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¿Ecuador con suerte?

16 de abril de 2021

 No lo creo. Más parece un castigo divino.

 

Cuando era chico, en casa de mi abuela escuché a uno de mis parientes contar un chiste sobre ecuatorianos. Iba más o menos así: Dios (o el Barbas, o Joe Pesci con un bate, as you like it) había dotado al territorio del Ecuador con tantas bondades y maravillas, que el resto de la gente, indignada, le inquirió a Dios que qué onda con premiarlo tanto a este territorio. Dios calmó a los indignados: ‘tranqui, muchachos, que allí voy a poner a los ecuatorianos’. Así, poner a los ecuatorianos compensaba el exceso de bondades: el entendido es que el colectivo ‘ecuatorianos’ es un vergajo, o un gajo de a verga, como ustedes lo prefieran.

 

Desafortunado como es, creo que el Ecuador ha llegado tarde a un gobierno formal de la derecha. Primero Correa retrasó el fenómeno el 2013, para vivir los cuatro peores años de su gobierno (v. ‘Timing (‘nunca falta un período que sobra’)), y luego una vez más lo retrasó en el 2017, para vivir los peores cuatro años de la historia del país, gracias al desgobierno de un pelele escogido por Correa pero que se convirtió en el pelele de la derecha contraria a Correa. Ocho años de sobra (1).

 

Llegó el 2021 y la derecha ganó pero no es que sea muy querida. En primera vuelta, el voto fue de manera mayoritaria a opciones identificadas con la izquierda. En la segunda vuelta, el voto popular para Lasso fue incluso menor a la votación que obtuvo en la segunda vuelta del 2017, cuando perdió frente a Moreno. Su gran fortaleza en esta ocasión fue tener el escenario institucional a su favor y pelear contra un candidato que, nuevamente, era más un símbolo que un ente [v. ‘Lasso con suerte’]. Y lo logró: se merece su oportunidad para participar del Estado como un botín, es su turno para rapiñar. Porque yo no me hago ilusiones: esta vez no será distinto.

 

 

Este pajarraco nos representa

Porque el Ecuador es un país tan desafortunado, que no es una cuestión de tendencias políticas, es cuestión de la perversa relación que el colectivo ‘ecuatorianos’ ha establecido con el Estado, sea que gane la derecha o la izquierda, o el populismo, o lo que sea (Moreno como lo que sea). Rapiñar, rapiñar, rapiñar, y una vez más, rapiñar, tal es su mantra. Nos merecemos al cóndor de nuestro escudo: es un ave de rapiña, nuestro símbolo. 

 

Y tal parece que Dios así lo ha querido, porque visto lo visto casi no se ha hecho otra cosa en casi 200 años de malvivir en los límites del territorio donde Dios desparramó tantas bondades y maravillas (2). O así decía el chiste, en un país que es un chiste.

 

Uno muy malo.

 

(1) Si Correa se retiraba el 2013, se retiraba con una legitimidad que inhabilitaba a la derecha la persecución en su contra. Y en esta ucronía, Moreno ya no existe, porque el 2017 volvía Correa a ser Presidente, en tobogán y con un daiquirí con sombrilla en la mano. ¡Ah, las ucronías, suelen ser tan felices! (v. ‘Ucronía de un Quito español’)

(2) Meh, Dios nuay, todo es culpa nuestra. Este es el primer artículo de este blog, del año 2005: ‘A nosotros, los culpables’. Sustancialmente, nada ha cambiado.

Hipocresía y egoísmo

15 de julio de 2009

Fuente: godisnotheredotcom.wordpress.com

Esta caricatura es representativa de la hipocresía que suelen tener los creyentes (cuando escribo creyentes, me refiero en particular a los creyentes conservadores de religiones de origen cristiano –aunque no son los únicos creyentes que tienen estas prácticas).

Para la comprensión de su usual egoísmo, basta recordar la definición que ofreció Oscar Wilde: “Egoísmo no es vivir como uno desea vivir, es requerir de otros que vivan tal como uno desea vivir”, que es lo que suelen pretender los creyentes. A partir de la caricatura y la frase de Wilde, formulo dos observaciones:

1) Los no creyentes (ateos o agnósticos) no pretendemos que se obligue a que los creyentes se conviertan al agnosticismo o al ateísmo. (La historia de las creencias suele ser, tristemente, la historia de pretender imponerles a otros las mismas.) Eso sí, los no creyentes solemos persuadir (tenemos el derecho a hacerlo) a cualquier otra persona a que piense como nosotros, en el marco de nuestro derecho de expresión de nuestras ideas y con el debido respeto a la decisión de esa otra persona de no hacernos caso. Lo que sí exigimos es que la política pública en una sociedad democrática garantice el derecho de toda persona de conservar (cambiar si le apetece) y profesar la creencia que quiera –adorar a Joe Pesci, por ejemplo:

 

2) No se trata de que las personas no creyentes al emitir una opinión sobre las creencias de otras personas necesariamente ofendan a esas otras personas (a esas supuestas opiniones ofensivas se les aplican las mismas responsabilidades ulteriores que a cualquier otra opinión, lo que ampara las opiniones críticas e hirientes, irónicas y burlescas). Si las personas creyentes se sienten ofendidas ante esas opiniones críticas e hirientes, irónicas y burlescas es porque no entienden la naturaleza de una sociedad liberal y, más todavía y de manera probable, porque no se hacen cargo de lo que significa el término “ofender”, el que resulta mucho más aplicable a la histórica y habitual intolerancia (porque, como fue dicho arriba, la historia de las creencias suele ser, tristemente, la historia de pretender imponerles a otros las mismas) de los miembros de su fe.

Religion is bullshit

13 de julio de 2009

Carlin tiene la trompa llena de razón: palabras más, palabras menos, mi postura en la materia.