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De cómo tratar a una mascota en tres escenas

25 de julio de 2026

Escenario: entrevista al presidente Noboa en Radio Centro a cargo de Carlos Vera et alii.

Carlos Vera le critica a Noboa su decisión de escoger a Viteri como candidata para la Alcaldía de Guayaquil. Ocurre la primera escena:

Vera: “Ella desarmó el modelo exitoso que levantó Guayaquil, comenzó con Febres-Cordero y consolidó en diecinueve años Nebot, a esa persona va a poner usted en la Alcaldía de Guayaquil.”

Noboa: “A ver, pero… yo sé que usted es cheerleader de Jaime Nebot (risas de Vera). Pero la mano derecha, Jota Jota, ¿dónde está? Nadie sabe, anda como una sombra. Y la mano izquierda, que es Muentes, está en la cárcel del encuentro. ¿Usted me está hablando que eso es exitoso?”

Vera: “El modelo de administración del Municipio.”

Noboa: “La… (con fastidio) la mano izquierda de ese modelo está preso y la mano derecha está desaparecida.”

Vera: “OK. Yo no voy a contar lo que Jaime Nebot dice que soy, porque no me veo con él tres años.”

Noboa: “Pero… mano izquierda y mano derecha.”

Vera: “Está bien, está bien.”

Le dicen cheerleader de otro (con el único objeto de burlarse de él y descalificarlo) y la única reacción de Vera fue hacerse el tonto, vía una risotada*. En otra época tal vez se habría hecho respetar, pero ya no está para eso.

Viene la segunda escena, donde Noboa está hablando de las mejoras que hay que introducir en la comunicación gubernamental:

Noboa: “Ahora hay que comunicar mejor. Carlos nos va a ayudar.” (risas de Vera)

Vera: “Cuente con eso de paso.”

Noboa: “Hay que decir las cosas como son.”

Vera: “Cuente con eso, sí, sí.”

Lo vende sin asco, para advertirle quién manda y paga.

Finalmente, la tercera escena. En ésta, ya Noboa lo invita a Vera a formar parte de su proyecto político. 

Noboa: “Ahorita, ahorita está… eh, bueno Zaida. Zaida es una. Está Toto Reyes. De hombre está Villarroel.

Vera: “Fernando Villarroel me faltaba, eso.”

Noboa: “Fernando Villarroel. Y… en la parte rural tendremos una joven figura nueva.”

Vera: “¿Todavía no les ha confirmado José Delgado?”

Noboa: “Eh, no.”

Vera: “Ya.”

Noboa: “No nos ha confirmado.”

Vera: “OK.”

Noboa: “Por eso, si quiere usted puede también venir y ser parte del cambio, unirse al proyecto.” 

Vera: “Usted quiere rematarme, señor presidente.”

Noboa: “Unirse, unirse al proyecto.”

A pesar de este amago de resistencia, ya se ha dejado en claro en estas tres escenas lo casi nada que Vera le importa a Noboa, lo mal que lo puede tratar si así le provoca. Primero Vera quiso hacerse el tonto, pero Noboa lo expuso como un tonto, peón del poder. Sólo ahí se detuvo.

Pobre Vera, para lo que ha quedado. Un monito de organillero bailando por unas monedas.

* Noboa atacó el “modelo exitoso” de una forma inédita: por corrupción. Su asociación fue evidente: primero habló de una “troncha de la carpeta” (por asociación con una carpeta que Nebot le entrega a Roche) y de contratos vinculados al período del PSC (agua, basura) y de cómo Nebot era un hombre sin manos (una presa, otra desaparecida). Vera no ensayó ni una mínima defensa de un modelo al que por décadas defendió, ni tan siquiera por la sugerencia implícita de que él, como un cheerleader de Nebot (a Vera no se le ocurrió rebatir esto), habría sido en este relato hipotético de un PSC corrupto que administró Guayaquil a través de las dos manos de Nebot (hoy mochadas durante el gobierno de Noboa), o el defensor de un sistema corrupto, es decir, un tonto, peón del poder, o un tipo corrupto él mismo. Demostrando que a rey muerto, rey puesto, Vera se limitó a informar que no se había visto con Nebot en tres años. Nebot como periódico de ayer. 

El nuevo sociópata

22 de marzo de 2026

Lo que tiene de nuevo el Ecuador gobernado por ADN es la sociopatía. Este nuevo Ecuador es la unión del poder económico y político, como nunca antes se había visto. Y eso es peligroso, como lo ha advertido Santiago Basabe en una intervención en un programa conducido por un carcamal de derecha: 




El gobierno actual no tiene escrúpulos en usar su músculo político para atacar a sus rivales. Si en el gobierno de Correa se atacó a diario El Universo, el gobierno de Noboa ataca a diario Expreso; si en el gobierno de Correa se expulsó a una extranjera (Picq), el gobierno de Noboa expulsa a extranjeros (Santiago y Casado); si Correa concentró el poder político, Noboa también lo concentra y, además, lo usa de forma degenerada y perversa, empleando a la Fiscalía para encarcelar a los que ha señalado como sus enemigos (Correa no se atrevió a tanto). El gobierno de Noboa es una versión corregida y aumentada de los vicios del correísmo y lo específico de Noboa, como gobernante, es la carencia de escrúpulos: él es un verdadero sociópata. 

Y como dice Basabe en el video de 1:13 que se puede ver en el enlace, los medios de comunicación hegemónicos no dicen ni dirán nada, demostrando aquello que siempre fueron, tanto en los tiempos de Correa como ahora: unos viles mercenarios de la derecha (con el diminuto Carlos Vera a la cabeza, que ha envejecido peor que un Trooper). 

Para eso han quedado sus proclamas de libertad de otra época: para ser los corifeos de un autócrata. 

Periodismo malo

28 de febrero de 2025

Unos meses atrás, un académico ecuatoriano afincado en el extranjero publicó una investigación. La investigación no es lo relevante; lo relevante es lo que se puede predicar del periodismo ecuatoriano a partir de ella.

Este académico indicó que durante años existió una “Pax Narca”, es decir, un acuerdo entre autoridades del Estado y delincuentes de los GDO, por el que se ocultó la muerte de miles de personas, que pasaron a formar parte de un subregistro estatal. El total de personas muertas de forma violenta pero no registrada ascendió a más de 7.000, a razón de dos por día más o menos, durante el período evaluado (entre enero de 2007 y mayo de 2017). El académico llegó a estas conclusiones sentado frente a un monitor.

Si su relato es cierto, el periodismo de este país es malo. Porque quiere decir que durante diez años murieron de forma violenta dos personas al día por hechos vinculados a los GDO que el Estado buscó ocultar, pero que nunca, NADIE NUNCA en el periodismo ecuatoriano, se enteró de estos hechos y pudo reportarlos y denunciarlos, y todas esas cosas que se esperan del periodismo. Es decir, si este relato es cierto, aquí los periodistas son una caterva, porque habría supuestamente en esto casi el doble de víctimas que hubo en la dictadura de Pinochet, pero ni una sola línea en el periodismo del 2007 al 2017 que lo documente. No hubo ni una sospecha, ni un familiar de una víctima que manifieste su dolor, ni una evidencia de la macabra orquestación. Nada de nada. 

Creo (espero) que el relato sea falso. Es que, en verdad, no pueden ser tan inútiles: más de 7.000 mil muertos con complicidad estatal y todo el periodismo son unos cojudos que NS/NC. Por diez años.

El problema es que, si el relato del académico es falso, el periodismo del Ecuador es igualmente malo. Porque quiere decir que alguien viene a decir que murieron más de 7.000 personas en diez años, que hubo un pacto criminal entre el Estado y los GDO, que se hizo un subregistro de víctimas de muertes violentas, y se le da cabida en los grandes medios de comunicación del Ecuador casi sin cuestionamiento alguno a sus afirmaciones: sin elaborar sospechas, sin presentar un familiar de una víctima que manifieste su dolor, sin una evidencia de esta macabra orquestación. Según ellos, habría que creerle a una persona que llegó a estas conclusiones sentado frente a un monitor. 

OJO: El académico podría decir (mentir) lo que quiera, pero es el deber de un periodismo responsable la verificación de sus afirmaciones, la búsqueda de la evidencia que corrobore o desmienta la versión que se le presenta. Todo ese ejercicio estuvo ausente. Una persona frente a un monitor les hizo el trabajo y ellos no lo cuestionaron jamás. Lo dieron por bueno, porque era conveniente a su relato político. 

En términos de periodismo, son una caterva (pero como operadores políticos sí son útiles). No se les cayó un cuestionamiento sobre los muertos que se encontraron entre las tablas de Excel. Ni sospecha, ni víctima, ni evidencia alguna de orquestación. Nada de nada.

El periodismo en este país es malo, lleno de Carlos Ochoas de la derecha tiro Carlos Vera. Aquí, de manera habitual la misión del periodismo se hace añicos por la creación y sostenimiento del relato político. Porque es a los políticos a quienes sirven, no a la gente.

Premiar la mediocridad

11 de octubre de 2022


En el programa de ayer de Carlos Vera se dedicaron a difundir una idea tan absurda como canalla. Una presentadora que hace los cierres para salir a la pausa comercial leyó con convicción y por tres ocasiones lo siguiente: “Los grandes alcaldes que antecedieron a Cynthia Viteri no tuvieron una crisis mundial como el Covid que a ella le tocó enfrentar. Si logra un segundo período sin Covid, recién se podrá evaluar a profundidad”. Al final del programa, en sus conclusiones, Vera retomó esta idea, se proclamó votante de Viteri y apoyó que sea reelegida para que finalmente ella pueda demostrar, en un nuevo período de gestión, sus dotes de administradora. Unos minutos antes Vera había defendido las camionetas que mandó a poner Viteri en la pista del aeropuerto para evitar el aterrizaje de un avión, una acción tan ilegal y autoritaria que su defensa pinta de pequecuerpo entero a su emisor.

 

Pero es el argumento del Covid como excusa para reelegir a Viteri el que resulta tan canalla como absurdo. El argumento parte de la premisa absurda de que, si ocurre un hecho extraordinario como la pandemia del Covid, el período de un político no vale para evaluar su gestión. Cuando es TODO lo contrario: son los hechos extraordinarios, como una pandemia, los que ponen a prueba la madera de la que está hecho un liderazgo, la capacidad de gestión de una autoridad. Lo que ocurre es que la Alcaldesa Viteri, frente a la pandemia, simplemente no dio la talla. En Guayaquil los muertos fueron por centenas, se los abandonaba en las calles a los cadáveres, se la libró la ciudad a su maldita suerte. Lo único que atinó a hacer la Alcaldesa en esos tiempos de horror fue buscar excusas como que a Guayaquil le cayó una bomba y que Esparta y otros divagues más, y por supuesto, poner las famosas camionetas en la pista del aeropuerto en su atolondrada “defensa” de la ciudad.

 

En otras partes he abundado en argumentos de porqué a Guayaquil la jodió tanto el Covid, como en este artículo publicado en Revista Común: ‘Guayaquil, o el modelo que tocó fin’, o en este otro que pronto saldrá publicado en una obra colectiva sobre los tiempos de la pandemia: ‘Monte Sinaí’. En esencia, es un problema estructural, que se arrastra por decenas de años, en que los 30 años que ha ocupado el PSC el Sillón de Olmedo, lejos de resolver el problema estructural, lo ha agudizado.

 

Pero lo que me interesa es que este argumento del programa de Vera, asentado en una premisa absurda, toma un giro canalla, porque se utiliza la mediocre actuación de Viteri en tiempos de la pandemia como una excusa para validar que ella continúe. Es decir, ella lo hizo mal, su liderazgo fue flojo, la ciudad se fue a la mierda en número de muertos llamando la atención del mundo entero, pero esa es la razón por la que ella debe mantenerse en el poder. Este argumento es un ridículo, casi insolente premio a la mediocridad.

 

Si este es el mejor relato que sus áulicos pueden poner para sostener la mediocre gestión de Viteri, es porque están perdidos.     

Jorge Ortiz (Naipe Centralista)

7 de agosto de 2019



Ortiz es un personaje ambivalente: por una parte, escribe muy lindo en la Diners; por otro, fue un Gargamel en la televisión. Mientras viví en Quito, lo vi caminar varias veces por la avenida González Suárez, como buscando a los pitufos (que supongo, para él, habrán tenido la cara de Carlos Vera).

El reto

8 de julio de 2017

Encontré esto:


 
Aquel fallido detractor de Correa que comparte el nombre completo del exárbitro y actual asambleísta de Alianza País (Carlos Vera Rodríguez) escribió el artículo “De Correa depende”, cuando el candidato Rafael Correa recién salía de su única derrota electoral: la primera vuelta en las elecciones presidenciales del año 2006 (le ganó Alvarito).

Este artículo resulta interesante verlo en perspectiva, porque escrito antes de que Correa asuma la presidencia el 15 de enero de 2007, lanzó un reto al entonces candidato: “el reto de Correa está en probar que esa reforma jurídica [i.e., la Asamblea Constituyente] permitiría generar lo deseado: empleo, vivienda, seguridad, salud, educación, al arrebatarle a los capos de la partidocracia el monopolio del estado, orientado a enriquecer a su círculo y dejar las migajas al pueblo”.

En el tren de ideas de Vera:

1) Hay una “partidocracia” orientada a “enriquecer a su círculo y dejar las migajas al pueblo”.
2) Rafael Correa, una vez en el poder, debe “arrebatarle” a los capos de la “partidocracia” el “monopolio del estado”.
3) Con este nuevo escenario, Rafael Correa debe generar “lo deseado: empleo, vivienda, seguridad, salud, educación”.  

Lo primero es un reconocimiento expreso del modus operandi de nuestras élites políticas hasta el año 2006. Lo segundo es un reconocimiento de que esas élites políticas no cederían fácilmente su poder, pues hay que “arrebatarle” ese poder que ellas usan en su propio beneficio. Y se puede inferir sin problema que Correa fue exitoso en esto, pues todo dios opositor le decía “Dictador, etc.”.

El tercer punto era el “reto” principal lanzado a Correa: que en su gobierno pueda generar “empleo, vivienda, seguridad, salud, educación”. En líneas generales, esta es la parte fácil: los gobiernos anteriores a Correa fueron (salvo chispazos) tan desastrosos, que lo hecho durante su gobierno refulge en contraste.

Si tal era el reto, prueba superada.

La oposición en la edad del burro

3 de junio de 2012

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Como adolescente en la edad del burro, la oposición al gobierno nacional sabe lo que odia pero no sabe lo que quiere. Sabe que odia a Correa (muchos lo odian como “partidarios de todo-lo-que-sea anti-Correa”, o sea, sin necesidad de justificar ideas ni verificar datos, con el propósito de hacerle daño a todo lo que se asocie con él) pero no sabe qué es lo que quiere en vez de Correa.

¿Por qué la oposición no lo sabe? Creo que es por tres principales razones, interrelacionadas entre sí: la primera, por la dispersa heterogeneidad de tendencias políticas de sus integrantes; la segunda, por su incapacidad de proponer proyectos políticos concretos; la tercera, por la concreción desde el gobierno nacional de políticas públicas meritorias.

La dispersa heterogeneidad de tendencias políticas se puso de manifiesto en la reciente reunión “Diez líderes debaten sobre diez temas prioritarios para el país” auspiciada por la Cámara de Comercio de Quito. No asistieron tres (Lourdes Tibán, Guillermo Lasso, Paco Moncayo ) que sumados a los siete “líderes” que sí asistieron (César Montúfar, Lucio Gutiérrez, Martha Roldós, Luis Fernando Torres, Carlos Vera, Betty Amores y Andrés Paéz) conforman un abanico ideológico que va desde la izquierda radical hasta la derecha conservadora, pasando por el camaleónico Lucio Gutiérrez. Como reportó Roberto Aguilar en su crónica de esta reunión (1), la declaración de principios “No nos oponemos a nada, hemos venido a proponer” que al inicio formuló el Presidente de la Cámara de Comercio, Blasco Peñaherrera, fue “sistemáticamente desmentida por los siete invitados, uno tras otro”. Dato evidente: “Ese algo que los une se llama Rafael Correa. De él y no de otra cosa hablan todos durante sus correspondientes quince minutos”. Dato bizarro: Lucio Gutiérrez, único pre-candidato presidencial presente en la reunión, “termina escuchando la ovación del teatro entero” en el mismo edificio en que su caída presidencial se festejó años atrás (¡?). El primer dato es síntoma de los límites para el consenso; el segundo, un indicador de desmemoria y oportunismo. (Es curioso que pretendan oponerse a la persona que acusan de violar libertades y de romper la independencia de poderes, con un tipo que participó de un golpe de Estado y a quien botaron de la Presidencia, precisamente, por violar libertades y romper la independencia de poderes. Más que curioso, es patético.)

La incapacidad de la oposición de proponer proyectos políticos concretos se debe en buena medida a su incapacidad de consensuarlos expuesta en el párrafo anterior, pero también a su incapacidad de proponer escenarios alternativos por cuenta propia. Todavía es prematuro, pero la mayoría de propuestas opositoras, hasta ahora y en lo poco que tienen de propositivas, se disuelven casi sin excepción en eslóganes y vaguedades, lo que tiene relación con que la oposición desea cambiar no tanto un hecho aislado como un "estado de cosas". Es como si antes del gobierno de Correa las relaciones con el poder político se conducían de una manera favorable a ciertos grupos de poder, mientras que ahora están obligados a soportar un escenario distinto. Es una anécdota, pero es significativa: en la entrevista de Fernando Ampuero a Carlos Vera publicada en GkillCity.com (2), éste le dice que Correa traicionó a Ecuavisa la noche misma que ganó las elecciones (el 2006) porque a través de Juan Carlos Toledo convinieron que la primera declaración sería a dicho canal, pero Correa al momento de dar la rueda de prensa le dice a Tania Tinoco “a todos por igual”. Carlos Vera ironiza: “Esta es la correspondencia por la que el canal y tantos nos jugamos” (16:38 - 18:10). Recapitulemos el relato: Vera considera “traición” que Correa no le retribuya con un privilegio el que Ecuavisa y Vera se hayan “jugado” por su elección. Le molesta que Correa haya tomado una decisión que no favorezca a un grupo sino a todos los involucrados, “a todos por igual” según sus propias palabras. Así, resignar un privilegio en beneficio de los demás: esa es razón para enojarse y considerarlo como “traición”. Más que una anécdota, parece un síntoma. Esta impresión encuentra respaldo en el comentario que la embajadora de EE.UU., Kristie Kenney, transmitió a su gobierno con relación a la disputa entre TC Televisión y Teleamazonas en el cable 04QUITO2740 (3), disputa a la que la embajadora consideró un ejemplo de “chilling effect” y de la forma cómo "los intereses económicos limitan la libertad de prensa porque inhiben a la prensa de realizar su función de guardián ciudadano (...). El hecho de que la prensa se sienta libre para criticar al gobierno, pero no para criticar a un banquero prófugo y a sus intereses familiares, revela mucho sobre dónde reside el poder en Ecuador". (Énfasis agregado.)

La concreción desde el gobierno de políticas públicas meritorias es reconocida incluso por algunos de sus opositores. En esa misma entrevista para GkillCity.com, Carlos Vera le reconoce al gobierno de Correa méritos en el porcentaje de inversión social, el aumento de recaudación tributaria, la misión Manuela Espejo, la magnitud de la obra pública y el esfuerzo en educación (07:37 – 08:08). En este otro video, registrado en uno de sus plantones del año 2009 (4), Vera reconoce mejoras en salud, educación y seguridad social (0:43 – 1:52). Walter Spurrier, economista crítico y serio, le reconoce al gobierno de Correa en este artículo avances importantes en materia de institucionalidad (5). Los méritos reconocidos no son menores en un país que el propio Vera reconoce que “no es tan malo como el de antes” (06:46 – 06:47 de la entrevista para Gkill).

Así, los propios adversarios y críticos de Correa reconocen algunos méritos de su gobierno. Para un número importante de votantes que también le reconocen algunos méritos, de cara a las elecciones del 2013, la opción les resulta sencilla: aún cuando no coincidan en todo con Correa, preferirán (como dice el refrán popular) siempre malo conocido que bueno por conocer. Salvo que aquel que se postule como bueno sea, en efecto, muy buen candidato, de consenso y con propuestas. Pero eso requiere una madurez política que la oposición está todavía lejos de tener.

En conclusión: si la oposición persiste en la dispersión de tendencias ideológicas y en la ausencia de un discurso político coherente, que reconozca los méritos del gobierno actual para profundizarlos y sus deméritos para superarlos, con propuestas concretas y sin discursos de odio, tendrá nulas chances de vencer a Correa. Si no supera su edad del burro, el destino de la oposición frente a Correa será el que siempre ha padecido, el del recurrente fracaso.

(1) Roberto Aguilar, '¿Seré yo, Señor? ¿Seré yo?', Diario Expreso, 28 de junio del 2012.
(2) Entrevista Carlos Vera, Gkill City, 3 de febrero de 2012. 
(3) Wikileaks, 04QUITO2740, How free is the press in Ecuador?, 13 de octubre de 2004.
(4) Carlos Vera alabando al gobierno de Rafael Correa, Saulotemplar, 16 de diciembre de 2009.
(5) Walter Spurrier, Modernización del Estado, Diario El universo, 13 de mayo de 2012.

La prensa, según Carlos Pérez

5 de marzo de 2012

Marcelo Marchán, el popular Tomás del Pelo, entrevistó para la edición de revista La Otra del 26 de septiembre de 1986 a Carlos Pérez Perasso, entonces director de diario El Universo. Una de las respuestas de Pérez en dicha entrevista retrata las prácticas en que la prensa, aunque en creciente declive, todavía insiste hasta la actualidad (“Retrato de época”). La película The Artist, vencedora en las categorías más relevantes de la última edición de los premios Oscar, es una metáfora precisa del creciente declive y la necesaria ruptura con las prácticas que Pérez retrató en su entrevista (“Cambio de época”).

Retrato de época

“P: ¿Cree usted que existe realmente libertad de prensa en nuestro país? 
R: Yo pienso que sí. Fíjese: quienes afirman lo contrario, son aquellos que no son otra cosa que producto de la prensa; personas que han alcanzado un espacio de opinión y de notoriedad gracias a que la prensa no los ha ignorado”.

Estas declaraciones de Carlos Pérez se dieron en el contexto del gobierno de León Febres-Cordero, en el que se había ordenado la censura previa de medios de comunicación durante el fallido rescate a Nahim Isaías, la rebelión militar de Frank Vargas y las 7 huelgas nacionales sucedidas durante su período de gobierno (el fallido rescate fue en septiembre de 1985, la rebelión militar en marzo de 1986 y 4 de las 7 huelgas nacionales ya habían acontecido para la época de las declaraciones de Pérez, en octubre de 1984, en enero y en marzo de 1985, y en septiembre de 1986 –esto es, 9 días antes de la publicación de la entrevista). Un total de 37 medios de comunicación fueron clausurados durante esa época: en noviembre de 1984, el gobierno ordenó la clausura de las radios Atalaya, CRE y Huancavilca, en Guayaquil, y de radio Democracia en Quito, por retransmitir opiniones del entonces Alcalde de Guayaquil, Abdalá Bucaram; en abril de 1985 se clausuró las radios Dinámica y Victoria por la transmisión de un espacio pagado por Bucaram; en marzo de 1986, con ocasión de la rebelión militar, el gobierno clausuró las radios Tarqui, Democracia, El Sol, Éxito, Sideral, Bolívar, Cristal y CRE, por retransmitir declaraciones de Frank Vargas. El 17 de agosto de 1985 se había disparado contra el vehículo del gerente de Radio Éxito de Quito, José Rodríguez Santander y en junio de 1985 se había encarcelado al periodista Pancho Jaime por cuatro días (quien ya había sido detenido y torturado con anterioridad, en enero de 1985 y noviembre de 1984). En mayo de 1985, el gobierno de Febres-Cordero impidió por una resolución administrativa que el canal 5 (de propiedad de la Organización Ecuatoriana de Televisión, Cía. Ltda. –ORTEL) salga al aire pese a que había satisfecho todos los requisitos legales. Su gobierno también utilizó la asignación de publicidad oficial de manera discriminatoria a manera de premio o castigo y, de manera general, los periodistas que no coincidían con las políticas del régimen de Febres-Cordero fueron víctimas de agresiones, intimidaciones, encarcelamientos, intentos de asesinato y despidos. El retrato de su época de gobierno lo c0mpleta el propio Febres-Cordero, quien en una entrevista en sus últimos días como Presidente celebrada con el entonces periodista Carlos Vera y transcrita en su libro Autopsia de una traición, incriminó a los medios de comunicación de haber usado “acusaciones perversas, infundadas, explotadas por algunos medios” para deteriorar la imagen de su gobierno (Pág. 134): un botón de muestra de su manifiesta beligerancia verbal contra todo aquel que pensara distinto a él y de la que nunca se privó durante su gobierno (véase, por ejemplo, por acá).

La beligerancia verbal de Febres-Cordero, la censura previa en estados de emergencia, la clausura de los medios de comunicación, los abusos administrativos y las agresiones a periodistas: ese era el contexto de las violaciones a la libertad de expresión registradas al momento de las declaraciones de Carlos Pérez en la revista La Otra del 26 de septiembre de 1986. A Carlos Pérez, sin embargo, ninguna de esas circunstancias le impidió afirmar en su respuesta que existía libertad de prensa. Entender el por qué de estas declaraciones es la esencia de este retrato de época.

Para Carlos Pérez, la libertad de prensa es todo aquello que la prensa decide que vale publicarse y toda persona que puede participar de la opinión pública (o sea, que ha “alcanzado un espacio de opinión y de notoriedad”) tiene ese espacio “gracias a que la prensa no lo ha ignorado”. Esta descripción del ejercicio de la libertad de prensa hecha por Pérez describe con precisión cuál es la naturaleza del poder de los medios de comunicación tradicionales: un poder por el cual “más que decirle a los individuos qué pensar, los medios deciden en qué podemos pensar. Los medios tienen el poder de definir la agenda” (López Noriega, Saúl, Democracia, poder y medios de comunicación, Pág. 109). Esta definición de la agenda (o sea, de lo que la prensa ha decidido no ignorar) los medios de comunicación la realizan en función de los intereses de sus dueños y de sus directivos: son sus razones empresariales las que determinan lo que se les informa a los ciudadanos, lo que estos “pueden pensar”. Con aquello que le convenga ensañarse, el medio de comunicación se ensaña y lo convierte en parte de lo que puede pensarse en la opinión pública; con aquello que le conviene ocultar, el medio de comunicación minimiza o calla la información. Eso explica, por ejemplo, por qué los medios de comunicación en Guayaquil (por ejemplo, el periódico de Carlos Pérez Perasso, cuya administración heredaron tres de sus hijos) tienen una dinámica muy diferente según quién haya cometido un supuesto abuso: si proviene del gobierno nacional, el escándalo es seguro; si proviene del gobierno seccional, lo seguro es el silencio o un conveniente sucedáneo, situado muy lejos de la información responsable. Un doble estándar que, por ejemplo, en el caso de El Universo ha sido tan evidente, que este periódico ha informado a los ciudadanos con narrativas claramente opuestas sobre casos tan graves como los enfrentamientos entre fuerza pública y civiles sucedidos con un escaso día de diferencia: cuando en un caso la narrativa correspondía al gobierno nacional, El Universo evidenció su ensañamiento, a pesar de que en el “enfrentamiento” no hubo heridos ni detenidos; en el otro caso, cuando la narrativa correspondía al gobierno seccional, El Universo evidenció su silencio cómplice, a pesar de que en el “enfrentamiento” hubo 4 heridos y 12 detenidos (véase, por acá).

Los medios de comunicación no solo que suelen formular la agenda de la opinión pública (esto es, lo que “podemos pensar”) de acuerdo con sus intereses empresariales, sino que incluso crean y mantienen esas empresas privadas de comunicación para cumplir un propósito distinto al de la rentabilidad empresarial, esto es, a pesar de que la empresa privada de comunicación no sea una empresa rentable. Esto es lo que se desprende de las declaraciones de un conocedor de las prácticas periodísticas en este país, Carlos Vera, quien en una entrevista celebrada el 24 de enero de 2011 con Ismael Cala en CNN, con ocasión de debatir una de las preguntas de la consulta popular, declaró: “ahora quieren que un empresario de radio, por ejemplo, si es de cobertura nacional no tenga una hacienda, no tenga una camaronera, no tenga un local comercial, cuando a veces la rentabilidad de ese negocio cubre las deficiencias del de la comunicación”. Si la empresa privada de comunicación no es por sí misma rentable, a pesar de lo cual se la quiere mantener en funcionamiento, es porque cumple un propósito distinto al empresarial-comercial y no es difícil deducir que el propósito que cumple (lo que resulta congruente con el poder de definir la agenda pública) es un propósito de carácter político. 

Éste es, en definitiva, el retrato de época de la libertad de prensa en el Ecuador, descrito por sus propios actores relevantes (un importante político –León Febres-Cordero, un dueño de un periódico influyente –Carlos Pérez, y un destacado periodista –Carlos Vera): una libertad que ha sido ejercida por unos medios de comunicación que tradicionalmente han decidido la agenda de lo que podemos pensar los ciudadanos en la opinión pública, de una manera selectiva y de acuerdo con sus intereses empresariales y, mucho peor todavía, de acuerdo con sus intereses políticos. Por ello, ante las graves y evidentes violaciones a la libertad de expresión durante el gobierno de Febres-Cordero, Carlos Pérez Perasso podía declarar sin asco ninguno que en esa época existía libertad de prensa: porque la libertad de prensa existiría para un empresario de la comunicación siempre que las políticas del Estado no contravengan sus intereses empresariales o políticos. (De hecho, las políticas públicas del Estado ecuatoriano han solido favorecer a los grandes medios de comunicación, con exenciones tributarias y privilegios comerciales –artículo 35, reformado en mayo de 1995 de la Ley de Radiodifusión y Televisión.)

En una entrevista de 1996, el propio Carlos Pérez Perasso resumió de manera lapidaria el rol que en buena medida ha cumplido la prensa en este país: “la prensa ha callado y ha sido cómplice de cosas muy graves”. El mejor pie de página para cerrar este apartado.

Cambio de época


The artist es una película que obtuvo 5 premios Oscar (en las categorías de mejor película, mejor director, mejor actor principal, mejor banda sonora y mejor vestuario) y que nos cuenta la historia de George Valentin, una estrella del cine mudo, cuyo orgullo le impide aceptar la nueva tecnología sonora que la industria cinematográfica adoptó desde 1929. La historia se cuenta con los recursos propios del cine mudo y uno de sus mensajes es que no puede resistirse el avance de la tecnología: o te adaptas a ella, o quedas fuera de juego.

El Internet es para el negocio del periodismo lo que el sonido fue para la industria cinematográfica: un avance al que los actores del negocio del periodismo no podrán resistirse. Más temprano o más tarde, el negocio del periodismo será enteramente digital y lo impreso meramente un recuerdo. El Internet terminará por hacer trizas el retrato de época que se describió en el apartado anterior: lo que en su momento era (y todavía es) un negocio principalmente de grandes capitales favorecidos por políticas públicas funcionales a ellos, se convertirá de manera creciente en un emprendimiento principalmente de voluntades favorecidas por una plataforma esencialmente democratizadora, de costos mínimos y maximizadora de las posibilidades de difusión y de intercambio en tiempo real. Los poderes políticos acostumbrados a la connivencia con las empresas de comunicación no podrán sostener sus prácticas de omertá, porque lo que no se dice en una parte, podrá de todas maneras decirse en otra: el que una cosa se discuta en la opinión pública será, esencialmente, una cuestión de actitud y de talentos. La posibilidad de que la prensa sea “cómplice de cosas muy graves” será escasa: la escena pública de los ochentas, cuya prolongación todavía vivimos, será solamente un recuerdo nefasto.

El cambio de época implica romper el retrato de época. Este es el propósito al que apunta nuestra apuesta hipertextual.

Fuente: Pablo Cozzaglio.

A la Vera

13 de septiembre de 2010


“Todo el talento de ciertos hombres se reduce al arte de hacer creer que poseen todos aquellos talentos que no tienen”.

De pasadita, esta agudeza que Giovanni Papini consignó en su libro Exposición personal, la que me describe el talento de cierto “activista político” de reciente data cuyo efectismo cultivado en la pantalla (no dudo que, en alguna medida, meritorio en ese ámbito) provoca la ilusión de un talento político (ideológico y agonal) del que carece, al tiempo que oculta (aliados, financistas) que, a quienes componemos el público votante, nos interesa saber.

¿Qué es ser autoritario?

30 de marzo de 2010


Carlos Vera se lo pregunta y ensaya, de inmediato y ante la prensa internacional, su vehemente respuesta: “¿Autoritario? Los Gobiernos autoritarios son firmes, verticales, duros y rígidos, pero dentro de la ley”. Ups, Wrong answer, Charlie. Ya la mera definición del diccionario de la RAE contradice al ex periodista, porque sostiene en la acepción correspondiente: “Dicho de un régimen o de una organización política: Que ejerce el poder sin limitaciones”, lo que, por supuesto, excluye cualquier sujeción a la ley. Más todavía, cualquier diccionario de teoría política desmiente semejante sandez (hágase random pick al respecto); tómese, por ejemplo, el de Borja, que sostiene en la voz correspondiente que esa palabra “denota la tendencia a imponer un poder abusivo e ilimitado en la sociedad” y lo asocia “con la arbitrariedad, la ilegitimidad y la antidemocracia”; o tómese el clásico diccionario de Bobbio, Matteuci y Pasquino, en cuya voz puede leerse lo siguiente: “… se habla de regímenes autoritarios para indicar toda la clase de regímenes antidemocráticos […] La oposición política es suprimida o invalidada; el pluralismo de los partidos, prohibido o reducido a un simulacro sin incidencia real; la autonomía de los demás grupos políticamente relevantes, destruida o tolerada mientras no perturbe la posición del jefe o de la élite gobernante”. Así, lo que para Carlos Vera está “dentro de la ley” debería asustar a cualquier mínimo demócrata.

La respuesta que ensayó Vera es útil para demostrarnos un par de cosas, ligadas entre sí: la primera, que tiene un escaso conocimiento de teoría política; la segunda, evidente consecuencia de lo primero, que el uso alegre de términos como “totalitarismo” o “dictadura” en sus discursos es producto de este escaso conocimiento de teoría política y de (acaso) una no menor cuota de endeble oportunismo retórico.

¿Totalitarismo? Pffff. Hannah Arendt, sacúdete en tu cripta.

Imagen: Hannah piensa: "Poor Charlie, you're in the oven"

Casino y democracia

26 de abril de 2008

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En la sesión solemne del 25 de julio del 2006 fue el Alcalde Nebot quien enfatizó que “lo mejor es que la dinamia y la eficacia municipal entusiasmó a la empresa privada nacional e internacional. Vienen varios y grandes hoteles en el Malecón y en la Orellana. Y un casino en el río y el barrio chino…” (El discurso puede consultarse en la ciberpágina de la Municipalidad; la concesión de la Fundación Malecón 2000 a la compañía Tesupe S.A. para construir del Gran Casino Guayaquil data del día 6 del mismo mes y año.)

Pero, vaya cosa curiosa, este “casino en el río” que en julio del 2006 era una consecuencia de la “dinamia y la eficacia municipal” a principios de este mes padece la frontal oposición del Alcalde Nebot. Él afirma ahora que nunca ha jugado “ni al pepo” y que, con relación al eventual funcionamiento del Gran Casino Guayaquil, hará una “consulta a la comunidad”. Esta consulta es tema interesante, que el Alcalde ahondó en su entrevista del lunes 21 de abril con Carlos Vera: allí, el Alcalde afirmó que detendría la construcción del casino, no fundado en un argumento legal, sino amparado en “la opinión popular” que asumiría hasta las últimas consecuencias: “si tengo que indemnizar por los gastos hechos, indemnizo”. Carlos Vera entonces pregunta, ante este arrebato democrático de Nebot, “en adelante, ¿la opinión popular va a ser la que rija la obra municipal?”; Nebot se turba y contesta, “Eh, no, no, un momento”; Vera, en su estilo insiste, “¿por qué no convocó a la consulta en asuntos más trascendentes?” y añade, “¿por qué no le consultamos en Guayaquil si quieren que se renegocie o no el contrato con Interagua?”. Se hace un incómodo silencio y Nebot finalmente responde, “podemos consultar”. (Ojalá Nebot cumpla su palabra.)

Luego Nebot admite las razones por las cuales “pregunta sobre muy poco”: se reducen a que, “cuando yo me candidaticé a Alcalde, las dos veces he presentado un vasto plan, ya lo consulté, ya lo aprobó la gente y yo lo cumplo, no tengo que consultar de nuevo, si alguno no le gusta, ese está en la minoría”. Al final Nebot afirmó no tener “pujos de inventor” y que si la gente quiere un filósofo, “entonces que revivan a Aristóteles”.

Me permito formularle al Alcalde Nebot unas breves observaciones: 1) La excusa para no utilizar la “opinión popular” como un referente de la política municipal es lamentable. La elección de una autoridad, es evidente, no implica la aceptación total y continua de su “vasto plan”. Nada sensato impide aceptar la participación activa de la ciudadanía en la elaboración y aplicación de las políticas públicas: esto se llama “autogobierno colectivo” y es componente esencial de una auténtica democracia, deliberativa y participativa; 2) El concepto de democracia del Alcalde es lamentable. Él supone que cuando se está en la mayoría se tiene patente de corso para realizar todo aquello que la autoridad apetezca, sin siquiera consultarlo, y que cuando se está en la minoría no se tiene otra opción que esperar nuevas elecciones para pretender incidir en las políticas públicas de la ciudad. El Alcalde parece ignorar que una auténtica democracia se orienta a la protección de los derechos tanto de mayorías como de minorías, cuya obligación es proteger y considerar las opiniones de estas últimas.

No abundaré en el evidente oportunismo de consultar ahora la opinión popular, que no guarda siquiera coherencia con su discurso anterior (de julio del 2006). Ojalá reflexione el Alcalde sobre estos principios de una democracia bien entendida. Aunque, confieso (y cito al propio Nebot) que, vistas las cosas, parece más probable que reviva Aristóteles.

Argumentos sobre Guayaquil

19 de enero de 2008


Me anticipo a los usuales argumentos de quienes defienden la gestión del Municipio de Guayaquil: en esencia, la superación de las atroces alcaldías del periodo roldosista y la realización de una importante obra pública en la ciudad. Mis contraargumentos: 1) tiene mérito superar el periodo de las alcaldías roldosistas pero no sirve como argumento que justifique mantener las deficiencias de la gestión municipal actual; 2) tiene mérito realizar obra pública pero el desarrollo de una ciudad no se mide solo desde sus nuevas formas arquitectónicas. Añado: habría que ser idiota profundo o masoquista para pretender el grave error de volver a las formas roldosistas de la miseria, pero pensar que la única manera de superarlas es la creación de obra tangible a despecho de la creación de ciudadanía activa y crítica, es también un grave error. Me anticipo también a un tercer argumento, más radical y escéptico (menos público): “¡pero no puede llegarse más allá!” que se construye, por cierto, con impresentables premisas decimonónicas, del tipo “el pueblo es ignorante e inculto”, etcétera, porque no solo que sí puede llegarse más allá (el caso de Medellín es un ejemplo elocuente) sino porque la responsabilidad de crear los mecanismos para la superación de esas supuestas ignorancia e incultura le corresponde también al Municipio de Guayaquil.

Pero el Municipio no acusa recibo de las críticas en materia de violaciones a los derechos civiles que se cometen en “área regenerada” en nombre de una conservadora noción de “orden público” ni en materia de su política contraria a una ciudadanía activa y crítica; tiene la muy peligrosa (para sí mismo; piénseselo in memóriam de ese partido que vive a la espera de la extensión de su certificado de defunción, el PSC) tendencia a ignorarlas. Fíjense en el siguiente ejemplo: el 15 de noviembre del 2007 Carlos Vera le comenta a Jaime Nebot en una entrevista en ‘Contacto Directo’ que Ramón Sonnenholzner es, de alguna manera que no se especificó, crítico de la administración municipal. Nebot lo manda a Sonnenholzner a “que opine en Alemania, digamos, aquí no”; Vera le recuerda que Sonnenholzner nació en Ecuador tanto como él y Nebot insiste que opine entonces sobre Hitler (la vinculación entre Alemania y Hitler asusta: prueba una capacidad de asociación tan reducida como alarmante). El diálogo puede verse en la ciberpágina YouTube (minutos 07:06 a 07:29) lo subió a internet el propio Municipio; tiene deshabilitado (¿podía, de verdad, esperarse otra cosa?) el casillero para comentarios y es un síntoma evidente de la falta de receptividad a las críticas por parte de la administración municipal. Por cierto que yo no espero, por mis críticas constantes, merecer otro destino que Guayaquil: aquí nací y esta es la ciudad que quiero (podría sentir como Borges de Buenos Aires: “no nos une el amor sino el espanto / será por eso que la quiero tanto”) y precisamente porque la quiero, deseo sus mejoras (que en los términos de mis escritos implican una ciudad más inclusiva y más democrática) y critico a su administración municipal tal como la critico. Yo he ofrecido mis argumentos: un “debate público robusto” como el que tiene que darse en una sociedad auténticamente democrática, necesita también de los argumentos de quienes defienden esa administración. Me temo que más allá de los arriba expuestos y del hecho cierto de su ejercicio actual del poder (con lo cual parece justificarse que lo ejerzan a su manera) carecen de la capacidad de generar argumentos que justifiquen este uso (en cierto punto, arbitrario, en otro, repelente a las críticas) del poder. ¿O no?