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"Esa negrita": una aclaración

21 de abril de 2019


Los que me conocen, saben que no soy racista. Mi intención cuando escribí “esa negrita” en una columna que publiqué esta mañana, no fue un acto de racismo en contra de la Fiscal General del Estado, aunque sí fue (lo admito) un acto de desprecio. Me explico.

El caso es que desprecio a Lady Diana Salazar, la Fiscal General del Ecuador, pero no por su raza sino por la forma de su designación. Sobre esto ya me he explayado en un artículo titulado “Lo de la futura fiscal Salazar hiede a corrupción”. Creo que este antecedente convierte a Salazar en una autoridad ilegítima. Creo, también, que su opinión sobre el uso generalizado de la prisión preventiva es peligrosa y que su actuación en el caso de Ricardo Patiño es un motivo de alarma.

Ahora, ¿cómo manifiesto mi desprecio a la Fiscal Salazar? Sin mencionarla en mi texto. No escribo su nombre y manifiesto mi desprecio con el uso del diminutivo, para acentuar que no puedo tomármela en serio.

Y la neta, no hice más que describirla como ella se ha descrito a sí misma. Ella se inscribió como negra en el concurso para fiscal, donde obtuvo un punto de acción afirmativa por ser negra. Y ella misma ha destacado su negritud: a la Revista Vistazo le pidió que escriba en la nota que le hicieron “Soy la primera fiscal negra, dígalo con esas palabras”. Es decir, describir a Salazar como negra es correcto.

Por lo demás, así se describen los propios negros. Así lo hace, por ejemplo, la asociación que defiende sus derechos:

Caso concreto: la Asociación de Negros apoya a Luis Ávila. [Por cierto: Suerte, Lucho.]

Salvo que se quiera convertir a la expresión “negro” en una expresión que sea exclusiva de ellos (a la manera de “nigger” en la Yoni) pero esta es una pretensión que rechazo y que me parece tremendamente ridícula en un país que tiene una cadena de restaurantes que se llama “Las Menestras del Negro” (impensable resulta un “Nigger’s beans” en la Yoni).

Por lo demás, hay muchas razones que tienen los negros para estar orgullosos de su raza. Simplemente, Lady Diana Salazar no es una de ellas.

N.B.: En el mismo post denominé “basura” a María Paula Romo, “decrépito” a Julio César Trujillo y “Mojón en la Marea” a Lenin Moreno. Nadie se inmutó.

La barbarie, hoy como siempre

27 de agosto de 2017


Fiodor Dostoievski en ‘Recuerdos de la casa de los muertos’ escribió que “el grado de civilización de una sociedad puede juzgarse por el estado de sus prisiones”. Juzgado así, en el territorio que se convirtió en la malhadada República del Ecuador jamás hemos conocido otra cosa que un estado de barbarie.

El Tomo V de la ‘Historia General de la República del Ecuador’ de Federico González Suárez describe la situación de las cárceles durante el período colonial:

“En las cárceles no había sistema alguno penitenciario bien establecido; el preso estaba encerrado en calabozos inmundos, sin luz ni aire sano, cuando era pobre y pertenecía a las clases obreras de la sociedad; si pertenecía a la nobleza, se le proporcionaban cuantas comodidades deseaba durante los días de su encarcelamiento”.

Tales distinciones odiosas en la colonia siguen existiendo en la actualidad (v. ‘Cárcel 4’, donde suelen ir los pillos de alto coturno). Y continúa el padrecito González:

“Las cárceles eran lugares donde los culpables vivían atormentados, pero de donde no podían salir nunca corregidos ni enmendados; antes, podían adquirir vicios con los cuales no habían estado manchados. La pena de azotes y la de trabajos forzados no se imponían a los nobles. Ordinariamente la justicia, muy benigna con los españoles nacidos en la Península, era severa con los mestizos y los indios, y tolerante con los españoles americanos”.

Esta “pigmentocracia de la justicia” continúa vigente, en un país en el que el racismo está tan naturalizado que muy rara vez se lo discute.

Es la barbarie, hoy como siempre.

La Tri, vuelta en Guayaquil

28 de julio de 2017

Antier fuimos con mi bróder Curro al Capwell a ser espectadores de un partido de la selección nacional de fútbol. La última vez que recordábamos haber ido a un partido de la selección en Guayaquil fue cuando jugamos contra Perú en el Monumental por las eliminatorias a Francia ‘98, con resultado 4 a 1 (dos goles del ‘Tanque’ Hurtado, uno de Máximo Tenorio y otro de ‘Pepín’ Gavica). Eso fue el 24 de abril de 1996. Más de 20 años más tarde, nos fuimos a reencontrar con la Tricolor en suelo tropical.

El grave problema fue la sensación “River Park* que produjo la organización de este partido en el que jugó la Tricolor. La entrada al renovado estadio Capwell era un desastre: se la hizo tarde y mal, se reubicó a la gente a última hora, había espacios sobrevendidos. Finalmente, entramos y nos ubicamos en una esquina sobre la San Martín. Una vez adentro no acabó el asunto: todavía había que soportar a hordas de idiotas que creen que gritar “uh, uh, uh” o “negro bruto” es chistoso. Y una vez terminado el partido, se registraron varios robos en las inmediaciones del estadio.

Así, de esta visita al renovado Capwell ha quedado un regusto a desorganización, racismo y delincuencia. Tal como lo recuerdo, en 1996 estábamos mejor.

N.B.: Guayaquil sigue atascada en los noventa. Ese es el telón de fondo.

En todo caso, lo bueno es que ganó la selección nacional, 3 a 1, con un hermoso gol de Murillo al cierre del partido, que fue gritado en nuestro banderín del córner. Pero los de Trinidad y Tobago eran muy rústicos y por lo exhibido por los nuestros, clasificar al mundial sigue pareciendo una posibilidad remota. Medida en años luz. 

* Donde el tiempo no pasa.

La verdadera historia de Jesse Owens

20 de agosto de 2016

James Cleveland ‘Jesse’ Owens (1913-1980) afirmó que, a su regreso después de sus legendarias medallas de oro en las Olimpiadas de Berlín (1936) y después de las historias (propaganda) que se difundieron acerca de la supuesta conducta de Hitler, en los Estados Unidos de América,

“no podía subirme a la parte de delante de un bus. Tenía que ir por la puerta de atrás. No podía vivir donde quisiera. Y si no fui invitado a estrecharle la mano a Hitler, pues no fui invitado a la Casa Blanca a estrecharle las manos al Presidente [Roosevelt], tampoco” (1).

Peor aún: el Presidente Roosevelt si invitó a sus compañeros olímpicos que eran blancos y, además, era mentira que Hitler no lo saludó: “Cuando pasé frente al Canciller [Hitler] él se levantó y agitó su mano hacia mí, a lo que yo le correspondí. Creo que los escritores mostraron mal gusto (‘bad taste’) en criticar al hombre del momento en Alemania” (2).

Jesse Owens, triunfador de los 100 metros planos en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936

En realidad, como rememora Roger Osborne en ‘Civilización. Una historia crítica del mundo occidental’, los reclamos a la política racista de Alemania contra los judíos en los años treinta caían en saco roto, porque la estupidez del racismo era común en el resto de los países:

“En 1935 se promulgaron las leyes de Nuremberg que restringían ciertas ocupaciones a los judíos y prohibían los matrimonios entre judíos y gentiles. La desaprobación internacional quedó mitigada por las leyes Jim Crow vigentes en el sur de Estados Unidos, que de forma similar ilegalizaban los matrimonios interraciales, y por las políticas coloniales del Reino Unido, Francia y otras naciones europeas, fundamentadas en criterios de raza” (3).

Osborne concluye: “el nazismo germinó en una época en la que todas las razas blancas se consideraban a sí mismas superiores” (4). En razón de ello, hasta que recién en los cincuenta Owens pudo conseguir un empleo estable, esta gloria deportiva tuvo que ganarse por años la vida como un “runner for hire” [corredor de alquiler], demostrando su rapidez en competencia con personas, animales (perros y caballos), e incluso motocicletas (5). 

(1) White, John, ‘The olympic miscellany’, Carlton Books Limited, Londres, 2008, p. 10.
(2) Ibíd., p. 137.
(3) Osborne, Roger, ‘Civilización. Una historia crítica del mundo occidental’, Crítica, Barcelona, 2007, p. 497-8. [Título original: ‘A new history of the western world’, 2006, traducción de Antonio-Prometeo Moya y Rosa M. Salleras].
(4) Ibíd., p. 498.
(5) White, John, Ibíd., p. 16; Larry Schwartz, ‘Owens pierced a myth’, ESPN.com.

El racismo naturalizado de Benigno Malo

10 de julio de 2016


“Ningún país necesita más urgentemente, la transfusión de sangre europea, digámoslo así, que el Ecuador. Dividida su población en las tres razas primitivas: la india, la africana y la europea, las que naturalmente han producido las intermedias, presenta el Ecuador un mosaico de castas. Este fenómeno de orden físico, influye naturalmente en el orden político, pues la desigualdad de razas es una protesta viva contra la igualdad proclamada por la Constitución… Extinguir las razas inferiores sería un crimen que nunca ha entrado en el corazón de la humana raza española. Hay que dejarlas a la sombra de la raza europea. Pero ¿cómo evitar una colisión entre ellas? Dando a la europea un poderoso incremento numérico con la inmigración. Así el sentimiento de su fuerza le daría seguridad, y la constituiría en natural protectora de los débiles(1). 
El argumento estrella del nombre que es el oxímoron por excelencia, Benigno Malo (1807-1870) para el fomento de la migración al Ecuador era la eugenesia. Un país con una “desigualdad de razas” necesitaba que lo gobierne la raza superior, la que para Malo era, sin chance a discusión, la raza europea, a la que él como el resto de la muchachada que participaba de la “fiesta de la democracia” en aquel entonces se sentía pertenecer (el acceso al voto y a los cargos de elección popular era restringido). El desarrollo del país estaba atado, según este oxímoron racista, a que la raza europea venza numéricamente a la población ecuatoriana compuesta por indios y negros y por un amplio “mosaico de castas”.

Benigno Malo, un hombre "alto, blanco y orgulloso", como querían Los Ilegales. Los de España, claro.
 
Un dato curioso es que esta cita de Benigno Malo la obtengo de un libro en homenaje a él, editado por la Universidad de Cuenca y el Consejo Provincial del Azuay, en el que escribe uno que supongo será su descendiente, Claudio Malo González, quien es el que cita este fragmento de su probable pariente, tras el cual comenta simplemente: “Los resultados que la política integracionista ha dado en los países australes de nuestro continente confirman de manera contundente estas apreciaciones” (2).

Un siglo después, el racismo naturalizado de Benigno Malo not dead.

(1) AA.VV., ‘Homenaje a Benigno Malo’, Universidad de Cuenca & Consejo Provincial del Azuay, Cuenca, s/f, p. 35.
(2) Malo González, Claudio, ‘Las ideas político-administrativas del Dr. Benigno Malo’, en: ‘Homenaje a Benigno Malo’, pp. 17-38. El artículo está tomado de la revista ‘Anales de la Universidad de Cuenca’, Tomo XX, No. 1 [1960].

Un (aparente) momento 'Martin Luther King' para Australia

26 de enero de 2016


En mi opinión, Australia es un país que ha naturalizado el racismo a sus pueblos aborígenes (1). En este discurso (en inglés), el periodista Stan Grant (2) denunció que el “Australian dream” incorpora el racismo “en su raíz”. Lo dio el 27 de octubre del año pasado, pero se empezó a viralizar en Australia hace unos pocos días (3):
 

 
(1) Austracism’, Xavier Flores Aguirre, 25 de julio de 2014.
(2) Melissa Davey, Stan Grant’s speech on racism and the Australian dream goes viral’, The Guardian (Australia), 24 de enero de 2016.
(3) Daniella Miletic, 'How Stan Grant delivered Australia’s ‘greatest anti-racism speech’ off-the-cuff', The Sydney Morning Herald, 25 de enero de 2016.