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Uruguay nomá

5 de julio de 2018


¿Qué es Uruguay? La broma geopolítica dice que son 3 millones de argentinos viviendo en territorio brasileño. Pero es mucho más que eso: es una prueba casi poética de que el artificio de la Patria convoca y produce héroes.

El juego de Uruguay es el triunfo de los valores de la escuela pública*. No en vano su DT es un profesor: el Maestro Tabárez (que lo ha sido por 4 mundiales seguidos). Los yoruguas han logrado construir un país tranquilo y laico, sin taras conservadoras, donde el aborto es seguro y gratuito, donde se legalizó el matrimonio homosexual y el consumo recreativo del cannabis. Increíblemente, tratándose de un país sudamericano, en Uruguay el dilema del prisionero se resuelve en lo colectivo.

Y siempre es de temer la selección de un país que juega así, como su goleador Edinson Cavani tal como descrito por un uruguayo vocacional, Antoine Griezmann: “Juegan todos juntos y lo dan todo por sus compañeros, es algo que vivo cada día en el Atlético y me encanta. El estilo de Cavani, que defiende y trabaja por el equipo, y es lo que adoro”.

Si pones a 11 así, no falta nada. ¡Uruguay nomá!

* ¿Cuáles son estos valores? Pues: “Lo colectivo por sobre lo individual... justipreciar las propias fuerzas y las fuerzas de los adversarios... asumir los propios errores y no poner la culpa afuera... ser autocríticos sin utilizar la autocrítica como masoquismo destructivo... no comprometer la propia conducta a cambio de un resultado obtenido de mala fe”. Es decir, masomenos la antítesis de un ecuatoriano promedio.

¿Eficaz? ¿Solidaria?

13 de febrero de 2017

La Alcaldía de Guayaquil ha afirmado que es una institución eficaz y solidaria. Y no hay en Guayaquil ningún periodista que desmienta estos supuestos atributos de la administración municipal. Esto, aunque desmentirlos no sea difícil: tan solo basta un pequeño ejercicio de contraste, como el siguiente. 

*

¿Eficacia?

Desde el año 2014, la Alcaldía de Guayaquil entrega alrededor de 20.000 tablets anuales a los bachilleres del cantón, en el marco del programa “Bachiller Digital”. Según el Alcalde Jaime Nebot, este programa “abre las puertas al mundo del conocimiento”. Nadie en Guayaquil lo ha desmentido.

El programa “Bachiller Digital” tiene un antecedente uruguayo: el “Plan Ceibal”, implementado desde el 2006, durante el primer gobierno de Tabaré Vásquez (2005-2010) (1). El “Plan Ceibal” ha sido evaluado por la UNESCO y se lo ha caracterizado como

“una política consolidada y madura, cuya implementación ha permitido que todos los estudiantes y docentes de la educación primaria y media básica uruguaya tengan acceso a laptops personales, Internet, contenidos digitales y apoyo para hacer uso educativo de los mismos. Si bien Ceibal ha logrado movilizar gradualmente a estudiantes y docentes hacia la adopción de tecnología y su integración en las aulas, su principal desafío sigue siendo cómo incentivar un mayor y más relevante uso de la tecnología para impactar masivamente en los aprendizajes” (2).

Por contraste, el programa “Bachiller Digital” ni ha sido sometido a evaluación, ni tampoco se ha pensado evaluarlo. En rigor, el programa “Bachiller Digital” no se ha pensado para impactar en el aprendizaje de los bachilleres. La Alcaldía de Guayaquil se limita a entregar las tablets con un programa incorporado (Get Abstract) y eso es todo. Si a raíz de esto, los bachilleres aprenden algo o ven porno cortesía de la Alcaldía de Nebot, eso ya no es de su incumbencia.

En conclusión, mal podría resultar eficaz un programa sin objetivo claro, ni indicadores para medir su eficacia.

¿Solidaridad?

El concepto de solidaridad de la Alcaldía de Guayaquil se inspira en el concepto de solidaridad de los Reyes Magos de Capusotto:

No te olvides de ser solidario. Acordate: dale al pobre lo que te sobre. Que él, se arregla con cualquier mierda”.

Aquí una explicación gráfica de esta afirmación:



(1) “Uruguay fue el primer país del mundo que se comprometió a masificar la tecnología entre los escolares entregando laptops a todos los niños”, v. ‘El caso del Plan Ceibal de Uruguay’, UNESCO [2016], capítulo “Descripción del Plan Ceibal”, p. 21.
(2) Ibíd., capítulo “Conclusiones y recomendaciones”, p. 61.

Solidaridad con Manabí (y demás zonas afectadas)

17 de abril de 2016


La solidaridad es lo que corresponde en una situación de catástrofe: ayudar a quienes más lo necesitan. Los amigos de La Burguesa (Muros N27-193 y González Suárez, Quito) organizaron la recepción y envío de algunas donaciones necesarias para enfrentar esta catástrofe.

Al principio, en la pizarra de La Burguesa se pedía "víveres, agua, toldos/mosquiteros, colchones, ropa, repelente". Foto: Cortesía de Ángel Rodríguez.
 
La situación es crítica, en particular, en la costa norte de Manabí. Un camión y varias camionetas se trasladaron a Cojimíes y Pedernales para entregar todo lo que se logró recolectar.

Fotos: Cortesía de Ángel Rodríguez, uno de los tantos que fue a echar una mano.

Mañana a partir de las 10h00 se reciben más donaciones. Una lista orientativa de lo que podría donarse la ofrece el Ministerio de Inclusión Económica y  Social (MIES).


En todo caso, por la experiencia del día de hoy, en La Burguesa se recomienda dejar lo siguiente:

 
Esta es la página de La Burguesa en Facebook, por si desean coordinar sus donaciones o cualquier otro tipo de apoyo. Toda ayuda es bienvenida. Y si no viven por el sector de La Burguesa, pues abajo hay una lista de otros muchos lugares en Quito y también en Guayaquil donde podrán hacerlo.  

Solidaridad

2 de febrero de 2012


Creo que el fútbol debería ser lo que significó para Juan Vicente Lezcano jugarlo en el Peñarol sesentero de Spencer: “el mejor equipo que integré en mi vida, tenía un vestuario bárbaro, un compañerismo… Todos luchaban para todos, a un mismo ritmo”. Según Lezcano, un equipo solidario, cuyo técnico Roque Gastón Máspoli (arquero uruguayo del Maracanazo y DT del Barcelona campeón ’87) “mantenía la alegría en el vestuario”. El fútbol es un deporte en el que un equipo compite contra otro para marcar más goles: para marcarlos (y para evitar que se los marquen) es necesaria la cooperación. Esa cooperación había en Peñarol. Lezcano contó en la entrevista a diario El Universo, “un ejemplo: Julio César Abbadie era el puntero derecho, pero lo hizo triunfar a Pablo Forlán, el marcador de punta, porque lo dejaba subir hasta el fondo y le cubría las espaldas. Hoy uno ve que Sergio Ramos en el Real Madrid sube y nadie lo releva, por ahí viene un contraataque por su punta y pum, gol. ¿A quién culpa la gente...? A Sergio Ramos. Eso es porque no hay solidaridad”.

 
La lógica acumulativa del shopping suele contrariar a la solidaridad. Ilustre ejemplo de esto es la versión 2004 del equipo al que aludió Lezcano, el Madrid. El Real Madrid de Ronaldo, Raúl, Zidane, Beckman y Figo. En un artículo para Soho, Juan Villoro escribió que para esta versión del Real Madrid “Florentino Pérez había decidido abrir un restaurante con más chefs que meseros”. El equipo parecía el seguro ganador de tres torneos en esa temporada (hecho hasta ese entonces nunca antes alcanzado) pero se descalabró: estaba en la final de la Copa del Rey, acababa de eliminarlo al Bayern Munich en la Champions y tenía 8 puntos de ventaja en la Liga y, de repente, el Zaragoza le arrebató 3-2 la final de la Copa del Rey, el Mónaco lo eliminó de la Champions y el Osasuna lo zamarreó 0 a 3 en el Bernabéu para marcar su declive en una Liga que terminó por ganar el Valencia del “payasito” Aymar. “La caída de las más poderosa de las escuadras comprueba de qué material está hecho el heroísmo” sentenció Villoro en Soho. Según él, “los astros rara vez desempeñan funciones de sacrificio y el fútbol también depende de marcajes subordinados, despejes de urgencia, zancadillas salvadoras”. La frase es certera, a condición que esos astros sean de los que juegan para sí mismos, for the profit. Porque la frase no es cierta para otros astros, v.g., los de la cosecha de la Masía.

 
La española es una liga ficticia donde 18 equipos más acompañan al Barça y al Real Madrid en su definición del título. El Madrid tiene la tradición de apuntar siempre alto, pero desde el llamado Galacticidio, esto es, la derrota 3-2 contra el Zaragoza en la Copa del Rey 2004 antes mencionada, concreta más bien poco. (Según el escritor Javier Marías, madridista confeso, el que Mourinho sea DT del Madrid empeora la situación del club: “un entrenador omnipotente, omnipresente y malasangre, un quejica que acusa a otros siempre, un individuo dictatorial, ensuciador y enredador, soporífero en sus declaraciones, nada inteligente, mal ganador y mal perdedor”, un individuo “al que el Madrid le trae sin cuidado, que no tiene reparo en traicionar su centenaria tradición y en arrojar sobre él una mancha que se hará difícil borrar”.) En la otra orilla, se encuentran los astros de la cosecha de la Masía, el Barça de Guardiola en el que se priorizan los canteranos y que ha ganado la liga ficticia en sus últimas tres ediciones y, más importante, ha ganado casi todo lo que se ha propuesto en España, Europa y el mundo (lo que incluye un sextete el 2009) en estos últimos cuatro años, de forma exquisita y de manera incluso humillante para su clásico rival, valga de ejemplo este 5-0. Lo ha hecho con un fútbol inteligente y preciso de toque y rotación en el que cooperan solidariamente todos sus integrantes (con pases, desplazamientos, marcajes, despejes y zancadillas) lo que maximiza las posibilidades de colaboración entre ellos, con resultados vistosos y efectivos, por momentos incluso sinfónicos. Muchos consideran a este Barcelona el mejor equipo de la historia. Yo me cuento entre ellos.

El físico nuclear Edward Jiménez en el artículo “Juegos cuánticos: su majestad el fútbol, un juego cooperativo correlacionado” publicado en la Biblioteca del Fútbol Ecuatoriano Tomo III, analiza el fútbol desde la perspectiva de la computación cuántica. La correlación de estrategias que estudia dicha disciplina se detallan en ocho páginas de fórmulas matemáticas ininteligibles para todo aquel que haya maldecido al Baldor, que concluyen que a mayor cooperación “los resultados que requieren trabajo en equipo se facilitan o son más probables” y que en “un juego cooperativo el aparecimiento de individualidades siempre dará resultados inferiores o iguales al trabajo en equipo” (Lionel Messi es prueba viva de esto, con sus distintos niveles de juego en el Barça y en la selección argentina). El juego de toque y rotación de este Barça es la puesta en escena de las fórmulas descritas por Edward Jiménez en la gramática de la computación cuántica, salvo que expresándose en la cancha de manera mucho más hermosa. El juego del Barça, en lo que tiene de colectivo y solidario, es también una apuesta contracultural (como explica el “Loco” Bielsa) en tiempos en que suele exaltarse al individuo y al mercado. Que una lección de buen fútbol para todos los tiempos provenga, no de un equipo ensamblado al gusto casi omnipotente de un magnate sino de un equipo cuya estrategia macro ha sido la creación de un tejido social en los canteranos de la Masía que sobreviva el complicado tránsito de los años jugando ese mismo estilo de fútbol bien jugado, es un hermoso detalle de esta época.

Fuente: Pablo Cozzaglio.

La sofisticada computación cuántica del físico nuclear Jiménez es otra forma de expresar lo que el recio back Lezcano sabía intuitivamente, sin fórmulas, en su sesentero vestuario del Peñarol: que el compañerismo, la solidaridad y el conocimiento mutuo entre las personas que integran un equipo (esas cosas que te da el vestuario y la convivencia, no la billetera) es la base para su cooperación efectiva y sus triunfos. El equipo que practica esos atributos juega con el material con el que está hecho el heroísmo, según Villoro. Que se juegue para conseguirlo y se lo demuestre en la cancha, que su recuerdo se convierta en memoria colectiva para celebrarlo hasta el día de la muerte. Ese, no otro, es el rezo de todo hincha por ateo que sea, antes de empezar un campeonato.