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Legar su contrario: el raro caso de George L. Capwell

12 de mayo de 2019


Cuando viví en Canberra, aburrida capital de Australia con menos vida que Quito con lluvia, uno de los más famosos pubs de la ciudad se llamaba “King O’Malley”, en memoria de uno de sus creadores (Canberra es una invención moderna, menos antigua que el colegio Cristóbal Colón o el Tenis Club de Guayaquil: echó a andar en 1913). O’Malley fue un fulano muy famoso en vida por su denodada lucha para que la capital de Australia sea una ciudad libre de alcohol. Obviamente, falló. Hoy, el más vívido recuerdo de su memoria, lo retiene este bar.

Por su parte, en los Estados Unidos de los albores del siglo XX se conoció la furia de Carry Nation, una veterana arrecha que entraba a los bares a sacarle la chucha a los bebedores y a destruir el establecimiento. Nada de discursos, ni pendejadas: a los puños y los hachazos de una. Además de aguantar una severa porción de quiños, Carry Nation perdió la batalla cultural. En Boston, un bar recuerda su nombre.

El espíritu de Capwell: "Solo vine para recordarles que el fútbol me vale verga"

En Guayaquil tenemos un caso similar: al gringo George Lewis Capwell le gustaban mucho muchísimos deportes, MENOS el fútbol. Cuando construyó el estadio que hoy lleva su nombre, no lo hizo para practicar este deporte: el primer partido que se jugó en el estadio “Capwell” fue de béisbol, entre las novenas de Emelec y Oriente*. Por supuesto, este proyecto de Capwell naufragó enseguida, pues el béisbol siempre fue menos frente al masivo fútbol. El estadio pasó a ser estadio para practicar el fútbol§ y su nombre recuerda a un tipo que, sustancialmente, despreció este deporte que se practica en el estadio al que hoy da nombre.

Para raro, su legado.

* Vasconcellos Rosado, Ricardo, ‘Historia del fútbol guayaquileño’, Asociación de Fútbol del Guayas, Guayaquil, 2012, p. 162.
§ El estadio “Capwell” albergó su primer partido de fútbol el 1 de diciembre de 1945, el que se disputó entre Emelec y una selección de jugadores manabitas de Manta y Bahía de Caráquez capitaneados por Elí “Jojó” Barreiro, v. Ibíd., p. 167.

Vivos rojos

22 de mayo de 2018


Tradicionalmente, Barcelona Sporting Club fue un equipo de casaca amarilla con “vivos rojos”. Originalmente, en 1925, año de su fundación, la camiseta del club fue fúnebre, de negro entero. Pero de inmediato cambió y adoptó una camiseta amarilla con rojo (“oro y grana”) con la que hizo historia por décadas. En los últimos años, sin embargo, el distintivo color rojo se ha ido perdiendo (1).

Tomemos el ejemplo de un día histórico para Barcelona: el 29 de abril de 1971, el día que “tuvo la virtud de consolidar la idolatría de Barcelona” (2), cuando el sacerdote vasco Juan Manuel Bazurko anotó el gol que le dio el triunfo por sobre el tricampeón vigente de la Copa Libertadores, Estudiantes de la Plata, invicto en su cancha hasta ese día, en una gesta que se recuerda como “La Hazaña de La Plata”. Ese día, el curita Bazurko vestía una casaca amarilla con vivos rojos. Y era tanta la identificación con estos colores, que la hinchada los enarboló apenas sellado el triunfo en La Plata,

“… de modo espontáneo, la gente, armada de banderas amarillo y rojo, empezaba un desfile en la principal arteria guayaquileña. […] En diez minutos, aproximadamente, miles de seguidores del Barcelona habían cortado el tránsito.
Aquel 29 de abril entró justamente en la historia por el triunfo y por lo que este generó, esa autoconvocatoria espontánea de un pueblo, cuando aún ni soñaba con teléfonos celulares ni redes sociales.” (3)

(1) Desde 1992, que fue la primera temporada (desde el lejano 1926) en la que el club no tenía una parte de su vestimenta de color rojo, en varias temporadas BSC ha prescindido de este color. En los últimos años (v. aquí), el color rojo ha sido reducido a una mínima expresión.
(2) Esa es la opinión de Ricardo Vasconcellos, en: Barraza, Jorge, ‘Alfredito, Alfredito’, s/e, 2017, p. 36. Este periodista sostiene allí mismo que: “Después de eso ya nadie discutió qué equipo era el ídolo de nuestro fútbol”.
(3) Ibíd., p. 34.

Villacís y una duda

21 de mayo de 2018


Carlos Villacís es el incompetente a cargo de la FEF, desde que metieron preso al anterior pillo. A este fulano le cupo el deshonor de que dos periodistas deportivos de opinión, de sendos diarios de Guayaquil y Quito, lo hayan aclamado como Rey… El Rey Midas del desastre, que aquello que toca (la selección con 12 puntos en las eliminatorias, el torneo femenino, la transmisión televisiva del fútbol) lo vuelve mierda.

Este es el artículo de Ricardo Vasconcellos, en el diario municipal de Guayaquil, El Universo.

Este es el artículo de Alejandro Rivadeneira, de diario El Comercio (diario mascota de Roditas, otro superdotado de la incompetencia).

La duda: es difícil discernir cuál de los dos artículos de opinión trapea más con este inepto.

La FEF, un pelado sabido

8 de mayo de 2018


Como dice Ricardo Vasconcellos, la FEF vive una suerte de “minusvalía moral”. El anterior jefe de la FEF fue preso, pero el resto de su equipo se mantiene intacto en el poder. Es asombroso como en Ecuador se naturaliza la corrupción, porque no hay nadie tan gil (creo) como para poder creerse que TODA la corrupción que durante la larguísima dirección de Luis “Delincuente” Chiriboga sucedió en la FEF, fue obra de un solo hombre, a espaldas de todos los demás, todos ellos inocentes. TODA la corrupción, a manos de una ÚNICA persona. Ya condenada, pasamos la página, a otra cosa.

Es que hay que ser un imbécil para creérselo.

Pero tal vez haya que serlo aún más para diseñar la estrategia jurídica de la FEF. El que reemplazó a Luis “Delincuente” Chiriboga fue Carlos “Medidas Sustitutivas” Villacís, quien no se va preso porque es demasiado viejo para eso. La razón por la que merecería la cárcel es por su manejo opaco e irregular de los derechos de TV. Cuando la justicia le ordenó a la FEF que haga un nuevo concurso, la FEF cumplió, pero a su manera.

La belleza de la estrategia jurídica de la FEF radicó en su simplicidad: cumplió con hacer el nuevo concurso que la justicia le ordenó que haga, nada más que lo hizo para una fecha distinta. Para el año 2028.

La FEF quiso pasarse de sabida pero no hubo quien se tragara semejante rueda de molino. Y de pasarse de sabida, pasó la FEF a hacerse mucho la cojuda. En el juicio que le siguen a Carlos “Medidas Sustitutivas” Villacís por el desacato a la orden judicial (porque su forma chambona de cumplir la orden equivalió a eso), la defensa jurídica que esgrimió fue que se cumplió con lo ordenado “según sus convicciones y el asesoramiento que ha tenido pero de forma diferente a lo que el juez aspiraba”.

Ma-dre-de-Dios.

¿Dónde aprendieron derecho los abogados de la FEF? ¿Leyendo cómics?

En resumen: la FEF ha actuado como un peladito sabido, que comete travesuras y luego busca evadirse de su responsabilidad con argumentos dignos de un mundo de fantasía. Y que, increíblemente y contra todo asomo de sentido común, esperaba ganar.

Eso, en una caricatura de un niño de 6 años como Calvin, es entendible.


Pero en profesionales del derecho, es una auténtica vergüenza. Eso sí, justo es precisarlo, resulta una condigna defensa para un elenco de “minusválidos morales”, que es (poco más o menos) lo que representa la FEF por estos días.

Honor a quien honor merece

21 de diciembre de 2015


El Club Sport Emelec es el justo campeón. Las razones de su coronación son desarrolladas por Ricardo Vasconcellos y por Jorge Barraza en sendos artículos que publicó el día de hoy diario El universo. Los suscribo.

Destaco de ellos dos fragmentos, que sintetizan el buen momento del conjunto azul: 

“El mérito de este Emelec, bien conducido dentro y fuera del campo de juego, con sobriedad en el manejo de sus presupuestos y con futbolistas comprometidos en la conquista de la gloria, no puede ser discutido, pues logró sobreponerse a todas las dificultades creadas por sus adversarios y por quienes no querían este tricampeonato para Guayaquil” (1).
“Está claro que este tricampeonato nace de la sabia conducción del club. Desde afuera se ve a Emelec como un club ordenado, serio, gestionado empresarialmente sin perder el espíritu deportivo, priorizando siempre darle alegrías a su gente. La historia pondrá a Nassib Neme a la altura de Capwell. Cuando lo eligieron presidente fue la peor noticia para todos los equipos rivales. Es el mejor elogio que se le puede conceder. Y vaya un aplauso para De Felippe, que recibió el equipo con la vara muy alta y logró renovar las aspiraciones” (2). 
(1) Vasconcellos R., Ricardo, La época de oro del fútbol eléctrico, El universo, 21 de diciembre de 2015.
(2) Barraza, Jorge, Un baño de gloria, El universo, 21 de diciembre de 2015.