No puede
predicarse mucho de un partido de fútbol cuyos atributos esenciales fueron el
aburrimiento y la desidia. Los números de la previa no prometían mucho porque
mucho no puede prometer el enfrentamiento entre los dos equipos que ocupan los
últimos lugares de la tabla de posiciones. Las emociones de la previa
pretendían mucho porque mucho pretende esa bizarra gente paradójica que somos
los hinchas del fútbol, al mismo tiempo parcializados e infalibles. 22 hombres
en cortos lucharon ayer con denuedo para probarnos las dimensiones homéricas de
nuestro error.
Decía
Ángel Cappa que en el fútbol no se recuerdan los resultados, se recuerdan las
emociones. Si eso es así, este partido merece un inmediato acceso al olvido. Se
recordará el resultado, porque es obvio que si no hubo emociones no hubo goles.
Acaso alguien no olvide la salvada de Elizaga que derivó el balón al poste o
una cabeza amarilla providencial, el que este adefesio le concede su primer
punto al azul y escalar un puesto al torero. Con el paso del tiempo, el que lo
recuerde será considerado el erudito de su tribu.
Salir del
estadio fue percibir la honda decepción y escuchar un sucesivo vendaval de
críticas. Comentamos que obtener un punto por este empate era excesivo, que el
marcador real debió ser un empate escrito en números negativos, que lisiados se
verían mejor. Quién sabe cuántas cosas más: la imaginación del hincha, cuando
acicateada por la decepción, se multiplica. Me animé a caminar solo hasta mi
casa (distante unas 25 cuadras del Capwell) porque sabía que, ese día a esa
hora, no había nada ni nadie contra el que morir o matar, ni siquiera herir o
lastimar. Acaso recibí algún adjetivo, del que nunca nos privamos.
Así fue.
22 hombres en cortos lucharon ayer con denuedo para probarnos las dimensiones
homéricas de nuestro error. Pero sin embargo (la bizarría del hincha es así)
les seguimos creyendo. Hijos-de-puta.
P.S.- La excitación de estas piezas estáticas de
futbolín es superior a la que exhibieron ayer estos miserables.
P.S.-
(2) El Zacapa lo compramos a
medias y queda en familia.