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El derecho a la contradicción (el caso "Vargas de Preysler")

5 de agosto de 2016


Para el poeta francés Charles Baudelaire, uno de los derechos cuya incorporación se olvidó en la Declaración de los Derechos del Hombre fue el derecho a contradecirse (1). El contraste entre el Vargas Llosa setentero (fresquito el caso Padilla) frente al Mario Vargas de Preysler actual es una muestra del ejercicio pleno de este derecho (2).

Hace unas semanas publiqué una entrada en la que cité a Ignacio Sánchez-Cuenca cuando recordaba que Vargas Llosa había convertido a ese esperpento llamado Esperanza Aguirre (presidenta calamitoso-derechosa de la Comunidad de Madrid por años) en una “Juana de Arco del liberalismo” (un poderoso pedo mental del arequipeño). Sánchez-Cuenca sitúa a Vargas Llosa como un intelectual que “cuando habla de política, lo hace de forma muy superficial, con gran osadía y sin demasiado amor por los hechos o la lógica” (3). Tal vez un desamor por los hechos similar al que Varguitas mostraba cuando era un irrestricto defensor del castrismo y afirmaba muy suelto de huesos que la Revolución Cubana había “mostrado que la justicia social era posible sin despreciar la dignidad de los individuos, sin dictadura policial y estética” (4). Esto, tras el Caso Padilla.

El proceso de derechización de Vargas Llosa es, por supuesto, tan legítimo como contradictorio. La contradicción, en todo caso, se resuelve en un poso común que tienen sus dos versiones (el izquierdista de antes, el derechista de ahora): la ligereza de sus opiniones políticas, las más de las veces tan superficiales como sentenciosas. No está en cuestión el derecho de Varguitas a contradecirse; el que sus argumentos resulten pobres en uno y otro caso, eso es ya otra cosa, que merece un análisis por cuenta propia (5).

(1) Charles Baudelaire (1821-1867) encarnó como nadie el derecho a la contradicción: v. Silvina Friera, ‘La mayor provocación del poeta maldito’, Página/12, 26 de enero de 2016.
(2) El mito del liberal heroico’, Xavier Flores Aguirre, 23 de abril de 2016; ‘¡Ay, Varguitas!’, Xavier Flores Aguirre, 17 de mayo de 2016.
(3) Miguel Mora & Vanesa Jiménez [entrevista a Ignacio Sánchez Cuenca], ‘"Hay que acabar con la cultura de amiguetes"’, Contexto y Acción, No 53, 24 de febrero de 2016. Comenté este artículo en: ‘Periodismo de opinión’, Xavier Flores Aguirre, 10 de abril de 2016.
(4) El mito del liberal heroico’, Xavier Flores Aguirre, 23 de abril de 2016.
(5) Así como otra veta de análisis es su indiscutible talento literario. Un fuera de serie.

¡Ay, Varguitas!

17 de mayo de 2016


Es casi un lugar común admitir que Mario Vargas Llosa es un gran escritor de prosa de ficción, pero un pésimo redactor de artículos sobre temas de política. Este fin de semana volvió a perpetrar un artículo de pésima factura, al que tituló ‘Otra argentina’ (1) en el que elogió sin tapujos a Mauricio Macri, de la misma acrítica manera con la que antes elogiaba al régimen político de Fidel Castro (2). 

El primer párrafo del artículo de Varguitas cifró su elogio: Mauricio Macri es el gran exterminador del “Gobierno K”. El segundo párrafo debería explicarnos a los lectores el porqué esto es así, pero empieza con unas palabras problemáticas: “No es necesario recurrir a sondeos y estadísticas para demostrarlo”. Así, si el autor se permite obviar estos procedimientos científicos para formarse opinión, ¿en qué se fía entonces para alcanzarla? Cuenta Varguitas:
 
“El cambio está en el aire que se respira, en la manera de hablar de la gente sobre el momento actual, el alivio y el optimismo con que a la mayor parte de conocidos y desconocidos les oigo comentar la actualidad política”. 
Esta opinión superficial de Vargas Llosa (porque así se forman criterio las abuelas, mientras tejen ropa para sus nietecitos) se agrava cuando menciona los tres méritos que le atribuye al gobierno de Macri: el acuerdo con los “fondos buitre”, la visita de Obama a la Argentina y la crítica a la situación de los derechos humanos en Venezuela. Es de notar, primero, que Varguitas no menciona ninguna reforma concreta de política interna. Más aún, realmente impresiona todo lo que omite: en un artículo reciente publicado en The New York Times, titulado ‘Lo que Obama debe saber sobre la Argentina de Macri’ se refieren varios de estos hechos problemáticos: “El riesgo de militarizar el orden público, el debilitamiento de los límites institucionales al poder ejecutivo, la criminalización de la protesta y una obsesión por la promoción de políticas ortodoxas de libre mercado: nada de esto tiene buenos ecos en América latina” (3). Ninguno de ellos merece siquiera una palabra de Vargas Llosa. Tal vez no se lo cuentan a esta abuelita colmilluda las personas con las que se acompaña para formarse opinión.

Así, en el idealizado mundo de Varguitas, el mérito principal de Macri ha sido la superación del kirchnerismo (porque el kirchnerismo es el otro malo) y su apuesta a futuro es que “con las reformas en marcha, las inversiones extranjeras, retraídas todos estos años, volverán en gran número a una tierra tan pródiga, creando los empleos que hacen falta y elevando los niveles de vida y las oportunidades para los argentinos”. Una confianza sorprendente, dado el hecho cierto de que Varguitas no se animó a describir en su artículo ninguna de esas luminosas reformas. Pero sobretodo, una apuesta que será fallida, dada la superficialidad y el sesgo con el que Varguitas la fundamenta (4). Así, el Nobel peruano confirmó que en temas de política no pasa hoy de ser un cheerleader de los poderosos de la derecha, como antes lo era de poderosos de un diferente ropaje (5).

(1) Vargas Llosa, Mario, ‘Otra argentina’, Diario El país (España), 15 de mayo de 2016. Las siguientes citas corresponde a este texto, salvo indicación en contrario.
(2)El mito del liberal heroico’, Xavier Flores Aguirre, 23 de abril de 2016.
(3) Gastón Chillier & Ernesto Semán, ‘Lo que Obama debe saber sobre la Argentina de Macri’, The New York Times, 23 de marzo de 2016. Vargas Llosa omite, cómodamente, las consecuencias de las reformas: v. Ana delicado, ‘En dos meses Macri pone Argentina al servicio del capital internacional y echa a la calle a 27.000 funcionarios’, Diario Público, 7 de febrero de 2016; Federico Rivas Molina, ‘La imagen de Macri cae más de 10 puntos desde diciembre por el tarifazo’, Diario El país (España), 12 de abril de 2016. 
(4) Ignacio Sánchez-Cuenca escribió un libro titulado ‘La desfachatez intelectual’, en el que critica a varios que hacen opinión política en España, por “la impunidad con la que opinan, un estilo mucho más literario que analítico, su viraje desde la izquierda hacia posiciones reaccionarias” y, en particular, sobre Vargas Llosa sostiene que “cuando habla de política, lo hace de forma muy superficial, con gran osadía y sin demasiado amor por los hechos o la lógica. Releyendo artículos antiguos en los que ensalza a Rosa Díez o a Esperanza Aguirre –llega a decir que si la “Juana de Arco del liberalismo” [se refiere a E. Aguirre, la liberal que sostenía que el que los indigentes duerman en la calle “ahuyenta a los turistas”, N. del A.] hubiera gobernado, España habría evitado la crisis-, te das cuenta de la frivolidad con la que están escritos”, v. Miguel Mora & Vanesa Jiménez [Entrevista a Ignacio Sánchez-Cuenca], ‘Hay que acabar con la cultura de amiguetes’, CTXT, 28 de febrero de 2016. El periodismo de opinión ecuatoriano comparte los atributos de estos intelectuales a los que se refiere Sánchez-Cuenca, pero en una calidad muy inferior.
(5) Supra nota 2.

Periodismo de opinión

10 de abril de 2016


Esta entrevista a Ignacio Sánchez-Cuenca describe y critica a un sector del periodismo de opinión en España (compuesto por figuras tales como Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater, Félix de Azúa, Javier Cercas, Arturo Pérez-Reverte, Jon Juaristi) y es como si describiera (mutatis mutandis) al periodismo de opinión ecuatoriano, esas plumas que escriben en los periódicos de difusión nacional. Pero es peor: porque en vez de Pérez-Reverte tenemos a Pedro Valverde (1).

Algún estudio académico debería emprender una categorización de los columnistas de opinión en el Ecuador. A nadie sorprendería, creo, que el resultado arroje una aplastante homogeneidad de origen (clase media para arriba, colegios privados) y una profunda comunidad de intereses (usualmente vinculados a la derecha política y, en menor medida, de cuño conservador). Hay un cierto barniz de modernidad en las páginas de opinión, pero en el fondo se parecen a lo que critica Sánchez-Cuenca, esto es, un tipo de opinión más literaria que analítica, con prescindencia de datos y abuso de los tópicos (2). O sea, un típico periodista de opinión ecuatoriano, ni más ni menos.

(1) Miguel Mora & Vanesa Jiménez [entrevista a Ignacio Sánchez Cuenca], ‘"Hay que acabar con la cultura de amiguetes"’, Contexto y Acción, No 53, 24 de febrero de 2016. Alguna vez comenté unas esperpénticas columnas de Valverde, v. ‘Comentarios a la columna de Pedro Valverde’, Xavier Flores Aguirre, 13 de agosto de 2008; ‘Pedro‘Darth’ Valverde no decepciona’, Xavier Flores Aguirre, 12 de agosto de 2009. Hace años que no lo leo.
(2) Por oposición a este periodismo de opinión 'literario', Ignacio Sánchez-Cuenca propone en esta entrevista la emergencia de un periodismo de opinión 'investigativo': "Por investigación me refiero a que cada afirmación que hagas tiene que venir respaldada por datos o por argumentos ulteriores que a su vez dependen de datos. Se trata de un debate menos ideológico, más atento a la información empírica. Aquí [en España y en Ecuador, N. del A.] estamos acostumbrados a que el tipo de querella política sea muy parecido a la s querellas literarias, y así se degrada mucho el debate político". Un caso nefasto, puesto en evidencia por Sánchez-Cuenca, es el de Vargas Llosa, quien en un extremo de su verbosidad sin fundamento llegó a llamar a Esperanza Aguirre la "Juana de Arco del liberalismo". Y la moderna "Juana de Arco" es esto: 'Aguirre quiere prohibir que los indigentes duerman en la calle: "Ahuyenta a los turistas"', Diario Público, 27 de abril de 2015.