El ataque del escorpión

2 de octubre de 2026

            Publicado en diario Expreso el viernes 2 de octubre de 2026.

Todos hemos escuchado la fábula de la rana y el escorpión, donde la rana ayuda al escorpión a cruzar un río para, a mitad del cruce, picar a la rana con su aguijón y matarla, al tiempo que el escorpión también se hunde y muere. Antes de ahogarse, la rana le pregunta: “¿Por qué lo hiciste?”. El escorpión le responde: “Está en mi naturaleza”.

En una adaptación ecuatoriana del cuento, el presidente Noboa es el escorpión que pica y hace daño, aunque se hunda su administración. 

Me explico: Noboa accedió a la presidencia por su discurso del “pro”, que él decía que era infinito, por oposición al “anti”, que imponía límites. Pero una vez en el poder, Noboa cambió su discurso: cayó la careta y su actitud confirmó que él es un auténtico “anti” (ser un “pro” no le sentaba nada bien). Él mismo se ha definido como “pésimo enemigo”. 

En un principio, el “anti” del gobierno orientaba su ataque al correísmo y su principal crítica era la corrupción en su período. Con el tiempo, sus ataques han ampliado su ámbito a otros muchos actores de oposición y busca involucrarlos con el crimen y los Grupos de Delincuencia Organizada (GDO).

La idea detrás de esto es convertir a los opositores políticos, e incluso a los pocos periodistas críticos, en enemigos del progreso encarnado por el gobierno nacional. Esta idea es peligrosa, porque polariza el debate en buenos versus malos y porque supone que el otro no es un adversario sino alguien a quien se orilla a renunciar, se obliga al exilio o se somete a prisión. En cualquier caso, alguien a quien se debe sacar del juego político.

Nada nuevo bajo el sol ecuatoriano: el mitológico Velasco Ibarra decía en la campaña a la presidencia de 1956, “o el Frente me tritura a mí o yo trituro al Frente”. En la historia política del Ecuador, “el Frente” de Velasco, vale por “opositor”. Somos una cultura de la confrontación, donde los acuerdos son motivo de desconfianza o la antesala de una traición. Por eso la tentación de muchos gobernantes en el Ecuador, si acumulan el suficiente poder, es eliminar a sus rivales. Y Noboa lo está llevando al extremo.   

Esto es especialmente preocupante en estos días, porque a una sociedad indiferente o adormecida, a un periodismo complaciente, se le ha sumado una clase empresarial cobarde. Apenas una autoridad del gremio en una sesión conmemorativa alzó la voz en contra de abusos del gobierno, en seguida se la orilló a renunciar. Y conste que la renunciada reclamaba apenas unos mínimos de la democracia. Básico, pero fue demasiado.

No se puede imputar esta renuncia a un cabildeo del gobierno, pero eso es lo más preocupante: que ya ni siquiera sea necesario, que se haya naturalizado el miedo a sufrir las consecuencias de ejercer la libertad de expresión. Esto se llama autocensura (de políticos, periodistas, gremios, de cualquiera que prefiera el silencio antes que alzar la voz). Y por la multiplicación de las autocensuras muere una democracia. 

Algo es seguro: el presidente va a seguir al ataque, encarnando el “anti”, aunque genere una creciente resistencia, erosione la institucionalidad y se vulneren derechos. Aunque se hunda su administración: Él es el escorpión y esta autodestrucción está en su naturaleza. 

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