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Frank Zappa tiene razón sobre las mujeres

3 de octubre de 2019

Creo que Frank Zappa tiene razón:

“… si quieres creer que las mujeres son una especie maravillosa que: [1] nunca va al baño; [2] no puede hacer nada equivocado; [3] es completamente superior al hombre, entonces créelo- cualquier cosa que te haga sentir bien”* (Las negritas evidencian la ironía.)

Para refrendar esta frase de Frank Zappa en la actualidad política del Ecuador, se debe considerar que hay tres mujeres que hoy están al mando de importantes órganos del Estado: la blanca-mestiza María Paula Romo, la indígena Diana Atamaint Wamputsar, y la negra Lady Diana Salazar Méndez. Y no nos ha ido bien.

Ninguna de ellas ha hecho algo distinto a lo que pudieron hacer sus predecesores masculinos en sus mismos cargos. Romo ha actuado como cualquier Ministro de los tiempos del Lucio que tan mal le caía, Atamaint ha sido igual o peor (realmente, mucho peor) que sus pares varones en materia de organizar las elecciones, y Salazar ha sido tan peón del poder como cualquiera de los otros fiscales con pene que puedan a sus mentes venir (y hay uno, en particular, que no quieren que les venga… pero ya les vino, JAJAJA).

En todo caso, cualquiera de las personas que haya argumentado que la participación de las mujeres iba a significar un cambio en la forma de hacer política… nos timó. No es una cuestión de sexo, es de estructura**.

Hoy nos gobierna una evidencia del timo, en un ramillete racial que representa el empoderamiento femenino en la política ecuatoriana… pero para mal.

Y con ello, se termina por darle la razón a Zappa, que era el objeto principal de este escrito.

* Zappa, Frank & Peter Occhiogrosso, ‘The real Frank Zappa book’, Touchtone, New York, 1999 [primera edición: 1989], p. 226. Por cierto, Peter Capusotto ha advertido cómo alguna gente se ha emperrado en afanar con el sub-estilo facilón de Andrés Calamaro: “Ya está amigo, un poco de Calamaro, un poco de Coti, y te sumás a los 1.400 autores que copian a Calamaro y más o menos mojan”. La razón para que ello sea así, la relaciona Capusotto con Frank Zappa: “Dale, a copiar a Calamaro, ¿te vas a poner a copiar a Zappa que es más difícil y vende menos?”. Lo que está de fondo en este sketch de Capusotto es esto: la genialidad es el privilegio de unos pocos, por ende, es mucho menos imitable. (Calamaros los hay por montones: por ejemplo, Fabrizio Ferretti es el Calamaro del Guayas).
** Porque, neta, o es el feminismo un ataque al capitalismo y una propuesta para un estado de cosas que subvierta todas las opresiones de raíz, o es el tributo que unas cuantas mentes lúcidas le rinden al pop. Not bad tho, but (mainly) fruitless.

¿Fue Matilde Hidalgo la primera mujer que votó en el Ecuador?

27 de mayo de 2018


La pregunta es una hipótesis a investigar cuyo resultado no variaría un ápice el mérito de Matilde Hidalgo de Procel (1889-1974).

La duda surge porque en el sistema de voto censitario hubo el caso de viudas propietarias que votaron, no por ser mujeres, sino por ser ricas propietarias. En un sistema electoral censitario, el sexo de una persona podía ser irrelevante para votar; lo importante, en última instancia, era contar con una fortuna suficiente. Este sistema imperó para el ejercicio del derecho al voto hasta la séptima Constitución, adoptada durante la primera presidencia de Gabriel García Moreno (1821-1875) en 1861 (1). Bajo este sistema, en un matrimonio, mientras el marido vivía, él era quien votaba. Pero cuando el marido palmaba, su esposa podía tomar la posta en el ejercicio del derecho al voto por esa familia.

En Estados Unidos de América se conoce de casos de viudas votantes (2). Algo similar pudo suceder en el Ecuador, pero no tengo noticia de un estudio que informe de un caso concreto.

En rigor, la probable aparición de un estudio así no empece lo hecho por la machaleña Matilde Hidalgo de Procel. Cuando una viuda votaba en los Estados Unidos de América, en la Colombia o en el Ecuador del período de voto censitario, no había nada de reivindicatorio en el voto de esas viudas. Eran las cosas como las mandaba la tradición, nada más que con la singularidad de participar en el proceso una viuda.

De igual forma, una probable viuda ecuatoriana votante en 1839 no disminuye en nada la gesta de Hidalgo de Procel en 1924.

Esto, porque Hidalgo de Procel fue a votar por una causa subversiva. No votó como las viudas, por acatar el peso de una tradición: votó para librarse de ella.

(1) Para el derecho a ser elegido, esta restricción imperó hasta la Constitución de 1884.
(2) “En general, las mujeres estaban excluidas del voto (aun cuando, ocasionalmente, había habido mujeres propietarias –viudas, en su gran mayoría- que habían podido acudir a las urnas)”, en: Foner, Eric, ‘La historia de la libertad en EE.UU.’, Ediciones Península, Barcelona, 2010, p. 66.

Lawrence y el frío

12 de mayo de 2018


Vi una crítica a una foto de una destapada Jennifer Lawrence en el frío de Londres con cuatro actores varones debidamente cubiertos, que se supone que mostraba el machismo que habita en la industria del cine. Vi un titular en diario El País, pero no me tomé en serio la noticia y pasé de largo.



Horas después, la misma Jennifer Lawrence respondió al revuelo causado por la foto. Aseguró que la polémica era “ridícula” y que estaba “extremadamente ofendida” por los comentarios vertidos; que su vestido de Versace era “fabuloso” y que actúo en concordancia con esta simple premisa: “Estuve afuera por 5 minutos. Me habría parado en la nieve por ese vestido porque amo la moda y esa fue mi elección”. Y aclaró:

“Esto es sexista, esto es ridículo, esto no es feminismo. Sobreactuar acerca de todo lo que alguien dice o hace, creando controversia sobre tontas e inicuas cosas como lo que yo decido usar o no usar, no es movernos hacia delante. Es crear distracciones tontas de los temas importantes. Bájenle, gente. Todo lo que me ven usar es mi elección. Y si quiero estar en el frío, ESA TAMBIÉN ES MI ELECCIÓN”.

 
La buena intención de luchar contra la injusticia del machismo estructural ha llevado a sus celosos guardianes a cometer otra injusticia, precisamente contra la mujer a la que decían proteger del machismo estructural, quien resultó “extremadamente ofendida” por su celo. Me recordaron a la amante de los animales que viajó a Pamplona a proteger a los toros en un San Fermín y murió a consecuencia de una cornada. Es una buena intención que termina por arruinarse a sí misma y, en el camino, causar daño al objetivo que dice defender.

Rosa Borja de Ycaza

30 de julio de 2017

Desde niño he vivido familiarizado con este nombre, porque es el nombre de la calle de mi casa desde antes de entrar a la preparatoria en el Cristóbal Colón (que queda sobre esa misma calle, al 115) (1).

Pero antes la calle “Rosa Borja” no se llamaba así. En un principio (en un gesto de cipayismo que habría hecho sonreír a Jauretche) el Concejo Municipal de Guayaquil, cuando el primer trazado de esta calle del Barrio del Centenario con dirección al Sur, la denominó “Ministro Canning”. La llamó así por George Canning (1770-1827), Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido que desde 1822 hasta 1827 procuró el reconocimiento de las naciones sudamericanas por parte del gobierno británico.

En todo caso, el Concejo Municipal de Guayaquil decidió revertir pronto esta decisión inicial. El 4 de agosto de 1936 decidió cambiarle el nombre a la calle “Ministro Canning” por “Rosa Borja de Ycaza”. El Concejo, cuenta el cronista Pérez Pimentel, “ejecutó la ordenanza el 7 de septiembre siguiente”.

Cuando se le puso su nombre a una calle, la poetisa e intelectual Rosa Borja Febres-Cordero vivía, estaba casada con Alberto Ycaza Carbo, era una destacada feminista de Guayaquil (presidenta del Consejo Nacional Ecuatoriano de la Unión de Mujeres Americanas y presidenta de la Legión Femenina de Educación Popular y editora de su órgano de difusión oficial, la revista “Nuevos Horizontes”) y había hasta entonces publicado un libro con tres conferencias “Aspectos de mi sendero”, otro de poesías “Hacia la vida” y una obra de teatro “Las de Judas”.

El Concejo Municipal la homenajeó ese 1936, con el propósito de “alentar su labor”.

Rosa Borja correspondió a sus expectativas. Vivió por largos veintiocho años desde este homenaje municipal, hasta que murió el 22 de diciembre de 1964. Durante esos casi treinta años de vida, Borja fue una mujer pionera: la primera que ocupó el cargo de Directora de la Biblioteca Municipal de Guayaquil (1953-1959) y de Directora de la Biblioteca Nacional del Ecuador.



También publicó, durante ese período, varios libros de poesía y de teatro y dos biografías: la suya propia, titulada “Mi mundo íntimo”, y la de su padre, el doctor César Borja Lavayen.

Sobre temas sociales, en este período Rosa Borja publicó sobre su ciudad “Guayaquil, ojeada histórica de la ciudad, desde los Huancavilcas hasta nuestros días” y “El Municipio y los problemas sociales de Guayaquil”. También publicó el libro “Influencia de la mujer como factor importante en el mejoramiento humano” y se destacó por ser una activa conferenciante feminista. La Unión de Mujeres Americanas, con sede en Nueva York, la designó su presidenta. Fue también Consejera Provincial del Guayas y una activa militante del CFP con Guevara Moreno, durante los años cincuenta y principios de los sesenta. Fruto de su gestión política, el Municipio porteño fundó el Centro Municipal de Cultura, que se cerró el año 1989 durante la administración de Elsa Bucaram.

Last but not least, Borja también fue compositora musical. Su “Álbum de música” fue premiado en Buenos Aires en 1942 por la “Asociación Argentina de Música de Cámara”.

Rosa Borja de Ycaza fue una mujer notable, con calle propia en su ciudad. Una mujer de la que, es ignorancia generalizada, hoy se conmemora un aniversario más de su nacimiento el año 1889.

(1) Un edificio antiguo, cuya construcción se inició en 1945 y culminó en 1951, a cargo del arquitecto Juan Orús Madinyá, emplazada en el mismo lugar que ocupó el antiguo edificio de madera de tres pisos donde funcionó el Cristóbal desde su inauguración el 28 de mayo de 1911, v. ‘Colegió Cristóbal Colón (patrimonial)’.
(2) Como Primer Ministro del Reino Unido, podría decírsele “George Canning, El Breve”: asumió el cargo el 10 de abril de 1827 y cesó en él apenas 119 días después, dado su fallecimiento por neumonía el 8 de agosto de ese mismo año. Según cuenta una página web del gobierno británico, sus últimas palabras fueron “Spain and Portugal”.

Travestismo electoral

8 de enero de 2017

En campaña, Viteri ha pasado de ser “el hombre” a ser “la única mujer” (1).

Vacilando como "Hombre" un mostacho socialcristiano. Cortesía: Jorge Cabezas

 
Así, ha pasado del machismo autoritario (especialidad de Nebot) al oportunismo feminista (especialidad de Viteri). Dos claves para entender cómo opera el PSC.

(1) Jorge González, 'La cuña de Cynthia Viteri 'Soy la única mujer en la papeleta' genera rechazo de dos candidatas a la Vicepresidencia', Diario El comercio, 6 de enero de 2017. 

Feminismo y perreo

12 de diciembre de 2016


Esencialmente, creo que todos perreamos, incluidas las feministas. El punto es cuánto licor necesitamos en nuestro organismo para empezar a perrear (yo, con unos ocho tragos, por ejemplo).

Cuando un sector del feminismo se propone limitar el goce (porque persiguen un “bien superior”) asume un rol “sacerdotal” que las torna indeseables. Pero es que, además de la moralina inserta en una prohibición, usualmente el efecto que tiene es contrario al que se busca (1).

Así, esta es una solución estúpida para un problema complejo. Prohibir a un reggaetonero no detendrá a la gente que quiera escucharlo, a Maluma en este caso, o a otro cualquiera de esos productos fungibles que hacen lo que él.

Por eso, el gran ganador de esta discusión es el singularizado Maluma, un tipo que yo no sabía que existía (la alteración de esta constante fue indeseable), que atiende a sus 4 “Babys” (al menos en una canción) y que si lo cuestionas por eso, te responde en Instagram que “si hablaron de Jesucristo por qué te sorprendes cuando hablan de ti?”. Me encanta esta última asociación entre Jesús y el perreo. Salsa, sabor y evangelios. Este fulano la tiene clara.

Fuente. Un razonamiento "Jaime Iván Kaviedes style".

Maluma se merece su éxito, por esta mezcla pop de sexo “desenfrenado” en la vida pública y religión “sanadora” en la vida privada: en el contexto de una civilización cristiana, Maluma es un “ganador” en el sentido más tradicional de la palabra (2).

Si un sector del feminismo quiere luchar contra este sub-producto de la civilización cristiana, tendrá que venir con algo más inteligente que una prohibición (3). Salvo que lo que realmente quieran, feministas anti-Maluma, es publicitar de manera gratuita al cantante masculino al que tanto desprecian.

Don’t blame me: I’m just reporting.

(1) Una variante del “efecto Streisand”.
(2) El “convexo” del “cóncavo” Maluma es la Chingadalupe, v. ‘Con ustedes, la chingadalupe’, Xavier Flores Aguirre, 30 de abril de 2009.
(3) Por cierto, esta prohibición se intentó en Puerto Rico hace unos veinte años. No sirvió de nada.

Sobre 'lenguaje no sexista'

9 de febrero de 2016


A cierto feminismo que lucha por el uso de un lenguaje no sexista porque entiende “que hay siempre discriminación en las expresiones nominales construidas en masculino con la intención de abarcar ambos sexos”, le respondió la Real Academia Española de la Lengua en su informe ‘Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer’ (1).

Sólo quiero añadir un detalle a este debate: el argumento que permitió que la ecuatoriana Matilde Hidalgo de Procel (1889-1974) se convierta en una de las primeras mujeres en América latina en ejercer su derecho al voto (2) es el mismo que hoy repudia ese sector del feminismo en su argumentación para alcanzar lo que llaman un lenguaje “no sexista”.

La historia es como sigue: en la Asamblea Constituyente de 1883-84 se discutió, por primera vez, el derecho de la mujer a votar y se optó por reconocer ese derecho sólo a los varones (3). Sin embargo, esa distinción se borró en las siguientes constituciones, ya de época liberal: ni la de 1897 ni la de 1906, vigente para la época en que Hidalgo tomó la decisión de votar, contenían provisión alguna que limite el voto exclusivamente a los ciudadanos varones (4).

Corría el año de 1924, cuando Matilde Hidalgo acudió a un Registro de Inscripción en Machala para inscribirse en los padrones y así votar en las próximas elecciones a Senadores y Diputados. Las autoridades de la Junta Electoral, en principio, se rehusaron a inscribirla con el argumento tradicionalista de que el voto era sólo para hombres y así había sido siempre. Pero ella, relata Jenny Estrada en su biografía de la lojana, “no se arredra. Esgrime el argumento jurídico que el marido ha preparado para el caso” y ese argumento es que “no existen impedimentos de orden legal para que la mujer ecuatoriana ejerza el derecho al sufragio” (5).

Las autoridades se niegan y ella apela al presidente de la Junta Electoral. Ante su insistencia, se la empadrona el 2 de mayo, “con la reserva de someter su caso a consulta ministerial” (6). El ejercicio de su derecho dependía de la decisión última que se adopte en el Ministerio de lo Interior, a cargo del Dr. Francisco Ochoa Ortiz, el que resolvió el 8 de mayo de 1924 que, en efecto, no existía prohibición legal para que las mujeres se inscriban en los registros electorales y que, por ende, Matilde Hidalgo podía votar en la elección de Senadores y Diputados a realizarse entre el 11 y el 14 de mayo.

El asunto causó un escándalo y se solicitó al Consejo de Estado que se pronuncie sobre la legalidad del hecho. El 9 de junio, el Consejo de Estado, de manera unánime y con fundamento en un informe preparado por el ambateño Temístocles Terán, resolvió que en materia de derechos políticos “no cabe hacer distinciones de sexo, pues no las ha hecho el legislador; y que su ejercicio corresponde a los ecuatorianos varones tanto como a las mujeres”. El fundamento del Consejo, tomado enteramente del informe de Terán, parte de una interpretación lingüística: 

“El vocablo ‘ciudadano’, por su esencia se aplica, como la palabra hombre, persona, nacional, a individuos de ambos sexos”.
A raíz de ello razona que si el legislador hubiera querido hacer una distinción por sexo, la hubiera explicitado, porque antes (en la Constitución de 1884) sí constaba explícitamente la exclusividad del voto para los varones, pero no en las constituciones subsiguientes de 1897 y de 1906 (7). Como todo lo que decía la Constitución vigente en 1924 era ‘ciudadano’, un vocablo que puede bien entenderse comprensivo de ambos sexos, entonces ambos sexos estaban habilitados para ejercer su derecho al voto.

La de Terán es una interpretación que considera el lenguaje como lo fuimos construyendo, en el curso de cientos de años, los cientos de millones de personas que hablamos español. Una interpretación que sirvió de base para el hecho icónico por excelencia del feminismo ecuatoriano y que hoy se encuentra en entredicho por quienes, según lo razona Ignacio Bosque en el informe de la RAE, sostienen un argumento que “califica arbitrariamente de sexista al grupo –absolutamente mayoritario- de mujeres y hombres con una sensibilidad diferente”, o que en otras palabras, no se sienten de ninguna manera afectados por lo que consideran una forma natural y eficaz de usar el lenguaje (8).

(1)Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer’, Ignacio Bosque, Real Academia Española, p. 8. El argumento central de este informe es que esta pretensión sacrifica la naturalidad y la eficacia del lenguaje en el altar de la supuesta visibilidad de un sexo. O en pocas palabras, “que si se aplicaran las directrices propuestas en estas guías [de lenguaje no sexista, N. del A.] en sus términos más estrictos, no se podría hablar”, v. Ibídem, p. 11.
(2) La primera mujer en ejercer su derecho al voto en América latina (en su calidad de tal y no por su condición de propietaria) fue la ítalo-argentina Julieta Lanteri (1873-1932), quien depositó su voto en unas elecciones municipales el 26 de noviembre de 1911.
(3) El artículo 9 de la Constitución de 1884 decía lo siguiente: “Son ciudadanos los ecuatorianos varones que sepan leer y escribir, y hayan cumplido veintiún años o sean o hubieren sido casados”. Para efectos electorales, debía leerse en conjunto con el artículo 39: “Son electores los ecuatorianos que ejerzan los derechos de ciudadanía”.
(4) El artículo 8 de la Constitución de 1897 decía lo siguiente: “Para ser ciudadano, se requiere la edad de dieciocho años, y saber leer y escribir”, que debía leerse en conjunto con el artículo 41: “Son electores los ecuatorianos que ejercen los derechos de ciudadanía”. Por su parte, la Constitución de 1906, vigente para la época en que Matilde Hidalgo buscó y obtuvo el ejercicio de su derecho al voto, decía lo siguiente en su artículo 13: “Para ser ciudadano se requiere tener veintiún años de edad y saber leer y escribir”, que debía leerse en conjunto con el artículo 31: “Para ser elector se requiere ser ciudadano en ejercicio, y reunir las demás condiciones que, en los respectivos casos, determinan las leyes”.
(5) Estrada, Jenny 2015, ‘Una mujer total. Matilde Hidalgo de Procel’, Casa de la Cultura Ecuatoriana - Núcleo de Loja, Loja, p. 87. Esta entrada se basa en la descripción de los hechos de este libro.
(6) Ibíd., p. 88. 
(7) Informe del Honorable Consejo de Estado al Congreso Nacional, citado por Estrada, Jenny 2015, Ibíd., pp. 92-96. Éste era el argumento del jurisconsulto Luis Felipe Borja (padre), diputado por la provincia de León en la Asamblea Constituyente de 1883-84, quien juzgaba necesario el que “comprendiéndose a las mujeres en la denominación de ecuatorianos, debía decirse expresamente que son ciudadanos todo ecuatoriano Varón que sepa leer y escribir”, v. Informe, p. 96.