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Paul, fumón viejo

2 de noviembre de 2019


O como diría John, “give weed a chance” (?).

Fuente: Diario Extra. Informa primero y mejor.

Lennon, el socialcristiano

20 de agosto de 2019


En 1970, Beatles over, Jann Wenner entrevistó a John Lennon y le preguntó por un libro de Hunter Davies. Por toda respuesta, Lennon esquivó la pregunta y divagó:

“No sé, no lo recuerdo. Love me do, de Michael Braun, fue un mejor libro sobre los Beatles. Decía la verdad. Él escribió como éramos, unos desgraciados. No se puede ser de otra manera con tanta presión… y nos desquitábamos con personas como Neil, Derek y Mal. Es por eso que en el fondo nos guardan resentimiento, pero nunca pudieron demostrarlo. Y no lo creerán cuando lo lean, si esto llega a imprimirse. Pero soportaron mucha mierda de nosotros porque estábamos en una situación de mierda. Era un trabajo duro y alguien debía pagar por ello. Eso se pasa por alto, la clase de desgraciados que éramos. Desgraciados de primera, eso es lo que eran los Beatles. Debes ser un desgraciado para tener éxito. Eso es un hecho, y los Beatles eran los desgraciados más grandes del planeta. […] No hay duda, si tienes éxito es porque eres un desgraciado”*.

Tal es la filosofía del éxito de John Lennon: ser exitoso es ser un hijoputa, un cagador. Muy, muy socialcristiano**.

* Wenner, Jann S., ‘Lennon recuerda’, Aguilar, México, 2005, p. 89 [Título original: Lennon remembers, 1971]. “Neil, Derek y Mal” son Neil Aspinall, su representante para giras, Derek Taylor, su oficial de prensa, y Mal Evans, su ayudante y guardaespaldas. La palabra “desgraciado”, en la entrevista original, es una traducción de “bastard”.
** Los socialcristianos son unos extremistas de esta teoría nefasta (unos ultras de Lennon) al punto de haberla convertido en un “modelo de desarrollo”, mismo que de sostenerse en el tiempo, cagará por completo a una ciudad hoy a la deriva. (“cagará”, es literal: Guayaquil se inundará de caca et al.)

Lennon, 29

8 de diciembre de 2009

Jann Wenner le preguntó a John Lennon si tenía alguna imagen de When I’m 64. Lennon respondió: “No, no. Espero que [Yoko y yo] seamos una bonita pareja de ancianos, vivamos en la costa de Irlanda o algo así, y miremos nuestro álbum de fotos de la locura”. (Rolling Stone, 1971). Ese álbum es el arte de la diferencia.

Lennon murió un 8 de diciembre de hace 29 años, en NY. Hoy tendría 69.


Christianity will go

11 de julio de 2009


John Lennon, March 4th 1966:

“Christianity will go. It will vanish and shrink. I needn’t argue about that. I’m right and I will be proved right. We’re more popular than Jesus now. I don’t know which will go first -rock n’ roll or Christianity. Jesus was alright but his disciples were thick and ordinary. It’s them twisting it that ruins it for me”.

He is so right, and I bet that is rock n’ roll the one that will go last, thanks God!

Crónica navideña

28 de diciembre de 2008

Mejor aclararles de volea el exceso que supone este título: la primera aclaración necesaria es su distinta orientación. Yo pensaba, en realidad, escribirles una crónica que critique la navidad, una crónica anti-navideña en toda la regla. Una que refiera las razones por las cuales me resulta tan indiferente la navidad (porque, valga decirlo también, tampoco me sucede oponerme a ella: que cada quien busque su camino a la felicidad como guste –hay tanta soledad en el mundo que supongo que la navidad es un mal necesario-). Pero considero que estas razones son en realidad tan de orden público y tan evidentes por sí mismas que estimo innecesario insistir en ellas: me refiero en particular al ímpetu comercial de esta época, su espíritu consumista, su impuesta fraternidad. Desde una perspectiva estrictamente personal, además, la navidad es un rito de una religión en la que no creo, como no creo tampoco en ninguna otra.

Contra lo que critico de la navidad (a pesar de lo mucho que se lo machaca al público para provocarlo y cuyas provocaciones pretenden resolverse usualmente en monetario) me gusta pensar que lo importante es la cercanía con la familia y los amigos (esa patria para el individuo), la sonrisa, los abrazos, el tiempo compartido y que todas, todas esas cosas son independientes de una fecha cualquiera… Y es que parece también tan evidente si se lo piensa un poco, pero como dijo Lennon: “la vida es lo que te sucede mientras piensas en otras cosas”. Y más simple, por supuesto, es dejarse llevar.

La segunda aclaración necesaria es que ésta no es una crónica. No solo no es una crónica por contenido: tampoco lo es por actitud. Para contar una crónica es necesario (lo resalté en una entrada anterior) ponerse en los zapatos de otros, o mejor, para decirlo en palabras del maestro Ryszard Kapuscinski: “la mayoría de la gente en el mundo vive en muy duras condiciones y si no las compartimos no tenemos derecho a escribir”. Yo no he honrado ese compromiso. No me he puesto en los zapatos de los otros para sentir su soledad (un abrebocas de sensaciones para quienes viven en las antípodas de lo que se provoca en esta época), para sentir ese otro significado de estas fechas para quienes poco o nada tienen, para los olvidados (que suelen ser los de siempre) o para quienes se lavan dando lo que les sobra. Esa es precisamente la tensión que suele aprovecharse en esta época. Tensión que suele resolverse (y eso es lo triste) enflaqueciendo el bolsillo y no agrandando el corazón.

En todo caso es evidente que este título, aclaraciones mediante, se revela como una farsa. Farsa: sustantivo que no pocas veces caracteriza al espíritu que he sentido que impera en estas fiestas. Sostengo que se trata solamente de reivindicar el dar los abrazos cuando se tengan ganas, sin sujeción a fechas ni villancicos (y mientras más, mejor).















P.S.- Santa intenta reivindicarse. Pero nel.

¡Ay, 60 años!

11 de diciembre de 2008

Ayer. Hoy son sesenta años y un día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de saldo ambiguo. Al amparo de Cioran y de los gnósticos tiendo a considerar sin tomármelo muy en serio (obvio porque no soy creyente; si lo fuera, sí que tendría que pensármelo) que dios es, ora omnipotente y malvado, ora bondadoso pero chapucero: sólo esas patéticas alternativas divinas podrían explicar, desde la metafísica, este desastre de mundo en el que vivimos y del que la DUDH no ha podido salvarnos. Pero la DUDH mérito sí que tiene: fue, hace sesenta años y un día, el punto de partida de la comunidad internacional para codificar el derecho internacional de los derechos humanos, para reivindicar un discurso y orientar una práctica que, a pesar de sus notorias deficiencias e insuficiencias, no poco ha contribuido para evitar y corregir muchas injusticias. La DUDH es, me gusta pensármelo con estas palabras de Nadime Gordimer, “el documento esencial, la piedra fundamental, el credo de la humanidad que recoge todos los otros credos que orientan el comportamiento humano”.

El artículo 1 de la DUDH no parece difícil de comprender y practicar. Dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Sin embargo uno mira alrededor… Pero bue, no cabe que dejemos de imaginarnos un posible mundo mejor: lo digo al amparo de Lennon (otro aniversario reciente, just three days ago) quien soñaba con un mundo sin codicia, ni países, ni religión, malas ideas que tanto han contribuido para que nos dañemos los unos a los otros. Libertad, igualdad, fraternidad: todavía mucho por hacer. A seguirla, para que como sugería Camus, al menos abandonemos el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos.