¿Dónde viste el 7 a 1?

12 de julio de 2014

Como con el gol de Maradona a los ingleses, todo aquel que presenció el bukkake de goles que Alemania le puso a Brasil en semis, se acordará el resto de su vida el lugar donde lo vio. Si alguno me decía que Brasil iba a perder 7 a 1 un partido en un mundial, lo tomaba por loco; si me decía que iba a verlo en una embajada llena de brasileros, ídem y plus. Pero el destino es un cabrón demencial.

Por cosas de ver el futbol, conocí a un peruano que trabaja para su embajada en Australia. Para este partido, me dijo que tenia la invitación (cosa común en el mundo diplomático) para verlo en la embajada de Brasil, con desayuno incluido y en pantalla gigante. Sure shot.

Pantalla gigante. Bandera gigante. Decepción gigante.

Yo le iba a Alemania porque es un equipo, a secas y con todo lo que eso implica. Pero más le iba porque Brasil nunca me ha gustado mayor cosa. Y menos este Brasil, que fue una mentira desde Nishimura en adelante. Pero lo que pasó no se podía creer. Hubo quien decía “necesito un whisky” y, para el siguiente gol, ya lo reclamaba doble. Si seguía en ese tren, se convertía en la leyenda de Dylan Thomas y no por poeta, precisamente. El desánimo era generalizado. Brasileros y no, todos atónitos. Muchos se retiraron al medio tiempo.

Con un chipriota con el que hicimos migas viendo el fútbol, convinimos que más que a Neymar, Brasil extrañó en este partido a Thiago Silva: aquel que podía poner un cierto orden defensivo en lo que era un total descalabro. Por suerte, los alemanes tienen códigos (no como éstos) y decidieron no humillar a su rival. Porque muy bien pudieron hacerle un 10 a 1, como le aplicó Hungría a El Salvador en 1982 (hay un documental salvadoreño muy lindo sobre esto, oportunamente llamado “Uno”). Es más, si Özil no jugaba como Arroyo (es decir, la cagaba) y se la cedía a Schürrle, no solo que Alemania ganaba 8 a 0 (porque en esa contra se originó el descuento; de paso, colocaba a Brasil al nivel de Arabia Saudita) sino que Schürrle habría compartido el récord del húngaro László Kiss, la única persona hasta el día de hoy en anotar un hat-trick (en el partido contra El Salvador, precisamente) entrando como suplente. Pero son éstas, meras exquisiteces de un fanático futbolero. Ya la suerte estaba echada y el gang-bang consumado.

Para mayor inri, no sólo es la peor derrota de la historia de Brasil (el precedente era un 6 a 0 propinado por Uruguay en 1920) sino que el gordo Ronaldo perdió el récord que ostentó durante 8 años. Los muchachos de enunabaldosa.com (enorme página para seguir el mundial con humor) no perdieron ocasión para gastarlo.


Hay que reconocer, eso sí, la grandeza de Klose, quien ha dicho que Ronaldo es el jugador “más completo de la historia”. Y también el poderío del fútbol alemán, explicado en este artículo de Karla Morales (lo que hace Alemania está en las antípodas de lo que hace la FEF; y así nos va). Alemania es un equipo que no ha jugado todos los mundiales (el único equipo que lo ha hecho es Brasil; Alemania no fue a los de 1930 y 1950) pero es el equipo que más partidos ha disputado (106 con la final del domingo) y el que tiene más jugadores que han convertido 10 o más goles. Ese privilegio lo tienen 13 solamente, cinco de los cuales son alemanes. Uno de ellos (T. Müller) tiene solo 24 años. En un par de mundiales, casi sin duda, lo reemplazará a Klose en el tope. El siguiente país en la lista es Brasil, con dos: el gordo destronado con 15 y aquel que debutó con un pibe con 12.



Y sí, voy a recordar toda la vida ese lugar y ese momento. La derrota estuvo espectacular. El pão de queijo, también.

Happy Ramadan

11 de julio de 2014

Publicado en diario El Telégrafo el 11 de julio del 2014.

A fines del mes de junio, 239 establecimientos de la cadena australiana de supermercados Woolworths (conocidos coloquialmente como Woolies) colocaron carteles con la frase “Happy Ramadan” y algunos ofrecieron nueces y frutos secos a su clientela. Los establecimientos de Woolworths que hicieron esto fueron aquellos situados en lugares de numerosa población musulmana. Se trata, por supuesto, de una estrategia comercial de esta cadena de supermercados para captar clientela en la comunidad musulmana durante el mes que dura el Ramadán (este año, desde el 28 de junio hasta el 27 de julio).

Ha sido interesante observar la reacción de algunas personas ante la postura de Woolies. En la página de Facebook de esta cadena de supermercados, varios de sus clientes manifestaron sus críticas. Por ejemplo, hubo una persona que dijo que se sentía ofendida “como australiana y como mujer”; otra, que amenazó con boicotear los establecimientos donde estuvieran esos carteles; otra más, que acusaba a Woolworths de “alcahuetear a una minoría”. Un blog conservador, sin más, acusó a Woolies de “promover el terrorismo islámico” (?). En realidad, no se entiende como el hecho de colocar carteles con una frase que incluye la palabra “Happy” y ofrecer frutos secos pueda resultar en un daño o en alguna afectación a alguien, al punto de provocarle a esa persona reacciones como las ya citadas. Ciertamente, lo que demuestran este tipo de reacciones son las dificultades que enfrenta la tolerancia religiosa.


En mi caso, le tengo simpatía a lo hecho por Woolworths. Persiguió su propio interés (el vender más productos) a través de enviar un mensaje positivo y de reconocimiento de la diversidad existente en el territorio. Lo hizo donde podía tener éxito (no tiene sentido desear un “Happy Ramadan” donde no existe una comunidad que lo conmemora) y lo hizo sin ofender a nadie. Cuando le preguntaron al vocero de Woolworths sobre este asunto, respondió que la cadena celebra “tantas festividades internacionales como es posible para respaldar la diversidad de la población australiana”. Según afirmó, esto incluye el Diwali (festividad hindú), el Año Nuevo Lunar (festividad china) y la Pascua (festividad judía).

La base de la tolerancia está en el reconocimiento del otro; es más difícil respetar lo que no se conoce. El secretario del Concejo Islámico del estado de Victoria (al sureste de Australia, capital Melbourne) opinó que las personas que se oponían a lo hecho por Woolworths lo hacían por su ignorancia del Islam y por miedos insustanciales. Es difícil no coincidir con su opinión. Es absurdo que sean tantas las personas en el mundo occidental que desprecian a los creyentes en el Islam porque los asocian con acciones violentas (por ejemplo, con los musulmanes que salieron a quemar embajadas de Dinamarca porque en dicho país se publicó una caricatura de Mahoma). En ese caso, lo que esas personas desprecian es el “muñeco de paja” que se han inventado para justificar sus miedos y su ignorancia. Juzgar a los creyentes en una religión por los actos cometidos por unos cuantos radicales es una manera muy torpe de pensar. Es tomar la parte por el todo, es reemplazar la complejidad de la discusión por la simpleza de los prejuicios.

El Islam es la religión más practicada en el mundo. Sí, incluso por encima del catolicismo. Se calcula que hay cerca de 1.600 millones de personas creyentes en el Islam (22% de la población mundial); católicos, hay 1.228 millones (17%). Los musulmanes que salieron a las calles a quemar embajadas en aquella ocasión, por ejemplo, no superaban unos pocos miles. Eso es menos del 0.001% de creyentes en el Islam. ¿Se puede juzgar a todo el resto, por ese número mínimo (y reprochable) de violentos? ¿Se puede meter a todos en el mismo saco y omitir el reconocimiento de otras varias formas de practicar el Islam que involucran la compasión, la paz y el amor?

El error de esta forma de razonar es criticar lo que se no se conoce a fondo. Mucha gente que tiene una opinión negativa sobre otros es porque nunca jamás ha tratado de conocer a aquellos que critica. Se conforman con unas ideas preconcebidas sobre lo que el otro es: el esfuerzo y la honestidad intelectual de conocer a los demás (a la casi infinita diversidad que implican los otros, para bien o para mal) es algo que está fuera de sus capacidades. Así se ha justificado (y se sigue justificando, por supuesto) la discriminación a homosexuales, negros o musulmanes. Y la lista es larga, y contiene muchas peores expresiones que las citadas unas líneas más arriba.

El escritor español Miguel de Unamuno tenía una frase certera para describir la cura que requiere la gente discriminadora: “el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”. La interacción con las ideas y con la realidad de los otros es la mejor manera de reconocer y apreciar la diversidad que en el mundo existe y de generar empatía frente a lo que otras personas viven y experimentan, de las que tanto puede aprenderse.

En Guayaquil había una única mezquita, situada en Urdesa, frente a la casa en la que se organizó el Inmundicipio unos tres años atrás. La mezquita se llamaba “Jesús”, porque Jesús es uno de los profetas del Islam. Creo que ya no siguen allí, pero dondequiera que estén, Feliz Ramadán a ellos, también.

Tres enunciados futboleros

10 de julio de 2014

(1) No soy hincha de equipos latinoamericanos por ser latinoamericano. Eso, para el rebaño. No me gustan (por ejemplo) ni Chile, ni México, ni Paraguay, ni mucho menos, Brasil (y menos que menos, este Brasil de operarios fúnebres). Puedo muy bien irle (o no) a quienquiera que los enfrente y puede muy bien su derrota alegrarme el día.

(2) Soy hincha, eso sí, de la selección de mi país y de los equipos rioplatenses: Uruguay y Argentina (en ese orden, además). Esto se adquirió en la infancia y no se cambia. El conocer esos países, el haberlos disfrutado en varias ocasiones, el haber cosechado en ellos tantas amistades (si algo caracteriza a los países rioplantenses, además de la exquisitez de sus carnes y la belleza de sus mujeres, es el culto de la amistad) ha confirmado en mi adultez esta pasión adquirida cuando niño.

(3) Desde la página web Pornhub pidieron de favor que no se suban más videos de la basureada de Alemania a Brasil porque la categoría “public humiliation” estaba llena y el gangbang alemán no tenía ya cabida. 


A pesar de lo cual, en Brasil piensan torcer por quien tan brutalmente los humilló. El diario deportivo Lance ya lanzó la campaña #SomosTodosAlemanha (?). Es eso, o torcer por su archirrival. Ni modo: brasileros, hasta el lunes, mejor dedíquense al bádminton.

La gran oportunidad de Brasil para triunfar.
Bonus: Por supuesto, Maradona es más grande que Pe(le)lé. Y siempre que veo este gol (contrástese y disfrútese el parco “it’s a goal” inglés vs. el exultante “barrilete cósmico”) se me eriza la piel: