Los artículos de opinión de Pedro Valverde Rivera nunca me han decepcionado: siempre han sido los peores que he padecido leer en la prensa nacional, de fondo y de forma. Este último artículo que critico en esta entrada confirma esa regla. De éste, discutiré su fondo (la forma de los artículos de PVR es cuestión de gustos y habrá a quienes le guste su estilo –allá ellos) a partir de dos ideas de las que en su artículo PVR intenta persuadirnos, las que servirán de fundamento para que yo formule dos observaciones, que conducirán a una conclusión (con “canción urgente” incluida):
Dos ideas
1) PVR nos intenta describir a la juventud vinculada a la música protesta como una juventud “reprimida por las botas militares” que “crecieron con sus padres presos”, una juventud “consciente de la lucha ideológica y sobre todo, defensora de los derechos humanos en todos sus niveles y manifestaciones”. Una juventud que rechazaba “todo lo que hubiere estado cerca a los gobiernos totalitarios”, que vivía y sentía “muy intensamente los rezagos de las dictaduras militares de los años setenta”. Para PVR esa música protesta que se vinculó con la juventud de esa época la representan Charly, Spinetta, Lebón, Piero, Heredia, Gieco (1), quienes protestaron “a nombre de los que no tenían voz, a nombre de los desaparecidos, a nombre de las libertades, a nombre de los derechos humanos”.
2) PVR nos intenta explicar que el uso actual de canciones de música protesta “cuando la tiranía es de izquierda, cuando el control total de los poderes no es de las aristocracias, sino de los new rich (sic) (2), cuando quienes atropellan derechos humanos son quienes tantas veces protestaron contra ello” es porque esas personas “tienen el descaro de usar las mismas canciones para acometer en (sic) (3) el protervo propósito de silenciar a las voces libres e independientes que quedan”. Así, PVR nos intenta persuadir de que el “canto irreverente de los años setenta es la lucha por las libertades, por la democracia, por la separación de poderes, por la libertad de expresión” y que “por estos rumbos” a ese canto irreverente se lo utiliza “para apuntalar todo lo contrario”.
Dos observaciones
1) PVR trivializa la defensa de los derechos humanos. En principio, PVR compara la que él llama “tiranía” local con las dictaduras de los años setenta en América latina. Entrémosle a un breve análisis: que el Gobierno actual ha cometido abusos a los derechos humanos es un dato cierto: tenemos, por caso, lo sucedido en Dayuma, o acciones emprendidas en materia de libertad de expresión como la denuncia por desacato, la imposición de censura previa o la detención de algunas personas por una supuesta falta de respeto al Presidente. Sin embargo, no será difícil coincidir en que comparar esos hechos con las atroces violaciones a los derechos humanos que se cometieron en las dictaduras de los años setenta en Argentina y Chile es trivializar lo que sucedió en esos países o, para decirlo mejor, en corto y en claro, es una inmensa y profunda estupidez. Es evidente que PVR conoce un poco de lo que sucedió en esos países porque alude a la represión militar, a las prisiones, a los desaparecidos: así, si PVR insiste en comparar unos hechos con otros es porque es idiota y no se da cuenta de la diferencia (lo que parece improbable) o porque tiene mala fe al escribir este artículo y lo mete todo en el mismo saco, con el nefasto propósito de confundir a sus lectores al amparo de la miserable lógica del “algo quedará”. En todo caso, Para precisar las diferencias entre unos y otros hechos, cuelgo el informe Nunca más y el Informe Rettig.
2) PVR minimiza el contenido de la música protesta: la reduce a la defensa de libertades civiles y a los principios formales de la democracia. La música protesta hizo la defensa que sugiere PVR, pero usualmente la realizó (sea dicho en línea con la observación anterior) cuando acontecieron violaciones sistemáticas y generalizadas a los derechos humanos. Este tipo de violaciones no se registran en este país, ni siquiera en el aspecto más crítico del mismo, en materia de libertad de expresión (4). Más todavía, el énfasis de la música protesta (porque no se la puede trivializar, como sugiere PVR, al punto de desconocer de que se trata de música que defiende un pensamiento de izquierdas) está, en mayor medida, en la redistribución de la riqueza y en la defensa de lo que se conoce, en el campo jurídico, como derechos sociales. En esta última línea, pésele lo que le pese a PVR, la música protesta que él supone su aliada en su crítica a este Gobierno, está mucho más en sintonía con las políticas sociales de este último. Pero no es extraño que PVR despoje de su contenido reivindicativo a la música protesta y pretenda convertirla en funcional a su crítica al Gobierno, al amparo de la miserable lógica del “algo quedará”, que ya se mencionó en el punto anterior.
Conclusión
Las veces que he leído a PVR (de cuando en cuando me autoinflijo su lectura para cumplir con un propósito crítico: constatar que sigue siendo lo más bajo de lo más bajo que publica la prensa nacional) he confirmado lo que este artículo que critico es ejemplo: que PVR suele utilizar endebles o falsas premisas para sustentar ideas falaces y antojadizas. En una entrada antigua en que critiqué un artículo de PVR, la recordada Christine comentó: “la de malos ratos que una se ahorra por no leer papafritas como este Darth Valverde”. Le concedo a esa frase el estatus de alta recomendación, o, para ponernos a tono con el contenido del artículo de PVR que ameritó esta crítica, de “canción urgente” (a ver si el buen Darth la entiende).
(1) Para PVR, la música protesta se agota en cantantes argentinos. Un síntoma de lo mucho que desconoce el tema.
(2) La concordancia obliga a escribir new riches. Pero el editor de opinión de El Universo ha admitido su mediocridad en esta materia en una ocasión anterior, cuando aceptó haber escrito ligth en vez de light (por cierto, cuando admitió su mediocridad y escribió la corrección cometió otro error: escribió lo siguiente, “pelucón light (Rolando Panchana en español)” lo que predica la traducción al español de un término que ya estaba escrito en español. Un ejemplo de la mediocridad al cuadrado, supongo). En el caso de esta concordancia, la lección es clara: dos mediocres en esta materia no hacen un acierto.
(3) No corresponde utilizar el “en”. Son cosas elementales, pero ¿do el editor de opinión en este caso?
(4) Sin perjuicio de acciones criticables que ha emprendido el Gobierno y de la actitud poco inteligente del Presidente en esta materia, no se registra un cuadro de violaciones sistemáticas y generalizadas a la libertad de expresión en este país. Para sustentar este aserto, basta leer lo que publica la prensa de manera cotidiana para percatarse de la libertad que tienen para expresarse y opinar, así como (si se lo mira de una manera un poquito crítica) la manera mediocre y tendenciosa en que suelen hacerlo.
Foto: Yo creo que Valverde mantiene a los mismos asesores.