Esencialmente, creo
que todos perreamos, incluidas las feministas. El punto es cuánto licor
necesitamos en nuestro organismo para empezar a perrear (yo, con unos ocho
tragos, por ejemplo).
Cuando un sector del
feminismo se propone limitar el goce (porque persiguen un “bien superior”)
asume un rol “sacerdotal” que las torna indeseables. Pero es que, además de la
moralina inserta en una prohibición, usualmente el efecto que tiene es contrario al
que se busca (1).
Así, esta es una
solución estúpida para un problema complejo. Prohibir a un reggaetonero no detendrá a la gente que quiera escucharlo, a Maluma
en este caso, o a otro cualquiera de esos productos fungibles que hacen lo que
él.
Por eso, el gran
ganador de esta discusión es el singularizado Maluma, un tipo que yo no sabía
que existía (la alteración de esta constante fue indeseable), que atiende a sus
4 “Babys” (al menos en una canción) y que si lo cuestionas por eso, te responde
en Instagram que “si hablaron de Jesucristo por qué te sorprendes cuando hablan de ti?”. Me encanta esta última
asociación entre Jesús y el perreo. Salsa, sabor y evangelios. Este fulano la tiene clara.
![]() | |
| Fuente. Un razonamiento "Jaime Iván Kaviedes style". |
Maluma se merece su
éxito, por esta mezcla pop de sexo “desenfrenado” en la vida pública y religión
“sanadora” en la vida privada: en el contexto de una civilización cristiana,
Maluma es un “ganador” en el sentido más tradicional de la palabra (2).
Si un sector del
feminismo quiere luchar contra este sub-producto de la civilización cristiana,
tendrá que venir con algo más inteligente que una prohibición (3). Salvo que lo que realmente
quieran, feministas anti-Maluma, es publicitar de manera gratuita al cantante
masculino al que tanto desprecian.
Don’t
blame me: I’m just reporting.
(1) Una
variante del “efecto Streisand”.
(2) El
“convexo” del “cóncavo” Maluma es la Chingadalupe, v. ‘Con ustedes, la chingadalupe’,
Xavier Flores Aguirre, 30 de abril de 2009.
(3) Por cierto, esta prohibición se intentó en Puerto Rico hace unos
veinte años. No sirvió de nada.
