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Orígenes belicosos

11 de julio de 2025

            Publicado en diario Expreso el viernes 11 de julio de 2025.

La historia de Santiago de Guayaquil es singular. La causa eficiente, para su fundación en la Sierra en 1534 y para su asentamiento definitivo en la Costa en 1547, fueron unas disputas entre los conquistadores.

La fundación en la Sierra: esta primera disputa se resolvió con un acuerdo. Ocurrió en la etapa temprana de la conquista del Perú, cuando únicamente se había fundado la ciudad de San Miguel de Piura (como San Miguel de Tangarará) en 1532. Los conquistadores en disputa eran Francisco Pizarro y sus huestes, que ya estaban conquistando el territorio del Perú, frente a Pedro Alvarado y sus huestes que venían de Guatemala, a conquistar ese mismo territorio. El punto de encuentro de estos conquistadores fue la Sierra central del actual Ecuador, cerca de la laguna de Colta.

Pudo ser una batalla, pero los hombres de Alvarado venían devastados por subir la montaña desde Caráquez y los hombres de Pizarro tenían un mejor título para la conquista del Perú. Para afianzar su mejor título, incluso fundaron una ciudad (la segunda de la conquista del Perú) el 15 de agosto de 1534, previo a su encuentro con Alvarado, a la que llamaron Santiago. En aquel entonces, fue conocida como Santiago de Quito, porque tal era el nombre indígena de la vasta región que los europeos estaban conquistando. 

Finalmente, los conquistadores negociaron y se acordó que Alvarado recibiría cien mil pesos de oro y que se volvería por donde vino (la gente que lo acompañó era libre de decidir si se quedaba o se iba con él). Pero esa Santiago de Quito, usada para la negociación, subsistió, se trasladó a la Costa y tomó el nombre de Santiago de Guayaquil. 

El asentamiento definitivo en la Costa: esta segunda disputa se resolvió con sangre. Ocurrió en el ocaso de la conquista del Perú, en el contexto de la guerra que capitaneó un hermano de Francisco Pizarro, Gonzalo, para defender los privilegios de explotación de (los abusos a) los indígenas a través del régimen de encomiendas, frente a la pretensión del rey de limitar dichos privilegios/abusos.

Este asentamiento definitivo enfrentó a los gonzalistas frente a los realistas en 1547. Para esta época, San Francisco de Quito, fundada después de la negociación con Alvarado, se había convertido en sede de una Gobernación y la Santiago trasladada a la Costa debía servir como su puerto. El Gobernador de Quito era un gonzalista, Pedro de Puelles, quien había nombrado como tenientes de su Gobernación a Manuel Estacio en Guayaquil y a Francisco Olmos en Portoviejo. En la disputa entre gonzalistas y realistas, Olmos se pasó al bando del rey.

Entonces Olmos y otros entusiastas fueron a Santiago de Guayaquil, donde asesinaron al teniente Estacio y a otros dos gonzalistas (Gutiérrez y Marmolejo) el 6 de abril de 1547. Por temor a la venganza que vendría desde Quito ordenada por el gobernador gonzalista Puelles (que tenía una bien ganada fama de despiadado), se tomó la decisión de trasladar la ciudad a la orilla opuesta a la que haría fácil el ataque desde la ciudad de Quito pero que también haría muy difícil el que Santiago de Guayaquil sirva como puerto para esa misma ciudad. 

Y así quedó, hasta que en 1970 se construyó el puente de la Unidad Nacional.

El temible Pedro de Puelles

28 de octubre de 2022

            Publicado el 28 de octubre de 2022 en diario Expreso.

Nacido el año 1500, sevillano, Pedro de Puelles cruzó el océano Atlántico para conquistar territorios, en Guatemala y Nicaragua. En 1534, con las tropas del adelantado Pedro de Alvarado, desembarcó en las costas de Caráquez, trepando los Andes ecuatoriales sólo para encontrarse con las tropas de otro adelantado, Francisco Pizarro. Entonces los españoles negociaron (esto ocurrió el 26 de agosto de 1534) y Puelles decidió no regresar a Guatemala y quedarse a conquistar el Perú. Este vínculo con los Pizarro le atrajo una efímera fortuna y una muerte atroz.

Pedro de Puelles se vinculó a Quito y se ganó una merecida fama de cruel y despiadado. Participó de la fundación de Quito, fue uno de los primeros regidores de dicha villa y se convirtió en uno de los mayores encomenderos de la región. Cuando los conquistadores del Perú (liderados por un hermano menor de Francisco Pizarro, Gonzalo) resistieron las pretensiones de la Corona de Castilla de imponer límites a sus “derechos” de explotar a los nativos en las encomiendas a su gusto y a perpetuidad, Pedro de Puelles fue uno de los principales de esta rebelión. El rebelde Pizarro lo nombró Gobernador de Quito, cargo que Puelles ejercía el año 1547. Pizarro también nombró Tenientes de Gobernación para Guayaquil y Portoviejo. Para Guayaquil nombró al portugués Manuel Estacio y para Portoviejo, a Francisco de Olmos.  

Cuando el rey Carlos I de Castilla envió al obispo Pedro de la Gasca para pacificar estos territorios en rebelión, Francisco de Olmos decidió volver al redil del rey. Y Olmos consideró justo ir a Guayaquil, acompañado de una partida de españoles, para asesinar el 6 de abril de 1547 a los pizarristas que allí había (el portugués Estacio, Alonso Gutiérrez y un tal capitán Marmolejo) y así regresar Guayaquil al redil de rey. Y fue por temor a la venganza del Gobernador de Quito por haber cometido estos asesinatos, que los pocos habitantes de Guayaquil mudaron de asiento la ciudad, poniendo agua de por medio entre ella y Quito. Huyendo de Puelles, situaron la ciudad en la margen occidental del ancho río, en la cima de un cerro

La temida venganza del Gobernador Puelles jamás llegó. La mañana del 29 de mayo de 1547, Rodrigo de Salazar, quien de Puelles era “muy su amigo”, acudió a la casa del Gobernador en Quito. Lo encontró todavía en su cama y le solicitó que escuche el caso de la devolución de una india, que le iba a exponer un tercero. A una señal convenida, entró ese tercero y otros más, que lo cosieron a puñaladas a Puelles en su cama. Muerto Puelles, Quito regresó al redil del rey. 

Según el relato del historiador González Suárez, tras matarlo “sacan arrastrando el sangriento cadáver de Pedro de  Puelles, lo traen a la plaza, le cortan la cabeza, la cuelgan de la picota y sus miembros, hechos cuartos, se exponen en los caminos públicos, a la entrada de la ciudad, para escarmiento de los amigos de Pizarro”.

Después de esta muerte atroz, la fortuna de Puelles pasó a manos de Rodrigo de Salazar, uno de sus asesinos, quien también reemplazó a Puelles en el cargo de Gobernador de Quito. Y en cuanto a Guayaquil, ella quedó ya para siempre en el sitio que el año 1547 eligió para huir del temible Puelles.

El crimen que ubicó a Guayaquil

1 de abril de 2022

 

Publicado en diario Expreso el 1 de abril de 2022.

 

Los conquistadores de América cruzaron el océano Atlántico para someter a los naturales del territorio conquistado y ponerlos a trabajar (explotarlos) en su provecho. Este sistema de explotación se llamó ‘encomienda’. Los conquistadores querían que las encomiendas a ellos otorgadas por sus sacrificios sean hereditarias, pero la Corona de Castilla quiso limitar su duración y, en efecto, así lo hizo en las llamadas Leyes Nuevas, dictadas por el Rey Carlos I en 1542. En la América del Sur, Gonzalo Pizarro capitaneó las demandas de los conquistadores de explotar a su gusto a los nativos. El asunto desembocó en una guerra civil entre conquistadores.

 

Para esta época, Guayaquil era una ciudad española bajada de la montaña, buscando asentarse a la orilla de un río grande. Y se había asentado en la margen oriental de un río, pero sin suerte, pues los ataques de los nativos en 1536, 1537, 1542 y 1543 obligaron a los europeos a trasladar la ciudad una y otra vez, aunque siempre sobre la margen oriental, es decir, en la margen del río más cercana a Quito, villa (ciudad desde 1541) a la que Guayaquil debía servir como puerto.

 

La guerra civil entre los conquistadores es el escenario del crimen ocurrido en Guayaquil que determinó su ubicación definitiva. En Guayaquil gobernaba un portugués, Miguel de Estacio, nombrado Teniente de Gobernador de Guayaquil por Gonzalo Pizarro. En Puerto Viejo gobernaba Francisco de Olmos, Teniente de Gobernador también nombrado por Pizarro. Pero Olmos se cambió al bando realista tras conocer que el Rey había enviado a un sacerdote miembro de la Inquisición, Pedro de la Gasca, a pacificar en su nombre estos ariscos territorios.

 

En abril de 1547, para someter a los sublevados a la autoridad del rey, fue a Guayaquil Francisco de Olmos acompañado de otros ocho españoles. El 6 de abril de 1547, Olmos y compañía sacaron al gonzalista Estacio a conversar al fresco y lo cosieron a puñaladas. También mataron a otros gonzalistas, Alonso de Gutiérrez y un tal capitán Marmolejo. Consumadas estas muertes, la incipiente Guayaquil volvió al redil del Rey.

 

Y consumadas estas muertes, los habitantes de Guayaquil temieron la venganza de Pedro de Puelles, Teniente de Gobernador en Quito nombrado por Gonzalo Pizarro. Para ponérsela difícil a Puelles, los guayaquileños decidieron trasladar la ciudad a la margen occidental del río y ubicarla en la cima de un cerrito, para su mejor defensa.  

 

Pedro de Puelles nunca pudo concretar la temida venganza, porque el 29 de mayo de 1547 lo fueron a visitar unos españoles a su casa en Quito y lo cosieron a puñaladas. Pero ya Guayaquil no se movió del cerro que pasó a llamarse Santa Ana. Fruto del temor, la ciudad había llegado a su ubicación final. Y a pesar de los reclamos de Quito a la Audiencia de Lima para que Guayaquil regrese a la margen oriental (‘para ir y venir [a Guayaquil] se ha de ir con balsas y por ser puerto desta cibdad le viene daño’), ello ya nunca ocurrió.

 

423 años después, en 1970, el ‘Puente de la Unidad Nacional’ acercó Guayaquil a Quito, salvando una distancia que se había creado en 1547. El temor a la venganza por un crimen separó a estas ciudades por mucho (demasiado) tiempo.

Guayaquil en el cerro Santa Ana: dos versiones

2 de julio de 2017


En el libro “Historia de Guayaquil”, una publicación escrita por Melvin Hoyos y pagada con recursos públicos para su distribución gratuita, el asentamiento definitivo de Guayaquil en el cerro Santa, acontecido el año 1547, simplemente sucedió. No hay ninguna explicación de las razones para escoger ese lugar, en vez de cualquier otro (1).

En su libro “La lucha de Guayaquil por el Estado de Quito”, el historiador guayaquileño Julio Estrada Ycaza explicó lo sucedido:

“Lo que interesa ahora es que Guayaquil huía de un grupo de vecinos quiteños cuando se pasó de la orilla oriental del Babahoyo [“la [costa] de Quito”] a la orilla occidental del Daule (“la costa que está a la parte de Puerto Viejo”), interponiendo así al río Guayas y sus afluentes, entre ella y Quito. Guayaquil fue a buscar protección temporal en un sitio denominado Yagual o Guayal, cuya ubicación se desconoce. Y luego creyó encontrar su salvación en la cima del cerro Santa Ana...” (2).

¿Y de quiénes huían estos primeros guayaquileños? Pues de un tal Pedro Puelles y su gente. La razón para perseguirlos era porque,

“… en abril de 1547, poco antes de pisar tierra ecuatoriana La Gasca, el capitán Francisco de Olmos se había proclamado por el Rey, y había asumido el mando de Santiago de Guayaquil, por la vía acostumbrada en aquella época: la fuerza. Y para evitar una larga discusión sobre derechos conculcados, Olmos hizo matar a Manuel de Estacio, su antecesor en el cargo, y un par de pizarristas más: Alonso de Gutiérrez y el capitán Marmolejo” (3).

Así, cuando Pedro Puelles, que era el Teniente de Gobernador y Capitán General de la villa de San Francisco de Quito, se enteró de estos hechos de sangre en los trópicos de su jurisdicción, juró “castigar a todos los vecinos y soldados que estaban en el pueblo de Guayaquil” (4). En previsión de la reacción de Quito, los primeros habitantes de Guayaquil, comandados por Olmos, trasladaron su ciudad a la orilla que les haría más difícil el acceso de los interioranos: pasó de la orilla oriental del Babahoyo a la orilla occidental del Daule.

Así, la elección de asentar a Guayaquil en el cerro Santa Ana se debió a una estrategia para la evasión de una posible matanza (5). Estos hechos estudiados por Estrada no se cuentan en la historia que escribió Hoyos, por una sencilla razón: Julio Estrada fue un historiador serio y riguroso, y Hoyos… es lo que hay.

Julio Estrada insertó en la “La lucha de Guayaquil por el Estado de Quito” la siguiente frase del romano Cicerón como epígrafe: “Historiador es el que no se atreve a decir una mentira ni ocultar una verdad”. Nadie, en el campo de la historia, está más lejano a esta sentencia ciceroniana que Melvin Hoyos. Él es apenas un hacedor de propaganda.


(1) Hoyos, Melvin & Efrén Avilés, ‘Historia de Guayaquil’, M. I. Municipalidad de Guayaquil, Guayaquil, 2008, p. 11. En este libro se refiere, con cita de otros autores, que “luego de un largo peregrinar, por junio de 1547 quedó establecida, definitivamente, en el lugar en el que hoy se encuentra”.
(2) Estrada Ycaza, Julio, ‘Lucha de Guayaquil por el Estado de Quito’, Archivo Histórico del Guayas, Guayaquil, 1984, p. 14.
(3) Ibíd., p. 13.
(4) Ibíd., p. 13.
(5) Esta amenaza nunca se ejecutó, pues Pedro Puelles fue asesinado apenas unos días después, el 29 de mayo de 1547. Muerto el perro, se acabó la rabia.