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Conversación pendiente entre Dahik y Valverde

27 de junio de 2018


Un par de días atrás critiqué en el artículo “País de la fantasía” la fantasía del “correísmo”, promovida por el columnista de El Universo, Pedro Valverde. Para él, el “correísmo” es “El Mal”.

*

Conservo en mis archivos una comunicación de Alberto Dahik dirigida a Alberto Acosta, cuando éste se desempeñaba como Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente.

En ese entonces, el “correísmo” era “El Bien”:

“Este deseo de cambio, este deseo de extirpar las mafias políticas que nos han asfixiado, no puede ser rechazado por ningún ecuatoriano. Esa intencionalidad, no puede cuestionarse.

Como parte de ese proceso, veo con esperanza que el Señor Presidente Correa, en un acto de justicia, ha pedido a la Asamblea que estudie y analice amnistías a favor de varios ciudadanos que ejercieron diversas funciones públicas. Al hacer esto, el Sr. Presidente aspira a que la Asamblea Nacional Constituyente contribuya también a la unificación de nuestro país, a cerrar heridas, a producir una reconciliación nacional. Celebro este deseo y esta iniciativa por ser justa y beneficiosa para la patria ecuatoriana.

Mirando hacia atrás Sr. Presidente, hay que recordar que esas mafias políticas fueron claramente denunciadas por mi persona, cuando ejercí la Vicepresidencia de la República entre 1992 y 1995. Mi intención fue precisamente la misma que anima a quienes hoy proponen el cambio. Mi acusación frontal, que me ha producido más de 12 años de injusto exilio, apuntó justamente a combatir y erradicar las mafias, y producir consecuentemente una indispensable reforma política en el Estado. Sin embargo, la politización de la justicia, y el terrible canibalismo político, ambas infames lacras que tiene el Ecuador, pudieron más que mis intenciones.

Tal fue, además, el poder y capacidad de manipulación de estas mafias que ellas llevaron al Ecuador a vivir entre 1995 y 2005 una década inédita de gran inestabilidad política y de gobiernos agobiados por ellas” [Comunicación de Dahik a Acosta, 13 de febrero del 2008].

*

Alberto Dahik y Pedro Valverde deberían sentarse a conversar sobre esas “mafias políticas” que politizaron la justicia y que hicieron gala por años de canibalismo, antes de que Rafael Correa aparezca en escena. Así refrescarán su memoria.

N.B.: Conversar sobre “mafias políticas” incluye conversar largamente sobre el rol del PSC en la política nacional, algo que a Valverde (un bulldog del PSC) no le gustaría.

País de la fantasía

25 de junio de 2018


Hay una fantasía que recorre el Ecuador: la fantasía del “correísmo”. En este relato fantástico, el “correísmo” es el equivalente ecuatoriano del Holocausto*. Antes de él, éramos buenos en este país, después de él (de la mano del PSC) volveremos a serlo. Un exponente de este género fantástico es el columnista de El Universo, Pedro Valverde (Los defensores del correato...”).

Según Valverde, el neologismo “descorreizar” significa “erradicar prácticas autoritarias y corruptas, que lejos de mirar el interés ciudadano estuvieron enfocadas en satisfacer egos y bolsillos, perseguir opositores, alcahuetear a los afines”… como si en el único período de la historia política del Ecuador en el que eso pasó fue el gobierno de Rafael Correa. En realidad, ese es el modus operandi de la política ecuatoriana: así, para cumplir con lo que dice Valverde de “erradicar prácticas autoritarias y corruptas” habría que “desecuatorianizar” la política, porque esas prácticas las había antes de Rafael Correa (podrían usarse como una definición precisa del gobierno de otro presidente autoritario y originario de Guayaquil, León Febres-Cordero) y se las mantiene y mantendrá todavía después de Correa, a no engañarse.

Es más: Valverde, si no fuera el columnista sesgado al PSC que es, podría identificar esas mismas prácticas políticas en el gobierno de la ciudad en la que reside.

* En realidad, no se coman ustedes los amagues: este uso del “correísmo” es apenas una coartada para justificar nuevos abusos.

Las fantasías de Valverde sobre Nebot

11 de mayo de 2017


Ayer me encontré con este artículo de Pedro Valverde titulado “Jaime Nebot”. Rara vez lo leo, pero me pregunté qué podría decir Valverde sobre Nebot. “Seguro, nada inteligente”, pensé. Y me dispuse a leerlo.

Por supuesto, Valverde fue consistente con el postulado de nula inteligencia (consistente, además, con su propia historia como columnista). Su artículo es bastante olvidable, pero su último párrafo se lo puede aprovechar para un par de precisiones. Dice Valverde:

“En el caso de Nebot, considero que hay una virtuosa combinación de conocimiento y experiencia al servicio de Guayaquil y el país, pero especialmente al servicio de las clases más necesitadas. Solo así se explica que mantenga altos niveles de aceptación de su gestión, popularidad e intención de voto a pesar de tantos años en la Alcaldía”.

1) “Pero especialmente al servicio de las clases más necesitadas”.- Las clases medias tienen la fantasía (obviamente, porque rara vez conocen la realidad de las clases populares) de que la alcaldía de Jaime Nebot sirve a las “clases más necesitadas”. Esto es falso, porque en realidad, la Alcaldía de Guayaquil se preocupa del “capitalismo de amigos”, en especial, de aquellos vinculados al negocio de la construcción (de cuyas filas proviene el propio alcalde).

2) “Solo así se explica que mantenga altos niveles de aceptación de su gestión”.- Las clases medias tienen la fantasía de que la aceptación del alcalde Jaime Nebot se debe a su gestión. En realidad, se debe a su manejo de un tinglado de medios de comunicación de comprobada servilidad a la Alcaldía de Guayaquil y a las políticas clientelares que mantiene en los sectores populares.

Conclusión: No puede esperarse ningún análisis profundo de la Alcaldía de Guayaquil por parte de uno de sus cheerleaders, uno de los tantos en Guayaquil que critica el autoritarismo en el gobierno central pero que mira a otra parte cuando del autoritarismo del gobierno seccional de Guayaquil se trata. Así, de Valverde quedan apenas un par de ideas fantasiosas, expuestas con su habitual torpeza.

Periodismo de opinión

10 de abril de 2016


Esta entrevista a Ignacio Sánchez-Cuenca describe y critica a un sector del periodismo de opinión en España (compuesto por figuras tales como Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater, Félix de Azúa, Javier Cercas, Arturo Pérez-Reverte, Jon Juaristi) y es como si describiera (mutatis mutandis) al periodismo de opinión ecuatoriano, esas plumas que escriben en los periódicos de difusión nacional. Pero es peor: porque en vez de Pérez-Reverte tenemos a Pedro Valverde (1).

Algún estudio académico debería emprender una categorización de los columnistas de opinión en el Ecuador. A nadie sorprendería, creo, que el resultado arroje una aplastante homogeneidad de origen (clase media para arriba, colegios privados) y una profunda comunidad de intereses (usualmente vinculados a la derecha política y, en menor medida, de cuño conservador). Hay un cierto barniz de modernidad en las páginas de opinión, pero en el fondo se parecen a lo que critica Sánchez-Cuenca, esto es, un tipo de opinión más literaria que analítica, con prescindencia de datos y abuso de los tópicos (2). O sea, un típico periodista de opinión ecuatoriano, ni más ni menos.

(1) Miguel Mora & Vanesa Jiménez [entrevista a Ignacio Sánchez Cuenca], ‘"Hay que acabar con la cultura de amiguetes"’, Contexto y Acción, No 53, 24 de febrero de 2016. Alguna vez comenté unas esperpénticas columnas de Valverde, v. ‘Comentarios a la columna de Pedro Valverde’, Xavier Flores Aguirre, 13 de agosto de 2008; ‘Pedro‘Darth’ Valverde no decepciona’, Xavier Flores Aguirre, 12 de agosto de 2009. Hace años que no lo leo.
(2) Por oposición a este periodismo de opinión 'literario', Ignacio Sánchez-Cuenca propone en esta entrevista la emergencia de un periodismo de opinión 'investigativo': "Por investigación me refiero a que cada afirmación que hagas tiene que venir respaldada por datos o por argumentos ulteriores que a su vez dependen de datos. Se trata de un debate menos ideológico, más atento a la información empírica. Aquí [en España y en Ecuador, N. del A.] estamos acostumbrados a que el tipo de querella política sea muy parecido a la s querellas literarias, y así se degrada mucho el debate político". Un caso nefasto, puesto en evidencia por Sánchez-Cuenca, es el de Vargas Llosa, quien en un extremo de su verbosidad sin fundamento llegó a llamar a Esperanza Aguirre la "Juana de Arco del liberalismo". Y la moderna "Juana de Arco" es esto: 'Aguirre quiere prohibir que los indigentes duerman en la calle: "Ahuyenta a los turistas"', Diario Público, 27 de abril de 2015. 

Nada, Inc. presenta....

21 de septiembre de 2009

La M. I. Corporación Nada, Inc. (cuyo lema Interés privado al servicio de la sonsera y el malestar hepático es indicativo de sus alcances y de su noble propósito) se complace en presentarles a sus opinadores estelares, Emilio Palacio y Pedro Darth Valverde en su magna obra conjunta Pensar siempre sobra, más todavía si de debatir la ley de comunicación se trata. A continuación, una breve reseña de su genial contribución:

1) Emilio Palacio: en su clásico estilo de patético párroco del siglo XIX, Palacio deleita a su audiencia con una enumeración insulsa que prescinde de todo asomo de razonamiento, por elemental que éste sea. La sublime combinación de prédica pastoral y de nulidad argumentativa es el sentido homenaje que nuestro autor le rinde al teatro del absurdo y a los problemas de su hígado (with a vengeance!)

2) Pedro Darth Valverde: en su conocido estilo de “argumentar es imposible (al menos para mí)” Valverde hace las delicias del respetable mediante una breve y fugaz intervención que, en fiel cumplimiento de su tradición literaria, elimina cualquier (im)posible razonamiento. El público le agradece de pie y lo ovaciona a Darth por permitirles el ahorro de su tiempo para llevarlos al mismo destino de siempre. Preguntado que fuera, Darth respondió: “ante la díada sartriana de el ser o la nada, yo opto, siempre, siempre por la nada”.

Opiniones de la crítica: El crítico argentino de arte Jorge L. Borges declaró en alguna ocasión que hay personas que profieren frases “llenas de insondable nada”. Son justas y precisas palabras para definir el insigne trabajo de esta parejita de opinadores.

Pedro "Darth" Valverde no decepciona

12 de agosto de 2009


Los artículos de opinión de Pedro Valverde Rivera nunca me han decepcionado: siempre han sido los peores que he padecido leer en la prensa nacional, de fondo y de forma. Este último artículo que critico en esta entrada confirma esa regla. De éste, discutiré su fondo (la forma de los artículos de PVR es cuestión de gustos y habrá a quienes le guste su estilo –allá ellos) a partir de dos ideas de las que en su artículo PVR intenta persuadirnos, las que servirán de fundamento para que yo formule dos observaciones, que conducirán a una conclusión (con “canción urgente” incluida):

Dos ideas

1) PVR nos intenta describir a la juventud vinculada a la música protesta como una juventud “reprimida por las botas militares” que “crecieron con sus padres presos”, una juventud “consciente de la lucha ideológica y sobre todo, defensora de los derechos humanos en todos sus niveles y manifestaciones”. Una juventud que rechazaba “todo lo que hubiere estado cerca a los gobiernos totalitarios”, que vivía y sentía “muy intensamente los rezagos de las dictaduras militares de los años setenta”. Para PVR esa música protesta que se vinculó con la juventud de esa época la representan Charly, Spinetta, Lebón, Piero, Heredia, Gieco (1), quienes protestaron “a nombre de los que no tenían voz, a nombre de los desaparecidos, a nombre de las libertades, a nombre de los derechos humanos”.

2) PVR nos intenta explicar que el uso actual de canciones de música protesta “cuando la tiranía es de izquierda, cuando el control total de los poderes no es de las aristocracias, sino de los new rich (sic) (2), cuando quienes atropellan derechos humanos son quienes tantas veces protestaron contra ello” es porque esas personas “tienen el descaro de usar las mismas canciones para acometer en (sic) (3) el protervo propósito de silenciar a las voces libres e independientes que quedan”. Así, PVR nos intenta persuadir de que el “canto irreverente de los años setenta es la lucha por las libertades, por la democracia, por la separación de poderes, por la libertad de expresión” y que “por estos rumbos” a ese canto irreverente se lo utiliza “para apuntalar todo lo contrario”.

Dos observaciones

1) PVR trivializa la defensa de los derechos humanos. En principio, PVR compara la que él llama “tiranía” local con las dictaduras de los años setenta en América latina. Entrémosle a un breve análisis: que el Gobierno actual ha cometido abusos a los derechos humanos es un dato cierto: tenemos, por caso, lo sucedido en Dayuma, o acciones emprendidas en materia de libertad de expresión como la denuncia por desacato, la imposición de censura previa o la detención de algunas personas por una supuesta falta de respeto al Presidente. Sin embargo, no será difícil coincidir en que comparar esos hechos con las atroces violaciones a los derechos humanos que se cometieron en las dictaduras de los años setenta en Argentina y Chile es trivializar lo que sucedió en esos países o, para decirlo mejor, en corto y en claro, es una inmensa y profunda estupidez. Es evidente que PVR conoce un poco de lo que sucedió en esos países porque alude a la represión militar, a las prisiones, a los desaparecidos: así, si PVR insiste en comparar unos hechos con otros es porque es idiota y no se da cuenta de la diferencia (lo que parece improbable) o porque tiene mala fe al escribir este artículo y lo mete todo en el mismo saco, con el nefasto propósito de confundir a sus lectores al amparo de la miserable lógica del “algo quedará”. En todo caso, Para precisar las diferencias entre unos y otros hechos, cuelgo el informe Nunca más y el Informe Rettig.

2) PVR minimiza el contenido de la música protesta: la reduce a la defensa de libertades civiles y a los principios formales de la democracia. La música protesta hizo la defensa que sugiere PVR, pero usualmente la realizó (sea dicho en línea con la observación anterior) cuando acontecieron violaciones sistemáticas y generalizadas a los derechos humanos. Este tipo de violaciones no se registran en este país, ni siquiera en el aspecto más crítico del mismo, en materia de libertad de expresión (4). Más todavía, el énfasis de la música protesta (porque no se la puede trivializar, como sugiere PVR, al punto de desconocer de que se trata de música que defiende un pensamiento de izquierdas) está, en mayor medida, en la redistribución de la riqueza y en la defensa de lo que se conoce, en el campo jurídico, como derechos sociales. En esta última línea, pésele lo que le pese a PVR, la música protesta que él supone su aliada en su crítica a este Gobierno, está mucho más en sintonía con las políticas sociales de este último. Pero no es extraño que PVR despoje de su contenido reivindicativo a la música protesta y pretenda convertirla en funcional a su crítica al Gobierno, al amparo de la miserable lógica del “algo quedará”, que ya se mencionó en el punto anterior.

Conclusión

Las veces que he leído a PVR (de cuando en cuando me autoinflijo su lectura para cumplir con un propósito crítico: constatar que sigue siendo lo más bajo de lo más bajo que publica la prensa nacional) he confirmado lo que este artículo que critico es ejemplo: que PVR suele utilizar endebles o falsas premisas para sustentar ideas falaces y antojadizas. En una entrada antigua en que critiqué un artículo de PVR, la recordada Christine comentó: “la de malos ratos que una se ahorra por no leer papafritas como este Darth Valverde”. Le concedo a esa frase el estatus de alta recomendación, o, para ponernos a tono con el contenido del artículo de PVR que ameritó esta crítica, de “canción urgente” (a ver si el buen Darth la entiende).

(1) Para PVR, la música protesta se agota en cantantes argentinos. Un síntoma de lo mucho que desconoce el tema.
(2) La concordancia obliga a escribir new riches. Pero el editor de opinión de El Universo ha admitido su mediocridad en esta materia en una ocasión anterior, cuando aceptó haber escrito ligth en vez de light (por cierto, cuando admitió su mediocridad y escribió la corrección cometió otro error: escribió lo siguiente, “pelucón light (Rolando Panchana en español)” lo que predica la traducción al español de un término que ya estaba escrito en español. Un ejemplo de la mediocridad al cuadrado, supongo). En el caso de esta concordancia, la lección es clara: dos mediocres en esta materia no hacen un acierto.
(3) No corresponde utilizar el “en”. Son cosas elementales, pero ¿do el editor de opinión en este caso?
(4) Sin perjuicio de acciones criticables que ha emprendido el Gobierno y de la actitud poco inteligente del Presidente en esta materia, no se registra un cuadro de violaciones sistemáticas y generalizadas a la libertad de expresión en este país. Para sustentar este aserto, basta leer lo que publica la prensa de manera cotidiana para percatarse de la libertad que tienen para expresarse y opinar, así como (si se lo mira de una manera un poquito crítica) la manera mediocre y tendenciosa en que suelen hacerlo.

Foto: Yo creo que Valverde mantiene a los mismos asesores.

Comentarios a la columna de Pedro Valverde

13 de agosto de 2008


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En su última columna, publicada el 8 de agosto en diario El Universo y titulada "Campo minado", Pedro Valverde no solo defiende una postura sin argumentos de ninguna índole, sino que realiza afirmaciones que evidencian graves prejuicios. De hecho, comienza su columna con la mención de que la "planificada coma, utilizada para satisfacer a los GBLT, XETU, YMCA, R2D2 y C3PO que han apoyado a nuestro firme mandatario...". Ummm, la comparación entre la comunidad GLBTT y XETU (hasta donde sé, un programa de televisión ochentero de origen mexicano y target juvenil), YMCA (la Young Men's Christian Association, -¡?) o los androides de la Guerra de las Galaxias, R2D2 y C3PO, supongo que Pedro Valverde la estima graciosa, pero en realidad no solo que no contribuye en nada a lo que pretende probar (porque la "planificada coma" se establecería, en la hipótesis que maneja Valverde, a favor de los grupos abortistas y no representa ningún interés concreto para la comunidad GLBTT) sino que se convierte en una ofensa gratuita para una comunidad como la GLBTT, usualmente discriminada, a la que se la compara, sin ninguna razón que valide la comparación (ni siquiera el sentido del humor, porque el chiste es malo, la verdad) con cosas (programas de televisión, entidades cristianas o androides de películas sci-fi) con las que no tiene relación alguna. Este ataque gratuito solo sirve para evidenciar los graves prejuicios de Valverde contra esta comunidad.

A continuación, Valverde hace tres enunciados, que él supone evidentes y que resume en tres frases:

“1. Derecho a tener los hijos que quiera (derecho a abortar)

2. Los fetos no tienen derechos (porque gracias a la coma, su vida no está garantizada)

3. Derecho a ser atendida por el Estado durante y luego del aborto (para ello el uso de la palabra embarazo en lugar de parto)”.

Es lamentable: en su columna de opinión, Valverde no opina (opinión significa, "Discurrir sobre las razones, probabilidades y conjeturas referentes a la verdad o certeza de algo") sino que realiza tres enunciados, que él supone evidentes por sí mismos, y renuncia a pensarlos. Una catequesis, parece; una lástima.

Porque además, si nos detenemos a pensarlos un poquito (recordemos siempre al sensato filósofo Savater: "Piense usted lo que quiera... Pero piénselo) los enunciados de Valverde son falsos. El primero, el derecho de la pareja "a tener los hijos que quiera" que Valverde afirma, de manera tan ligera y contundente, que es "el derecho a abortar", no es otra cosa que el derecho a la planificación familiar, el mismo que la propia iglesia católica recomienda mediante la aplicación del método "billings". Entender a partir de este derecho, el derecho a abortar, pues, ummm... Supongo que en el mundo XETU de Valverde, todo es posible.

El segundo enunciado es el cansino tema de la coma, a partir del cual Valverde concluye, con aplomo digno de mucha mejor causa, que la vida de los fetos "no está garantizada". Sobre este tema ya me he referido antes en esta bitácora de Internet en Comentarios a la hipotética sentencia del Dr. Romero Parducci y Observaciones para la iglesia; no abundaré sobre este asunto y a esas entradas los remito.

El tercer enunciado es curioso porque lo que Valverde propone (acaso sin darse cuenta: los problemas de no detenerse a pensar) es una redacción discriminatoria. Lo es, porque el Código Penal (artículo 447) establece la posibilidad de abortar "si se ha hecho para evitar un peligro para la vida o salud de la madre, y si este peligro no puede ser evitado por otros medios" y "si el embarazo proviene de una violación o estupro cometido en una mujer idiota o demente". No tendría sentido y resultaría discriminatoria una redacción constitucional que proteja solo a la mujer embarazada que termina su embarazo en un "parto" y no proteja a aquella que lo interrumpe en los casos de aborto que autoriza la legislación actual. Pero el buen Valverde no entiende que esta redacción sea protectora de todos los casos de terminación del embarazo, sino que considera que la misma "cierra con broche de oro el círculo abortivo". Ummm, insisto, los problemas de no detenerse a pensarlo un poquitín, digo yo.

Sin argumentos, el Valverde. Mal, eh.

P.S.- En la foto, los asesores de Valverde en materia de familia.