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República de Guayaquil

4 de octubre de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 4 de octubre de 2024.

Entre el 9 de octubre de 1820 y el 13 de julio de 1822, Guayaquil vivió una forma de gobierno independiente y republicana. “Por Guayaquil independiente” es el indiscutible lema inscrito desde 1820 en nuestro escudo. El Guayaquil republicano, empero, merece unas precisiones.

Que Guayaquil haya sido una república fue consecuencia de nuestra independencia. Tras el 9 de octubre, toda vez que se rompió el vínculo con el Reino de España, se sustituyó a la monarquía (el gobierno de uno, el rey) por una república autogobernada. 

Este autogobierno tomó forma con la reunión en Guayaquil de un Colegio Electoral integrado por representantes de 27 pueblos de la provincia (un territorio de alrededor de 50.000 kilómetros cuadrados; toda la Costa, menos Esmeraldas). Este órgano representativo, reunido entre el 8 y el 11 de noviembre de 1820, aprobó las normas (el Reglamento Provisorio de Gobierno, nuestra pequeña Constitución) para administrar el territorio de la Provincia Libre de Guayaquil. En estas normas se estableció una división de los poderes del Estado y se reguló una milicia para la liberación de los territorios vecinos, en su mayor parte todavía gobernados por España.

El Poder Ejecutivo era de carácter electivo y residió “en tres individuos elegidos por los Electores” (Art. 4). Para integrar la Junta de Gobierno que debió gobernar los destinos de la Provincia Libre de Guayaquil hasta la designación de sus reemplazos por la representación provincial, el Colegio Electoral designó a Rafael Ximena, Francisco María Roca y José Joaquín Olmedo.  

El Poder Legislativo (la representación provincial) “se convocará por el Gobierno cada dos años en el mes de octubre, o antes si la necesidad lo exigiese” (Art. 19). El Poder Judicial se desarrolló en los artículos del 11 al 15 para administrar justicia “en lo civil y criminal” (Art. 11). 

En 1820 ocurrió que un territorio de la América del Sur (uno más) rompió con la administración de la monarquía española para pasar a ser administrado, primero, por sus propias normas, con un régimen de separación de poderes y, segundo, por sus propias autoridades, de forma electiva y periódica. Con este antecedente, se debe concluir que Guayaquil, por la fuerza del 9 de octubre y, sobre todo, por el derecho del 8 de noviembre, se organizó como una república. Y subsistió como tal por casi dos años. 

Guayaquil fue una república generosa y de carácter libertario. No buscó (como ocurrió en 1809) imponer una primacía de la provincia sobre las provincias vecinas. Por contraste, luchó por su independencia del Reino de España. Organizó una milicia (la “División Protectora de Quito”) y subió la montaña para combatir por la liberación de los quiteños. Hijos de esta ciudad pelearon en el volcán Pichincha, el 24 de mayo de 1822, para cumplir ese objetivo. En conjunto con otros americanos (y europeos), lo consiguieron.

El episodio del Guayaquil republicano concluyó el 13 de julio de 1822, cuando el Secretario del Presidente Simón Bolívar le comunicó a la Junta de Gobierno de Guayaquil que había cesado en sus funciones (1.300 soldados colombianos acantonados en la ciudad respaldaban esta idea). Unos días después, se anexionó la provincia a Colombia. 

Historia de tres ciudades

19 de julio de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 19 de julio de 2024.

La ciudad de Guayaquil fue la primera capital de provincia y cabeza de una Gobernación, de entre las tres ciudades de igual naturaleza cuyos territorios conformaron en 1830 el Estado del Ecuador, que declaró su independencia del Reino de España. Lo hizo de una manera inequívoca (en el acta del cabildo abierto aquel día se escribió que ese era el día “primero de su independencia”) y ocurrió el 9 de octubre de 1820. 

Con el tiempo, la provincia de Guayaquil tuvo una bandera, un gobierno de representantes populares, su Constitución con división de poderes. Tras el 9 de octubre, varios pueblos de sus alrededores siguieron su ejemplo y se declararon independientes: Samborondón, Daule, Baba, Jipijapa, etc. 

Lo específico de Guayaquil fue que desde aquel 9 de octubre de 1820 jamás dejó de ser una ciudad independiente, hasta su ocupación militar encabezada por Simón Bolívar en 1822, quien decidió el 13 de julio de ese año que debía cesar el experimento republicano de nuestra ciudad.

Otra capital de provincia y cabeza de una Gobernación, Cuenca, se independizó el 3 de noviembre de 1820. Su independencia, empero, fue breve pues tras la batalla de Verdeloma, el 20 de diciembre de 1820, Cuenca volvió al Reino. Pasó todo el año 1821, hasta que el 21 de febrero de 1822 las fuerzas independentistas entraron en Cuenca desde el Sur, lo que provocó la huida de las fuerzas realistas. Cuenca recuperó su independencia y luego decidió su anexión a Colombia.

La tercera ciudad capital de provincia y cabeza de una Gobernación era Quito. Su situación era diferente, pues el episodio autonomista de los años 1809-1812 la había dejado a Quito exhausta y desprovista de su élite política, asesinada en la masacre del 2 de agosto de 1810 y en la represión realista de los años subsiguientes, clausurada con los últimos fusilamientos tras la batalla de Ibarra del 1 de diciembre de 1812. 

Un cronista de Quito, Luciano Andrade Marín, describió la angustiosa situación de la ciudad tras su episodio autonomista. Según él, los quiteños “quedaron postrados, desangrados y sometidos al más riguroso dominio español; sin maneras ya de sacudirse de él por sí mismos, sino esperando en la ayuda de alguien que los rescatara”.

Y llegaron en su rescate. Las fuerzas independentistas que entraron en Cuenca en febrero, llegaron en mayo a las faldas del volcán Pichincha y el 24 trabaron una batalla para tomar el bastión realista situado a los pies del volcán. Triunfaron los independentistas, con el general Sucre a la cabeza, y Quito pasó a pertenecer a Colombia de inmediato (al día siguiente del triunfo en Pichincha el tricolor colombiano flameaba en el Panecillo). 

A diferencia del período 1809-1812, cuando Quito constituyó una Junta de Gobierno y se declaró una Capitanía General del Reino de España (el 9 de octubre de 1810) y, con ello, experimentó un gobierno autónomo por un tiempo, durante el período 1820-1822 Quito no conoció el goce de un gobierno autónomo: pasó del sometimiento a una monarquía europea (el Reino de España) al sometimiento a una república sudamericana (la República de Colombia).

Historia de tres ciudades: una que fue independiente, otra que lo fue a ratos y la restante que no lo fue. 

Olmedo al exilio

9 de febrero de 2024

             Publicado en diario Expreso el viernes 9 de febrero de 2023.

“Yo no he nacido para este puesto: el retiro, la soledad y la comunicación con las musas eran convenientes a mi genio y carácter; mandar, regir, moderar un pueblo y en revolución no es para mis fuerzas intelectuales y físicas”. En una carta fechada el 18 de octubre de 1821, siendo José Joaquín Olmedo el presidente de la Junta de Gobierno de Guayaquil, él le dirigió estas palabras al general Antonio José de Sucre. Son un testimonio de que Olmedo era, ante todo, un poeta.

Pero a este poeta le tocaron los tiempos revolucionarios de octubre de 1820 y, siendo Olmedo la personalidad que era en una pequeña Guayaquil de 20.000 habitantes (persona culta y leída, de 40 años, único residente que había sido diputado en las Cortes de Cádiz -el otro guayaquileño que fue diputado en Cádiz, Vicente Rocafuerte, estaba fuera del país) a él se le impuso la obligación de conducir a la patria “en revolución”: fue el primer Jefe Político de la ciudad, nombrado por el Cabildo el 9 de octubre mismo.

Olmedo renunció a los seis días, por los abusos que cometía el peruano Gregorio Escobedo, quien había sido nombrado por el Cabildo Jefe Militar de la ciudad el mismo 9 de octubre. Pero Olmedo jugó vivo: logró que el 8 de noviembre de 1820 se organice en Guayaquil un Colegio Electoral con 57 representantes de 27 territorios de la provincia de Guayaquil. Este órgano destituyó a Escobedo por su amplio catálogo de abusos, lo volvió a nombrar a Olmedo Jefe Político de la ciudad y adoptó el 11 de noviembre de 1820 la primera Constitución (el “Reglamento Provisorio de Gobierno”) para un territorio independiente de aquellos que compondrían, en 1830, el Estado del Ecuador.   

Para la Junta de Gobierno presidida por Olmedo, e integrada también por Francisco Roca y Rafael Ximena, aquel 8 de noviembre de 1820 en que se reunió el Colegio Electoral significó el día de la libertad para los pueblos de la provincia de Guayaquil, pues allí se había reunido su representación, “que es el más precioso de los derechos sociales, y el privilegio más noble de los pueblos libres”, a fin de aprobar las normas para su convivencia y para sus relaciones con los demás Estados. 

La Junta de Gobierno había convocado para el 28 de julio de 1822 a un nuevo Colegio Electoral a fin de decidir acerca del futuro de la provincia como parte de Perú o Colombia, o mantenerse como un territorio independiente. Pero el general Simón Bolívar tenía otras ideas: llegó a Guayaquil el 11 de julio, acompañado de 1.300 “bravos colombianos”, para disolver nuestra Junta de Gobierno y decidir (por el bien de la ciudad, o al menos para no hacerle daño) que Guayaquil empezaba a ser parte de Colombia. Todos los integrantes de la Junta de Gobierno partieron al exilio en Lima. Roca y Ximena jamás volvieron. 

En carta dirigida a Bolívar, fechada el 29 de julio de 1822, Olmedo le expuso a Bolívar la razón para su exilio: “Yo me separo, pues, atravesado de pesar, de una familia honrada que amo con la mayor ternura, y que quizás queda expuesta al odio y a la persecución por mi causa. Pero así lo exige mi honor. Además, para vivir, necesito de reposo más que del aire: mi Patria no me necesita; yo no hago más que abandonarme a mi destino”.

Injusticia a Febres-Cordero

26 de enero de 2024

            Publicado en diario Expreso el viernes 26 de enero de 2024.

El militar venezolano León de Febres-Cordero y Oberto (Puertos de Altagracia, 28 de junio de 1797-Mérida, 7 de julio de 1872), según la alta consideración del historiador guayaquileño Camilo Destruge Illingworth en su libro ‘Historia de la revolución de octubre y campaña libertadora 1820-22’, fue el “alma y el brazo principal de la Revolución de Octubre”. Tras arrebatar el puerto de Guayaquil del dominio del Reino de España en la jornada del 9 de octubre de 1820, Febres-Cordero (o “Cordero”, como se lo conocía en los relatos de esa época) emprendió un avance rumbo el norte, en su calidad de Segundo Comandante de la “División Protectora de Quito”, con el propósito de liberar a Quito del dominio español.

Pero el 22 de noviembre de 1820 ocurrió un combate que la historia lo recuerda como el “Primer Huachi”, que fue un total desastre para las huestes independentistas: A raíz de esta derrota, la Junta de Guerra convocada por el nuevo Comandante General de la Provincia y Presidente de la Junta de Guerra, el peruano Juan de Dios Araujo, ordenó el enjuiciamiento y la prisión preventiva de los coroneles Luis de Urdaneta y León de Febres-Cordero.

El historiador Camilo Destruge cuenta en un capítulo de su libro, titulado “Injusticia contra Febres-Cordero”, que la reacción de León de Febres-Cordero de cara a estas afrentas recibidas tras haber sido “el alma y el brazo principal” de la independencia política de esta república fue adoptar “una resolución acomodada a su carácter franco, noble y resuelto”, y acomodada también, a las condiciones de Guayaquil, porque a fines de 1820, en esta novel república independiente, no había imprenta. Febres-Cordero no se arredró y mandó a fijar el 2 de diciembre de 1820 “en lugares públicos varias hojas manuscritas” con el texto siguiente:

“De todas las ventajas que proporciona un Gobierno liberal, una de las más apreciables es la facultad de expresar el ciudadano sus sentimientos por medio de la imprenta. La falta de este recurso en la ciudad, me obliga a hacer presente al público, por medio de este papel, que, hallándome arrestado de orden del Gobierno y habiendo exigido que se me diga la causa, se me ha contestado que por ser el segundo jefe de la División dispersa, contra cuyas operaciones eran generales las reclamaciones al Gobierno. En esta virtud, espero de cualquier ciudadano, que todas las quejas que tenga que producir contra mí, bien sea durante el tiempo que he permanecido en esta ciudad o de resultas de la desgraciada jornada del 22 del pasado, lo haga por medio de papeles públicos, fijándolos en las esquinas; en la inteligencia de que los cargos que se me hagan, serán contestados del mismo modo; dejando por juez al público imparcial”.

Consignó Destruge en su libro (que, por cierto, fue un ensayo histórico publicado en 1920 y que mereció un premio de la Municipalidad) que “no hay noticia, no hay el menor indicio de que se correspondiera a la invitación de Febres-Cordero con algún cargo, con alguna acusación…”. 

La consecuencia de estas hojas manuscritas en defensa de su honor fue el cese de la prisión preventiva y el archivo del juicio que pesaba en su contra. Después de esto, Febres-Cordero se marchó de Guayaquil. 

La celeste y blanco

6 de octubre de 2023

Este 9 de octubre conmemoramos el aniversario del día en que Guayaquil se independizó de España, siendo la primera ciudad que se declaró independiente de las que conformaron el Ecuador en 1830 (pues el 10 de agosto de 1809 en Quito no fue independentista, fue autonomista; no trató de romper con España, fue un reacomodo en ella). 

El 9 de octubre de 1820, tras una revuelta que duró una madrugada y su amanecer, las autoridades reunidas en el Cabildo de Guayaquil firmaron un acta que de forma inequívoca expresó que se había “declarado la independencia, por el voto general del pueblo”. La bandera que representó este momento fue de colores celeste y blanco. 

En seguida, el 8 de noviembre se reunió un Colegio Electoral compuesto por 57 representantes de la provincia de Guayaquil. Tras tres días de sesiones ellos dictaron un “Reglamento Provisorio de Gobierno”, en el que se afirmó que la provincia de Guayaquil se encontraba en “entera libertad para unirse a la grande asociación que le convenga” en la América del Sur. Para Olmedo, este 8 de noviembre que se reunieron los 57 representantes fue el día de la libertad de Guayaquil. Ese día flameó, de seguro, la celeste y blanco.

Pero Bolívar la mandó a arriar, cuando en julio de 1822 entró a Guayaquil acompañado de un ejército de “bravos colombianos” para sumarla manu militari como el extremo Sur de la República de Colombia. Durante 1822 y 1830, Quito, Cuenca y la violentada Guayaquil fueron colombianos. Se los llamó “Distrito del Sur” y, de manera casi invariable, fueron gobernados como un territorio de ocupación militar (con estado de excepción y hombre de armas al mando).

Cuando en 1830 ese Distrito del Sur se separó de Colombia, se abandonó la sujeción a un centro colombiano (Bogotá) pero no se ganó una plena autonomía. Bolívar lo entendió bien, cuando escribió que los ecuatorianos “todavía son colonos y pupilos de los forasteros: unos son venezolanos, otros granadinos, otros ingleses, otros peruanos, y quién sabe de qué otras tierras los habrá también”. Y Bolívar también vio claramente que aquella dominación extranjera sobre el Ecuador iba a ser temporal: “esos Jefes del Norte van a ser echados de ese país’. Y así ocurrió.

Como lo hizo el polemista Roberto Leví Castillo, bien se podría hablar de unos años de “ocupación grancolombiana” del Ecuador entre 1822 y 1845. Ello tiene sentido, dado que tantos extranjeros gobernaron: un venezolano fue su Presidente como por diez años, hubo una pléyade de ministros de todas partes, y lo más importante, tuvieron los extranjeros el control, tanto por su alto mando como por su elemental composición, del Ejército. (En un país paupérrimo, allí estaba la plata.)

A esta “ocupación grancolombiana” la quebró la revolución del 6 de marzo de 1845, capitaneada en lo militar por el general guayaquileño Antonio Elizalde y dirigida en lo civil por un triunvirato compuesto por los guayaquileños Olmedo, Noboa y Roca. Como se dice en su Acta, la revolución marcista se hizo para vindicar “el honor y dignidad de este país, humillado por algunos años bajo el yugo extraño de un poder absoluto”.

Y aquel día de verdadera autonomía para el Ecuador, volvió a ondear la libertaria bandera celeste y blanco.

El día de la Libertad (y del Olvido)

12 de noviembre de 2020


La Junta de Gobierno de Guayaquil, compuesta por José Joaquín de Olmedo, Rafael María de la Cruz Ximena y Francisco María Roca, decidió el 26 de octubre de 1821 que el 8 de noviembre debía ser un día de celebración. Su razón era poderosa:

 

Después de proclamada nuestra independencia no podíamos llamarnos libres, hasta aquel día en que vencidos dignamente los escollos que presentan siempre las revoluciones en su principio, pudo reunirse la representación de la Provincia, que es el más precioso de los derechos sociales, y el privilegio más noble de los pueblos libres. Este memorable día fue el 8 de Noviembre de 1820…

 

La asonada y la sangre del 9 de octubre era poco frente a la reunión de los representantes de la provincia de Guayaquil aquel ‘memorable’ 8 de noviembre: Lo primero fue la fuerza de unos pocos (afianzada en el cohecho a unos cuantos traidores tiro Escobedo, ojo al piojo), mientras lo segundo era la ley, la expresión de la voluntad general, un ejercicio de la razón.

 

Porque fue ese 8 de noviembre cuando ‘por primera vez pronunció libremente su voluntad el pueblo de Guayaquil, y puso los cimientos de su voluntad política’, por lo que la Junta de Gobierno presidida por Olmedo decretó que fuera el 8 de noviembre ‘celebrado en la Capital y en todos los pueblos de la provincia’ con ‘una misa de acción de gracias al Ser Supremo’, con ‘salva general, repique, e iluminación’, y con la siguientes inscripción que debió constar en la Sala Capitular, escrita en grandes caracteres:

 

GUAYAQUIL INDEPENDIENTE EN 9 DE OCTUBRE : GUAYAQUIL LIBRE EN 8 DE NOVIEMBRE DE 1820

 

Pero en esta pobre tierra de insaciable desmemoria, tal inscripción y la fecha de noviembre que exalta, ya son del olvido.

Nebot, después de su discurso

10 de octubre de 2019


Si el exalcalde Nebot, antes de la marcha, estaba jodido, su discurso de este 9 de octubre lo jodió aún más.

Hay que decir que el exalcalde empezó bien, pues quiso encuadrar la acción de Guayaquil (donde tiene sus “pies”) como una acción en pro del Ecuador (donde está su “corazón”). Era lo lógico si quería vender su ideología de la prosperidad desde esta tarima octubrina.

Pero enseguida empezó a trastabillar. Dijo que se había dicho a sí mismo: “¿Qué fiesta hicieron los de Fragua de Vulcano? ¿qué baile hicieron? ¡Ninguno!”

Esto es pura ignorancia de Nebot. En el relato de José María Villamil, uno de los partícipes en la gesta de octubre de 1820, él claramente recuerda: “El Domingo primero de Octubre de 1820, me hallaba de visita a la digna familia del Tesorero D. Pedro Morlás. Separado de los demás, conversaba con el Tesorero. La niña de quien he hablado dijo: ‘-Será posible que no bailemos esta noche?’ ‘Tú no piensas más que en baile, dijo la madre con tierna severidad’. Y resulta que tras la petición de esta mozalbeta se organizó una fiesta en la casa de Villamil para que ella baile (esta hija del Tesorero se llamó Isabel Morlás y tenía entonces trece años –después se casó con el prócer León de Febres-Cordero y se fue a vivir con él a Venezuela). Y esta fiesta, contrario a lo supuesto por Nebot, fue lo que la historia ha recogido con el nombre de “Fragua de Vulcano”. Tiene hasta un monumento al frente del Municipio. 

De aquí en más, el exalcalde Nebot no pasó de decir generalidades: afirmó que este 9 de octubre era una oportunidad para “mantener la libertad de Guayaquil y del Ecuador” y que en Guayaquil “defendemos lo que tenemos que defender en contra de lo que ofende todo lo que yo he mencionado” (?). Se puso también punitivo, su estado natural: afirmó que a los luchadores de Guayaquil les tocaba “reemplazar al Estado y castigarlos como se los tiene que castigar” y que Guayaquil también podía ser la del “puño cerrado, capaz de golpear en el pecho mortalmente a quien ofende a la ciudad de Guayaquil”.

¿A quién le quería pegar, Nebot? A unos enemigos de fantasía, a los que “son malos por su actitud delictiva, y aquí los vamos a castigar, aquí no tenemos ese tipo de gente” (?). Aquí esto ya no hace sentido: ¿en Guayaquil no hay gente con “actitud delictiva”? ¿En qué planeta vive Nebot?

Luego afirmó: “Aquí no tendrán cabida nunca, no tendrán éxito nunca, los que no tienen normas claras de respeto a la convivencia civilizada, esa es la posición de Guayaquil, y que no nos busquen, porque nos encuentran”. La única conclusión posible es que en el Planeta Mocolí, la droga es barata. Es la única explicación para este divague psicodélico que sugiere que en Guayaquil quien no respeta “normas claras de respeto a la convivencia” no ha tenido cabida nunca… cuando el no respeto a las normas de convivencia es el modus operandi de los guayacos cuando conducimos nuestros vehículos (Mahuad lo explica), y en general, es cómo nos comportamos en esta tierra de sabidoshhh. Y si el exalcalde Nebot no se ha enterado de esto, es porque está alucinando.

Increíblemente, vino más mumbo-jumbo: “Siempre hemos estado preparados, primero la ley, primero la ley, y después, la ley del pueblo” (?), y luego, la más hermosa de sus vaguedades: “hay que hacer la guerra para conseguir la paz, la paz vendrá cuando derrotemos a quienes nos quitan la paz” (?).

Probablemente, el último poncho.

Y luego de todo este divague de Nebot, llegó su cierre con una mención a la ideología de la prosperidad y a un partido por sobre todos los partidos: “construyamos juntos el Ecuador que merecemos y que queremos, que Dios bendiga a los ecuatorianos, pero que los ecuatorianos sepamos que a Dios le toca bendecir al Ecuador y a nosotros juntos salvar nuestra Patria, salvar al Ecuador, un abrazo cariñoso para siempre, un abrazo en la lucha, un abrazo en la ideología de la prosperidad y en el partido del Ecuador, sobre todas las ideologías y sobre todos los partidos. Gracias a ustedes”. Cuando terminó su discurso, sus muecas de disgusto transmitieron clarito su verdadero mensaje: “La he cagado. Tiré una buena oportunidad a la marchanta”.

El curtido Nebot de la política sabe bien que le fue mal: no pasó de decir vaguedades, de hacer acusaciones sin destinatario, de evocar vanas ilusiones. Si desde esta tarima quiso vender su ideología de la prosperidad, pues no convenció a nadie de ello. Y en el proceso (v. “Nebot, antes de la marcha”) se hizo de unos cuantos enemigos que habría preferido evitar.

Mala tos, Alcalde James de la Mofle. La Presidencia parece ya un lugar lejano.

Nebot, antes de la marcha

9 de octubre de 2019


El día que conmemora su fecha de independencia, la ciudad de Guayaquil se enfrenta a un problema de antes de su independencia: una sublevación de los naturales de la tierra (aka “indígenas”). Durante la colonia, a eso le temió la gente blanca de este puerto* y la gente blanca de toda la Audiencia de Quito, sabedores como eran de que este extremo occidente de España era un territorio de conquista. Que los conquistados (aka “indígenas”) quisieran sublevarse, entraba entre los temores razonables de los descendientes más o menos pálidos de los salvajes conquistadores de América.

Pero pasada la independencia del Reino de España, a 199 años de ella, que la élite política de Guayaquil invoque una sublevación de los indígenas como base para marchar es, cuando menos, un anacronismo. Un temor del siglo XIX, impropio del 2019.

Pero parece ser, además, una torpeza: ahora al presidenciableNebot se le está esfumando la chance de ser Presidente de la República§. Por defender la ciudad de la que fue Alcalde, Nebot se ha emperrado en llamar “vándalos” a los que se han opuesto a las decisiones del Gobierno impopular que él respalda. Y ha convocado a los guayaquileños a marchar para defender a su ciudad de la sublevación indígena, que él la ha asociado con los “vándalos” y contra los que él ha prometido “mano dura” si osan entrar a Guayaquil.

Así, Guayaquil se revela como un feudo socialcristiano y sus autoridades lo atrincheran casi al estilo de una ciudad española del siglo XVI para así evitar que malvados forasteros la dañen. Es una medida surreal, también por lo que implica para Jaime Nebot como posible candidato nacional: quedar asociado a una protección matonil de un gobierno impopular, a una figura decadente como la de Lenin Moreno y a un discurso regionalista (indígena = vándalo) que lo torna impopular en muchas regiones del país que le son muy necesarias si desea aspirar a la Presidencia, como él mismo lo sabía y tanto lo vestía:


Pobre Alcalde James de la Mofle: por mucho Guayaquil, se quedó sin Ecuador. 

* Por “gente blanca” se entiende en Guayaquil un amplio abanico de colores que incluye a la negritud de la familia Roca.
Entiendo como un acto de hijueputismo del Presidente Lenin Moreno declarar a Nebot y a Lasso como futuros presidentes del Ecuador. Como un Rey Midas de la Caca, esto fue un touch de mierda de su parte.
§ Lasso se relame.

Guayaquil, bastión de la derecha autoritaria

8 de octubre de 2019


Es 8 de octubre de 2019, víspera de las fiestas de independencia de la ciudad, y Guayaquil es la capital de un país dividido y el bastión de un gobierno impopular.

Con el Decreto Ejecutivo No. 888 del día 8 de octubre, el Presidente Lenin Moreno decretó el traslado de la “Sede de Gobierno a la ciudad de Guayaquil”. Así, Guayaquil se ha convertido en la capital administrativa del Ecuador mientras dure el estado de excepción (o visto desde otro ángulo: Quito se convirtió transitoriamente en Machachi in the parlance of la Guadalupe). El Presidente Lenin Moreno y su Gabinete sesionan desde el Gobierno Zonal en Guayaquil, en el opulento edificio que perteneció al Banco del Progreso y que Ricardo Patiño adecuó para el servicio público. Allí se reúnen las principales autoridades de las cinco Funciones del Estado ecuatoriano.

La historia es larga pero para hacerla corta, desde que los guayaquileños empezamos a elegir por voto popular al alcalde de nuestra ciudad (es decir, desde 1947), Guayaquil ha sufrido de tres populismos: el del CFP, el del PRE y el del PSC. Este último populismo es de carácter autoritario y de derechas, y está enquistado en la Alcaldía desde 1992.

Como a Guayaquil la democracia no le ha sentado bien, a fines de los ochenta y principios de los noventa la ciudad se hallaba en la mala: llena de basura, por fuera y por dentro del Palacio Municipal. El PSC se hizo fuerte frente al notorio fracaso del populismo del PRE, pues se erigió como la facción que “recuperó” a Guayaquil de esa etapa mala, con un caudillo autoritario y carismático como León Febres-Cordero a la cabeza.

Por este relato “heroico” del PSC es que creo que la facción de la derecha autoritaria (AKA “el fascismo”) en Guayaquil pudo emerger tan victoriosa frente al descalabro de los hermanos Bucaram, elegidos para el Sillón de Olmedo en 1984 (Abdalá) y 1988 (Elsa), pero incapaces de completar sus períodos. En la siguiente elección para la Alcaldía, en 1992, le llegó su turno al PSC, cuando ocurrió lo que según el filósofo italiano Norberto Bobbio justificó la emergencia del fascismo en la Italia de los años treinta: “la conquista del poder por parte del fascismo fue el resultado de una fecunda alianza entre precisos intereses de clase y turbios ideales, favorecidos por la crisis moral, social y económica que atravesaba un [cantón] como el nuestro, por larga tradición más acostumbrado a la opresión que a la libertad”. Donde se lee cantón, se leía (en el texto original de Bobbio) “país”… pero este reemplazo no altera un ápice el sentido de la frase, tan real en un caso como en el otro. En Guayaquil, fue la crisis de la ciudad por el gobierno del PRE lo que favoreció al emergente PSC, el partido de la derecha autoritaria de Guayaquil.

Ahora, ¿por qué digo que el PSC es de derechas? Porque el negocio de la Alcaldía del PSC, en la planificación y en la ejecución de las políticas públicas, es satisfacer a los intereses de las empresas constructoras. El crecimiento de Guayaquil, horizontal y de cemento, cuesta seis veces más que un crecimiento vertical y ambientalmente sostenible: es decir, el llamado “modelo exitoso” del PSC despilfarra una fortuna en hacer las cosas mal, siendo Guayaquil una de las ciudades más vulnerable a las inundaciones que hay en el mundo.

En otras palabras, el crecimiento de Guayaquil es económicamente estúpido… salvo que seas parte del negocio de la construcción (de cuyas filas emergió el Alcalde Nebot, boca abierta). Pero lo peor no es el despilfarro de los recursos (que te embuten como éxito para todos, cuando lo es para pocos), lo peor es el riesgo real que corre Guayaquil debido a las inundaciones en un futuro no muy lejano (una o dos generaciones más), sobre lo que nada efectivo se ha hecho.

Y luego, ¿por qué el PSC es autoritario? Pues por la forma vertical de su administración, en la que se ejecuta lo que ha decidido la cúpula. La concreción legal de esta verticalidad ocurrió en la “Ordenanza que regula el sistema de participación ciudadana del cantón Guayaquil”, que es una burla a la idea de gobierno democrático pues habilita a participar en la Asamblea Cantonal de Guayaquil únicamente a los 117 “representantes de la sociedad” que están mencionados en la Ordenanza. Pero si con acotar el número era insuficiente, la Alcaldía le ha repartido dinero de forma generosa a varios (acaso la mayoría) de estos 117 privilegiados en una ciudad de casi 3 millones de habitantes.

Y por si no quedaba claro quién mandaba, la Ordenanza en cuestión le reservó al Alcalde y un concejal un voto calificado en la Asamblea Cantonal del 51%. Como que esta norma se la hizo durante la Alcaldía de Jaime Nebot, sólo podía aspirarse con ella a que se haga su voluntad. O como lo advirtió quien entonces era Secretario del Municipio, Vicente Taiano, la norma debía diseñarse “para evitar intromisiones en las gestiones del Alcalde”.

Entonces, en estos días la Guayaquil del PSC ha llegado a una cúspide: se ha erigido como la capital administrativa del Ecuador. Como Guayaquil es la casa de la derecha autoritaria desde 1992, es natural que sea la sede de un gobierno nacional que ha adoptado unas medidas tan favorables a las empresas y tan perjudiciales para el ciudadano común.

Y, por supuesto, a la derecha autoritaria de Guayaquil le sienta muy bien el racismo que se pone en evidencia en un país dividido, así que es apenas natural que se adopte su tono para la marcha de mañana (pues su telón de fondo es, no nos engañemos: “aquí no pasarán estos indios brutos” –con palabras un poco más elegantes, claro).

Es por eso, conciudadanos de Guayaquil, que la marcha de mañana 9 de octubre más que una resistencia, es una celebración. Es la celebración de la derecha autoritaria y de los áulicos del Presidente más impopular e infradotado de los últimos tiempos. Y un triste papel, siendo ya el 2019.

La revolución de Urdaneta

24 de septiembre de 2019


El general Juan José Flores, primer Presidente de los ecuatorianos, se enteró de la muerte del Libertador Bolívar por la interceptación de la correspondencia entre dos familiares: los también venezolanos Rafael y Luis Urdaneta, primos entre sí. Y aunque fue triste acontecimiento, no pudo ser para Flores cosa más oportuna.

Para la época de la interceptación de la correspondencia entre los Urdaneta, Rafael Urdaneta era el Presidente provisional de la República de Colombia, o mejor dicho, de lo que iba quedando de ella, desmembrada como estaba por el Oeste y el Sur (Venezuela y Ecuador). Su primo, Luis Urdaneta, fue el enviado por el Gobierno colombiano para atraer al recién fundado Estado del Ecuador a su órbita.

Este Luis Urdaneta es el mismo venezolano que el 9 de octubre de 1820 participó en la independencia de Guayaquil y al que lo recuerda una calle del centro de la ciudad*. Es el mismo que le comentó a León de Febres-Cordero, después de haber matado a un militar español en la jornada del 9 de octubre, que una “revolución no es una escuela de moral”**.

El 4 de noviembre de 1830, Luis Urdaneta volvió a desembarcar en Guayaquil, esta vez con la misión de terminar con la independencia del Estado al que el Departamento del Guayas (la antigua “Provincia de Guayaquil”) pertenecía, para integrarlo de nuevo a la Colombia que gobernaba su primo.

Sin embargo, el primer Presidente de los ecuatorianos se negó en redondo a la oferta de su coterráneo. Y Luis Urdaneta, entonces, hizo lo que su época demandaba: organizó una revolución para hacer triunfar su idea. En palabras de Murillo Miró:

“… la guarnición de Guayaquil , compuesta en su mayor parte, como ya hemos dicho, de granadinos y venezolanos, al invocarse la unidad de Colombia y al oír el nombre de Libertador, pronuncióse el 28 de noviembre de 1830, apoyando con su conducta la evolución de Bogotá, y nombró al citado General don Luis Urdaneta Jefe Superior interino de los tres Departamentos del Sur” (Murillo Miró, p. 67)***.

Es decir, el Departamento del Guayas desconoció al Presidente Flores a escasos 67 días de su posesión por el Congreso Constituyente y optó por el revolucionario Luis Urdaneta, antiguo héroe de su independencia. Enseguida lo secundó el Departamento del Azuay, pero el Departamento de Quito, por su parte, sostuvo al Presidente Flores en una proclama difundida el 11 de diciembre. Urdaneta avanzó con su ejército hasta Latacunga e iba a tomarse Quito, cuando ocurrió la interceptación de la correspondencia que le enviaba el Presidente de Colombia, en la que “daba cuenta a su primo don Luis de la infausta muerte del Libertador acaecida el 17 de diciembre, a la una de la tarde, en la hacienda de ‘San Pedro Alejandrino’, a inmediaciones de Santa Marta” (Murillo Miró, p. 68). 

Tras conocerse la noticia de que murió Bolívar, la causa de Urdaneta se perdió de forma irremediable: “tuvo que capitular con el Presidente Flores, salir pronto del país, y dirigirse a Panamá donde murió en un patíbulo” (Murillo Miró, p. 68).

A la revolución de Luis Urdaneta, la mató la muerte del Libertador el 17 de diciembre de 1830. A Luis Urdaneta lo mató en Panamá un escuadrón de fusilamiento, el 27 de agosto de 1831, por buscar lo contrario de lo que buscó en el Sur: allá buscó separar a Panamá de una Colombia que ya no gobernaba su primo. Lo capturaron y lo mataron.

“La revolución no es una escuela de moral”. Este hombre encarnó su frase.

* En cuya intersección con la calle Ximena queda ‘Don Pepe’, prohibido olvidar.
** ‘El relato de Villamil’, en: AA.VV., ‘La independencia de Guayaquil. 9 de octubre de 1820’, Banco Central del Ecuador, Guayaquil, 1983, p. 17.
*** Murillo Miró, Juan, ‘Historia del Ecuador de 1876 a 1888 precedida de un resumen histórico de 1830 a 1875’, Corporación Editora Nacional, Quito, 1993 [Biblioteca de Historia Ecuatoriana, vol. 11].

Acta de lunes lluvioso

10 de junio de 2018


En la mañana del lunes 9 de Octubre de 1820, en Guayaquil se convocó a un cabildo abierto para la firma del Acta de la Independencia del Reino de España. A diferencia de los documentos de otros territorios sudamericanos, en los que se justificó con mucha lírica el rompimiento con los godos, el acta de independencia de Guayaquil fue prosaica, carente de emotividad.

El acta que se levantó ese lunes 9 de Octubre de 1820 reconoció el hecho de la independencia (“habiéndose declarado la independencia por el voto general del pueblo…”) y dispuso que se proceda a organizar la ciudad en función de este hecho (“debiendo tomar en consecuencia, todas las medidas que conciernan al orden político…”). Después de esto se designaron autoridades y al final constan las firmas de los catorce cabildantes, todos hombres, todos blancos y descendientes de las familias españolas asentadas en la ciudad. De esta manera llegó la República a estos pagos (a lo que sería, con el correr de los años, el Ecuador), sin siquiera cambiar a las autoridades que ejercían en 1820 los cargos de la administración pública por nominación de las autoridades españolas, pues todos ellos (salvo por el caso de Bernardo de Alzúa) fueron ratificados por el nuevo gobierno republicano, como consta en el acta.

El acta del 9 de Octubre es un acta desprovista de lírica, expeditiva, burocrática. Un acta indigna de heroísmo, más propia de un lunes de lluvia.

Jairzinho en el Súper Nueve

31 de octubre de 2016


Ayer se publicó en las páginas deportivas de diario El universo una columna de opinión del periodista argentino Jorge Barraza, uno de los dos periodistas de fútbol a quien resulta realmente placentero leer en la prensa ecuatoriana (el otro es Ricardo Vasconcellos, también de los registros de El universo [1]). El artículo que se publicó ayer versaba sobre otro periodista de fútbol, el brasileño Tostao, a quien Barraza rinde total admiración (llama a su prosa de “concisión borgeana”, vaya).

Tostao tuvo, además, el privilegio de jugar en el mejor Brasil de la historia, los Reyes del ‘70. Y de participar en la jugada del único gol con el que Brasil venció al campeón mundial reinante, Inglaterra. Barraza refiere en su artículo cómo recordó ese gol el propio Tostao, en un libro que él escribió y publicó en 1997:

“Miré al banco y vi a Roberto calentando para entrar. Era por mí, seguro. Tenía que hacer algo. La pelota estuvo mucho por la izquierda y siempre entendí que cuando la bola está mucho en un lado queda alguien libre en el otro. Sin mirar, de media vuelta hice un cambio de frente y le cayó en los pies a Pelé, tocó a Jair y gol, ganamos 1-0. ¿Cómo hice…? No sé, hice. Las grandes jugadas no se elaboran, acontecen. Luego me sacaron, pero ya había hecho algo”.

Ese “ya había hecho algo” es esto:
 
 
El gol lo anotó Jairzinho. En ese mundial, Jairzinho hizo lo que ningún otro, ni antes ni después, ha hecho: anotó un gol en todos los partidos de un mundial (7 goles en 6 partidos), con el team de Pelé y los Reyes del 70’, incluido un gol en esa final que vio mi papá en el Azteca, el 4-1 frente a Italia (Jairzinho anotó el tercero). En total, anotó 9 goles para la Canarinha (dos más en el mundial de Alemania ’74).
 
 
Doce años después de su hazaña impar, en 1982, Jairzinho vino a retirarse al Ecuador en el antiguo equipo guayaquileño 9 de Octubre (fundado en 1926), que se encontraba en un subidón por la inyección de dinero del señor Omar Quintana. En un antecedente de la tradición de fútbol alegre de la que Ronaldinho ha sido el símbolo universal en los últimos años, las palabras de Jairzinho cuando arribó a Ecuador fueron: “Espero que mi presencia sea motivo de fiesta” (2). Si Ronaldinho es Dios, Jairzinho es su profeta.

Este video del año 1982, año que en mi memoria se asocia directamente con Naranjito, lo muestra a Jair Ventura (así lo llamó Manuel Kun, en este video del programa ‘Acción’) en un drible endemoniado hacia el primer gol, en un partido jugado contra Liga de Portoviejo, el 12 de diciembre, en la cancha de “Los Chirijos” de Milagro (pues allí jugaba el “Súper Nueve” de local). Jair Ventura Filho, Jairzinho para el mundo del fútbol, nació en Río de Janeiro el 25 de diciembre de 1944 y contaba esa tarde con 37 años. A días de cumplir sus 38.
 
 
En ese 1982 en que Jairzinho jugó para el equipo conocido como “Súper Nueve”, su equipo alcanzó la clasificación al cuadrangular final del campeonato, junto a Barcelona, El Nacional y Liga de Portoviejo. Quedó cuarto (las imágenes del partido pertenecen a la cuarta fecha de este cuadrangular final). Campeón fue El Nacional, Barcelona vicecampeón y la Liga (P) tuvo la mejor participación de su historia, tercera (3). El 9 de Octubre mejoró su registro en los campeonatos de 1983 y 1984, en los que quedó vicecampeón y clasificó para jugar la Copa Libertadores. En 1986, la inyección del dinero al “Súper Nueve” del señor Quintana se retiró, por lo que el equipo que viste con los colores de la ciudad se fue en caída libre a segunda categoría. Allí juega todavía. 

Pero en ese episodio en el que corrió billete, el “Súper Nueve” se dio el lujo de contar con Jairzinho, un jugador al que se suele considerar entre los mejores jugadores de la historia del fútbol de su país. Sin duda, el jugador de mayores pergaminos que alguna vez ha llegado a jugar en el fútbol ecuatoriano (4).

(1) Jorge Barraza, ‘Tostao, el gran líder de Brasil era Gerson’, Diario El universo, 30 de octubre de 2016. Lo de Barraza y Vasconcellos podría dar la impresión de una página deportiva de calidad en diario El universo. Nada más alejado de la verdad. La página es desastrosa, pero estas dos excepciones brillan como dos luceros.
(2)Jairzinho, crack que fue del club guayaquileño 9 de octubre’, Diario El universo, 8 de marzo de 2015.
(3) Liga(P), cerca de la Copa en 1982’, Diario El universo, 2 de marzo de 2014.
(4)Cuatro campeones del mundo jugaron en Ecuador’, Diario El comercio, 16 de agosto de 2012.