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Desalojos y diario El universo
23 de mayo de 2017
Me han hecho notar en un
red social que diario El universo sí ha publicado una noticia sobre el desalojo
de las familias en Cerro Colorado, planificado para el día de hoy. Es la
siguiente:
Si el diario El universo
se jacta (por su nonagésimo quinto aniversario) de respetar “a la fidelidad de los hechos, a la dignidad de las personas y a los derechos humanos” [sic], entonces no se entiende el porqué
esta nota es tan pobre de contenido. El respeto a todo aquello que diario El
universo dice respetar, implica necesariamente una redacción de las noticias comprometida
con los ciudadanos a quienes informa y, en particular, con los ciudadanos sobre
los que escribe (porque como diría Kapuscinski, un buen periodista intenta “comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Pero Kapuscinski, para el periodismo de Guayaquil, es hablar en
mandarín).
Porque nada de eso se
intenta en esta noticia. Como lector, uno apenas se informa de un problema
entre unas personas pobres y necias que viven sobre la vía pública y el
Municipio de Guayaquil, que impone su autoridad.
Los pobres involucrados ni
siquiera viven en un asentamiento propio, pues se los ubica en referencia a
otro sitio (son personas que viven “frente a Bastión Popular”, según el
titular). El Municipio “visita” a estos habitantes pobres y “con combos
tumbaron paredes que correspondían a cercas y el techado sobresalido”. Vale
anotarlo: ni una sola preocupación frente a la destrucción de viviendas
particulares hecha por una autoridad estatal, para un diario dizque
comprometido con “los derechos humanos”.
En la última línea de la
noticia, diario El universo presenta la justificación de los hechos, de boca de
la autoridad a cargo:
“Xavier Narváez,
director municipal de Justicia y Vigilancia, dijo que las familias ya han sido
notificadas del desalojo y que se niegan a ir al sitio que el Cabildo propone”.
No hay ninguna
preocupación del diario sobre el “sitio que el Cabildo propone”, ni de las
circunstancias de la notificación que le hicieron a quienes van a desalojar, ni
del proceso que dio lugar a esa notificación (si lo hubo). Para diario El
universo, estas cosas simplemente le suceden
a los pobres. Que se jodan.
Porque de los pobres, casi nada se sabe. En diario Expreso, se informó de una peculiaridad de las siete
familias afectadas: todas tienen un familiar discapacitado. Este hecho
no le ha impresionado a diario El Universo, pues se ha limitado a informar que “una de
las moradoras del sector”, de nombre Clara Macías, “clamaba […] que no la
desalojen” y que, por ello, “tuvo una crisis de salud”, por lo que su hija,
Karina Carrillo, “sacó un tanque de oxígeno de su vivienda y le suministró la
sustancia hasta calmarla”. Carrillo “contó” que las siete familias “esperan ser
reubicadas”.
En esta redacción no se puede
estar más lejos de intentar “comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Allí se cuentan cosas que
simplemente le suceden a los pobres,
esa gente necia de la que apenas se sabe que desea ser reubicada, pero que se
niega a ir al sitio que el Municipio les propone. Un sitio, por cierto, del que
nada se sabe.
Esta redacción, que parece
más de RR.PP. del Municipio de Guayaquil que de un periódico comprometido con “los
derechos humanos”, se confirma con la ausencia de seguimiento a esta noticia.
Hoy es martes 23, día del desalojo, pero ninguna noticia se ha publicado desde
esta noticia turra del viernes 19. Es como si la “angustia” (así está en el
titular, al menos) de aquellos a quienes se va a desalojar ya se hubiera disipado.
¿Presión municipal?
¿Piloto automático? ¡Quién sabe?
Pero lo que sí: esta forma
de “informar” no es ninguna novedad para la prensa turra de Guayaquil, siempre
situada tan lejos de Kapuscinski y tan cerca de la Alcaldía de su ciudad.
Publicado por Xavier 0 comentarios
Etiquetas: Alcaldía de Guayaquil, Cerro Colorado, Desalojos, Diario El Universo, Periodismo, Periodismo de Guayaquil, Riszard Kapuscinski, Xavier Narváez
Crónica navideña
28 de diciembre de 2008
Mejor aclararles de volea el exceso que supone este título: la primera aclaración necesaria es su distinta orientación. Yo pensaba, en realidad, escribirles una crónica que critique la navidad, una crónica anti-navideña en toda la regla. Una que refiera las razones por las cuales me resulta tan indiferente la navidad (porque, valga decirlo también, tampoco me sucede oponerme a ella: que cada quien busque su camino a la felicidad como guste –hay tanta soledad en el mundo que supongo que la navidad es un mal necesario-). Pero considero que estas razones son en realidad tan de orden público y tan evidentes por sí mismas que estimo innecesario insistir en ellas: me refiero en particular al ímpetu comercial de esta época, su espíritu consumista, su impuesta fraternidad. Desde una perspectiva estrictamente personal, además, la navidad es un rito de una religión en la que no creo, como no creo tampoco en ninguna otra.
Contra lo que critico de la navidad (a pesar de lo mucho que se lo machaca al público para provocarlo y cuyas provocaciones pretenden resolverse usualmente en monetario) me gusta pensar que lo importante es la cercanía con la familia y los amigos (esa patria para el individuo), la sonrisa, los abrazos, el tiempo compartido y que todas, todas esas cosas son independientes de una fecha cualquiera… Y es que parece también tan evidente si se lo piensa un poco, pero como dijo Lennon: “la vida es lo que te sucede mientras piensas en otras cosas”. Y más simple, por supuesto, es dejarse llevar.
La segunda aclaración necesaria es que ésta no es una crónica. No solo no es una crónica por contenido: tampoco lo es por actitud. Para contar una crónica es necesario (lo resalté en una entrada anterior) ponerse en los zapatos de otros, o mejor, para decirlo en palabras del maestro Ryszard Kapuscinski: “la mayoría de la gente en el mundo vive en muy duras condiciones y si no las compartimos no tenemos derecho a escribir”. Yo no he honrado ese compromiso. No me he puesto en los zapatos de los otros para sentir su soledad (un abrebocas de sensaciones para quienes viven en las antípodas de lo que se provoca en esta época), para sentir ese otro significado de estas fechas para quienes poco o nada tienen, para los olvidados (que suelen ser los de siempre) o para quienes se lavan dando lo que les sobra. Esa es precisamente la tensión que suele aprovecharse en esta época. Tensión que suele resolverse (y eso es lo triste) enflaqueciendo el bolsillo y no agrandando el corazón.
En todo caso es evidente que este título, aclaraciones mediante, se revela como una farsa. Farsa: sustantivo que no pocas veces caracteriza al espíritu que he sentido que impera en estas fiestas. Sostengo que se trata solamente de reivindicar el dar los abrazos cuando se tengan ganas, sin sujeción a fechas ni villancicos (y mientras más, mejor).
P.S.- Santa intenta reivindicarse. Pero nel.
Contra lo que critico de la navidad (a pesar de lo mucho que se lo machaca al público para provocarlo y cuyas provocaciones pretenden resolverse usualmente en monetario) me gusta pensar que lo importante es la cercanía con la familia y los amigos (esa patria para el individuo), la sonrisa, los abrazos, el tiempo compartido y que todas, todas esas cosas son independientes de una fecha cualquiera… Y es que parece también tan evidente si se lo piensa un poco, pero como dijo Lennon: “la vida es lo que te sucede mientras piensas en otras cosas”. Y más simple, por supuesto, es dejarse llevar.
La segunda aclaración necesaria es que ésta no es una crónica. No solo no es una crónica por contenido: tampoco lo es por actitud. Para contar una crónica es necesario (lo resalté en una entrada anterior) ponerse en los zapatos de otros, o mejor, para decirlo en palabras del maestro Ryszard Kapuscinski: “la mayoría de la gente en el mundo vive en muy duras condiciones y si no las compartimos no tenemos derecho a escribir”. Yo no he honrado ese compromiso. No me he puesto en los zapatos de los otros para sentir su soledad (un abrebocas de sensaciones para quienes viven en las antípodas de lo que se provoca en esta época), para sentir ese otro significado de estas fechas para quienes poco o nada tienen, para los olvidados (que suelen ser los de siempre) o para quienes se lavan dando lo que les sobra. Esa es precisamente la tensión que suele aprovecharse en esta época. Tensión que suele resolverse (y eso es lo triste) enflaqueciendo el bolsillo y no agrandando el corazón.
En todo caso es evidente que este título, aclaraciones mediante, se revela como una farsa. Farsa: sustantivo que no pocas veces caracteriza al espíritu que he sentido que impera en estas fiestas. Sostengo que se trata solamente de reivindicar el dar los abrazos cuando se tengan ganas, sin sujeción a fechas ni villancicos (y mientras más, mejor).
P.S.- Santa intenta reivindicarse. Pero nel.
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Etiquetas: John Lennon, Navidad, Riszard Kapuscinski
Ubuntu
26 de mayo de 2007
Publicado en diario El universo el 26 de mayo de
2007.
*
Conocí a Marcos Ezequiel Filardi en una actividad
académica de derechos humanos en Washington D.C. en mayo del 2005. En aquel
entonces, Filardi me comentó que tenía la intención de viajar a África con el
propósito de aprehender, con la fuerza que solo permiten los sentidos, las
situaciones más críticas en materia de derechos humanos y contactar a las
personas que luchan a diario para intentar superarlas.
Filardi inició su viaje en enero del 2006; empezó
por Ciudad del Cabo, alumbrada de sombras del apartheid, y todavía no se
detiene: yo, periódicamente, recibo sus noticias. Él, a cambio, recibe unas
líneas y mi más rendida admiración, aquella que solo tributo a quienes, sin
doblez ni usura, tienen el valor de actuar en consecuencia con los diáfanos
principios que constituyen sus razones para vivir.
Breve paréntesis: África es un continente que en la
Conferencia de Berlín de 1884 los europeos despedazaron: se repartieron su
territorio con única sujeción a sus coloniales intereses y crearon sistemas de
terror sin experimentar siquiera el mínimo asco por sus consecuencias. Cuando
en la década del sesenta, los países africanos obtuvieron su independencia,
recuerda Kapuscinski, “no se modificó la estructura del poder blanco: aquí están
las raíces del naufragio de África”. De hecho, África solo interesó a los
europeos como territorio para el expolio y, luego, a europeos y norteamericanos
como escenario para sus juegos de poder. Hoy, es un continente olvidado; para
ilustrarlo, valga referir que casi el 80% de la población infectada con el
virus del sida en el mundo vive en África, pero representa solo el 1% del
mercado mundial de medicamentos: el interés para desarrollar una vacuna es
simplemente nulo y poco o nada importa la muerte de 20’000.000 de personas.
(Esa es la mano invisible del mercado: no pocas veces empuña un puñal). Y los
europeos (y norteamericanos también), bien gracias: nunca desarrollan mala
conciencia. Demasiado blancos y demasiado limpios como para esas nimiedades. La
historia, claro está, no la escriben los perdedores.
Vuelve entonces mi amigo Filardi a escena, para
rescatar las imágenes de otra África mediante su nómada biografía. En sus
crónicas, no escatima detalles para describir las lacerantes condiciones de pobreza,
violencia y exclusión; tampoco las escatima para destacar aquella belleza que,
a pesar de Occidente, los africanos mantienen: su sonrisa, su ritmo, su
espiritualidad, su incesante alegría. Una clave para entender esta compleja
realidad la ofrece Filardi en el cierre de una de sus cartas: “¡Si tan solo
aprendiésemos a abrazar el espíritu del ubuntu!”. El ubuntu, ancestral
filosofía africana, puede resumirse en la siguiente frase de lengua xhosa, umntu
ngumntu ngabantu, cuya traducción más simple y preciosa es “uno es uno a
través de los otros”.
A pesar de todo, la alegría; a pesar de todo, la
búsqueda de sentido en el otro: actos que son todavía más valiosos hoy, en este
mundo de miedos y pobres corazones, de consumismo despiadado y egos poco
ilustrados y nada altruistas. Que sirvan, entonces, como fuente de inspiración
personas como Filardi, de lúcida coherencia, y una filosofía como el ubuntu,
que nos abre la posibilidad de desaprender los vicios de Occidente y de reinventarnos,
pese a todo y cobijados en lo humano, sonrisa en labios.
Publicado por Xavier 0 comentarios
Etiquetas: África, Conferencia de Berlín, Europa, Historia, Marcos Ezequiel Filardi, Riszard Kapuscinski, Ubuntu, Washington D.C.
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