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El Malecón y las dos caras de Guayaquil

18 de septiembre de 2018


Guayaquil tiene dos caras. Por una parte, la ciudad severa que controla el desorden (rostro cabreado). Por otra, la ciudad abierta que invita al turista (rostro sonriente). Ambas caras son incompatibles, casi esquizofrénicas.

La del control es la cara de la ciudad real, cotidiana (las cosas se hacen como las quiere El Patriarca), mientras que la otra cara tiene maquillaje, para pescar a los turistas. Aunque suele estar muy descorrido.

Hay un punto en Guayaquil donde intersectan estas dos caras. Es el Malecón, donde la ciudad severa impone a la Policía Metropolitana, los guardias privados, las rejas y el cerco eléctrico. La ciudad para el turista, por su parte, le ofrece al forastero ese mismo Malecón*, convenientemente protegido de malosos locales. El Malecón es la obra más relevante de reconversión del espacio público de la era socialcristiana en Guayaquil (1992 en adelante): es el espacio físico donde la represión al local y la oferta al extranjero confluyen.

A muchos turistas debe resultarles conmovedor observar la ineficacia de nuestro supuesto desarrollo social.

* World Travel Awards, una RR.PP. disfrazada de premiaciones, sostiene que Guayaquil “is best known for its gleaming riverside development”. Tampoco es que haya mucho más.

Fundación Malecón 2000 discrimina

26 de noviembre de 2008

Cuando me lo comentaron, casi juzgué inverosímil este hecho (sino fuera por la prevención que formuló Einstein de que sólo existen dos cosas infinitas en el mundo: el infinito y la estupidez humana). Pero después de leer el documento que le concede verosimilitud, constaté cuanta razón lleva Einstein. Júzguenlo ustedes cuando lo lean. Aquí mis observaciones:

1) La denegación de la autorización es absurda. La funcionaria B. de Valero niega la solicitud de la comunidad GLBTT de realizar una I Exposición y Concurso de Pintura de la Comunidad GLBTT en las instalaciones del Malecón Simón Bolívar porque la Fundación Malecón 2000 ha recibido 61 denuncias de padres y madres de familia (hay que reconocerle a la funcionaria que es una abanderada del lenguaje de género) “de que miembros de su comunidad han sido sorprendidos in-fraganti practicando sexo oral en los baños públicos del Malecón”. La funcionaria nunca se toma la molestia de explicar, suponiendo que las denuncias existan y sean ciertas, cómo esas denuncias que se refieren a la práctica de actos sexuales se relacionan con la solicitud de la comunidad GLBTT a realizar una exposición y concurso de pintura. En realidad, la funcionaria no podría explicarlo porque no existe relación alguna: se trata de una torpe y vulgar excusa, la atroz cara visible de sus prejuicios, y en la medida en lo que lo firma como Asesora Legal, de los prejuicios de la institución (Fundación Malecón 2000) a la que ella representa. (De hecho, si asumimos con coherencia la excusa de B. de Valero, la existencia de actos inmorales en los baños públicos del malecón que realicen parejas heterosexuales –que seguro los hay, no me dirán ahora que sólo las parejas gay se aplican petes- impediría la realización de toda actividad cultural que organicen los heterosexuales: al carajo, entonces, con el FAAL, el show de títeres y, en definitiva, toda actividad cultural en general. Esta consecuencia revela el tamaño del absurdo de la torpe y vulgar excusa de B. de Valero).

2) La comunicación es cínica. Sólo así puede entenderse que afirme que respeta el “derecho a la no discriminación” y el derecho a tener una “preferencia sexual” (en realidad, “orientación”) para, acto seguido, negar la solicitud sobre una base absurda y discriminatoria. Si B. de Valero se tomara en serio los derechos que afirma respetar, la solicitud se admitiría sin problema alguno.

Este documento revela el tamaño de los prejuicios de la persona que lo suscribe y de la entidad a la que representa. Muy mal, la asesora legal B. de Valero, muy mal, Fundación Malecón 2000.
P.S.- Para ampliar la carta y juzgarla, hacer click en ella.

Casino y democracia

26 de abril de 2008

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En la sesión solemne del 25 de julio del 2006 fue el Alcalde Nebot quien enfatizó que “lo mejor es que la dinamia y la eficacia municipal entusiasmó a la empresa privada nacional e internacional. Vienen varios y grandes hoteles en el Malecón y en la Orellana. Y un casino en el río y el barrio chino…” (El discurso puede consultarse en la ciberpágina de la Municipalidad; la concesión de la Fundación Malecón 2000 a la compañía Tesupe S.A. para construir del Gran Casino Guayaquil data del día 6 del mismo mes y año.)

Pero, vaya cosa curiosa, este “casino en el río” que en julio del 2006 era una consecuencia de la “dinamia y la eficacia municipal” a principios de este mes padece la frontal oposición del Alcalde Nebot. Él afirma ahora que nunca ha jugado “ni al pepo” y que, con relación al eventual funcionamiento del Gran Casino Guayaquil, hará una “consulta a la comunidad”. Esta consulta es tema interesante, que el Alcalde ahondó en su entrevista del lunes 21 de abril con Carlos Vera: allí, el Alcalde afirmó que detendría la construcción del casino, no fundado en un argumento legal, sino amparado en “la opinión popular” que asumiría hasta las últimas consecuencias: “si tengo que indemnizar por los gastos hechos, indemnizo”. Carlos Vera entonces pregunta, ante este arrebato democrático de Nebot, “en adelante, ¿la opinión popular va a ser la que rija la obra municipal?”; Nebot se turba y contesta, “Eh, no, no, un momento”; Vera, en su estilo insiste, “¿por qué no convocó a la consulta en asuntos más trascendentes?” y añade, “¿por qué no le consultamos en Guayaquil si quieren que se renegocie o no el contrato con Interagua?”. Se hace un incómodo silencio y Nebot finalmente responde, “podemos consultar”. (Ojalá Nebot cumpla su palabra.)

Luego Nebot admite las razones por las cuales “pregunta sobre muy poco”: se reducen a que, “cuando yo me candidaticé a Alcalde, las dos veces he presentado un vasto plan, ya lo consulté, ya lo aprobó la gente y yo lo cumplo, no tengo que consultar de nuevo, si alguno no le gusta, ese está en la minoría”. Al final Nebot afirmó no tener “pujos de inventor” y que si la gente quiere un filósofo, “entonces que revivan a Aristóteles”.

Me permito formularle al Alcalde Nebot unas breves observaciones: 1) La excusa para no utilizar la “opinión popular” como un referente de la política municipal es lamentable. La elección de una autoridad, es evidente, no implica la aceptación total y continua de su “vasto plan”. Nada sensato impide aceptar la participación activa de la ciudadanía en la elaboración y aplicación de las políticas públicas: esto se llama “autogobierno colectivo” y es componente esencial de una auténtica democracia, deliberativa y participativa; 2) El concepto de democracia del Alcalde es lamentable. Él supone que cuando se está en la mayoría se tiene patente de corso para realizar todo aquello que la autoridad apetezca, sin siquiera consultarlo, y que cuando se está en la minoría no se tiene otra opción que esperar nuevas elecciones para pretender incidir en las políticas públicas de la ciudad. El Alcalde parece ignorar que una auténtica democracia se orienta a la protección de los derechos tanto de mayorías como de minorías, cuya obligación es proteger y considerar las opiniones de estas últimas.

No abundaré en el evidente oportunismo de consultar ahora la opinión popular, que no guarda siquiera coherencia con su discurso anterior (de julio del 2006). Ojalá reflexione el Alcalde sobre estos principios de una democracia bien entendida. Aunque, confieso (y cito al propio Nebot) que, vistas las cosas, parece más probable que reviva Aristóteles.

'Vietato introdurre biciclette'

4 de agosto de 2007


El cronopio lector sabe que el título de esta columna (cuya traducción del italiano al español es: 'Prohibido ingresar con bicicleta') copia el de una historia que Julio Cortázar escribió para Historia de Cronopios y de Famas. Sabrá también que copio risueño su primer párrafo: 
 
“En los bancos y en las casas de comercio de este mundo a nadie le importa un pito que alguien entre con un repollo bajo el brazo, o con un tucán, o soltando de la boca como un pioloncito las canciones que me enseñó mi madre, o llevando de la mano un chimpancé con tricota a rayas. Pero apenas una persona entra con una bicicleta se produce un revuelo excesivo, y el vehículo es expulsado con violencia a la calle mientras su propietario recibe admoniciones vehementes de los empleados de la casa”.
Esta cortazariana descripción (lo constata quien escribe esta columna) en Guayaquil no es privativa de “bancos y casas de comercio”: pedalee usted desde cualquier entrada del llamado “Malecón 2000” a los estacionamientos de bicicletas situados dentro y recibirá “admoniciones vehementes” de los guardianes privados de este espacio público, que suponen que debe usted entrar caminando, bicicleta a un lado, cual si fuera un perrito de metal. No es por cuidar los adoquines (pues, ¿cuánto daño podría causarles una bicicleta?), y entonces, ¿por qué este miedo a la libertad de pedalear unos metros? La compleja psicología de las simples mentes en guardianía (“yo solo cumplo órdenes superiores”) no ayuda a dilucidar este patético drama.

Yo supongo, entre otras cosas, que se debe a nuestra escasa cultura ciclística, misma que debe fortalecerse. Para ello no es necesaria la imitación de los lejanos estándares europeos con sus ciclovías, estacionamientos para bicicletas y efectiva regulación… sencillamente porque tales atributos no son para nada privativos de Europa: en varias ciudades de América Latina (Lima, Antofagasta, Buenos Aires, Cúcuta, etcétera) los gobiernos centrales y seccionales los comparten.Ejemplos: Chile, con el Conaset (Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito) o la vecina Bogotá, con su Alcaldía Mayor mantienen exitosas políticas públicas a este respecto, con cientos de kilómetros de ciclovías implementadas. En Ecuador, el artículo 148 del Reglamento a la Ley de Tránsito y Transporte Terrestres establece la obligación de construirlas; en Quito, existen políticas públicas que favorecen el uso de bicicletas y también algunos cantones ya tienen ordenanzas que propician su creación: los orientales Napo y Pastaza, el cantón Quito… ¡y el cantón Guayaquil! La Ordenanza de Circulación del Cantón Guayaquil que firmó el alcalde Nebot el 8 de febrero del 2001, que se publicó el 22 de marzo de ese año, establece en su artículo 10: “Ciclovías.- El Concejo Cantonal podrá establecer en la vialidad de la ciudad carriles para uso exclusivo de bicicletas […]”. Estamos expectantes de que la M.I. Municipalidad cumpla entonces con la palabra que empeña.

Porque sobran, por supuesto, las razones para hacerla realidad: vialidad, ecología, ahorro, rapidez, salud. En Vietato…, ante el desprecio a las bicicletas, Cortázar fabuló lo improbable: “No ocurra que las bicicletas amanezcan un día cubiertas de espinas, que las astas de sus manubrios arremetan en legión contra los cristales de las compañías de seguros, y que el día luctuoso se cierre con baja general de acciones, con luto en veinticuatro horas, con duelos despedidos por tarjeta”. Improbable y también innecesario: hoy existen en el Municipio de Guayaquil los planes para fortalecer la cultura ciclística mediante la implementación de bicivías (nombre local para las ciclovías) y bicipaseos (como aquel que organizó el Municipio en septiembre del 2006) y solo falta que se aplique esa latente voluntad para que empecemos a recorrer el camino que va desde la retórica a la bicicleta.