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La censura en el Ecuador

11 de septiembre de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 11 de septiembre de 2026.

La libertad de expresión en el Ecuador ha sufrido un grave deterioro durante el gobierno del presidente Daniel Noboa. Este grave deterioro ha sido detectado por varios organismos internacionales que se dedican a monitorear el estado de la democracia en el mundo (la libertad de expresión es un componente básico de un Estado democrático). 

El Varieties of Democracy Institute (V-Dem) en su “Reporte sobre la democracia” del 2026 detectó la reversión del proceso de democratización y advirtió: “Los deterioros de los últimos años han llevado al Ecuador a la lista de potencial autocratización”. Para la organización Freedom House, el Ecuador pasó de ser un “país libre” a “parcialmente libre” y en libertad de prensa su calificación es un preocupante 2/4. En el caso de Reporteros Sin Fronteras (RSF) su informe sobre el Ecuador afirma que “el periodismo se desenvuelve en un clima de inseguridad, autocensura y hostilidad crecientes” y destaca que esta situación “expone la inacción de las autoridades para proteger a la prensa y su impulso a restringirla”. En otras partes del mundo no se llaman a engaño acerca de la deriva autoritaria del Estado ecuatoriano y sus restricciones a la libertad de expresión. 

Los casos recientes de Roberto Aguilar de diario Expreso, Gisella Bayona de radio FM Mundo y Fabricio Vela del canal de televisión RTU han puesto en evidencia la creciente presión del Estado para silenciar a sus críticos. Son unos casos notorios, pero apenas son un síntoma de lo que pasa: en el primer semestre de este año 2026, la organización Periodistas Sin Cadenas registró 79 ataques a la libertad de expresión cometidos por actores estatales, lo que representa un aumento del 75.6% de casos en comparación al mismo semestre del año pasado. 

Las posibilidades que tiene el gobierno de Noboa para restringir la libertad de expresión, bajo el auspicio de su falta de escrúpulos, son variadas: abuso del poder y presiones para alinear a los medios de comunicación incómodos y separar a los periodistas críticos, campañas de desprestigio impulsadas por granjas de troles, descalificaciones por funcionarios públicos, bloqueo de información y falta de transparencia, compras de medios de comunicación sospechosas para cualquiera menos para los órganos de control y periodistas en nómina que en otro momento de la historia criticaron las restricciones a la libertad de expresión.  

Por acumulación e intensidad, está clara la apuesta del gobierno: ha optado por el camino de la censura. Desde su lógica diminuta y dañada, toda crítica es ataque y toda verdad es la oficial.

Estas vulneraciones al derecho a la libertad de expresión no son extrañas a las prácticas de gobiernos anteriores. Pero una diferencia fundamental entre este momento de la historia y cualquier otro es el viraje de una buena parte del periodismo, otrora crítico (con discursos, perfomance, filmes), que hoy guarda silencio o ensaya alguna torpe defensa de los abusos que ocurren. Más unos mercenarios que periodistas, sus principios estuvieron siempre en venta (algunas veces para vociferar, otras para callar). Y sea por cobardía o por venalidad, el resultado es el mismo: allanarle el camino a la censura en el Ecuador. 

Censura en el Centro Cultural Metropolitano de Quito

3 de agosto de 2017

Esto es claro: en el derecho a la libertad de expresión no se le concede ningún privilegio a la iglesia católica de manera tal que se le reconozca una protección especial. Todo discurso sobre ella, incluidos los hirientes u ofensivos, encuentran amparo en el derecho a la libertad de expresión.

En Ecuador, la iglesia católica sigue siendo muy poderosa. Se mosquea su plana mayor y a Roditas tal vez y le da hasta diarrea. A Canguil le ha quedado inmensa la alcaldía de Quito. Lo confirma la censura de la obra “Milagroso altar blasfemo” expuesta en el Centro Cultural Metropolitano.

El saldo, vía alcalde autoritario o mangoneado, es que el arte en el Ecuador sigue siendo sometido a tutelaje por la autoridad. Ellos son los que determinan qué podemos ver los ciudadanos. Así sucede en Guayaquil en el Salón de Julio desde el año 2011 por disposición del tardo-franquismo socialcristiano y así sucede en Quito en una exposición del Centro Cultural Metropolitano porque la Conferencia Episcopal se mosqueó y el alcalde es un papanatas.

Qué “ama la vida” ni qué ocho cuartos. El lema de este país bien podría ser: “Ecuador: un Estado colonial vive en ti”. ¿La razón? Porque en este país la iglesia católica sigue siendo poderosa en la política civil y se caga cuanto puede en el derecho a la libertad de expresión, con permiso (incluso indisimulado apoyo) de las autoridades civiles.

En triste conclusión: el Ecuador es tan laico como Rodas es un alcalde exitoso. 

La historia de dos fracasos, expuesta en una sola censura.

Feminismo y perreo

12 de diciembre de 2016


Esencialmente, creo que todos perreamos, incluidas las feministas. El punto es cuánto licor necesitamos en nuestro organismo para empezar a perrear (yo, con unos ocho tragos, por ejemplo).

Cuando un sector del feminismo se propone limitar el goce (porque persiguen un “bien superior”) asume un rol “sacerdotal” que las torna indeseables. Pero es que, además de la moralina inserta en una prohibición, usualmente el efecto que tiene es contrario al que se busca (1).

Así, esta es una solución estúpida para un problema complejo. Prohibir a un reggaetonero no detendrá a la gente que quiera escucharlo, a Maluma en este caso, o a otro cualquiera de esos productos fungibles que hacen lo que él.

Por eso, el gran ganador de esta discusión es el singularizado Maluma, un tipo que yo no sabía que existía (la alteración de esta constante fue indeseable), que atiende a sus 4 “Babys” (al menos en una canción) y que si lo cuestionas por eso, te responde en Instagram que “si hablaron de Jesucristo por qué te sorprendes cuando hablan de ti?”. Me encanta esta última asociación entre Jesús y el perreo. Salsa, sabor y evangelios. Este fulano la tiene clara.

Fuente. Un razonamiento "Jaime Iván Kaviedes style".

Maluma se merece su éxito, por esta mezcla pop de sexo “desenfrenado” en la vida pública y religión “sanadora” en la vida privada: en el contexto de una civilización cristiana, Maluma es un “ganador” en el sentido más tradicional de la palabra (2).

Si un sector del feminismo quiere luchar contra este sub-producto de la civilización cristiana, tendrá que venir con algo más inteligente que una prohibición (3). Salvo que lo que realmente quieran, feministas anti-Maluma, es publicitar de manera gratuita al cantante masculino al que tanto desprecian.

Don’t blame me: I’m just reporting.

(1) Una variante del “efecto Streisand”.
(2) El “convexo” del “cóncavo” Maluma es la Chingadalupe, v. ‘Con ustedes, la chingadalupe’, Xavier Flores Aguirre, 30 de abril de 2009.
(3) Por cierto, esta prohibición se intentó en Puerto Rico hace unos veinte años. No sirvió de nada.