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Naturaleza y Tico Tico

3 de mayo de 2008

Trataré de explicar el error de concepto de los “derechos de la naturaleza” de la manera más llana posible y recurriré, para cumplir con este propósito, a la canción “El Árbol” del célebre y querido Tico Tico (con perdón del Tiko Tiko actual –así, con “k”- escribiré su nombre como lo recuerdo de mi infancia). La canción de este aclamado payaso empieza por reconocer la vitalidad de la naturaleza, especificada en uno de sus elementos, y dice, “el árbol tiene vida / igual que nosotros”, para de inmediato enfatizar su interrelación con los seres humanos, “y si nosotros lo alimentamos / el árbol también lo hará”. Continúa la canción y reconoce lo evidente, “pero como no tiene brazos / nosotros / se lo tenemos que dar” (en la ciberpágina de Tico Tico se obtiene el audio).

La sencilla lección que esta canción de Tico Tico enseña a los niños (y, vale decirlo, a algunos adultos) es la siguiente: los seres humanos somos quienes tenemos que asumir la responsabilidad del cuidado de los árboles (y, por extensión, del “medio ambiente” o, como dicen los asambleístas, de “la naturaleza”) y tenemos la obligación de hacerlo, de manera principal (¿cabe alguna duda?) en beneficio de nosotros mismos, los seres humanos. Una aproximación filosófica a este tema la encuentran en la voz “Naturaleza” del Diccionario Filosófico de Fernando Savater.

Sin embargo, esta sencilla lección de Tico Tico no parecen comprenderla algunos asambleístas que insisten en incorporar los “derechos de la naturaleza” en la Constitución. No se ahorran adjetivos y califican esta incorporación como “hito fundamental”, hecho “revolucionario y transformador”, “visión innovadora” que demuestra que tenemos “una Constitución de avanzada”, etcétera. (Los autores de estas lindezas son Martha Roldós y Alberto Acosta; pero no son los únicos que las expresan.) Me permito formularles a los asambleístas que así piensan, dos breves observaciones:

1) Es impropio de un texto jurídico la incorporación de derechos sin obligaciones correlativas (¿qué deberes pueden exigírseles a los animales o los lagos?); más aún, es absurda la incorporación de derechos que conciernen a una “entidad” que, en ningún caso, podría ejercerlos por sí misma. Es falsa, en este punto, la analogía que suele hacerse con las “personas jurídicas” porque éstas son la prolongación de los intereses de las personas naturales, quienes las crean y las administran –que no es, por supuesto, el caso de la naturaleza. Los “derechos de la naturaleza” son simple retórica sin sustancia (hecho común en nuestra historia constitucional, tan llena de proclamas vacías), impropia de cualquier texto jurídico que se respete.

2) Lo dicho no implica de ninguna manera que desconozca la obligación que tenemos los seres humanos de proteger el medio ambiente. Pero sí enfatizo que esa protección será efectiva (que es lo que importa) no mediante estos retóricos “derechos de la naturaleza”, sino mediante la incorporación en la Constitución y en la legislación de los mecanismos idóneos y efectivos para garantizarla. En otras palabras: no derechos nuevos sino mecanismos efectivos de garantía es lo que necesitamos los seres humanos para defender nuestro común interés de proteger el medio ambiente. El Informe El acceso a la justicia como garantía de los derechos económicos, sociales y culturales. Estudio de los estándares fijados por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos que publicó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (véase mi editorial, “Hacia la garantía de los DESC”, del 19 de abril de 2008) ofrece importante claves para la redacción adecuada de estas garantías.

Quiero no omitir que Baudelaire escribió, “tenemos de genios, lo que conservamos de niños”. Que sean Tico Tico y “El Árbol” (también Fernando Savater) quienes los iluminen. Buena suerte.

No en nuestro nombre

30 de septiembre de 2006


Publicado en diario El universo el 30 de septiembre de 2006. 

*

En Chicago, la mañana del 23 de agosto de 1968, varios miembros del Youth International Party (Partido Internacional de la Juventud, los Yippies) anunciaron con ocasión de la Convención Nacional Demócrata su candidato a la presidencia de los Estados Unidos: el chancho Pigasus. Su participación, según Abbie Hoffman, significaba una reversión de los procesos políticos usuales en los cuales “se elige un Presidente y él se come a la gente; en este caso, nosotros elegimos un Presidente y la gente se lo come a él”.

Años después, en Nueva Jersey, el 26 de abril del 2000, Michael Moore anunció la candidatura de un ficus para el Congreso de los Estados Unidos. Su argumento era sencillo: debería votarse por un candidato que no acepta contribuciones de campaña, solo necesita aire, sol y agua, realiza (cosa que otros no pueden hacer) la fotosíntesis y te obliga, además, a no elegir a esos “babbling idiots and bumbling morons” (balbuceantes idiotas e incompetentes estúpidos) que pueblan, según Moore, el Congreso de su país.

Con estos antecedentes de Pigasus y el ficus, no tengo ningún empacho en manifestar mi sincero apoyo a la iniciativa de votar por el legendario payaso Tiko Tiko para diputado del Congreso Nacional. La manera de concretar este apoyo consta en la ciberpágina http://www.votatikotiko.blogspot.com/ (1); la razón para hacerlo es evidente: a diferencia de otros que corren de candidatos para el Congreso Nacional, Tiko Tiko sí es un payaso con enorme trayectoria. Ya hubiera deseado además que postulasen para el Congreso Nacional esa parlanchina media amarilla llamada Calcetín o acaso alguna de aquellas palmeras que el proceso de regeneración urbana desalojó del centro de Guayaquil: tengo el profundo convencimiento de que en su curul del Congreso harían mucho menos daño que varios diputados que ya conocemos, para pena nuestra, demasiado.

Sin embargo, es un poco tarde ya: no dejan estas de ser propuestas lúdicas meramente. Nos queda, en contraste, la triste realidad, que en certera expresión borgiana se halla “llena de insondable nada”. Porque es penosamente cierto: los mismos carcamales de siempre o los nuevos bochornosos candidatos confluyen peligrosamente en una misma amalgama mediocre de ideas y procedimientos. Ya es hora que aprendamos algo: hemos tenido cantantes, famosillos de la tele y atletas en el Congreso Nacional y, admitámoslo, su contribución a la política de este país como norma solo ha sido el triste incremento de nuestra sensación de vergüenza ajena y de hastío político. Nada hace pensar que estas nuevas elecciones marquen en este sentido ninguna diferencia.

En este contexto, mi sugerencia a la ciudadanía que se presume a sí misma de consciente, es que anulemos el voto. Para los escépticos de esta postura, es evidente que de todas maneras se elegirán diputados y es evidente que el Congreso continuará funcionando. Pero no es su inexistencia lo que se pretende alcanzar. Lo que se quiere expresar no es sino el repudio al estado de cosas de la política ecuatoriana, a la repetición de los mismos mediocres y a la postulación de nuevos mediocres. Que los partidos (las entidades más antidemocráticas de este país: ¿cuándo será el día que, cuando menos, haya elecciones primarias en nuestros partidos políticos?) entiendan que los repudiamos y que pueden intentar mejores cosas para persuadirnos que tratarnos como acémilas.

Yo ya lo decidí: anularé mi voto. Y los animo a ustedes a que hagan lo propio, para que los electos sepan que si hacen las porquerías que suelen hacer, carecen de toda legitimidad para hacerlas y que sus actos no los ejecutan en nuestro nombre. Puede que el país aprenda alguna lección si el voto nulo triunfa en estas elecciones. Ojalá que así sea. Pero tengo que admitir que en mi caso, el solo placer de manifestarle a tanto mediocre mi sincero repudio, ya lo justifica.

(1) El 3 de octubre de 2006 la ciberpágina de apoyo a Tiko Tiko tomó nota del artículo: "Gracias Xavier Flores por tomarnos en cuenta, por hacer ver que esto es algo más que un simple grafitti o una propuesta sin sentido", en: "Ya estamos en la prensa", www.votatiktiko.blogspot.com.