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Lasso, el banquero

22 de junio de 2022


Leyendo la autobiografía del Premio Nobel de Economía Amartya Sen, encontré este sentido elogio del pensamiento del viejo Marx:

 

‘Su reveladora distinción entre el «principio de no explotación» (mediante el pago acorde con el trabajo, en línea con la contabilidad establecida por su versión de la teoría del valor-trabajo) y el «principio de necesidad» (disponer de los pagos en función de las necesidades de las personas, no de su trabajo y productividad) era una potente lección de pensamiento radical’ (1).

 

El capitalismo tiene una lógica distinta a los principios marxistas, pues la suya es una lógica de la acumulación. Su lema bien podría ser ‘greed is good’ (la codicia es buena). Los capitalistas no buscan satisfacer las necesidades de la gente, como quería Marx. Ellos buscan la producción a bajo costo y obtener una alta rentabilidad (su ejemplo extremo, este imbécil).

 

Los banqueros son los capitalistas par excellence. Ellos están acostumbrados a acumular dinero y a mandar. En esencia, sus preocupaciones no son humanas, son contables.

 

Guillermo Lasso es un banquero acostumbrado a acumular dinero y a mandar. Una vez Presidente, él quiso aplicar su fórmula de administración privada a la administración pública de un país pobre, desigual, que desconfía de su institucionalidad y que es propenso a la violencia. Y este país, desatendido en sus necesidades (sin salud, sin educación, sin seguridad como no sea para la represión de los pobres) le terminó por explotar en la cara.

 

(1) Sen, Amartya, ‘Un hogar en el mundo. Memorias.’, Taurus, Bogotá, 2021, p. 254. A página siguiente, Sen pone un ejemplo del triunfo del principio marxista de necesidad: ‘Por ejemplo, el Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés), que se introdujo en Gran Bretaña en 1948 y que alcanzó su plena funcionalidad poco antes de mi llegada al país, fue un heroico e innovador intento de implementar un componente crucial del principio de necesidad, en cuanto a la atención sanitaria se refería. Como dijo el creador y defensor a ultranza del NHS, Aneurin Bevan, que había estudiado la obra de Marx como alumno del Central Labour College de Londres: «Ninguna sociedad se puede denominar legítimamente civilizada si niega cuidados médicos a una persona a causa de su falta de medios económicos». Exactamente en las antípodas del imbécil. Corolario: En el Ecuador, donde el servicio de salud no sirve a la gente porque es corrupto e ineficaz, no merecemos llamarnos «civilizados».

Marx y Quito

1 de octubre de 2020

Hay un célebre pasaje de su vasta obra, en el que Karl Marx hace un elogio del crimen:

 

El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. El delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad y ello nos ayudará a sobreponemos a muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor encargado de sustentar cursos sobre esta materia y, además, el inevitable compendio en que este mismo profesor lanza al mercado sus lecciones como una “mercancía”. […] El delincuente produce, asimismo, toda la policía y la administración de justicia penal: esbirros, jueces, verdugos, jurados, etc., y, a su vez, todas estas diferentes ramas de industria que representan otras tantas categorías de la división social del trabajo; desarrollan diferentes capacidades del espíritu humano, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas.’*

 

A mí una analogía con Quito me parece obvia. Analicemos la relación de Quito como una ‘rama de producción y el conjunto de la sociedad y ello nos ayudará a sobreponermos a muchos prejuicios’, como dice Marx. Por una tara de su nacimiento, cual es su ubicación, Quito produce bienes y servicios casi exclusivamente para su consumo y el de sus pintorescos alrededores. No es y nunca ha sido un motor de la economía nacional. No ejerce una influencia nacional, pues las otras ciudades importantes del país, Guayaquil y Cuenca, tienen su propia lógica, su propia prensa y su propia televisora. Sus élites no tienen liderazgo ni tan siquiera local, como lo admiten los propios analistas quiteños (v. ‘Quito sin liderazgo’). Entonces, ¿qué hace como capital?

 

Pues cobrar la renta de ser un centro administrativo. Quito, como ‘rama de producción’ produce burócratas, y los burócratas, la lentitud (el atributo más acusado del quiteño, que se nota hasta cuando caminan, v. ‘A Quito en sus fiestas’). La lentitud en los trámites es lo que relaciona a Quito con ‘el conjunto de la sociedad’, y esas demoras se resuelven de dos maneras: o pagando (i.e., corrupción), o soportando lo que tome la demora. De cualquier manera, Quito gana.

 

Quito gana en ‘pagando’ porque entra dinero a circular en su mercado (esos edificios tan bonitos de su zona Norte no se pagan solos, muchachos), y Quito gana, y mucho, causando que los que acuden a ella por ser un centro administrativo sufran demoras, porque de esa manera gana el hotel, la hostería o la chingana adonde llegue el forastero; gana la seño que vende el almuerzo, la tienda de víveres y las licoreras; gana el taxista y el busetero, la damita y el caballero, el dueño del chongo y las respetables señoras putas; gana el abogado y gana el delincuente, pues como decía mi lejano pariente Juan Bautista Aguirre, ‘A cualquier forastero / con extraña cortesía / sea de noche, sea de día / le quitan luego el sombrero; / y si él no trata ligero / de tomar otra derrota / le quitan también sin nota / estos corteses ladrones / la camisa y los calzones / hasta dejarlo en pelota’ (‘Breve diseño de las ciudades de Guayaquil y Quito’)  

 

Y una vez que hemos llegado hasta el delincuente, empatamos con lo dicho por la barba Marx y se produce en el disfuncional Ecuador el derecho penal y los libros de Zavala Baquerizo, la administración de justicia penal y la Fiscal Salazar. Por cagarla verde, hasta se la produce a la María Paula Romo.

 

Así, Quito produce burócratas: su fuente de riqueza es la desgracia del resto del país. Sobre esta base no hay desarrollo posible para el Ecuador.

 

Y lo supo ver bien Guadalupe Mantilla de Aquaviva, la dueña de diario El Comercio (el diario que se lee en Quito y sus pintorescos alrededores), a quien se le atribuye la certera frase: ‘Quito, sin burocracia, se parecería a Machachi’ (v. ‘Guadalupe Mantilla (Naipe Centralista)). Porque es evidente que, si se seca su ‘rama de producción’, Quito sería como una Machachi, un pintoresco pueblo triste que ofrece allullas al paseante, o algo así.

 

Cuánto se puede aprender a partir de una frase de la barba***.

 

* Elogio del crimen’. Este texto se escribió entre 1860 y 1862 y se editó póstumamente, a modo de apéndice en ‘Teorías de las plusvalías’, bajo el título ‘Concepción apologética de la productividad de todas las profesiones’

** Aclaración importante: soy marxista, pero de la tendencia grouchiana.

*** Karl Marx y James Harden, juntos en un mismo mote.

 

La ingenuidad y las farsas

20 de diciembre de 2018


Un fantasma recorre las redes sociales: el fantasma de no saber por qué chuchas si antes nos levantábamos por menos, ahora aguantamos tanto. Este mensaje de Don Evaristo (?) es elocuente:


La idea de este ícono quiteño es cierta, siempre que se acepte como premisa que antes y ahora el pueblo ha decidido el curso de acción de los acontecimientos. Un tren de ideas en el que el pueblo se levanta, resuelve las cosas (atacando la institucionalidad y destituyendo a una autoridad corrupta y/o incompetente, típicamente un Presidente), y luego se retira una vez culminada su heroica tarea. Benjamín Carrión escribió en “Cartas al Ecuador”, a inicios de los años cuarenta del siglo pasado, sobre este melancólico* drama del ecuatoriano, por el cual:

“… el hombre ecuatoriano ha salido a la calle armado de su grito, o se ha lanzado al campo de batalla armado de su rifle o su machete, a defender su libertad. Y casi siempre ha triunfado en su empeño, aunque después del triunfo popular –bien ganado, heroicamente conquistado- haya naufragado en las aguas turbias de la intriga de camarilla o de trinca”. (p. 127)

Esto es de una tremenda ingenuidad: todos esos golpes fueron y son orquestados desde arriba (desde la “camarilla” o “trinca”) y el bravo pueblo del Ecuador ha sido un instrumento para ese re-acomodo de sus élites. Entrados en el regreso a la democracia, en la primera caída de un Presidente, la de Bucaram, el pueblo fue instrumento de los intereses del PSC. Lo que recetó Febres-Cordero por la mañana en las calles de Quito, se cumplió al pie de la letra en el Congreso Nacional unas horas más tarde. En este video (min. 3:15 en adelante) se observa al Ingeniero en su rol de DT de los destinos patrios. Es una gozada.

Todo el heroísmo del pueblo de Quito fue un tabaquito en labios del Ingeniero: todos los esfuerzos del bravo pueblo en las jornadas de febrero de 1997 (heroicos, en este imaginario ingenuo) fueron en beneficio de un caudillo guayaquileño y su “camarilla” o “trinca”, como las llamaba Carrión. Héroe, en este caso, resulta sinónimo de “tonto útil”**.

Como los noventa están de vuelta, la historia quiere repetirse, aunque no como Marx decía, que primero como tragedia y luego como farsa. En Ecuador no es así, porque ha sido una farsa siempre y en todo lugar, una larga y estúpida sucesión de farsas. La que toca ahora, la que está en cocción, se compondría una vez más del bravo pueblo de Quito en las calles para beneficiar a otro caudillo guayaquileño: Jaime Nebot, sucesor de León Febres-Cordero (a la derecha en el video de febrero de 1997).

Sigue sonando Vilma Palma de fondo y esto es el Ecuador. Todo es posible.

* Gregorio Peces-Barba decía que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. Por eso la devoción popular al pasillo.
* El único levantamiento popular genuino fue contra Mahuad y la evidencia de esto fue la muerte lenta de su partido (es decir, la gente sí estuvo realmente arrecha contra Mahuad, por ser un maldito incompetente –me incluyo, aunque he tratado de entenderlo). Después de su destitución, la DP obtuvo 4 diputados de 100 posibles, es decir, pasó de tener 36 diputados en 1998 (cuando el pueblo -ayudado por el escritorio- eligió a Mahuad) a pasar a tener 4 en 2002. La DP languideció un rato más, para desaparecer años después sin pena ni gloria, como casi todo lo que ha hecho Oswaldo Hurtado a lo largo de su vida política. Que las otros dos destituciones fueron orquestadas por una porción de la élite política para eliminar a sus rivales políticos en el ejercicio del poder, sin contar con un genuino respaldo popular, se evidencia en el resultado de las siguientes elecciones: tras la destitución de Bucaram, el PRE obtuvo 24 diputados de 120 posibles (en 1996, cuando se eligió a Bucaram, contaba 19 de 82) con lo que se convirtió en la tercera fuerza política en el Congreso (por encima, el PSC tenía 27, la DP-UDC 36); tras la destitución de Gutiérrez, Sociedad Patriótica obtuvo 24 diputados de 100 posibles (en 2002, cuando se eligió a Gutiérrez, tenía apenas 6 de 100), con lo que se convirtió en la segunda fuerza política en el Congreso (por encima, el PRIAN tenía 28 diputados).

Esto es un elogio

27 de febrero de 2017


 “Recuerdos de Marx”, de Paul Lafargue [Die Neue Zeit, Vol. 1, 1890-1891]:

“El cerebro de Marx estaba armado de un acervo increíble de datos de la historia y las ciencias naturales, así como de las teorías filosóficas. Tenía una capacidad notable para utilizar el conocimiento y las observaciones acumuladas durante años de trabajo intelectual. Podía interrogársele en cualquier momento, sobre cualquier tema, y obtenerse la respuesta más detallada que podría desearse, acompañada siempre de reflexiones filosóficas de aplicación general. Su cerebro era como un guerrero acampado, listo para lanzarse a cualquier esfera de pensamiento.
[…]
Yo trabajé con Marx; sólo era el escribano al que dictaba, pero esto me dio la oportunidad de observar su manera de pensar y de escribir. El trabajo era fácil para él y al mismo tiempo difícil. Fácil porque su mente no encontraba dificultades para abarcar los hechos y las consideraciones importantes en su totalidad. Pero esa misma totalidad hacía de la exposición de sus ideas una cuestión de largo y arduo trabajo.
[…]
No solo veía la superficie, sino lo que estaba por debajo de ésta. Examinaba todas las partes integrantes en su acción y reacción mutuas; aislaba cada una de estas partes y rastreaba la historia de su desarrollo. Luego pasaba del objeto a su ambiente y observaba la reacción del uno sobre el otro. Buscaba el origen del objeto, los cambios, evoluciones y revoluciones que había atravesado y procedía finalmente a sus efectos más remotos. No veía una cosa singularmente, en sí y para sí, aislada de su entorno: veía un mundo muy complejo en continuo movimiento”. 

El negocio perfecto

6 de abril de 2016


Durante siglos, la iglesia católica ostentó el negocio perfecto: recibir diezmos por dar bendiciones.

Como lo puso Marx: “El diezmo abonado al clérigo es harto más claro que las bendiciones de éste" (1).

Dinero a cambio de un acto de magia pura. Los putos amos.