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¿Por qué no debate Nebot?

22 de marzo de 2009



No nos será difícil coincidir en los importantes beneficios que reporta a toda sociedad la práctica de la democracia deliberativa. Como destacó el filósofo argentino Carlos Santiago Nino: “la amplitud y la libertad en la discusión, la participación de la mayor cantidad de gente con intereses contrapuestos y el consenso unánime entre los participantes, o su sucedáneo más próximo que es el acuerdo mayoritario, maximizan la satisfacción parcial de las exigencias, implícitas en el discurso moral, de imparcialidad, racionalidad, conocimiento y unanimidad”. La defensa de esos valores es vital para la vigencia de una auténtica sociedad democrática, añado yo.

Tampoco nos será difícil coincidir en las evidentes deficiencias de la aplicación de esta concepción de la democracia en la arena política local. No es improbable, asimismo, que uno de los casos más alarmantes de dicha deficiencia sea la Alcaldía de Guayaquil que comanda el Alcalde Jaime Nebot. Lo digo, porque es de sobra conocida la aversión de Nebot por la participación de los ciudadanos en la discusión de la política y la obra pública que él realiza en la ciudad, la que puede ejemplificarse con aquella triste frase de su propia cosecha, “yo digo y si quieren, ustedes escuchan”. La idea de participación de Nebot se acota a que si él triunfa en una elección y la gente aprueba su plan de trabajo, y permítaseme decirlo en la excluyente primera persona de su singular, “no tengo que consultar de nuevo, si alguno no le gusta, ese está en la minoría”. Con esas palabras, Nebot ignora que lo democrático no es participar en una elección cada cuatro años, sino participar en todo lo que suceda durante esos cuatro años entre elección y elección, y que todos los ciudadanos (estemos en la mayoría o en la minoría) tenemos el legítimo derecho a hacerlo.

Una reciente demostración de su aversión a la democracia deliberativa es su negativa a debatir con la única candidata seria a disputarle la Alcaldía, María de los Ángeles Duarte. Jaime Nebot es un político de experiencia que continuamente le recuerda a quien se lo pregunte la enorme obra pública que ha desarrollado en sus ocho años en cabeza de la Alcaldía de Guayaquil, al amparo de ideas-fuerza tales como libertad, autonomía y trabajo. Si tiene experiencia y un sólido y honesto trabajo que lo respalda, pues no se entienden las razones de Nebot para no querer debatir con María de los Ángeles Duarte. O, de veras, la única razón que puede ofrecerse es su tradicional aversión a la discusión pública de ideas que nos interesen a todos. (Imagino tan estúpido como ofensivo el argumento de que María de los Ángeles Duarte es poca cosa para debatir con él: porque si lo es, ¿por qué no debatir?).

Finalmente, un hecho no menor: la prensa local, que suele criticar la ausencia de mecanismos de participación y de oportunidades de debate crítico, poco o nada ha dicho sobre este particular. Ese mutis nos revela algo; algo, acaso, de lo que debamos avergonzarnos.

Casino y democracia

26 de abril de 2008

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En la sesión solemne del 25 de julio del 2006 fue el Alcalde Nebot quien enfatizó que “lo mejor es que la dinamia y la eficacia municipal entusiasmó a la empresa privada nacional e internacional. Vienen varios y grandes hoteles en el Malecón y en la Orellana. Y un casino en el río y el barrio chino…” (El discurso puede consultarse en la ciberpágina de la Municipalidad; la concesión de la Fundación Malecón 2000 a la compañía Tesupe S.A. para construir del Gran Casino Guayaquil data del día 6 del mismo mes y año.)

Pero, vaya cosa curiosa, este “casino en el río” que en julio del 2006 era una consecuencia de la “dinamia y la eficacia municipal” a principios de este mes padece la frontal oposición del Alcalde Nebot. Él afirma ahora que nunca ha jugado “ni al pepo” y que, con relación al eventual funcionamiento del Gran Casino Guayaquil, hará una “consulta a la comunidad”. Esta consulta es tema interesante, que el Alcalde ahondó en su entrevista del lunes 21 de abril con Carlos Vera: allí, el Alcalde afirmó que detendría la construcción del casino, no fundado en un argumento legal, sino amparado en “la opinión popular” que asumiría hasta las últimas consecuencias: “si tengo que indemnizar por los gastos hechos, indemnizo”. Carlos Vera entonces pregunta, ante este arrebato democrático de Nebot, “en adelante, ¿la opinión popular va a ser la que rija la obra municipal?”; Nebot se turba y contesta, “Eh, no, no, un momento”; Vera, en su estilo insiste, “¿por qué no convocó a la consulta en asuntos más trascendentes?” y añade, “¿por qué no le consultamos en Guayaquil si quieren que se renegocie o no el contrato con Interagua?”. Se hace un incómodo silencio y Nebot finalmente responde, “podemos consultar”. (Ojalá Nebot cumpla su palabra.)

Luego Nebot admite las razones por las cuales “pregunta sobre muy poco”: se reducen a que, “cuando yo me candidaticé a Alcalde, las dos veces he presentado un vasto plan, ya lo consulté, ya lo aprobó la gente y yo lo cumplo, no tengo que consultar de nuevo, si alguno no le gusta, ese está en la minoría”. Al final Nebot afirmó no tener “pujos de inventor” y que si la gente quiere un filósofo, “entonces que revivan a Aristóteles”.

Me permito formularle al Alcalde Nebot unas breves observaciones: 1) La excusa para no utilizar la “opinión popular” como un referente de la política municipal es lamentable. La elección de una autoridad, es evidente, no implica la aceptación total y continua de su “vasto plan”. Nada sensato impide aceptar la participación activa de la ciudadanía en la elaboración y aplicación de las políticas públicas: esto se llama “autogobierno colectivo” y es componente esencial de una auténtica democracia, deliberativa y participativa; 2) El concepto de democracia del Alcalde es lamentable. Él supone que cuando se está en la mayoría se tiene patente de corso para realizar todo aquello que la autoridad apetezca, sin siquiera consultarlo, y que cuando se está en la minoría no se tiene otra opción que esperar nuevas elecciones para pretender incidir en las políticas públicas de la ciudad. El Alcalde parece ignorar que una auténtica democracia se orienta a la protección de los derechos tanto de mayorías como de minorías, cuya obligación es proteger y considerar las opiniones de estas últimas.

No abundaré en el evidente oportunismo de consultar ahora la opinión popular, que no guarda siquiera coherencia con su discurso anterior (de julio del 2006). Ojalá reflexione el Alcalde sobre estos principios de una democracia bien entendida. Aunque, confieso (y cito al propio Nebot) que, vistas las cosas, parece más probable que reviva Aristóteles.