Sobre el indio serrano

14 de junio de 2016


En el libro ‘Estudio biológico sobre el campesino ecuatoriano’, premiado por la Casa de la Cultura el año 1957, el doctor Jorge Hurel Cepeda se despacha en estos términos sobre la cultura del campesinado indígena de la Sierra:
 
“Efectivamente el campesinado de la Sierra está dotado de un sentimiento de inferioridad, a veces hosco y huraño, baja y sube sus montañas, no confía ni quiere trato con el blanco hasta que esto no sea estrictamente indispensable. Es poco sociable y misántropo, la soledad es su mundo. Su temperamento es asténico. La apatía, la indolencia y su espíritu en eterna niebla. Llevan una vida primitiva que se traduce por comer mal, emborracharse y reproducirse, aunque no llega a tener los numerosos hijos del campesino de la llanura. Siempre es muy sumiso con el amito-patrón. Resulta difícil comprender cómo puede vivir a tanta altura y soportar las durezas de un clima tan frío y de una alimentación tan miserable” (pp. 39-40). 
Es de suponer que ésta era la opinión dominante de la sociedad blanco-mestiza en la época en que se escribió este libro, el que fue premiado y editado por la Casa de la Cultura, madre y maestra de la cultura del paisito que debía convertirse en una “una gran potencia de la cultura, porque a eso nos autoriza y nos alienta nuestra historia” según supo fabularlo Benjamín Carrión, fundador de esta institución el año 1944 (1). Mucho se ha complejizado la percepción sobre los indígenas desde su levantamiento de 1990, aunque no es improbable que opiniones tan superficiales como ésta del doctor Hurel sean todavía moneda común en las élites blanco-mestizas de nuestro país. No es tan lejana en el tiempo como para haberse desvanecido aún.

(1)Benjamín Carrión’, Casa de la Cultura Ecuatoriana.

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