el derecho puede ser un
instrumento de cambio. Eso ha sido novedoso, que parte importante de la
academia, activistas, empezaran a ver que en el derecho podía haber algo
relevante con respecto a sus principales reclamos.
Ahora,
sobre las constituciones emergentes, éstas reafirman y profundizan unas
tendencias originadas en el siglo XX en México con el constitucionalismo
social, que implica reforzarle a las constituciones de la región todo el
aspecto social que el constitucionalismo del siglo XIX había dejado de lado. La
matriz constitucional del siglo XIX en América latina es una matriz surgida de
un pacto liberal-conservador, que es mezcla de la constitución norteamericana y
de la tradición española –presencia de la religión en el derecho, limitación a
las libertades civiles, restricción a los derechos políticos, desatención de la
cuestión social.
El
siglo XX se recupera de ese legado español y considero que esta última oleada
de reformas constitucionales refuerza, mejora y sofistica esos cambios, con la
incorporación, por ejemplo, de los marginados de los marginados, que eran los
indígenas. Y en algunos casos incluso desafía esa matriz liberal-conservadora y
la experiencia en la que se ha intentado llegar más lejos en esta ruptura es la
boliviana. En general, le daría la bienvenida a este constitucionalismo
regional.
¿Cuáles han sido las deficiencias de este constitucionalismo
regional?
Ha
habido una incapacidad general o una decisión de no ingresar en la “sala de
máquinas” del constitucionalismo, que regula la organización del poder. Ha
habido un gran trabajo en la parte de los derechos, un reforzamiento, pero eso,
para que no quede en letra muerta, requiere tener mucho mayor control sobre la
“sala de máquinas”. Y en realidad, esa sala de máquinas se ha mantenido
intocada, se ha reafirmado o ha sufrido reformas difíciles de implementar. Toda
la parte interesante de esas reformas ha quedado amenazada porque no se ha
tocado la “sala de máquinas”.
Sería como una parte esquizofrénica de las constituciones,
que otorgan mucho desde la retórica de los derechos, pero en materia de
práctica política…
Se
guardaron la llave de la “sala de máquinas”.
Esa fue precisamente tu lectura del proceso constituyente cuando
estuviste en Ecuador, cuando les dijiste que había que restarle poder al
Presidente se horrorizaron.
Así
es. Mi metáfora allá era: si realmente estás comprometido e interesado con la
parte de los derechos lo primero que tienes que hacer es irte a la parte de la
organización del poder porque estás interesado en la parte de los derechos. En
general, diría que las reformas de las constituciones emergentes son todavía
insuficientes y están todavía amenazadas si no se hacen otras reformas. Si uno
le suma el aspecto social, pero resta la organización del poder, sumas y
pierdes.
Ecuador es un caso de estudio: el país donde, creo que la
expresión es tuya, “la cruz y la espada” estuvieron más unidos, en el siglo
XIX.
Ecuador
es un ejemplo fantástico, mi libro anterior [N. del E.: Los fundamentos legales
de la desigualdad: el constitucionalismo en América (1776-1860)] tenía un
núcleo duro en García Moreno, que gobernó de un modo muy representativo para
esa unión entre la cruz y la espada, lo que lo convirtió en un ejemplo muy
fuerte de la vertiente constitucional conservadora.
Ahora, de vuelta a las nuevas constituciones en América
Latina, ¿cuál sería la alternativa jurídica deseable frente a sus deficiencias?
El
constitucionalismo en América Latina se inició con la idea de la constitución
mixta, que buscaba darle un lugar institucional a todos los sectores de la
sociedad, aunque esa idea se convirtió en impopular para las elites políticas
de la región. Hoy, esa idea original de representación está desbordada porque
la sociedad se divide en diversos grupos y la capacidad de dar representación a
tantos grupos es limitadísima. Las instituciones son insuficientes para
expresar la diversidad de la vida social…
¿Pero cómo lograrlo?
El
primer problema sería no plantearse la pregunta. Segundo, habría que atomizar
el poder, en lugar de concentrarlo. Como he dicho antes, todas las
constituciones regionales han mantenido esa matriz liberal-conservadora. En
Bolivia hay un intento para desafiarla, con una respuesta mala. Pero hay
interesantes ejemplos de inclusión, por ejemplo, en Noruega (con los inuit) o
en Canadá. Hay mecanismos de inclusión, sean legislativos o judiciales, que
requieren de imaginación. Y la búsqueda de dichos mecanismos es más saludable
que vivir en la inercia del siglo XVIII.
Inercia que implica vivir en la ficción de la “igualdad ante
la ley”, como si eso significara lo mismo para todos…
Existe
una visión sesgada de los intérpretes de la ley. Un caso test muy evidente
sobre esa ficción que resulta difícil de negarlo, a nivel mundial, pero en
particular a nivel de América latina, tú miras las cárceles y tienen una misma
composición: entonces, hay un nivel de selección en cómo se escriben esas
leyes, cómo se interpretan y cómo se aplican, que habla de un derecho sesgado
en un modo importante.
Hablando de leyes, ¿qué tal salió la Ley de Medios que
impulsó el gobierno argentino?
Daba
lugar a ambigüedades preocupantes para su implementación y muchas de las cosas
que uno no habría querido que ocurriesen, ocurrieron. Que la manera de
enfrentar a los grandes grupos mediáticos sea la creación de un nuevo gran
grupo mediático es una pelea entre leones, cuando la apuesta de la Ley de
Medios era otra y era por la diversidad. Se han hecho apertura de licitaciones,
pero para participar necesitas poner una gran suma de dinero, lo que descarta
la participación de los medios comunitarios a los cuales se suponía que debía
beneficiar.
Un denominador común que percibo con el caso ecuatoriano es
el enfrentamiento entre los medios de comunicación y el gobierno.
Existe,
y la respuesta del gobierno es peor. Mira el caso de la gente de la revista Perfil, que llevaron a la Corte Suprema un caso
de asignación discriminatoria de publicidad oficial, que la Corte falló a su
favor en enero y no pasó nada. El único aviso que recibieron del Gobierno fue
un aviso publicitario que pagó el gobierno para insultar al diario. Luego, en
los medios oficiales no encuentras una sola voz opositora. Ahora bien, uno
quisiera que la crítica política dependiera del valor de la crítica y no del
dinero que tiene atrás. Creo en la diversidad de voces y en despegar la palabra
del dinero. Mi lectura sobre la libertad de expresión implica un debate público
robusto, que hoy como siempre está seriamente afectado porque existe una
diversidad de voces que no se escuchan. La Ley de Medios podría cambiar las
cosas, pero su aplicación no ha surtido ese efecto.
¿Cuál es tu lectura de Cristina, en particular?
Hay
un problema estructural y es que ella decide sola casi en secreto, en compañía
con una o dos personas, su hijo…
Máximo Kirchner…
De
quien, el sindicalista principal de oposición, que se llama Moyano, le dice
“Mínimo”. El problema estructural es cómo se decide y estamos en la peor
versión del presidencialismo: depender de la buena voluntad o de la lucidez de
una persona que está a la búsqueda de la obsecuencia. Cristina, además, es una
persona con un barniz progresista que tiene muchos negocios con mineras y
yacimientos. Durante años los Kirchner gobernaron una provincia, Santa Cruz, en
la que hicieron un montón de negocios, manejaron la justicia a discreción,
estuvieron contra las voces opositoras, institucionales o no institucionales. Y
si miras cómo se manejó Santa Cruz, es cómo se maneja el país. Ahora, todo hay
que decirlo, la oposición es lamentable.
Kirchner era de Racing, tú lo eres. ¿Cómo le va a Racing?
Estamos
segundos.
Hay célebres racinguistas. Perón, Capusotto…
Sí,
bueno, John Lennon era de Racing.
…
Sí,
hay una declaración histórica de John Lennon, porque Racing disputó la final de
la Copa Intercontinental contra el Celtic de Glasgow en 1967…
Que ganó 1-0, con gol del Chango Cárdenas…
¡Bien!
(hace gestos de aprobación) En esas circunstancias, Lennon dio una declaración
en la que dijo que le hinchaba a Racing. Y lo notable es que estamos segundos,
pero hay un nivel de angustia. Hay un nivel de expectativa, pero todos estamos
desesperados, angustiados. No hace mucho yo estaba en Noruega y la llamo a mi
cuñada, para que me ponga la radio en el auricular y escuchar el partido. En el
caso de Racing hay un nivel de angustia, que genera compasión.
En
mi familia, tenemos un grave conflicto con mi sobrino, que no se hizo de
Racing. Mi hermano no estuvo bien.
Es como imponer una religión, al final del día.
Sí,
es algo que te puede mantener unido con tu hijo para toda la vida, cada semana
tienes un momento de pico emocional junto a tu hijo en el estadio o frente al
televisor, o no. Entonces, no tener eso, estar cada uno con su propio partido,
es la diferencia entre estar separado o estar vinculado, y estar separado es un
tema. Conseguí una cosa milagrosa: que los dos mejores jugadores de Racing del
año pasado le firmaran una camiseta a mi sobrino. Pensamos que sería un dato
desequilibrante, pero no sirvió de nada.
¿Y a quién le va?
A
Boca. Tengo unos amigos en Italia, ellos eran del Milan y tenían un hijo que se
estaba yendo al Inter. Un día hicieron una táctica que salió bien: le vaciaron
al niño la habitación de juguetes, el niño se puso a llorar y le dijeron: “mirá
lo que te hicieron los del Inter”, y al día siguiente le devolvieron sus
juguetes y le dijeron: “mirá lo que te hicieron los del Milan”. El chico se
pasó al Milan. Hay tácticas que pueden hacerse y creo que se justifican.
Una cosa que me impresiona en Argentina es la vinculación
del fútbol con la política.
En
el deporte en general, cuando hay mucho dinero, esas cosas se mezclan en la
política…
Como en el caso de Macri, por ejemplo. Por cierto, ¿cómo le
va a Macri como Jefe de Gobierno de Buenos Aires?
Si
Macri tuviera poder, podría ser temible. Pero la ciudad es una ciudad fuerte,
tiene una energía cívica para resistir; la oposición local es efectiva, el
Gobierno nacional presiona. El margen que tiene Macri para hacer daño es muy
bajo. Además, Macri no es la derecha tradicional. En Buenos aires, salió el
matrimonio gay sin ningún problema y Macri le dio el visto bueno. Macri es un
playboy bobo con iniciativa, que ojalá que no acumule tanto poder porque iría
en una dirección parecida al gobierno K, de “negocios y al opositor lo corro”:
ganar mucho dinero, permitir ninguna protesta. Su familia se enriqueció
haciendo contratos corruptos con el Estado y tiene esas prácticas incorporadas.
Macri en parte es irrelevante, en parte es malo, en parte es ineficiente.
Finalmente: me parece gracioso que para haber realizado esta
entrevista haya tenido que ver la democracia corinthiana.
Un
grande, Sócrates.
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Etiquetas: Argentina, Constitución, Cristina Fernández, Derecho, Ecuador, Fútbol, Mauricio Macri, Política, Roberto Gargarella, Sócrates
Democracia corinthiana
27 de septiembre de 2008
Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, conocido simplemente como Sócrates, o como O Doutor, en virtud de la profesión cuyo estudio alternó con sus 404 goles, tenía según escribió Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra, “cuerpo de garza, altas piernas flaquísimas y pies pequeños que se cansaban fácil, pero era un maestro del taquito, y se daba el lujo de convertir penaltis con el talón”. Jugó en la selección brasileña de los mundiales de España 82 y México 86, pero yo lo recuerdo solamente en aquel mítico Mundial del 86 (el mundial del Diego) como aquel barbado centrocampista de la única selección de Brasil que ha despertado mis simpatías.
No me enteré sino hasta mucho después, mediante la lectura de un preciso artículo que publicó la revista Diners y la investigación que realicé para colgar un artículo en mi bitácora de internet que este sujeto de cortazariano aspecto es persona de profundo ideario democrático, cuyo ejemplo me interesa mucho porque defiende dos premisas que yo entiendo básicas para un concepto de buen gobierno: el respeto a la autonomía individual y la promoción del autogobierno colectivo. O Doutor Sócrates lideró una experiencia futbolera y política llamada democracia corinthiana, cuyo lema era “liberdade com responsabilidade” y que se puso en práctica en el equipo paulista Corinthians en tiempos de la dictadura militar brasileña (años 82 y 83).
La experiencia, en resumidas cuentas, es la que sigue: en el Corinthians de aquel entonces todo se decidía por consenso: la comida, la alineación, las contrataciones, las dimisiones, los momentos para entrenar; se eliminaron las concentraciones y se defendió con pasión futbolera el irrestricto respeto a todo aquello que los jugadores hicieran fuera de las canchas. Y lo mismo, para tomar todas estas decisiones, votaba el peor de los suplentes como el más linajudo de los directivos: la democracia corinthiana es un diáfano ejemplo de autogobierno colectivo y de respeto a la autonomía individual que, para probarnos que esos atributos no se riñen con la victoria, participó de la consecución del Corinthians de los campeonatos de los años 82 y 83 y de la elección de Sócrates como mejor jugador sudamericano de 1983.
Además, otros datos no menores: la economía del club era solvente (un superávit de 3’000.000 de cruzeiros, cosa inédita) y su contribución al debate sobre la democratización del régimen militar (mediante el uso de lemas en sus blancas camisetas como “Democracia”, “Direitas-Ja” o “Eu quero votar para Presidente”) fue notoria y es notable.
Resumiendo, no conozco palabras mejores para definir la democracia que las palabras del jugador de Corinthians Biro-Biro: “La democracia me hace aprender a respetar la diferencia sin jamás aceptar las desigualdades”. Como tampoco conozco mejores palabras para cerrar esta columna que celebra la democracia corinthiana que las palabras con las que Sócrates finaliza su libro Democracia Corinthiana: A Utopia em Jogo, escrito en conjunto con el periodista Ricardo Gozzi: “Conseguimos probarle al público que cualquier sociedad puede y debe ser igualitaria.Que podemos desprendernos de nuestros poderes y privilegios en procura del bien común. Que debemos estimular que todos se cohesionen y que pueda participar activamente de los designios de sus vidas. Que la opresión no es imbatible. Que la unión es fundamental para superar los obstáculos difíciles. Que una comunidad solo puede fructificar si respeta la voluntad de la mayoría de sus integrantes. Que es posible darse las manos”.
¡Grande O Doutor! Que así sea.
No me enteré sino hasta mucho después, mediante la lectura de un preciso artículo que publicó la revista Diners y la investigación que realicé para colgar un artículo en mi bitácora de internet que este sujeto de cortazariano aspecto es persona de profundo ideario democrático, cuyo ejemplo me interesa mucho porque defiende dos premisas que yo entiendo básicas para un concepto de buen gobierno: el respeto a la autonomía individual y la promoción del autogobierno colectivo. O Doutor Sócrates lideró una experiencia futbolera y política llamada democracia corinthiana, cuyo lema era “liberdade com responsabilidade” y que se puso en práctica en el equipo paulista Corinthians en tiempos de la dictadura militar brasileña (años 82 y 83).
La experiencia, en resumidas cuentas, es la que sigue: en el Corinthians de aquel entonces todo se decidía por consenso: la comida, la alineación, las contrataciones, las dimisiones, los momentos para entrenar; se eliminaron las concentraciones y se defendió con pasión futbolera el irrestricto respeto a todo aquello que los jugadores hicieran fuera de las canchas. Y lo mismo, para tomar todas estas decisiones, votaba el peor de los suplentes como el más linajudo de los directivos: la democracia corinthiana es un diáfano ejemplo de autogobierno colectivo y de respeto a la autonomía individual que, para probarnos que esos atributos no se riñen con la victoria, participó de la consecución del Corinthians de los campeonatos de los años 82 y 83 y de la elección de Sócrates como mejor jugador sudamericano de 1983.
Además, otros datos no menores: la economía del club era solvente (un superávit de 3’000.000 de cruzeiros, cosa inédita) y su contribución al debate sobre la democratización del régimen militar (mediante el uso de lemas en sus blancas camisetas como “Democracia”, “Direitas-Ja” o “Eu quero votar para Presidente”) fue notoria y es notable.
Resumiendo, no conozco palabras mejores para definir la democracia que las palabras del jugador de Corinthians Biro-Biro: “La democracia me hace aprender a respetar la diferencia sin jamás aceptar las desigualdades”. Como tampoco conozco mejores palabras para cerrar esta columna que celebra la democracia corinthiana que las palabras con las que Sócrates finaliza su libro Democracia Corinthiana: A Utopia em Jogo, escrito en conjunto con el periodista Ricardo Gozzi: “Conseguimos probarle al público que cualquier sociedad puede y debe ser igualitaria.Que podemos desprendernos de nuestros poderes y privilegios en procura del bien común. Que debemos estimular que todos se cohesionen y que pueda participar activamente de los designios de sus vidas. Que la opresión no es imbatible. Que la unión es fundamental para superar los obstáculos difíciles. Que una comunidad solo puede fructificar si respeta la voluntad de la mayoría de sus integrantes. Que es posible darse las manos”.
¡Grande O Doutor! Que así sea.
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Etiquetas: Autogobierno colectivo, Autonomía individual, Democracia, Democracia corinthiana, Fútbol, Sócrates
Sócrates (democracia corinthiana)
28 de agosto de 2008
Pero ya en el Mundial del ‘86 Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira tenía identidad para mí. No precisamente esta identidad de documento y seis nombres, sino la de delantero temible, barbado y de aspecto desenfadado, una especie de pirata sin parche ni garfio, con pata de gol y en shorts. Un jugador entrañable, aunque se haya comido un penal en la definición contra Francia que contribuyó a eliminar en cuartos de final a la única selección brasileña que despertó mi afición.
Lo que yo no sabía en esa época (la prensa no suele preocuparse de difundir estas cosas) es que este jugador de simpático aspecto, diseñado casi a la usanza de Cortázar, demasiado alto (1,91) y demasiado flaco, que fumaba mucho y corría poco pero que no lo necesitaba porque siempre ejecutaba el pase preciso y la jugada desequilibrante, que gustaba echarse unas cervezas con los amigos después de los partidos tanto como no le gustaba entrenar, bohemio y mujeriego que opinaba que su psicólogo era un vaso de cerveza, era persona de gigante y admirable compromiso democrático. Sólo muchos años después escuché y hace poco leí en un reportaje de Diners la fascinante historia de Sócrates y la democracia corinthiana. Se las cuento, en breve:
Corría el año 1981 y Brasil vivía en dictadura militar desde 1964. Ese año, el Corinthians, equipo paulista conocido como O Timao, fundado el 1 de setiembre de 1910 y segundo equipo más popular de Brasil (después de Flamengo) con un aproximado de 25.000.000 de hinchas, estaba en crisis económica y deportiva: números rojos y eliminación del torneo paulista que terminó por ganar Sao Paulo, que se coronó bicampeón. Al año siguiente, 1982 (el año del Mundial de España y del Naranjito de mis recuerdos tempranos) Sócrates, Wladimir, Casagrande, entre otros y en conjunto con el sociólogo Adilson Monteiro Alves que había asumido como Director de Fútbol del club a fines del ’81, cansados de un ambiente en el fútbol que replicaba la opresión de la dictadura militar comenzaron a discutir una salida a esta crisis y pusieron en práctica un experimento que el periodista inglés Alex Bellos calificó de utopian socialist cell, utópica célula socialista: el club como una comunidad de personas en la que todos sus miembros, desde los malos suplentes hasta los altos directivos, tomaban en conjunto todas las decisiones que los afectaban y en la que todos los votos contaban por igual. En una entrevista que Bellos le hizo a Sócrates, éste recuerda: “Nosotros decidíamos todo por consenso. Eran cosas simples como, ¿a qué hora vamos a comer? Nosotros sugeríamos, digamos, tres opciones y votábamos. La decisión de la mayoría se aceptaba”.
Cosas simples y otras que no tanto. Sócrates y sus colegas consiguieron eliminar la concentración, decidieron sobre contrataciones, dimisiones, momentos para entrenar y alineaciones para los partidos y defendieron la total e irrestricta libertad del futbolista fuera de las canchas. Acaso el término utopian socialist cell de Bellos sea excesivo, pero sí que la democracia corinthiana constituyó, como pocas, una delirante experiencia libertaria de autogobierno colectivo. Su lema certero era “libertade com responsabilidade”: la democracia corinthiana supo poner la utopía en juego.
Pero los cambios que proponía la democracia corinthiana no eran sólo casa adentro: sus propuestas trascendieron las canchas. El Corinthians empezó a utilizar leyendas en sus blancas camisetas para incidir en la conciencia de los fanáticos. La mayor parte del torneo del ’82 Corinthians lo jugó con la palabra “Democracia” impresa. Cuando se acercaban las elecciones del Estado de Sao Paulo del 15 de noviembre de 1982 para elegir gobernador y otras autoridades, lucieron la leyenda “Día 15, Vote” en sus espaldas. Iniciaron la campaña “Direitas-ja” y “Eu quero votar para Presidente” para promover la elección por sufragio directo y universal del Presidente de la República. La tenían clara. En palabras de Sócrates: “la democracia corinthiana fue fundamental para desencadenar nuevas corporaciones y resultó importante para el proceso de redemocratización que vivía Brasil. Yo siempre supe que estábamos haciendo política y sabía que debíamos aprovechar la pasión del fútbol para ayudar a la movilización de la gente”.
Poco a poco lo lograron y la democracia corinthiana se convirtió en un punto de referencia para el debate sobre la democratización del régimen militar. En la final del torneo paulista de 1983 un Pacaembú repleto hasta las banderas contempló el duelo entre Corinthians y Sao Paulo. Si Corinthians perdía, sería un bajón sensible para los ideales que defendía. Ese día Sócrates salió primero, con el brazo en alto y todo el estadio, muchísimo Brasil, pudo observar la enorme pancarta que loa jugadores sostenían con la leyenda “Ganar o perder, pero siempre con democracia”. Corinthians, para probarnos que el idealismo no se riñe con la victoria, ganó 1-0 con gol de Sócrates y se coronó bicampeón del torneo paulista. Ese 1983 eligieron a Sócrates el Jugador Sudamericano del Año. En adición a estos triunfos, la economía del club era solvente (tenía un superávit de 3’000.000 de cruzeiros, cosa inédita) y en lo político, poco a poco, el debate sobre la democratización del régimen militar al que decididamente contribuyó la democracia corinthiana, fructificó: Brasil regresó a la democracia en 1985.
Esto no es todo. A la usanza de Albert Camus, que afirmaba que “todo lo que he aprendido de moral, me lo ha ensañado el fútbol” esta experiencia nos enseña mucho. Que lo digan los propios jugadores del Corinthians; que lo diga, por ejemplo, Wladimir: “la verdad es que, en todo lo que se hace con conciencia y dedicación, se obtiene realización personal. No era por el dinero. Nosotros jugábamos con mucho placer, sobretodo porque sabíamos que estábamos contribuyendo de alguna forma, para la redemocratización del país"; que lo diga Biro-Biro, con esta frase de sencilla belleza: “La democracia me hace aprender a respetar la diferencia sin jamás aceptar las desigualdades”.
Y por supuesto que será Sócrates, quien inspiró y lideró el proceso, el que cierre este post y rinda un balance de esta época luminosa con las precisas palabras con las que finaliza su libro Democracia Corinthiana: A Utopia em Jogo escrito en conjunto con el periodista Ricardo Gozzi: “Conseguimos probarle al público que cualquier sociedad puede y debe ser igualitaria. Que podemos desprendernos de nuestros poderes y privilegios en procura del bien común. Que debemos estimular que todos se cohesionen y que pueda participar activamente de los designios de sus vidas. Que la opresión no es imbatible. Que la unión es fundamental para superar los obstáculos difíciles. Que una comunidad solo puede fructificar si respeta la voluntad de la mayoría de sus integrantes. Que es posible darse las manos”.
Grande, Sócrates. Tanto, tanto que aprender...
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Etiquetas: Democracia, Democracia corinthiana, Diario El Universo, Futbol, Fútbol, Sócrates, Xavier Flores Aguirre
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