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La Ministra es Axe

21 de noviembre de 2019


Hay quienes creen en estas posibilidades: hay mundos paralelos a este que vivimos, en el que las combinaciones posibles de las interacciones humanas se han dado, desde X punto, de otra manera, y lo que vemos en este mundo es la versión mala o pobre o descuidada, de un ser que en ese otro mundo, paralelo a éste, sí pudo desarrollar la versión mejor de sí. 

Supongamos por suponer, que ese es el caso de María Paula Romo desde que fundó la Ruptura de los 25. Y que en un mundo paralelo, ella es una luchadora por el bienestar de su comunidad. Es decir, su contrario actual.

Pensemos que por un azar cósmico, estas dos María Paulas se llegan a cruzar en esta realidad: estoy seguro (por pura ciencia ficción) que la María Paula luchadora social le tiraría piedras y mierda y lodo a la María Paula gubernamental, que en consecuencia, la metería a la “sí misma” (ya nos pusimos heideggerianos) visitante de otra dimensión en una cárcel de esta dimensión, que son horribles.

Lo que probaría, inter-dimensionalmente, que un desodorante tiene razón: María Paula, el bien y el mal conviven en ti.

El problema es que ahora sólo vemos tu lado malo.

"Pan, amor y Superviena"

23 de octubre de 2016

Borges se recluyó con Bioy Casares en una estancia en Pardo para escribir la publicidad “de un alimento más o menos búlgaro”, el yogurt ‘La Martona’, producto de un industrial tío de Bioy (Miguel Casares). De esta convivencia de una semana en una casa en ruinas, “en cuya chimenea crepitaban ramas de eucaliptos”, resultó el folleto comercial titulado ‘La leche cuajada’, que fue su primera colaboración conjunta (año 1935 ó 1936), antes incluso de Bustos Domecq. García Márquez, por su parte, antes de pegarle al gordo con su saga de los Buendía, juntó unos chochos por escribir un eslogan para una marca de pañuelos desechables: “Yo sin Kleenex no puedo vivir” (que fue, en realidad, idea de su mujer) (1).


 
En este plan de venderse a la publicidad en tiempos de chirez, Charly García, cumpleañero de hoy, escribió un jingle para una marca de salchichas que decía “pan, amor y Superviena”. Pero a diferencia del folleto comercial para el yogurt ‘La Martona’ y del eslogan ideado por la mujer de García Márquez para Kleenex, el estribillo de Charly García no fue aceptado (2). La Argentina se perdió de un jingle ganador.

Ni modo. La vanguardia es así.

(1) Alberto Borrini, ‘El debut de Borges y Bioy como publicitarios’, Diario La nación (Argentina), 21 de enero de 2003; Daniel Rito, 'La Martona, la marca sinónimo de la leche en Argentina', Mausoleo de Marcas, 24 de septiembre de 2014.
(2) Bruno Larocca, ‘Carlitos antes de Charly García’, Rolling Stone, 21 de octubre de 2016.

No miro, no miro, no miro

14 de julio de 2009


Esta foto provocó críticas en Estados Unidos, un país en el que convive una acentuada tradición liberal (aunque valga precisarlo, principalmente de índole económica) con un profundo puritanismo de cuño religioso (que no es extraño que sea hipócrita). La foto parece mostrarnos al Presidente Barack Obama en el acto de mirar el enorme culo de esa mujer. Pero como suele suceder, la foto es engañosa (no es extraño que una foto, de las que se suele decirse que dicen más que mil palabras, diga más de mil palabras mentirosas): el Presidente Obama (v. acá) se volteó, pero no para mirarle con descaro el culo a esta mujer, sino para ayudar a la mujer que venía detrás de él. Acaso hubo una pasadita de mirada, un ligero glance que justo lo captó la cámara y que provocó esta falsa impresión de Obama mirando esas caderas de manera morbosa.

Ahora, hay que admitirlo: esas nalgas son admirables y merecen ocasionar un debate menos político que el que yo propongo (ya escucho abucheos) a continuación. Pero sucede que en el ámbito político es interesante constatar como difieren las posturas en un caso de mirada morbosa según el país en que se emitan los juicios de valor. Para no salirnos todavía de los países desarrollados (porque América latina puede provocar un anecdotario sustancioso, piénsese en clave local en Bucaram y Rosalía) convengamos que lo que en Francia o en Italia no se lo toma mal, o de plano, se lo acepta de manera generalizada, e incluso con agrado (piénsese en esta mano en el culo de Sarkozy o en las partuzas que sostiene Papi Berlusconi –así como en la alerta crítica que lanzó el semiólogo Umberto Eco, acá) en los Estados Unidos podría significar un grave problema (recuérdese a Clinton) al amparo de las críticas moralistas de los macarras de la moral, pobre gente (Obama salió bien librado porque no tenía culpa). En contraste y de regreso al mundo latino, yo creo que en general en nuestros países la reacción de un mandatario, y ni se diga de los ciudadanos de a pie que solemos andar de sarta de morbosos viandantes, sería más o menos (acaso un poco menos) como la siguiente:



Bue, tampoco me podrán negar que ese caderamen vale cada segundo de potencial problema, ¿no?

Proyecto Pacífico

4 de octubre de 2008

Lo recuerdo a Banksy: “pequeña gente retorcida sale cada día y afea esta gran ciudad. Dejando sus trazos idiotas, invadiendo comunidades y haciendo que la gente se sienta sucia y utilizada. Solo toman, toman y toman, y no dejan nada a cambio. Son malvados y egoístas, y hacen del mundo un lugar horrible. Los llamamos agencias de publicidad y urbanistas”. Lo recuerdo a Darío Grandinetti, a quien en aquella célebre película de Eliseo Subiela, El Lado Oscuro del Corazón, una prostituta le pregunta cuál es su oficio y él le responde, “publicista”. La prostituta, entonces, le replica: “ah, sos una puta. Como yo”. Yo me permito reivindicarlas en compañía del filósofo rumano Emil M. Cioran, quien, asiduo de burdeles, afirmó que no existían en el mundo personas más propicias para la filosofía que las putas. Digamos entonces, que en línea de esto último (la filosofía) y en las antípodas de lo primero (la maldad y el egoísmo, como dijera Banksy) se sitúa el Proyecto Pacífico.

Tengo algunos días en Colombia (pronúnciese Locombia, por favor) y causas y azares (rectifico: exquisitas causas y azares) me condujeron a Cartagena de Indias, donde participo del XV Congreso Colombiano de Publicidad y donde participé el miércoles 1 de octubre del lanzamiento del proyecto Pacífico: Ideas Simples para Vivir en Paz. Se visita una página de Internet (http://www.proyectopacifico.com/) y quienquiera puede escribir sus ideas simples para vivir en paz: los publicistas del Proyecto Pacífico se encargan de convertirlas en publicidad: así, frases simples (pero necesarias) como “No se vaya”, “Baile más”, “Maneje sin pelear” , “Escribe un mensaje de paz y láncelo por la ventana”, “Quiera más a su familia” , “Aprenda a decir I love you en español”, “Regálele un juguete a un niño”, “No grite. Respire”, “Dé más serenatas” o “Piense por un minuto en los que mueren en la guerra”, aquel miércoles 1 se vieron reflejadas en vídeos publicitarios que tienen el propósito de incentivar a que, los colombianos (a que todos, en realidad) asumamos una cultura de paz.

Algunos me dirán: el caso de Colombia es distinto. Y sí, coincido: Colombia es distinta, Colombia es un país cuya historia nos habla de élites usualmente egoístas y de personas marginadas que se forjan a sí mismas; una historia que nos habla de dominación y de revancha; una historia que riega mucha sangre que empaña, sin mancharla, su hermosura porque es precisamente aquella historia la que produce esta gente tan echada pa’ lante, tan de pronto abrazo, tan en busca de un destino. Un destino a cuya pacífica búsqueda contribuye este Proyecto Pacífico, con modestia pero con talento, sin prisa pero sin pausa, con buena voluntad.

En el párrafo anterior reconocí (porque lo he vivido, porque lo sé) que Colombia es distinta. No son esas las únicas, por supuesto (acaso no sean ni siquiera las principales) razones que nos diferencian. Pero sé que esas diferencias no pueden ocultar el detalle de la necesidad de que en este país se replique una experiencia como la de Proyecto Pacífico. Si bien este país no sufre las circunstancias de Colombia, sí que tiene su alta y dolorosa dosis de racismo, de inequidad, de necesidad de pensar nuestra convivencia en clave solidaria. Las agencias de publicidad de este país (a quienes, en general, no es difícil endilgarles el calificativo de mediocres, ¿para qué engañarnos?) pueden contribuir a este propósito, a imagen y semejanza del proyecto que comento en esta columna. ¿Será que se le miden?