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Olmedo y Galápagos

28 de noviembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 28 de noviembre de 2025.

En la convocatoria del año 2025 para postular a la inscripción en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, el Municipio de Guayaquil postuló un manuscrito del poema “La Victoria de Junín” de autoría de José Joaquín Olmedo, que conserva la Biblioteca Municipal. El Comité Evaluador de la UNESCO aprobó el poema de Olmedo y este manuscrito se convirtió en el noveno documento ecuatoriano que integra el programa Memoria del Mundo.

Pero no es la primera vez que unos documentos suscritos por José Joaquín Olmedo integran la Memoria del Mundo. La documentación ecuatoriana que se aprobó por el Comité Evaluador de la UNESCO el año 2022, postulada por el Archivo Histórico de la Cancillería del Ecuador (que se convirtió en la octava inscripción del Ecuador en el programa Memoria del Mundo), llevó por título “De tierra de corsarios y piratas a patrimonio natural de la humanidad. Posesión oficial de las Islas Galápagos por la República del Ecuador”. Y los dos documentos que se postularon llevan la firma de Olmedo. 

La participación de Olmedo en este episodio merece una explicación administrativa. En su origen en 1830 el Estado del Ecuador se dividió en departamentos, provincias, cantones y parroquias. Los departamentos eran la división administrativa más importante del Estado, al punto que constituían la base de su composición. 

La primera Constitución del Estado del Ecuador, dada en Riobamba en 1830, declaraba en su artículo 1 que los “Departamentos de Azuay, Guayas y Quito quedan reunidos entre sí formando un solo cuerpo independiente con el nombre de Estado del Ecuador”. Cada departamento era gobernado por un Prefecto, que esta Constitución definía como “el agente inmediato del Poder Ejecutivo” (Art. 53).

El guayaquileño José Joaquín Olmedo era el Prefecto del Departamento del Guayas en 1832. Como Prefecto del departamento, a Olmedo le correspondió la autorización de la única anexión territorial que ha realizado el Ecuador en su casi bicentenaria existencia. 

Los documentos que postuló la Cancillería y aprobó la UNESCO en 2022 fueron dos cartas suscritas por Olmedo: una, del 20 de enero de 1832, instruyéndole al coronel Ignacio Hernández “para que dirija una compañía colonizadora y tome posesión de las Islas Galápagos en nombre del Estado ecuatoriano”; otra, del 14 de abril de 1832, dirigida al coronel Hernández, “en la que le transcribe el agradecimiento del Ministro del Interior y Relaciones Exteriores, por haber tomado posesión de las Islas Galápagos en nombre del Ecuador”, según la descripción hecha por la Cancillería para la postulación.

En el intermedio de ambas cartas, el coronel Hernández llegó a la isla Charles del archipiélago de Galápagos, e izó la bandera ecuatoriana. Ocurrió el 12 de febrero de 1832 (curiosamente, el 12 de febrero es el día de nacimiento de Charles Darwin). Desde entonces, a esta isla se la conoce como Floreana, en obsequio al nombre del primer y único Presidente del Estado (desde 1835, el cargo es Presidente de la República).

El hombre que autorizó la única anexión territorial que ha tenido el Ecuador en su historia (nada más y nada menos que las Galápagos): ese hombre fue Olmedo. Y por eso también está en la Memoria del Mundo. 

La revolución de Urdaneta

24 de septiembre de 2019


El general Juan José Flores, primer Presidente de los ecuatorianos, se enteró de la muerte del Libertador Bolívar por la interceptación de la correspondencia entre dos familiares: los también venezolanos Rafael y Luis Urdaneta, primos entre sí. Y aunque fue triste acontecimiento, no pudo ser para Flores cosa más oportuna.

Para la época de la interceptación de la correspondencia entre los Urdaneta, Rafael Urdaneta era el Presidente provisional de la República de Colombia, o mejor dicho, de lo que iba quedando de ella, desmembrada como estaba por el Oeste y el Sur (Venezuela y Ecuador). Su primo, Luis Urdaneta, fue el enviado por el Gobierno colombiano para atraer al recién fundado Estado del Ecuador a su órbita.

Este Luis Urdaneta es el mismo venezolano que el 9 de octubre de 1820 participó en la independencia de Guayaquil y al que lo recuerda una calle del centro de la ciudad*. Es el mismo que le comentó a León de Febres-Cordero, después de haber matado a un militar español en la jornada del 9 de octubre, que una “revolución no es una escuela de moral”**.

El 4 de noviembre de 1830, Luis Urdaneta volvió a desembarcar en Guayaquil, esta vez con la misión de terminar con la independencia del Estado al que el Departamento del Guayas (la antigua “Provincia de Guayaquil”) pertenecía, para integrarlo de nuevo a la Colombia que gobernaba su primo.

Sin embargo, el primer Presidente de los ecuatorianos se negó en redondo a la oferta de su coterráneo. Y Luis Urdaneta, entonces, hizo lo que su época demandaba: organizó una revolución para hacer triunfar su idea. En palabras de Murillo Miró:

“… la guarnición de Guayaquil , compuesta en su mayor parte, como ya hemos dicho, de granadinos y venezolanos, al invocarse la unidad de Colombia y al oír el nombre de Libertador, pronuncióse el 28 de noviembre de 1830, apoyando con su conducta la evolución de Bogotá, y nombró al citado General don Luis Urdaneta Jefe Superior interino de los tres Departamentos del Sur” (Murillo Miró, p. 67)***.

Es decir, el Departamento del Guayas desconoció al Presidente Flores a escasos 67 días de su posesión por el Congreso Constituyente y optó por el revolucionario Luis Urdaneta, antiguo héroe de su independencia. Enseguida lo secundó el Departamento del Azuay, pero el Departamento de Quito, por su parte, sostuvo al Presidente Flores en una proclama difundida el 11 de diciembre. Urdaneta avanzó con su ejército hasta Latacunga e iba a tomarse Quito, cuando ocurrió la interceptación de la correspondencia que le enviaba el Presidente de Colombia, en la que “daba cuenta a su primo don Luis de la infausta muerte del Libertador acaecida el 17 de diciembre, a la una de la tarde, en la hacienda de ‘San Pedro Alejandrino’, a inmediaciones de Santa Marta” (Murillo Miró, p. 68). 

Tras conocerse la noticia de que murió Bolívar, la causa de Urdaneta se perdió de forma irremediable: “tuvo que capitular con el Presidente Flores, salir pronto del país, y dirigirse a Panamá donde murió en un patíbulo” (Murillo Miró, p. 68).

A la revolución de Luis Urdaneta, la mató la muerte del Libertador el 17 de diciembre de 1830. A Luis Urdaneta lo mató en Panamá un escuadrón de fusilamiento, el 27 de agosto de 1831, por buscar lo contrario de lo que buscó en el Sur: allá buscó separar a Panamá de una Colombia que ya no gobernaba su primo. Lo capturaron y lo mataron.

“La revolución no es una escuela de moral”. Este hombre encarnó su frase.

* En cuya intersección con la calle Ximena queda ‘Don Pepe’, prohibido olvidar.
** ‘El relato de Villamil’, en: AA.VV., ‘La independencia de Guayaquil. 9 de octubre de 1820’, Banco Central del Ecuador, Guayaquil, 1983, p. 17.
*** Murillo Miró, Juan, ‘Historia del Ecuador de 1876 a 1888 precedida de un resumen histórico de 1830 a 1875’, Corporación Editora Nacional, Quito, 1993 [Biblioteca de Historia Ecuatoriana, vol. 11].