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Separación de poderes...
7 de octubre de 2009

…o la implacable lógica del B/N, por Gabriela Calderón de Burgos. Es casi conmovedor el análisis que realiza GCdeB en este artículo sobre la situación política de Honduras. Para GCde B no tiene ninguna importancia que el golpe de Estado de Honduras haya provocado miles de detenciones arbitrarias, decenas de heridos, muerte de personas, cierre de medios de comunicación y agresiones a periodistas; no lo tiene tampoco el generalizado repudio internacional que el golpe de Estado ha provocado. Tampoco lo tiene el que esas desavenencias entre el Ejecutivo y el Legislativo podrían leerse como tensiones o rupturas entre los golpistas, ni el que la realidad hondureña haya contrariado de atroz manera su propia convicción (expresada en esta entrevista, min. 1:19 al 1:33 y 5:42 al 5:49) de que el estado de sitio en Honduras duraría solamente tres días y terminaría el sábado 4 de julio. GCdeB analiza la situación política de Honduras con conmovedora complacencia, con la mejor de todas las miradas posibles: “todavía hay independencia de poderes” nos dice, y es casi un guiño. La fe de GCdeB en el golpe de Estado hondureño es la expresión de fe del carbonero neoliberal.
Publicado por Xavier 4 comentarios
Etiquetas: El roto, Gabriela Calderón, Honduras, La chispa de la vida
El complemento perfecto
1 de agosto de 2009

La postura liberal que le critiqué a Gabriela Calderón en esta antigua entrada encontró su complemento perfecto en esta carta que remitió Karina León a diario El Universo y que este medio de comunicación publicó ayer viernes.
A juzgar por el contenido de su carta, no sólo que la situación de precariedad de su empleada (el ganar menos del mínimo vital) no le provoca ningún remordimiento a K. sino que esta señora espera que su empleada le agradezca por permitirle alimentarse dos veces al día, observar TV y escuchar radio (¡pero qué generosa, K.! (1) Por cierto que a K. le parece mala cosa que si despide a su empleada ésta podría denunciarla -¿qué se habrá creído esta muchachita insolente?, pensara K., al amparo de su alma caritativa y su colosal desprendimiento). Lo dicho: el complemento perfecto para el cinismo y el desprecio por los otros que promueve el liberalismo alla Calderón es la “buena conciencia” de quienes lo practican, esa servil sonrisa de agradecimiento que esperan de todos quienes reciben su paga, cualquiera que ésta sea y que para mayor inri suele ser, del pastel, sus migajas.
(1) Por cierto que la empleada de K. la pasa mucho mejor (diríase, la pasa “bomba”) en comparación con los trabajadores de las maquilas que en el mundo existen. Pero es que K. no es una corporación transnacional, porque si lo fuera…
Publicado por Xavier 26 comentarios
Etiquetas: El roto, Gabriela Calderón, Karina León, Libertarianismo
Quiero suponer que fue Río...
20 de noviembre de 2008
Dicho lo antecedente, veamos. El artículo de Gabriela me hace mucho ruido porque su crítica de la situación de anomia social en las favelas brasileñas (lo que en el campo del derecho se llama “zona gris”) es descriptivamente correcta; el remedio que sugiere, sin embargo, es partícipe del absurdo. Suponer que el solo hecho de que el Estado intervenga mediante impuestos y permisos es razón suficiente para que se “acate pero no se obedezca” constituye un reduccionismo económico muy ingenuo. La economía, dijo Fernand Braudel, influencia a la política, la cultura y la sociedad; es cierta también, acotó Braudel, la influencia en sentido viceversa. Y en este caso, es precisamente lo viceversa lo que de veras importa, y lo que brilla por su ausencia. Ya ruido no me causa, pero sí mucha gracia, el que Gabriela cite a Suecia como modelo de sociedad que brinda seguridad a sus ciudadanos porque Suecia se encuentra en las antípodas del ideario liberal que suele defender en sus columnas. Yo nunca he visitado la patria de Ingmar Bergman (lo más cerca que he estado de allí fue liarme con la hija de un embajador acreditado en Suecia: sucedió en México, en tiempos de la Eurocopa 2004) pero una cuatacha, Cecilia Sandoval, que vivió allí y que escribió una indignada carta al diario El Comercio en razón de un artículo de ese señor con nombre de cantante berreta, Montaner, nos lo cuenta en detalle: “Este señor no sabe que en Suecia el sueldo básico mínimo de cualquier asalariado es 20 dólares la hora, y eso no es lo importante: toda la educación es subvencionada por el Estado: desde la guardería hasta la universidad, son gratuitas. Reciben colación y almuerzo en sus centros escolares hasta los 18 años. Todos los niños y jóvenes reciben subsidio del Estado para gastos personales hasta los 18 años. El servicio médico de toda la población corre por cuenta del Estado: operaciones, tratamientos, terapias, partos, cesáreas, enfermedades terminales, prótesis, lo que sea. Las madres se quedan un año con sus hijos recién nacidos, recibiendo paga completa. Las personas desempleadas reciben un subsidio temporal mientras consiguen trabajo. Todo está incluido dentro de los altísimos impuestos que los suecos pagan al Estado, el cual redistribuye esta riqueza y la revierte a su pueblo en salud, educación y una vida digna para todos. En Suecia inclusive se paga un impuesto a la riqueza”, y sigue, pero dejémoslo ahí. Dicho lo cual, es chistoso que en el párrafo que cierra su columna Gabriela refiera que la principal función del Estado debería ser la “protección de la vida y la propiedad de los ciudadanos”. ¿Y entonces, Suecia? Ummmm.
Quiero suponer que fue Río…
Publicado por Xavier 17 comentarios
Etiquetas: Bijari, Brasil, Gabriela Calderón, Río de Janeiro, Suecia
Defensa (en serio) de la libertad individual
7 de julio de 2008
Hace algunos meses, mi colega columnista Gabriela Calderón publicó un editorial titulado “En defensa de los desempleados y subempleados”. El enlace al artículo, acá. A mí, en general, el artículo me causó mucho ruido, pero en particular el ruido me lo provocó la idea de libertad individual que Gabriela expuso. Al respecto, le remití a ella un correo electrónico; fue el siguiente:
Gabriela:
No concuerdo con tu último artículo por varias razones. En realidad, la mayoría de mis razones podrían resumirse en que tu "defensa de los desempleados y subempleados" es, en verdad, una defensa (sea dicho con algunos matices que siempre es saludable introducir en las discusiones críticas) del egoísmo empresarial disfrazado de determinismo económico. (En realidad resumir solo en este corolario mis críticas no solo es obviar algunos necesarios matices sino omitir otras críticas pertinentes a tu artículo, pero las dejaré para que eventualmente se desarrollen y discutan en el curso del intercambio -siempre que éste suceda- epistolar.) Lo que más me preocupa de tu artículo es que terminas tu presunta "defensa..." con una referencia a la libertad individual: "si yo quiero trabajar por menos de 200 dólares al mes, y alguien me quiere contratar por ese precio, ¿por qué me lo debería prohibir alguien? Peor aún cuando prohibírmelo muy probablemente resulte en que me quede sin pan ni pedazo". No creo que esa situación de precariedad para decidir merezca el nombre de "libertad". Escoger entre dos situaciones indeseables como ganar, digamos, 100 dólares o nada (porque ganar 100 dólares para mantener una familia de cuatro personas -dos adultos y dos niños- por debajo de la línea de miseria -menos de un dólar diario por persona- merece una mejor respuesta, creo yo, que "pero podría no ganar nada"). Este tipo de argumento, que en lo particular, me parece tan crudo como repugnante, es el mismo que justifica las maquilas en Filipinas, Tailandia y China (supongo que conocerás de la situación social de las personas que allí trabajan, que no la maquilla las cifras macroeconómicas de esos países y menos las pingües ganancias de las transnacionales que se aprovechan de la debilidad institucional de esos países -no podrían hacerlo en los suyos propios- y que, en el necesario contraste, te hace conocer el profundo egoísmo del capitalismo rampante que esas transnacionales practican). Pero para volver al punto inicial, no puedo concebir que tengas en tan poca estima el concepto de libertad para que se lo atribuyas a una situación en la que precisamente lo más evidente es la carencia de la misma y lo que impera es el sometimiento de las personas a reglas crueles del capitalismo de mercado que, precisamente por ser como son, deben atemperarse de una manera inteligente (fruto de una concertación, en la medida de lo posible, de las partes involucradas) por el Estado.
Recibe mis mejores saludos,
Xavier
Por cierto, Gabriela Calderón nunca acusó recibo. Ummm, mal, eh.
Gabriela:
No concuerdo con tu último artículo por varias razones. En realidad, la mayoría de mis razones podrían resumirse en que tu "defensa de los desempleados y subempleados" es, en verdad, una defensa (sea dicho con algunos matices que siempre es saludable introducir en las discusiones críticas) del egoísmo empresarial disfrazado de determinismo económico. (En realidad resumir solo en este corolario mis críticas no solo es obviar algunos necesarios matices sino omitir otras críticas pertinentes a tu artículo, pero las dejaré para que eventualmente se desarrollen y discutan en el curso del intercambio -siempre que éste suceda- epistolar.) Lo que más me preocupa de tu artículo es que terminas tu presunta "defensa..." con una referencia a la libertad individual: "si yo quiero trabajar por menos de 200 dólares al mes, y alguien me quiere contratar por ese precio, ¿por qué me lo debería prohibir alguien? Peor aún cuando prohibírmelo muy probablemente resulte en que me quede sin pan ni pedazo". No creo que esa situación de precariedad para decidir merezca el nombre de "libertad". Escoger entre dos situaciones indeseables como ganar, digamos, 100 dólares o nada (porque ganar 100 dólares para mantener una familia de cuatro personas -dos adultos y dos niños- por debajo de la línea de miseria -menos de un dólar diario por persona- merece una mejor respuesta, creo yo, que "pero podría no ganar nada"). Este tipo de argumento, que en lo particular, me parece tan crudo como repugnante, es el mismo que justifica las maquilas en Filipinas, Tailandia y China (supongo que conocerás de la situación social de las personas que allí trabajan, que no la maquilla las cifras macroeconómicas de esos países y menos las pingües ganancias de las transnacionales que se aprovechan de la debilidad institucional de esos países -no podrían hacerlo en los suyos propios- y que, en el necesario contraste, te hace conocer el profundo egoísmo del capitalismo rampante que esas transnacionales practican). Pero para volver al punto inicial, no puedo concebir que tengas en tan poca estima el concepto de libertad para que se lo atribuyas a una situación en la que precisamente lo más evidente es la carencia de la misma y lo que impera es el sometimiento de las personas a reglas crueles del capitalismo de mercado que, precisamente por ser como son, deben atemperarse de una manera inteligente (fruto de una concertación, en la medida de lo posible, de las partes involucradas) por el Estado.
Recibe mis mejores saludos,
Xavier
Por cierto, Gabriela Calderón nunca acusó recibo. Ummm, mal, eh.
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Etiquetas: Autonomía individual, Gabriela Calderón
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