A finales de los noventa,
todavía era posible hablar de los cassettes,
cuyo auge había sido en los años ochenta (más posible era en el Ecuador, un país
fundamentalmente retrasado). Por ello, tras la caída de Abdalá Bucaram de la
Presidencia de la República en febrero de 1997, él denunció en Buenos Aires que
su hermana (es de suponer que fue Jelsita) había conseguido una “prueba
plena de conspiración”, que era prueba “contundente sobre el reparto de poder,
la tramoya, la búsqueda de utilización el poder judicial, el reparto
legislativo que tienen para liquidar a Bucaram como candidato”. A esta prueba,
el diario Extra lo conoció como “el conspi-casete”. Era esto:
En Bogotá, Bucaram
advirtió que lo que se buscaba era “joder a Bucaram” y “reformar la
Constitución para que nunca más pueda ser Presidente, para que nunca más pueda
ser candidato”.
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| Diario Extra, 19 de febrero de 1997 |
Veintipoco años después,
se puede decir que aquellos que planearon sacarlo del juego a Bucaram, vaya que lo lograron.
Hoy ya Bucaram no es candidato a nada: oscila entre ser un cadáver político y
una broma de mal gusto.
En ese entonces, Bucaram
bramaba que a este cassette: “El
mundo lo conocerá.”
Y el mundo,
fundamentalmente pillo, sonrió como Nebot en la foto.
