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El prefecto Olmedo y sus cosas extraordarias

24 de abril de 2026

Publicado en diario Expreso el viernes 24 de abril de 2026.

Un caso curioso de los tiempos de la gestación de los Estados en la América: José Joaquín Olmedo ocupó el mismo cargo, prefecto de un Departamento, en dos países distintos. Esto es, en sí mismo, un hecho extraordinario. Y en cada Estado en que José Joaquín Olmedo ejerció la Prefectura, pasaron cosas extraordinarias.

Olmedo fue el prefecto de un Departamento tanto en Colombia como en el Ecuador. Por supuesto, el diseño institucional era distinto: Colombia, bajo la Constitución de 1821, dividía su territorio en doce departamentos y tenía una autoridad superior a estos prefectos: el Prefecto del Distrito (había tres distritos). Y aún, había alguien superior a ellos: el Presidente de Colombia. Olmedo fue el prefecto del Departamento de Guayaquil.

En cambio el Ecuador, más modesto, bajo la Constitución de 1830 dividía su territorio en tres departamentos (los tres del Distrito del Sur de Colombia: su desmembración es el origen del Ecuador), pero únicamente debajo del Presidente del Estado del Ecuador. En este Ecuador, Olmedo fue el prefecto del Departamento del Guayas. 

Una primera cosa extraordinaria: en su condición de prefecto departamental colombiano, Olmedo firmó la secesión del Departamento de Guayaquil de la República de Colombia. A Olmedo lo habían destituido de la presidencia del triunvirato de gobierno de la provincia de Guayaquil para anexarla a Colombia en julio de 1822 y fue él mismo quien firmó su segregación de Colombia para independizar el territorio y decidir, en conjunto con otros departamentos que también se segregaron de Colombia en mayo de 1830 y por la vía de la asamblea constituyente, la fundación de un nuevo Estado sudamericano. 

En septiembre de 1830, la reunión de los representantes de los departamentos aprobó una Constitución que concretó un Estado. Olmedo fue su redactor principal. 

Olmedo, como prefecto departamental ecuatoriano, fue parte de otro hecho extraordinario: la única anexión territorial del Estado del Ecuador en toda su historia (un pobrecito Estado que ha perdido territorio por todos los puntos cardinales y ha quedado reducido a casi exclusivamente su porción habitada). El 20 de enero de 1832, el prefecto ecuatoriano Olmedo firmó una instrucción al coronel Ignacio Hernández “para que dirija una compañía colonizadora y tome posesión de las Islas Galápagos en nombre del Estado ecuatoriano”. 

El 12 de febrero de 1832 el coronel Hernández izó la bandera ecuatoriana en la isla Charles (hoy, Floreana) del archipiélago de Galápagos. Esta carta del 20 de enero y otra del 14 de abril de 1832, también dirigida al coronel Hernández, en la que Olmedo le agradece “por haber tomado posesión de las Islas Galápagos en nombre del Ecuador”, fueron incorporadas por la Cancillería del Ecuador a la Memoria del Mundo que conserva la UNESCO. Una notoria manifestación de cuán extraordinario fue este hecho.

(También forma parte de la Memoria de la UNESCO, postulada por el Municipio de Guayaquil en 2025, para conmemorar su bicentenario, el poema de José Joaquín Olmedo “La victoria de Junín. Canto a Bolívar”.)

El guayaquileño Olmedo: un autor de cosas extraordinarias, de poemas a constituciones, pasando por la anexión de las islas encantadas.

Olmedo y Galápagos

28 de noviembre de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 28 de noviembre de 2025.

En la convocatoria del año 2025 para postular a la inscripción en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, el Municipio de Guayaquil postuló un manuscrito del poema “La Victoria de Junín” de autoría de José Joaquín Olmedo, que conserva la Biblioteca Municipal. El Comité Evaluador de la UNESCO aprobó el poema de Olmedo y este manuscrito se convirtió en el noveno documento ecuatoriano que integra el programa Memoria del Mundo.

Pero no es la primera vez que unos documentos suscritos por José Joaquín Olmedo integran la Memoria del Mundo. La documentación ecuatoriana que se aprobó por el Comité Evaluador de la UNESCO el año 2022, postulada por el Archivo Histórico de la Cancillería del Ecuador (que se convirtió en la octava inscripción del Ecuador en el programa Memoria del Mundo), llevó por título “De tierra de corsarios y piratas a patrimonio natural de la humanidad. Posesión oficial de las Islas Galápagos por la República del Ecuador”. Y los dos documentos que se postularon llevan la firma de Olmedo. 

La participación de Olmedo en este episodio merece una explicación administrativa. En su origen en 1830 el Estado del Ecuador se dividió en departamentos, provincias, cantones y parroquias. Los departamentos eran la división administrativa más importante del Estado, al punto que constituían la base de su composición. 

La primera Constitución del Estado del Ecuador, dada en Riobamba en 1830, declaraba en su artículo 1 que los “Departamentos de Azuay, Guayas y Quito quedan reunidos entre sí formando un solo cuerpo independiente con el nombre de Estado del Ecuador”. Cada departamento era gobernado por un Prefecto, que esta Constitución definía como “el agente inmediato del Poder Ejecutivo” (Art. 53).

El guayaquileño José Joaquín Olmedo era el Prefecto del Departamento del Guayas en 1832. Como Prefecto del departamento, a Olmedo le correspondió la autorización de la única anexión territorial que ha realizado el Ecuador en su casi bicentenaria existencia. 

Los documentos que postuló la Cancillería y aprobó la UNESCO en 2022 fueron dos cartas suscritas por Olmedo: una, del 20 de enero de 1832, instruyéndole al coronel Ignacio Hernández “para que dirija una compañía colonizadora y tome posesión de las Islas Galápagos en nombre del Estado ecuatoriano”; otra, del 14 de abril de 1832, dirigida al coronel Hernández, “en la que le transcribe el agradecimiento del Ministro del Interior y Relaciones Exteriores, por haber tomado posesión de las Islas Galápagos en nombre del Ecuador”, según la descripción hecha por la Cancillería para la postulación.

En el intermedio de ambas cartas, el coronel Hernández llegó a la isla Charles del archipiélago de Galápagos, e izó la bandera ecuatoriana. Ocurrió el 12 de febrero de 1832 (curiosamente, el 12 de febrero es el día de nacimiento de Charles Darwin). Desde entonces, a esta isla se la conoce como Floreana, en obsequio al nombre del primer y único Presidente del Estado (desde 1835, el cargo es Presidente de la República).

El hombre que autorizó la única anexión territorial que ha tenido el Ecuador en su historia (nada más y nada menos que las Galápagos): ese hombre fue Olmedo. Y por eso también está en la Memoria del Mundo. 

1832

14 de febrero de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 14 de febrero de 2025.

Aquel año 1832 el naciente Estado del Ecuador sufrió una pérdida territorial muy importante a manos de Colombia. El 8 de diciembre de 1832 ocurrió la firma del Tratado de Pasto, que el gobierno del presidente venezolano del Estado ecuatoriano, el general Juan José Flores, fue orillado a firmar tras su derrota en el campo de batalla. Desde la perspectiva de Colombia (Estado que por aquel entonces se llamaba “Nueva Granada”), la suscripción del Tratado de Pasto significó el respeto irrestricto a los límites establecidos entre los distritos que conformaron la República de Colombia por la Ley de División Territorial del 25 de junio de 1824.

Para la Nueva Granada, el Estado del Ecuador era un desprendimiento de la Gran Colombia (así la conoce la posteridad) y, tras la independencia del Estado del Ecuador en 1830 (en tanto fue el Distrito del Sur de Colombia, desde su anexión en 1822 hasta su secesión en 1830), el nuevo Estado debía someterse a los límites establecidos por la ley de Colombia mientras el Ecuador había sido parte de ella. 

Pero desde la perspectiva del Estado del Ecuador, la suscripción del Tratado de Pasto en 1832 cortó de una manera definitiva los vínculos de Quito, la capital del naciente Estado, principalmente con los territorios de Pasto y Popayán con los que ella había mantenido importantes vínculos económicos, administrativos y familiares por siglos, durante los tiempos de la monarquía española.

Aquel año 1832 se perdió mucho territorio frente a Colombia. Y unos 110 años después, en enero de 1942, se perdió mucho territorio frente al Perú, tras la firma del Protocolo de Río de Janeiro. Pero esa es otra historia.

Por estas pérdidas por doquier es que decía el presidente Carlos Arroyo del Río en su libro “La pendiente del sacrificio”, escrito para justificar su actuación en la pérdida de territorio de 1942, que el único punto cardinal con el que el Estado del Ecuador podría afirmar que no había perdido territorio era al Oeste, con el Océano Pacífico. Y ni siquiera esto es cierto, porque el mar gana territorio a las playas del Ecuador, año a año. 

Pero en el fondo lleva la razón Carlos Arroyo del Río: las pérdidas al Oeste son negligibles frente a las pérdidas territoriales producto de las guerras contra los vecinos del Norte y del Sur, que han mermado millones de kilómetros de territorio al Ecuador y que lo terminaron por privar de su vecindad con el Brasil.

Pero aquel 1832 también trajo una buena noticia: ocurrió la única anexión territorial que ha tenido el Estado del Ecuador en su historia. En 1832, el militar ecuatoriano Ignacio Hernández viajó a las Galápagos para tomar posesión del archipiélago a nombre del gobierno (por aquel entonces se lo denominó “Archipiélago de Colón”). Ocurrió el 12 de febrero y se hizo a instancias de José de Villamil, que se convirtió en el primer gobernador de este nuevo territorio. 

En aquella época, al archipiélago se lo reputaba de casi nulo valor, por lo que el resto de países lo dejaron al Ecuador en paz con su expansión. Fueron anexados 8.010 kilómetros cuadrados, que pasados los años demostraron ser un paraíso.

Ocurrió en 1832, y es la única anexión territorial de un Estado que ha perdido tanto. 

1832: una de cal, única de arena

29 de diciembre de 2020


Cuando el Estado del Ecuador entró a la década del treinta del siglo XIX, su primera Constitución tenía cumplidos 100 días de vigencia, su Gobierno enfrentaba una revolución (v. ‘La revolución de Urdaneta’) y había decretado una anexión territorial. Había nacido un Estado impetuoso.

 

En los inicios del Estado ecuatoriano, el militar caribeño que lo gobernaba, el porteño Juan José Flores, quiso aprovecharse de un momento de debilidad del país limítrofe al Norte para consolidar el territorio ecuatoriano. El 20 de diciembre de 1830, el general Flores firmó un decreto que incorporó el Departamento del Cauca al Ecuador.

 

Desde la perspectiva del bisoño Ecuador, el país tenía derecho a este territorio al norte del río Carchi por haber estado bajo la jurisdicción de la Audiencia de Quito en los tiempos de la Monarquía Católica. Pero Colombia (que en ese entonces operaba bajo el alias de ‘Nueva Granada’) también se sentía con derecho a ese mismo territorio por haberse decidido así en una ley de junio de 1824, adoptada por el Congreso de la República de Colombia (también conocida como ‘Gran Colombia’).

 

En 1831, el presidente-general Flores adoptó una política agresiva y envió guarniciones militares a Pasto y Popayán. La presencia militar indujo a que varias ciudades del Cauca se pronuncien a favor de pertenecer al Ecuador. El Congreso ecuatoriano promulgó el 7 de octubre de 1831 una ‘Ley incorporando el departamento del Cauca al Estado del Ecuador’ y el Gobierno nacional lo consideró parte de su territorio a efectos de las elecciones al Congreso, pero aunque se designaron congresistas por el Departamento del Cauca para el Congreso ecuatoriano de 1831, nunca llegaron a ocupar sus puestos en Quito.

 

El caso es que Flores había sobreestimado su poderío militar. Así lo explica Mark van Aken, uno de los biógrafos mejor documentados del caribeño:

 

‘El hecho de que la mayor parte de los oficiales y soldados fueran colombianos y venezolanos explicaba su renuencia a luchar contra sus compatriotas. De igual importancia fue el hecho de que algunas unidades del ejército estaban impacientadas con un gobierno que ni les pagaba ni les proveía de raciones de manera regular’*

 

La impaciencia de las unidades del ejército se tradujo en algunas insurrecciones, en graves faltas a la disciplina, en insubordinaciones variopintas. El ejército del Ecuador fue obligado a devolver las ciudades que había ocupado. A esta debacle militar le siguió el basureo diplomático: el impetuoso Ecuador fue orillado a firmar el Tratado de Pasto, el 8 de diciembre, por el que perdió todos los territorios que reclamaba ante una inflexible Colombia, que insistió en aplicar la ley dictada por un congreso republicano por encima de cualquier título de origen colonial, por la obvia razón de que ese congreso republicano era el suyo propio. Y la ley decía que el Distrito del Sur terminaba en el límite que marca el río Carchi, y fue ese límite el que la ‘Nueva Granada’ impuso en el Tratado de Pasto (v. su artículo 2).

 

Como lo destacó un lapidario Mark van Aken, ‘nada podía ocultar el hecho de que el Tratado de Paz era una humillación para el Ecuador’. Esta fue la de cal del año 1832.

 

Ese mismo año 1832 del Tratado de Pasto, el militar ecuatoriano Ignacio Hernández viajó a las Galápagos para tomar posesión de ese archipiélago a nombre del Gobierno del Ecuador (en ese entonces se lo llamó ‘Archipiélago de Colón’). Ocurrió el 12 de febrero y se lo hizo a instancias del luisianés José de Villamil, que se convirtió en el primer gobernador del nuevo territorio. En esa época, a las islas se les reputaba un casi nulo valor, por lo que el resto de los países dejaron al Ecuador en paz con su expansión territorial. Se anexó un archipiélago de 8.010 kilómetros cuadrados, que luego demostró ser un paraíso. Esta fue la de arena.

 

Así, en el año 1832 ocurrió una de las grandes pérdidas territoriales que ha sufrido este Estado (luego vendría el turno del escamoteo del Perú, y Colombia repituta en 1916) pero también ocurrió la única ocasión en que logró aumentar su territorio, por la sencilla razón de que no tuvo que peleárselo a nadie. Fue en 1832: ocurrió una de las tantas de cal y nuestra única de arena**. 

 

* Van Aken, Mark, ‘El rey de la noche’, Banco Central del Ecuador, Quito, 2005 [segunda edición], p. 127. La otra cita es de la página 129.

** Por la desproporción de la mezcla, lusus naturae.