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Fútbol deshonesto

2 de marzo de 2009



No puede predicarse mucho de un partido de fútbol cuyos atributos esenciales fueron el aburrimiento y la desidia. Los números de la previa no prometían mucho porque mucho no puede prometer el enfrentamiento entre los dos equipos que ocupan los últimos lugares de la tabla de posiciones. Las emociones de la previa pretendían mucho porque mucho pretende esa bizarra gente paradójica que somos los hinchas del fútbol, al mismo tiempo parcializados e infalibles. 22 hombres en cortos lucharon ayer con denuedo para probarnos las dimensiones homéricas de nuestro error.

Decía Ángel Cappa que en el fútbol no se recuerdan los resultados, se recuerdan las emociones. Si eso es así, este partido merece un inmediato acceso al olvido. Se recordará el resultado, porque es obvio que si no hubo emociones no hubo goles. Acaso alguien no olvide la salvada de Elizaga que derivó el balón al poste o una cabeza amarilla providencial, el que este adefesio le concede su primer punto al azul y escalar un puesto al torero. Con el paso del tiempo, el que lo recuerde será considerado el erudito de su tribu.

Salir del estadio fue percibir la honda decepción y escuchar un sucesivo vendaval de críticas. Comentamos que obtener un punto por este empate era excesivo, que el marcador real debió ser un empate escrito en números negativos, que lisiados se verían mejor. Quién sabe cuántas cosas más: la imaginación del hincha, cuando acicateada por la decepción, se multiplica. Me animé a caminar solo hasta mi casa (distante unas 25 cuadras del Capwell) porque sabía que, ese día a esa hora, no había nada ni nadie contra el que morir o matar, ni siquiera herir o lastimar. Acaso recibí algún adjetivo, del que nunca nos privamos.

Así fue. 22 hombres en cortos lucharon ayer con denuedo para probarnos las dimensiones homéricas de nuestro error. Pero sin embargo (la bizarría del hincha es así) les seguimos creyendo. Hijos-de-puta.

P.S.- La excitación de estas piezas estáticas de futbolín es superior a la que exhibieron ayer estos miserables.
P.S.- (2) El Zacapa lo compramos a medias y queda en familia.